El semiótico que ríe

José Luis Fernández es jefe de cátedra de Semiótica en la Facultad de Sociales de la UBA y tras estudiar diez años las redes sociales se volvió uno de los tipos que más sabe del tema en el país. Entre sus carcajadas suelta conceptos que rompen con lo que creemos que sabemos. Como este: “No está cambiando el mundo, está cambiando la mediatización”.
José Luis Fernández es semiótico y es el presidente de la Asociación Argentina de Semiótica (AAS). Y tiene risa de loco. Se ríe a carcajadas. Se ríe de las cosas que él dice, como si mantuviera diálogos consigo. Como si fuera capaz de sorprenderse con las cosas que dice y cómo las dice. Se apasiona como si la papa de la realidad se estuviera resolviendo justo en ese momento, mientras él habla y analiza la vida social. Da la sensación de que algo ahí está en juego a cada palabra. Ese vértigo hace reír. Y aunque todo lo que dice es complejo y desordenado, algo queda entre la risa y el laberinto semiótico de la realidad más concreta.
Pero más allá de que en las primeras líneas se hable de pasión y de emocionantes risotadas, hay que decir que Fernández evita la cuestión sentimental: “Yo creo que cuando uno toma palabra pública no debe tomar términos de su grupo de referencia barrial o biográfica, sino de su referencia profesional. Palabra pública, palabra técnica. Si me preguntás qué pienso de algo te digo lo que me indica mi saber técnico, no mi corazón”.
fernandezSegún la palabra técnica del académico, después de haber intentado explicarle a miles de amigos a qué se dedica, la semiótica es “la disciplina que estudia los intercambios de mensajes y le presta especial atención a los mensajes”. O: “Dicho de otra modo: estudia la dimensión significante de todos los fenómenos sociales”. Un ejemplo: “Una montaña para una sociedad es una fuente divina de vida, y para nuestra sociedad, más técnica, es una cumbre geológica con ciertas características. No hay una montaña pura. Por lo que las cosas son de acuerdo al punto de vista que los grupos sociales le otorgan respecto al sentido”.
El departamento de Fernández está en lo alto de un edificio del barrio de Belgrano. La luz entra por el balcón y alumbra todo el living. Entre sillones y mesas ratonas continúa una precisa disertación sobre la polisemia de los mensajes y de las cosas. De repente, Fernández mira el LCD que tiene a unos pocos metros de distancia. El televisor está apagado, pero enciende la conversación de las nuevas tecnologías: “Estamos en el momento de los Smart Tv. Es un momento de transformación de la interface entre los sectores y los medios. Por primera vez lo que tenemos en el teléfono te aparece en la pantalla”. Se tienta: “Cuando haya otro saqueo tengo que conseguirme uno”. Y se ríe.
Entre mate y mate, el hombre hace análisis larguísimos sobre cada tema que acontece. Seguirlo no es fácil: es un árbol de mil ramas. Pero tiene una habilidad especial: siempre vuelve al tema del principio. La cuestión del diálogo está en poder seguirlo hasta el momento justo en el que uno está por perderse. Luego, hay que esperar, pacientes, a que vuelva. Y así seguir, agarrando todo lo que se pueda. Con que sea algo, es mucho.
Algunos elementos del análisis de los saqueos de diciembre pasado todavía reflotan en el aire. Las expresiones clasistas y racistas de ciertos sectores no llamaron su atención: “La afectividad del discurso incide sobre la afectividad, que de las múltiples series que constituyen le vida humana y social es la menos manejable socialmente. Aparece en los momentos críticos. En Argentina debe haber un 20% de población xenófoba, derechista como en las mejores épocas, que piensa que el problema es Perón, los bolivianos, los chinos, los judíos. A cada reunión que vas, si lográs salir del esquema de que somos todos democráticos, progresistas, bien porteños, aflora una posición actitudinal, no ideológica. Es una actitud militante no política. Entonces, en un momento de crisis, como el de los saqueos, estalla la afectividad y son los que toman el palacio de invierno o los que se ponen a fabricar Auschwitz a las corridas. El ser humano político está convencido de que la cosa es unilineal”.
Tranquilamente, mientras lo escuchás, puede hablar de corrido una hora sin que metas bocado. Aun así es un tipo que interpela todo el tiempo. Con palabras y con el cuerpo. Las expresiones de su cara son alucinantes. Todas evocan una actitud de sorpresa que sugestionan sin remedio. Una cara de “¿Me entendés lo que está pasando?”
Entonces, después de casi media hora hablando de la afectividad y afines – y no tan afines también-, resuelve una conclusión que resulta tremenda y se entienden, como propone su cara, algunas de las cosas que pasan: “Yo viví la política y sé que no es unilineal. Vos sabés que en las organizaciones guerrilleras se pensaba que los tipos que no buchoneaban tenían más consciencia. Cuanto más consciente, más resistías. Como eso no funcionó inventaron las pastillas de cianuro. La tortura te vence. Y no tiene que ver con la consciencia. Hay gente que es más resistente, gente que menos. Gente que es más fría al dolor y otra que no. Eso es el mundo de la afectividad para mí”.
Aunque su estudio de cabecera haya sido sobre la radio, y sea eminencia en el tema, Fernández hace más de diez años que estudia las redes sociales. Y, en el país, es uno de los tipos que más sabe. Y lo sabe. “Estamos en una nueva etapa- dice-. No está cambiando el mundo, está cambiando la mediatización. Los teóricos de la mediatización estamos otra vez atrás de los fenómenos sociales. Los que acostumbran estar a la vanguardia de los fenómenos o tiran espejitos de colores se equivocan. Tienden a perder el carro porque empiezan a ser realidad otra vez los medios, y les cuesta seguirlo. Ahora tenemos resultados empíricos de investigaciones; ahora conocemos la complejidad de los fenómenos; ahora estamos estudiando cómo se van desarrollando los hechos, describimos y tratamos de explicar, que eran las tareas originales de los estudios sociales. Es genial estar por delante pero la ciencia no te habilita porque primero tenés que describir. Yo para no tentarme recuerdo algo que se tiende a olvidar: todos los que ya se equivocaron por querer ser adelantados”. Y Fernández se vuelve reír enumerando algunos personajes que ante el devenir quedaron en off-side.
Pasadas las etapas de la novedad de las redes y de la esperanza que se creen nuevas formas a partir de las comunicaciones multipunto (networking), dejando atrás la comunicación masiva de un punto a muchos (broadcasting), a Fernández le parece que “Facebook, cuando incorpore los medios en vivo, estará cerca de ser la interfaz tipo del futuro ”, pero que, en la actualidad, la cosa pasa por Twitter, que es una caja de resonancia, “una especie de competencia de conventilleros con respecto a los medios tradicionales”. Sin embargo, “ocho de cada diez de los que tienen más contactos están en medios tradicionales, por lo que sabemos que es muy difícil que se desplace completamente al broadcasting, aunque ya no va a haber broadcasting sin networking”.
fernandezFernández dice algo que, en la denominada era de las redes sociales y la interacción, sorprende escuchar: “La gente está ahí, en las redes, como está en la vereda: pensando cómo pasa la sociedad. Hay un porcentaje amplísimo de gente que está en Facebook y en Twitter que sabe que es gratis publicar, pero que no lo hace. Publicar en el sentido de compartir, como un aporte de algo a alguien. La gente está ahí mirando cómo pasa la vida: vas al baño, te tomás un café, te reís de que los muchachos están nerviosos. A la gran parte no les interesa ser emisor. Muchos encuentran límites en las propuestas actuales: aparecen y desaparecen éxitos. Es decir, toda la complejidad de la vida social. Se creyó que ‘los nuevos medios cambian todo’ y ahora vamos aprendiendo qué cambia y qué no.”
La nueva etapa de las redes sociales que describe el catedrático de la Universidad de Buenos Aires radica en que los inversionistas que compraron Facebook y Twitter tienen como objetivo primero recuperar la plata: “Todo en Facebook se está haciendo una porquería ¿Qué pasó?  Los tipos se devinieron en accionistas. Alguien se hizo rico con algo que facturó. Se lo compraron. Como comprador sabés lo que hay que facturar para recuperar la inversión a fin de año, para recuperar los palos que pusiste. Bueno, Facebook no está pensando en Facebook, está pensando en donde ponerte publicidad sin que te vayas, para pagar lo que invirtió el grupo económico. Va a hacer plata. Si no les sirve, lo van a quebrar”.
A medida que los panoramas se van ampliando y Fernández hace entender que la realidad es un tremendo quilombo incierto, se vuelve divertido jugar al Mito o Realidad. Después de algunos tópicos triviales, sale uno interesante:
-En este nueva etapa, ¿es mito que la gente prefiere la imagen a lo escrito?
-Es un mito absoluto. El 80% de las cosas que se hacen en las redes es escritura. Solo que en teoría y, según el mundo reflexivo, interesa el material visual. Todos saben que una imagen vale mil palabras. Pero nadie registra el hecho de que hay palabras, como las conceptuales, que no hay no mil, sino ninguna cantidad de imágenes que la representen. Yo soy un tipo, entre otros múltiples defectos que tengo, y que me hacen operador social, que vive solo y que tiene una señora que lo ayuda. Cuando me enojo por algún tema de teoría o de política actual me enojo porque sé que no se tiene en cuenta esto: el sms es la herramienta telefónica de los sectores bajos. La señora que trabaja en mi casa hace diez años dejó el alfabetismo funcional para escribir mensajes de texto. ¡Cómo se recuperó la escritura en algunos sectores gracias al sms! ¿Por qué ese fenómeno no es revolucionario y si un pelotudo de clase media saca una foto y la sube al aire la cosa cambia? Los medios de sonido sin imagen están plenamente vivos. La radio, por ejemplo, como medio informativo de acompañamiento de la vida social,  del que necesita saber que está pasando, no tiene rivales todavía.
-¿Y cómo se explica esa tendencia de consumo de nuevas tecnologías en sectores de bajos recursos?
-Cuanto más pobre es un sector la comunicación es un insumo más importante para tener éxito en la vida. Un señor millonario sale de su casa y está cortada Avenida Cabildo o la autopista. ¿Qué hace? Se vuelve, deja el auto ahí, se va a la casa, cuando se arregla la situación social vuelve a salir. Cuando yo vivo de mi comercio, del presentismo, de la puntualidad, tengo que llegar como sea. Tengo que estar mejor informado. Dejando de lado sectores técnicos, las novedades tecnológicas crecen de abajo para arriba. Así se expanden.
Fernández  tuvo un fracaso comunicacional rotundo en 2013: no pudo convencer a la gente que cuando está en Facebook o en Twitter está trabajando. “Me dicen ´éste estudia Facebook: es un pelotudo’.”Se indigna. Gesticula y exagera cada una de las sílabas. Y se pone a conversar con él: “¿Sabés lo que pasa? La gente gusta de las grandes ideas, especialmente los intelectuales, que tienen tiempo extra. Le gustan ideas tipo, que muestran que todo es unidireccional o que todo es multidireccional. Eso es porque son metafísicos, porque Platón domina. Eso es así. Inmodificable”. Su tono se vuelve fatal. “Es así”, repite. Y vuelve con más catarsis académica: “A mí me lee gente y saca conclusiones contrarias a lo que yo digo. ¡En mi propia cara! –se vuelve loco- Te citan en un libro y te ponen al revés.  Te citan mal porque son ideas que están en contra de Platón sostenidas en la empiria, en la observación. No conquistás,  no rompés verosímiles. El día que lo rompas, tiene que ser alla argentina, te tiene que investigar alguien de afuera, recibir un premio o morir de una manera trágica. Y a partir de ahí te convertís en el portador de la verdad. Tenés un busto, estatua, todo. No tenés límite cuando rompés un verosímil. A partir de eso el que dice otra cosa, aunque también esté demostrada, es puto, rati, de derecha, botón.”
Fernández, en efecto, después de un par de horas de protagonizar cataratas de sentidos e información sobre los temas más diversos, resulta inverosímil. Lo bueno es que, sin dudas, se lo toma con humor.
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