«El fútbol no era una salida laboral para ponerle todas las fichas»

Santiago Solari ahora entrena las divisiones inferiores del Real Madrid. Antes, fue jugador e hijo de un jugador. Desde adentro y desde afuera, piensa cómo es tomar una decisión siendo tan joven. «Los chicos que viven en la residencia y ven a sus padres una vez cada dos meses por supuesto que extrañan», analiza.
Cuando era un nene, Santiago Solari esperaba a que su papá terminara de entrenar para entrar a la cancha y jugar en el estadio vacío, inventándose a los rivales y a la gente cantando. Lo hizo en todos lados: desde Buenos Aires hasta Tenerife. Su imaginación fue demasiado grande y cada elemento de esa fantasía se volvió real: jugó con enormes rivales, con gente cantando, en Argentina y en España.
Su vida de chico y de grande estuvo siempre marcada por el fútbol. De nene, viajaba a todos lados donde su padre tuviera que jugar. De joven, viajó a Buenos Aires para entrar en las Inferiores de River. De un poco más grande, viajó a España para seguir su carrera. Ahora, entrena a las categorías inferiores del Real Madrid. De un lado y del otro, Solari analiza lo que es para un niño vivir bien cerca de la pelota.
– En algún momento, cuando estabas en Inferiores en River, ¿pensaste en dedicarte a otra cosa?
– No es que lo pensara, mientras estaba en River me dedicaba también a otra cosa. Dividía el tiempo entre los entrenamientos, a la mañana, y el Profesorado de Educación Física que curse en el ISEF N1. Era todos los días de la una a las seis de la tarde. Por suerte el instituto, que funciona al final de Crisologo Larralde donde está el CENARD, me quedaba cerca de la cancha de River o del Circulo de la Policía, justo detrás de Lugones, que era donde entrenábamos habitualmente. No fue solo en inferiores, seguí cursando hasta terminar, aun cuando ya era profesional. Siempre quise jugar al futbol y le puse todo lo que tenia desde muy chico, pero a partir de determinada edad tuve claro que no era una salida laboral a la que se le pudieran poner todas las fichas. Ahora si tu pregunta se refiere a si alguna vez pensé en dejar el futbol en inferiores la respuesta es que no. Tal vez esos días que uno estaba demasiado cansado, lejos de su familia y había jugado especialmente mal se hacía algunas preguntas, pero nunca pensé seriamente en dejar de jugar.
– Cuando eras un niño, ¿qué decías que querías ser de grande?
– Quería jugar al futbol, pero era una ilusión de lo mas natural porque mi vida transcurría entre el colegio y la cancha. Donde fuera que estuviéramos con mi familia (en Buenos Aires, en La Plata, en Barranquilla, en Guadalajara o en Tenerife) a la tarde me llevaban a buscar a mi viejo a los entrenamientos y me quedaba pateando a un costado, esperando que terminaran los grandes. Tengo muchos recuerdos de imágenes de estadios vacíos que son de esa época, cuando tenia entre 8 y 13 años. Los recuerdos de cuando jugaba son de estadios llenos. Ahí la memoria es mas auditiva que visual. Yo cuando era chico quería jugar en esos estadios vacíos que me parecían enormes donde tenia que inventarme a los rivales y a la gente cantando.
– Ahora que trabajás como entrenador de Inferiores, ¿qué diferencia ves en los chicos de ahora en comparación a los de antes?
– No sé si el futbol es un buen lugar donde intentar encontrar diferencias entre generaciones. Por más que pase el tiempo, los chicos no cambian sus necesidades de atención, de contención o de ejemplo. Tampoco cambian sus ilusiones. Los deportes de equipo crean su pequeño mundo de obligaciones, de valores y de reglas. Quiero decir que no me parece que el chico de 14 o 15 años que, además de ir al colegio, tiene la constancia y la disciplina para ir a entrenarse 5 o 6 veces por semana porque tiene la ilusión de llegar a jugar al futbol profesional sea muy distinto que el de hace dos décadas.
– ¿El juego sigue siendo el mismo?
– El juego evoluciona, por suerte, sino seria aburridísimo. ¿Imaginate si todavía se jugara sin offside? Sería otro deporte! ¿O si se jugara sin tarjetas amarillas como hasta el 70? ¿O si el arquero la pudiera agarrar con la mano cuando le pasaran pelota con el pie como pasaba antes del 92?. El juego evoluciona en todos los aspectos. En el físico, por ejemplo, el cambio fue brutal. Hoy cada jugador recorre en un partido el doble de kilómetros que hace 40 años. Eso obligo a que el juego evolucionara también en lo técnico, donde tenés que resolver todo mucho mas rápido, y en lo táctico porque se redujeron muchísimo los espacios. También evolucionan los métodos de entrenamiento, los materiales, la tecnología que se aplica al calzado, a la pelota. El juego evoluciona todo el tiempo aunque la esencia sigue siendo la misma.
– ¿El amor por el juego sigue siendo el mismo?
– El amor por el juego, su parte lúdica, la ilusión de un hincha con su equipo o las emociones en un deporte donde podes jugar mucho mejor que el rival o tener mejores jugadores y perder o viceversa. Esas cosas no cambian.
– ¿De dónde vienen los chicos que vos entrenás?
– La mayoría de Madrid y algunos de otras provincias que viven en la residencia. Son todos españoles salvo Nicusor, un chico Rumano que la rompe.
– ¿Extrañan?
– Los chicos que viven en la residencia y ven a sus padres una vez cada dos meses por supuesto que extrañan.
– ¿Es justo que un chico de esa edad ya tenga que extrañar?
– ¿Justo? ¿Cómo calcular justicia en un sentimiento? Cuando llegue a Bs As yo vivía en una pensión en la calle Cuba. Extrañaba, claro pero estaba haciendo lo que quería hacer. Era una elección. Son esfuerzos que uno hace siguiendo una ilusión. Además, entre el colegio o el Instituto y los entrenamientos no es que me quedara demasiado tiempo libre. Los chicos acá van al cole desde las 9 a las 5 de la tarde. A las 7 y media empezamos a entrenar. Cuando terminan de cenar son las 10 y media de la noche. Con esto no digo que no haya tiempo de extrañar, pero tampoco es que estén todo el día pensando en volverse a sus casas.
– ¿Por qué decidiste, ahora, volverte entrenador?
– No es algo que haya decidido ahora. Uno no se levanta un día pensando en convertirse en entrenador. Yo aprendí a mirar futbol a través de los ojos de un entrenador. Mi viejo trabajaba todos los días en casa con las dos caseteras de VHS editando videos de partidos, haciendo cortes de la pelota parada, del achique defensivo, de las penetraciones por afuera, de los apoyos ofensivos. Horas y horas mirando futbol así, fileteado, desmontado pieza por pieza. Te estoy hablando de fines de los 80. Recuerdo jugadas enteras de partidos de Estudiantes del 88 o el 89. De Yorno, Craviotto, Trotta, Pratola… O de principio de los 90, del Rosario Central del 92 o Racing del 93. En el tele de casa lo único que había era ese fútbol en pedacitos durante la semana y después el fútbol del fin de semana, versión completa, en la cancha. Y además yo jugaba al futbol. Quiero decir que entrenar en mi caso es un paso casi natural, hasta demasiado previsible para mi gusto.
– Un gran lector de literatura como vos, ¿qué libro le recomienda a un chico?
– ¡Es que yo no soy un gran lector! Reconozco que soy curioso y me gusta estar informado, pero la verdad es que no leo mucho últimamente. Leía más cuando jugaba, en las concentraciones y en los viajes. Sí leo todos los días los diarios de acá, los argentinos y alguno de Italia. No recomendaría libros porque hay gustos para todo, pero si alguien me pregunta qué es lo que más disfruto diría que la literatura fantástica, sobre todo los cuentos.
– Estás en el Madrid, ¿cómo es Zidane en esa función de segundo entrenador?
– A Zizou lo veo poco. El primer equipo entrena en el mismo predio que nosotros pero llevan otros horarios y otras canchas. A veces baja a ver a sus hijos que juegan en inferiores. Hoy está aportando su experiencia y su conocimiento al mismo tiempo que aprende con Ancelotti y supongo que más temprano que tarde arrancará solo en algún sitio. Tiene todas las condiciones para, algún día, entrenar el Madrid.
– ¿Cuánto se parece al Zidane futbolista?
– Y, ahora, ya no podemos ver esos controles y esos pases. Yo voy a preferir al futbolista toda la vida. Ese es el problema que tienen los que fueron demasiado buenos.
– ¿Cómo es compartir las Inferiores con él o con Guti o con otros que fueron compañeros tuyos cuando eras jugador?
– O con Morientes, que entrena el Juvenil. Es sorprendente que haya tantos jugadores de una misma época trabajando en el Club en otro rol. Es genial, nos cruzamos en los pasillos y parece que vamos a salir a entrenar nosotros.