Archivo por meses: agosto 2013

#yoylayuta y la hierba

Entre todas las historias que nos contaste con la policía, hay muchas con la marihuana de por medio. Nos juntamos con Sebastián Basalo para encontrar alguna devolución al abuso policial y entender el proyecto de despenalización en Argentina y en Uruguay: «Si fuera como el tomate no hay que regularla».

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En Argentina se criminaliza al usuario de drogas con el uso de una ley obsoleta y el abuso de poder policial que dejó la dictadura militar. Gran parte de las historias de #yoylayuta estuvieron relacionadas a la tenencia de marihuana, y en sus particularidades demuestran la arbitrariedad de los procedimientos y el desamparo de las víctimas, entre la ley y la legitimidad, la corrupción y el negocio.

Para ensayar una devolución a partir de los relatos hablamos con la revista THC, que no es solamente una revista sobre la cultura cannábica. Luego de cinco años funciona como un equipo interdisciplinario de periodistas, abogados y militantes que manejan un flujo de información sobre el tema que les permite ir de lo micro a lo macro sin dejar de complejizar la discusión.

Para Sebastián Basalo, director de la revista, #yoylayuta es un espacio fundamental: “Porque en la particularidad de cada historia permite entender el entramado común que hay detrás de la criminalización de los usuarios de drogas en Argentina”.

“La razón del poder que tiene la policía en estos procedimientos hay que buscarla en los años 70”, dice sin vueltas sobre la violencia de las historias. Y agrega un dato que reforzó ese accionar recientemente: “En 2005, después de Blumberg y las cámaras ocultas de América sobre drogas gratis en las puertas de los colegios, sacaron unas leyes de desfederalización que les dio a las fuerzas policiales la regulación y aplicación de los delitos menores de la Ley de Drogas: tenencia para el consumo, tenencia simple y cultivo”. Según datos de la propia Justicia, hasta el 2010 estas caratulas conformaban, precisamente, el 97% de las causas elaboradas por drogas en el país. El comercio, que apunta a las redes más complejas de narcotráfico, representaba sólo el 3%.

En 2012, el Ministerio de Seguridad bajó un comunicado a las cuatro fuerzas policiales ordenando no detener a los usuarios que estén consumiendo en la vía pública sino sólo retenerles la sustancia y, si el caso contemplaba un estado grave de salud, llamar a una ambulancia. “Por eso en los últimos 6 meses hubo disminución de los casos de detenciones en la vía pública de usuarios de drogas en Capital. Sí se mantuvieron relativamente estables las causas en el interior del país”, cuenta Basalo según datos que recibe el equipo de abogados de THC, que lleva varias causas en la Ciudad de Buenos Aires y asesora a abogados de Provincia.

Cuál sigue siendo el problema que permite que la última palabra la tenga la policía: “La mayoría de estos casos cumple la ley, salvo casos de determinadas redes de fiscales, jueces y policía que buscan sus propios beneficios. Cada juez puede tener un pasado muy siniestro o lo que sea, pero es importante ver que hay una ley que permite detener a los usuarios de drogas, consumidores y cultivadores”.

En estos días hay dos casos que ponen en práctica esa ley e ilustran cómo la persecución nunca alcanza a los peces gordos del narcotráfico:

·Santiago del Estero: Alexis Torrillo, 22 años, canillita. Estuvo detenido más de sesenta días porque la Gendarmería lo encontró con 15 gramos de marihuana. Caratularon su causa como “comercialización”, a pesar de tener pruebas sólo de “tenencia”.

·Jujuy: Atilio Cazón, 20 años. Le encontraron nueve plantas en su casa, que eran para consumo personal. Fue detenido, procesado y trasladado de Jujuy a la cárcel de Marcos Paz, donde está hace más de dos meses.

IMG_6224-¿En qué está hoy el proyecto de despenalización?

-Totalmente parado. Se había tratado en comisiones, los representantes habían llegado a un acuerdo, las mayorías estaban dadas de sobra en las comisiones de salud, legislación penal y adicciones y narcotráfico. Se hicieron las audiencias… Y de repente el oficialismo no bajó a sus legisladores a dar el debate. Lo que salió a decir Diana Conti es que les faltaba obtener el consenso en el partido.

-¿Qué discusiones trabaron el debate?

-Hubo chicanas por parte de sectores del peronismo federal diciendo que antes de discutir cualquier despenalización había que hacer un plan de salud. Obviamente ellos no propusieron ninguno y jamás se han interesado en el tema.

-¿Y qué intereses presionan más allá del Congreso?

-Hay un lobby tremendo en Argentina que frena algo tan básico como una ley que cese de criminalizar a los que consumen. No tiene sentido, no hay nadie que hoy te lo pueda defender claramente, ni el diputado Olmedo puede defenderlo claramente. Es necesario para una estructura…

-¿Qué responsabilidad le toca al ejecutivo para la sanción definitiva?

-El Frente para la Victoria tiene la mayoría absoluta, hay una responsabilidad política. Conti salió a decir que ya había dado el debate al interior del partido y ya tenían un consenso de la mayor parte del FPV. Hace dos meses avanzaron con este plan de salud que quería la derecha, se sancionó con mayoría absoluta en Diputados y falta que se trate en Senadores. Con lo cual lo que faltaba es que este plan de salud se termine de sancionar en Senadores y ya estaría el camino allanado para que se vuelva a tratar la despenalización.

Más allá de la ley argentina, la discusión sobre nuevas leyes de drogas está en debate en el mundo. En América Latina el primer fundamento se dirige a desarticular las redes de narcotráfico detrás del comercio de las sustancias, cada vez más violentas y evidentes. Pero otras experiencias enseñan en el planeta cuáles son las razones por las que se modifica la ley, de la despenalización hasta la legalización definitiva:

-España: “Hubo un avance jurisprudencial del acceso al cannabis a través de los clubes de cultivo. Allá no se persigue el consumo, y el cultivo para consumo personal está permitido. Entonces se juntan 10 personas para cultivar entre todos plantas para consumo personal. Aunque no se reguló explícitamente el cultivo y la distribución comunitaria, se empezaron a formar clubs, gente que se juntaba y le daba la lista de las personas a un juez, el lugar donde se cultivaba, alquilaban un lugar en blanco, y el juez podía ir a verlo, saber cuánto se cultivaba, y el día de la cosecha se repartía entre las personas. Obviamente que el primer club fue cerrado, el segundo lo cerraron unos días y una vez que se transformó en un boom se transmitió a todo el país y se disminuyó notablemente la red de narcotráfico en algunos lugares de España y alejó a los usuarios del ambiente criminal”.

-Estados Unidos: “En algunos estados el expendio de marihuana se permite con fines medicinales. Pero tampoco se controla ese fin demasiado. Y hace poco se legalizó totalmente la marihuana en Colorado y Washington, pero ¿por qué? Se pasó a permitir el cultivo libre de la cantidad que quieras de marihuana sólo si vendes. Si es para consumo directo, no. La justificación es que la hizo un estado que necesita recaudar. No se hizo por razones sociales, se hizo por razones recaudatorias, económicas”.

IMG_6228-¿Cuáles son los puntos principales del proyecto de legalización que ya tiene media sanción en Uruguay?

-Es un modelo tripartito. Por un lado, está la regulación individual, permitiendo el autocultivo, la cantidad que quieras de plantas, y si ya mostraron su sexo son 6 plantas hembras nada más. Luego la regulación comunitaria a partir de los clubes sociales, que pueden tener de 15 a 45 miembros y producir una cantidad máxima de 40 gramos por usuario. Y el tercero es el modelo comercial: venta en farmacias también hasta 40 gramos por mes excluyente con el autocultivo y los clubes a través de un registro de compromiso, que tuvieron que perfeccionar para controlar la tasabilidad de la sustancia en el cual legalmente lo que hace el usuario es comprometerse a no comprar más de 40g de marihuana.

 

-¿Cómo es el caso del modelo comercial, que inaugura la intervención de empresas en la producción de cannabis?

-Van a tener que obtener los permisos a través de la adjudicación de licencias como se hace a través de cualquier obra pública. Pueden quedar hasta 8 empresas que van a cultivar un total de 40 hectáreas, que es lo que consideró el gobierno necesario para abastecer a los posibles usuarios de cannabis.

-¿Qué tipo de empresas son?

-Van a surgir ahora, ahí se va a ver. Tienen que ser empresas que sepan mucho del cultivo del cannabis. Los mejores estándares del cultivo de cannabis se alcanzaron ilegalmente. Entonces cómo va a hacer el proceso de fusión entre un sistema ilegal donde nada está regulado y un sistema de regulación avanzado es uno de los desafíos que vienen ahora y es una de las discusiones que subyace al tema de la legalización.

-¿Puede haber una apropiación de las semillas de cannabis por parte de las empresas, como se da en el caso de la soja?

-Puede haberlo, sí. Cuando ese mercado sea legal formará parte de la discusión el libre acceso a todas las semillas. Si la pregunta es si se viene desarrollando una marihuana transgénica como la semilla de Monsanto, que yo tenga conocimiento, con esas propiedades resistentes a determinados plaguicidas, no. Por ahí se vienen dando y yo no sé. Pero creo que es algo demasiado avanzado. Hay algo esencial y es el tipo de uso que se le da, que es recreativo; y el uso medicinal, que necesita cuestiones muy precisas acerca de los canabinoides que tiene cada una de las genéticas. Hacen bastante difícil que aun así que no tengamos la suerte de regularlo bien y limitar bien que los emporios capitalistas lo conquisten como se hizo con la soja. La soja es otro mercado, mueve cantidades, es alimento.

-¿Qué va a pasar con las economías informales, no los grandes narcotraficantes, sino de los que viven de la venta?

-Esa es la discusión entre la izquierda y la derecha en esta ley. No nos olvidemos que lo que llamamos narcos es casi una figura simbólica construida socialmente, un tipo con antifaz y una metralleta, pero el narco tiene traje y corbata y camina por el microcentro; y tiene una empresa con la que lava el dinero y financia la compra de sustancias en el exterior para venderlas acá con toda la red policial que hablamos hace un rato. Pero detrás de eso tenés a la señora de 60 años que vende marihuana para poder mantener una familia. Muchas características que no hacen a los grandes sistemas de criminalidad compleja. Hay una derecha liberal que dice que se arreglen porque en eso se metieron, y hay una izquierda preocupada.

-¿Quiénes fueron los encargados de formular la ley?

-Se constituyó un grupo que se llamó Regulación responsable, con organizaciones como Pro derechos que lleva temas sociales, AECU que es la asociación de estudios de cannabis del Uruguay, con diversos médicos, trabajadores sociales… Este grupo asesoró a los especialistas de lo que se llama la junta de drogas que fueron los que elaboraron junto a los diputados del Frente Amplio el proyecto.

Una de las chicanas de los diputados que no estaban a favor con el proyecto del Frente Amplio comparaba a la marihuana con la situación del alcohol como droga de venta libre y no regulada exhaustivamente. La idea era que si se aprobaba el proyecto de la marihuana en estos términos, el alcohol también merecía un debate a fondo.

“Con la misma ley, sobre tablas, a último momento incluyeron un proyecto de regulación del alcohol. El alcohol tiene mucha presión de las empresas, y lo que propusieron es entre otras cosas regular la publicidad del alcohol. El alcohol no como un alimento como se lo trata hoy, sino como una droga, con la regulación que tiene cualquier droga. No nos asustemos los que tomamos una cerveza: no para prohibirla justamente, sino simplemente para regular con qué estándares, qué niveles de conservantes, quiénes la producen, dónde se va a vender, a quién se le va a vender, qué publicidad se va a hacer. Imagínate si en vez de una mina en bikini a las diez de la noche tomándose una cerveza helada diciéndote que vas a estar con 10 minas así, hiciera lo mismo fumándose un porro. Sería inconcebible, y es lógico, no se puede hacer publicidad de drogas: estas fomentando el uso de esa sustancia. De la misma forma cuando tenés un famoso levantándose con sueño y diciéndote que solamente con esa cafeína vas a poder enfrentar ese día que va a ser triunfal. Loco, la discusión en torno a la política de drogas no es solo en torno a la criminalización de los usuarios, que es lo que hay que resolver ya, sino que tiene que ver con todos estos aspectos de cuestiones sociales muy arraigadas.

-¿Cuál es el aprendizaje que tiene que tomar Argentina del modelo uruguayo?

-La cuestión de tomarse la responsabilidad de hacerlo seriamente, de trabajar con la mayor cantidad de sectores posibles, tomándose el tiempo necesario, eso hay que aprender del proceso uruguayo más que las cuestiones puntuales de cuantas plantas permitieron y etcétera. Y yo personalmente destaco tres enseñanzas:

·De los 50 diputados que votaron a favor, ninguno defendió los usos de la marihuana, ni las ventajas, ni las bondades. Es una regulación que se hizo por razones sociales y políticas.

·Lo plantearon como un acto de soberanía. Darse la dignidad de poder tener una propia ley de drogas es un acto de soberanía ante todo.

·Precisamente porque la marihuana no es inocua, porque tiene riesgos, ahí radican las razones de su regulación. Si fuera como el tomate no hay que regularla.

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Historia de #yoylayuta
Hace un par de años, era mi cumple años y ya habíamos fumado un porro, con lo cual no había razón de que nos revisaran, con lo cual estábamos esperando sentados esperando que llegue el resto de la gente de repente pasa un un patrullero a una cuadra que pasa lentamente, yo dije por mi paranoia “Vayamosnos” y mi amigo me contesta “Noo, no pasa una”. Luego de un rato vuelve a pasar y dobla y se nos dirige a nosotros ahí si era el momento de irnos pero mis dos amigos estaban nerviosos como para correr. Cuestión nos empiezan a hacer preguntas como, qué haciamos ahí y se la agarran con uno de mis amigos a maltratarlo, y en un momento por haber encontrado una tuca, sin tener pruebas que sea nuestra nos revisan porque había una supuesta “denuncia” de que había alguien vendiendo estupefacientes, y al rebisarnos y encontrarnos nuestros 3 porros (uno por persona) nos llevaron a la comisaria y nos detuvieron toda la noche.
Respuesta
Hace 3 años la Corte Suprema falló a favor de la tenencia mínima de marihuana para consumo personal. Esto no significa que se despenalizó el consumo, no se puede fumar en la vía pública, sino que por tenerlo encima no se es considerado un delincuente. La cantidad permitida es de 0,000001 grs., el equivalente a media tuca; por más, pueden llevarte, porque hay una ley que permite esto. Lo importante entonces es entender que lo que hay que cambiar es la ley, yendo primero por la despenalización que es lo más urgente, y tomando el modelo uruguayo como el lugar donde más seriamente se trató el tema para avanzar sobre el resto de las libertades.

Documento de la APDH con prólogo de Zaffaroni sobre las detenciones en cárceles
 
 
 

Algunos consejos prácticos sobre procedimientos irregulares

·Pedir una explicación de los motivos del control.·Petición del carnet de policía (sobre todo en algunos controles, para evitar posible impostor). Están obligados a identificarse como tales policías siempre. Si se niegan a dar explicaciones o enseñar su documentación, y se quiere denunciar los hechos: ·Recoger el mayor número posible de datos para la posterior identificación de los agentes. ·Recoger los datos del control: tipo, lugar, hora, características. ·Recoger datos del vehículo/s policiales.
·Procurarse la presencia de testigos. Su presencia y la propia situación psicológica personal (de tranquilidad), son determinantes para que la situación esté más controlada.
·Denunciar cualquier irregularidad o maltrato en el juzgado. En cuanto a otros registros, cabe que el juez acuerde la intervención de la correspondencia privada, postal o telegráfica, que el/la procesada remitiere o recibiere y su apertura y examen por parte de la policía. 

La libertad de la música propia

Ángela Parodi y Julieta Lizzoli son las protagonistas del ciclo «De la raíz a la copa», que se hace los segundos viernes de cada mes en Jalapeña. Cada fecha, el repertorio de un compositor clásico. Reflexionan sobre el valor de la música popular, la relación de los jóvenes con el foklore y los vericuetos de la música independiente.

No me ufano por esto / siento que crezco / a pesar del machete / reboto fresco. Así dicen los versos de “De la raíz a la copa” (Pepe Nuñez – Juan Falú), canción que nombra el ciclo protagonizado por Ángela Parodi (voz y bombo) y Julieta Lizzoli (piano y voz). Versos que bien podrían referirse a la música popular, que resurge, se expande y actualiza como esas plantas que crecen en las grietas del hormigón, y llenan de vida el más concreto de los espacios. También como estas dos mujeres, que exploran la libertad y el compromiso de una música propia, de un decir nuestro y un sentir de todos. Una vez por mes, desde mayo a octubre, recorren el repertorio de autores clásicos en el escenario de Jalapeña, un espacio nuevo, emplazado donde funcionara el mítico Empujón del Diablo. Se trata, entonces, de elegir una herencia, reactivarla y conservarla con vida.

Julieta: – La música popular fue lo primero que hubo acá en mi casa, que mi mamá me hacía escuchar cuando era chiquita. Pero de todo, Mercedes Sosa y, bueno, Fito Páez, ¿crecimos en los 90’, no? Aun cuando comencé mi educación musical formal y me puse a estudiar música académica, el folklore siguió estando… y después me llegó el tango.

Ángela: – En mi caso, cuando me volqué al canto, me dije que quería algo que realmente pudiera expresar y que sea mi lugar. Me parece que, en este momento en el que el folklore está más aceptado, hay que aprovechar. Porque si ves a alguien joven haciéndolo, te va a llegar más. Y está bueno que se construya esa cultura de acá, con el folklore, el tango, la murga. Rescatar lo que es propio. Quizás en el ámbito académico lo que más se valora es la complejidad, pero te tiran un poema de Yupanqui y te cagan… Te sella la boca, andá a decir algo así.

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En una tarde-noche en mitad de la semana, y también en medio de dos de las fechas del ciclo, pedimos permiso a los instrumentos y nos dedicamos por un rato a las palabras. Pero la música se cuela por todos lados; estamos en la casa de Julieta, rodeadas por un teclado, equipos de sonido, partituras y más. Antes de tocar juntas y mucho antes de dar entrevistas, Ángela y Julieta se conocieron. Y lo hicieron en la carrera de folklore del Conservatorio Superior de Música “Manuel de Falla”, que dicen “es todo un tema aparte” (y lo será). La música las encontró de nuevo en el verano, cuando Ángela tenía un ciclo en la Peña del Colorado y un día su guitarrista se fue de vacaciones. Fue así que la llamó a Julieta para que la acompañara y descubrieron algo que conservan como oro: la comunicación el escenario.

Julieta: – Esa viene siendo la herramienta para llevar adelante un ciclo en el cual te tenés que aprender doce temas nuevos por mes. Es el elemento que nos permite improvisar, más allá de las cosas pautadas, y también recuperar lo lúdico.

Ángela: – Es un poco la idea general de la música popular. Porque en la música mal llamada “clásica”, digamos, la música académica, todo está súper pautado y estudiado y tenés la partitura, que si te movés de ahí, está mal. Entonces, intentamos reivindicar todos estos elementos propios de la música popular que son los que nos gustan a nosotras, que por ahí está medio bastardeada. Los autores son una excusa, quedan afuera un montón, pero mechamos tres muy conocidos y tres desconocidos para el público que no escucha específicamente folklore, y la idea es llevarlos al lugar que creemos deberían tener, pero tampoco quedarse en una visión tradicionalista. Nos gusta entreverar, sacar algo de otro estilo. Estudiamos música de muy chicas y hemos hecho de todo: rock, jazz, ella toca tango… y nos gusta mezclar.

Hablar de comunicación les queda chico. Cuando empieza la música, se funden en una interpretación sincera y generan un clima de abrazos, de miradas y risas cómplices, de manos repiqueteando contra las mesas, de palmas que se unen en su solo aplauso. Entre ellas y el público la distancia es de apenas unos centímetros que levantan el escenario, porque en cada cuerpo resonante vibra su canto y su música. Termina el espectáculo y se integran entre las mesas, comparten un vino y hasta se bailan una chacarera. Una vez más, de lo que se trata es del encuentro. Y a esos fines, las peñas son el lugar privilegiado, y se han convertido en los últimos años en uno de los espacios de socialización predilectos entre los y las jóvenes.

Ángela: – Es que es muy accesible, a todos nos gusta salir, tomarnos un vino, comer una empanada con amigos. Y que la gente empiece a bailar está buenísimo. Está muy bueno bailar cumbia, pero bailarte una chacarera o dos pasos de tango es muy importante.

Julieta: – Y la milonga ni hablar, tenés que abrazar a alguien que ni conocés y tratar de caminar con él. Yo hace dos años y medio voy a la misma milonga todos los jueves, y es como una familia. Es un valor que los jóvenes puedan encontrar un espacio de pertenencia y de relación con la cultura.

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La observación obligada, casi obvia, tiene que ver con que son dos mujeres interpretando a compositores varones y surge la reflexión en torno a las representaciones de género en el folklore argentino tradicional. Recuerdan la fecha de julio, con repertorio de Peteco Carabajal, en la que compartieron escenario con un cuarteto de cuerdas, integrado por tres mujeres y un varón. Destacan que se eligieron porque les gusta tocar juntas, no por el hecho de ser mujeres. Pero a la vez señalan que hace diez años era inimaginable, que es una realidad que antes no existía.

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La apertura fue con temas de Atahualpa Yupanqui; le siguieron Peteco Carabajal, Chacho Muller y Pepe Núñez. Aún restan dos fechas del ciclo, el 13 de septiembre el repertorio será de Juan Falú y contará con su presencia como invitado, y el 11 de octubre, le tocará a Raúl Carnota. Dicen que eso que empezó como una idea loca en una charla de patio y mates se pasó volando, y no paran de pensar en lo que se viene, que seguro será mucho. Admiten que el desafío de preparar un repertorio mes a mes las mantuvo activas y les funcionó, pero es una rueda que nunca termina.

Julieta: – El balance es de mucho aprendizaje, de mucho crecimiento en el vínculo entre nosotras como músicas, como personas. La vida de las dos está totalmente atravesada por el ciclo y viceversa. Nos acompañamos mucho. Es una especie de piloto de lo que puede llegar a ser un proyecto más grande. Es un desafío tremendo, dadas las condiciones de vida de ambas, de los proyectos distintos, es mucha carga. Nosotras no tenemos representante, nos encargamos de todo. Quizás de afuera, parezca que es subirse al escenario, tocar un par de temas y listo. Pero hay que ocuparse de acordar las fechas, los invitados, los ensayos. La verdad es que la nueva destreza que tiene que tener el músico hoy en día que se quiere autogestionar es todo lo que tiene que ver con la administración y la difusión.

Ángela: – Y más con todo lo que ofrecen las redes sociales y la tecnología, tenés que estar todo el tiempo poniéndote al día. Mismo con el sonido, la peña tiene sus equipos y todo, pero tenés que ser el fletero de tu piano, tenés que ser tu propio representante, manejar la convocatoria, que para eso Facebook nos sirve un montón, sacar fotos y ponerlas lindas para subirlas, filmar los videos, que por suerte tenemos a alguien que nos ayuda, pero después los tenemos que editar, subirlos. Es un montón de tiempo que le aplicás a eso, pero es tiempo en que no estás pudiendo ensayar. Después llegás al escenario y decís ‘uy, hubiera usado esas horas para preparar mejor esto’. Pero en lo artístico, estamos tan acostumbrados a ocuparnos de todo, que parece que querer contratar a alguien que diseñe los flyer, se ocupe del sonido o de armarnos una página web son pretensiones mundanas. Pero si vos hacés un laburo que te requiere estudio y un montón de dedicación, está bueno que se reconozca eso, que se valore.

El paso que sigue es una fecha a fin de año con “los mejores momentos del ciclo”, en donde interpretarán dos o tres temas de cada uno de los compositores que fueron recorriendo en el año. El formato será diferente. Estará pensado como un espectáculo y se va a hacer en un teatro, esperan seguir contando con invitados y ensanchar un poco el escenario, para salir de un plano tan íntimo. Y se apuran en decirlo: lo que verdaderamente esperan es poder grabar, quizás el año que viene.

Ángela: – Para hablar de una grabación, necesitás mínimo 20 mil pesos, y esa es plata que tenés que tener vos, no la vas a hacer tocando. Hay subsidios del Fondo Nacional de las Artes, pero dan para tres o cinco discos…así que imagínate. Está la Ley de Mecenazgo, también hay préstamos, pero no se da abasto. Está lo del crowfunding. Todo esto te dice que los artistas están necesitando guita, no es que esperamos que nos la den así nomás, pero no hay cómo gestionar ese dinero que se necesita para producir las cosas. Lo mismo con los espacios para tocar. Estaría buenísimo que los espacios estuvieran en mejores condiciones, yo entiendo que son lugares privados, pero se gasta plata para un montón de cosas, subsidios y eso… la verdad es que se tendrían que valorar más y poner a punto esos lugares.

Y hablando de público y privado, de la puesta en valor de la cultura, mientras tenemos esta charla, el Manuel de Falla se cae literalmente a pedazos.

Ángela: – Nuestro conservatorio ahora está en asamblea permanente, pero estuvo por cerrar, porque no había ni papel higiénico; está bien lo podemos llevar, pero si no hay plata para eso es porque no hay nada. Se había dado de presupuesto anual cero, ¿entendés? Al final, les dieron 90 mil pesos, y yo, que no entiendo de esas cosas, sé que no alcanza para nada. No es fácil, eso se traslada, si desde las instituciones estamos así, lo independiente imagínate.

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Quiénes: FB /parodiangie y /julieta.lizzoli

Qué: https://www.facebook.com/events/602355459777208/

Dónde: https://www.facebook.com/Jalapenia

«El Pollo hoy no vino»

Diego Alonso ya no quiere hablar de Okupas. Tampoco quiere ser simplemente el negro grandote con voz ronca y aspecto de marginal. Pero mucho menos un personaje de los clásicos que circulan por la fama. Lo analiza en los papeles que le dan a Facundo Arana, en cómo hizo Cárceles, en cómo Graña le copió una idea, en los egos en la tele y en el lobby de hacer bien su trabajo. Todas trompadas de un tipo que hace boxeo y que se pelea constantemente con la vida. 

– Normalmente esperan que yo sea el Pollo. Si ahora vamos a un bar y me pido un té con limón, vos vas a decir: «Este me quiere vender que toma té con limón». Porque vos estabas esperando que me tome una cerveza. Porque vos viniste a ver al Pollo. Y el Pollo hoy no vino, ni va a venir. No es Candyman, que lo nombrás tres veces enfrente de un espejo y aparece. Es un personaje y los personajes en la tele son finitos: tienen un comienzo y un final. Ese personaje se murió ahí.

Diego Alonso explica así porque elige hacer la entrevista en la vereda de Ravignani al 1500 y no en un bar. Estamos en Palermo, en la esquina de Estudio Mayor, y llevamos dos horas de espera, porque él vive en Ramos Mejía y cuando viene para Capital junta cosas y, a veces, se le complica cumplir con los horarios. Lo aguantamos porque coordinar el encuentro costó unos cuantos llamados. Y porque el Pollo de Okupas marcó nuestra adolescencia. A los diez minutos de charla, Diego nos dice que el Pollo no vino. Y nos avisa que él no es de hablar de esa miniserie que dirigió Bruno Stagnaro hace trece años, en el 2000. Tiene lógica: después de aquel personaje, también hizo un papel periodístico en La Liga y en Cárceles, actuó en Tumberos, en Crónica de una Fuga, en 099 Central, en Sos mi hombre y laburó en varias otras cosas más que él remarca, aunque los que lo saludan por la calle se acuerden más del Pollo. Para ningún actor debe estar bueno que lo identifiquen por algo que hizo hace trece años cuando en el medio hizo otro montón de cosas. Es como que después de haber tenido nueve novias tus amigos todavía te recuerden lo linda que era la primera.

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– ¿Te hinchó las bolas el Pollo?

– No es que me hinchó las bolas. Fue un buen laburo, pero yo creo que he tenido mejores. Porque a medida que uno tiene más experiencia, hay cosas que las puede manejar. Yo no tengo idea del impacto social que ha tenido Okupas, no lo puedo registrar. Yo me he cruzado con pibes, que hoy ya son chabones, porque esto fue hace trece años,  que me dicen vos sos mi infancia. Qué flash, yo no tengo ni idea, porque yo no lo vi como público.

No está el Pollo, entonces. Está Diego Alonso.

“¿Cuánto tiene que ver Facundo Arana con el personaje que hace? Y todo el mundo va a decir, nada, nada que ver. ¿Desde dónde hablan los periodistas? ¿Como analistas sociales? Es una pregunta recurrente en las entrevistas mías eso de cuánto tiene que ver el Pollo conmigo. Son preguntas vacías. Y si la pregunta está vacía, el contenido de la respuesta también va a estar vacío. Tengo el mismo cuerpo, la misma voz que el Pollo. Es como Facundo Arana. ¿Él fue muchas veces más a la Iglesia que yo? No, pero él fue Padre Coraje. ¿Por qué no fui yo Padre Coraje? Porque un cura negro es demasiada información para la pantalla”. Diego tiene 40 años, los mismos amigos desde la infancia y un trabajo hace doce años en el que se siente cómodo, pero no parte. “No vivo dentro de ese mundo. Trabajo ahí. Qué sé yo, para mí es mi trabajo. El trabajo es cambiar horas hombres por dinero. Y voy a eso: llego temprano, laburo y me vuelvo. Si tengo que ir a la fiesta de fin de rodaje, voy. Con la gente me llevo bien, son compañeros, no le voy a pisar la cabeza a nadie ni me la voy a dejar pisar. Trato de manejarme en un ambiente cordial, de respeto. Con mis pares tengo buena relación, tengo pocos amigos actores”.

A Diego no se le llega a encontrar la mirada porque lleva unos anteojos de sol oscuros que no dejan dar con sus ojos. Pero sí se puede saber cómo se ve él a si mismo. “Yo me siento seguro de lo que hago, creo que soy bueno. Y eso a mi me alcanza. Puedo hacer una novela, una película mala, pero sé que lo voy a hacer con el respeto que se merece el trabajo. Como yo no sé hacer lobby, ese es mi lobby: hacer bien mi laburo”. Tal vez por eso de haber quedado tan identificado con aquel personaje del Pollo con el que ganó el Martín Fierro por actor revelación en unitario –los cholulos que pasan por la calle lo saludan así, de hecho- cada tanto te tira la chapa encima. “En Polka hice 099 central, que fui por cinco capítulos y terminé haciendo ochenta”, recuerda. O cuando cuenta cómo armó Cárceles, un programa que iba por Telefé en el que mostraba la vida de las personas privadas de su libertad: “Me jugué a que funcionara. Iban a ser cuatro emisiones nada más. Pero yo los junté a todos y les dije que el programa iba a durar lo que yo quisiera que dure. Yo quería llegar a fin de año, pasar Navidad allá. Un productor se rió. Vos querés llegar a Navidad y estamos en febrero, me dijo. Le dije vos que te reíste vas a ser el que venga conmigo a la cárcel en Navidad. Primero, porque sos judío y en Navidad no tenés nada que hacer. Y segundo porque te reíste. Hicimos 98 capítulos, 94 de más”. O dice de su aporte en la Liga, el programa periodístico que hacía en Cuatro Cabezas: “Como yo estudié cine, iba con mi camarita. Yo quería tener mi propio registro de eso, después terminaron haciéndolo Graña o gente que nunca hubiera salido de un estudio porque se dieron cuenta que eso garpaba. Nunca te van a decir qué bueno lo que trajo este pibe, porque hay una cuestión de egos que es interminable”.

– ¿Cómo es eso de los egos en la televisión?

– Son exagerados. Y a veces los exageran por demás. No se cómo se vive con eso. Yo no tengo ataques de pánico. Hice terapia un tiempo, pero abandoné. Yo tengo problemas reales, de la gente de otra época. No es que llego a mi casa y digo ay no puedo respirar, me traspiran las manos y ahora voy al psiquiatra y me dan lexotani. Con ese criterio me mudo a Palermo, me hago gay y doy una nota que voy a tener un pibe con la fertilización asistida. Hay cosas que se ponen de moda. Pero yo con la moda no la voy.

– Tal vez tiene que ver que a vos la fama te llegó a los 28, ¿si te hubiera llegado a los 16?

-Sería Gastón Trezeguet, jaja. Hay cuestiones que son inmanejables. Yo soy muy amigo de los Pericos, desde cuando se iniciaron. Tenía un parecido con el Bahiano y andaba con ellos para todos lados. Y decía que era el hermano. Entonces hacía el usufructo de la fama ajena. Y tenía sus beneficios. No tenían nada que ver con lo económico. Sólo con las minas, o que en un bar no pagabas. Yo lo había explotado al máximo. Entonces tuve un poco más de cabeza, la guita que gané la supe invertir, no la malgasté. Ariel Staltari (el actor que hizo de Walter, en Okupas) tiene deudas todavía. Yo le decía: fijate que esto se termina. Y cuando se termina no puede quedar como una simple anécdota. Algo tiene que quedar.

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– Además del Pollo también se te asocia mucho con la Liga y Cárceles. ¿Ahí sí eras Diego Alonso?

– Ahora quiero actuar. Me llena mucho más. Eso me encantó. Poder mostrar las cosas de una óptica distinta. Yo tenía claro qué era lo que no me gustaba ver en televisión. Yo nunca había visto CQC. Me hablaban de CQC y yo decía ah, ese lugar donde trabaja uno que se llama Malnatti que tiene una cara de tonto bárbara, con anteojitos. Eso lo decía dentro de Cuatro Cabezas. Me miraban como si fuera un atrevido. Me senté a ver un poco de CQC y veía que eran entrevistas donde no les importaba la respuesta del entrevistado sino que ellos pudieran meter su remate arriba. Es el juego que hacen para mantenerse al aire todavía. No son más inteligentes, son igual que la media, pero su talento es no escuchar y tirar un remate sobre la respuesta del otro.

– ¿Y Cárceles?

-Por primera vez tenía la opción de tener un programa propio. Por una cuestión de imagen social es muy difícil que yo tenga un programa propio en la televisión. Si podía ser en algún lado, iba ser dentro de la cárcel.

 – ¿Por qué?

-Porque dentro de la cárcel iba a ser George Clooney.  En  la televisión, hay un montón que se postulan, o se votan entre ellos. Pero si vos preguntás en la calle, en la calle yo soy George Clooney. No es Facundo Arana, no es Maradona, no es Mangeri, te digo lo que hay hoy en tele. Me parecía que estaba bueno eso. Poder aprovechar la cosa esa de respeto que había con los internos.

– ¿Ahí sentiste que dejaste algo?

– ¿Algo como qué? ¿Si me olvidé algo? Una vuelta me olvidé una bolsa de faso. Le llevaba faso a los pibes también.

– No. Digo comparado con la Liga, donde ibas, contabas una historia pero después de contarla la historia seguía igual. 

– Me pasaba eso en la Liga. Estaba bueno mi laburo, porque lo otro ya se había visto. Pararse y hacer preguntas lo hace mi hijo, que tiene once años. Yo tengo claro algo: los círculos se cierran. Entones si yo cobro, el productor cobra, la productora cobra, el dueño del canal cobra, este tipo algo se tiene que llevar. No puede ser que hayamos pasado por la vida de un cartonero y la historia no le cambie en nada. Yo necesito tener un recorrido más sobre la problemática. Y en la cárcel eso se daba porque los personajes estaban cautivos. Pasaba un año y vos los ibas a buscar al mismo lugar para ver qué les había pasado.

– ¿Mirás la tele?

– La televisión ha variado mucho en estos últimos años. No encuentro cosas que me llamen mucho la atención y además veo que se ha desvirtuado. Antes contaban algunas cosas, ahora es todo pelea. Ahora están más marcados, sabemos quién es quién. Tenemos esa falsa farándula, o farándula, que es gente que no sabemos de qué trabaja, cuáles son sus talentos, no sabemos nada. Están siempre opinando, pero no sabemos quiénes son, a qué se dedican. Antes descubría talento en la tele. Hoy muy poco. No comparto ese mundo de excesos. O un canal con América, que todos los que van ahí tienen problemas judiciales. Si me hacen una nota a mi seguro arrancan diciendo: ‘vos que venís del mundo marginal…’. Y eso a Moria no se lo preguntan. No le dicen: ‘vos que sos una rocha’… Ella no es chorra, pero yo soy negro y soy casi un preso.

La voz del actor impone respeto. Pero no es lo único con lo que Diego Alonso impresiona. Varias veces repite que a él le gusta pelearse. “Yo no entro en discusión con nadie. Soy muy cortito. No quiero discutir, si querés discutir después nos agarramos a los bollos. Ay, no pero la violencia física. Te arranco la cabeza, no violencia física. ¿Por qué yo tengo que aceptar tu violencia y vos no la mía? Trato de equiparar la violencia”, cuenta. Y explica: “Pasa que a mí mi papá me enseñó que cuando me levantan la mano me tengo que defender. Cuando hice la Liga me decían que yo era periodista, que no podía hacer eso de pelearme por la calle en las notas. Yo avisé que a mi no me iba a pegar nadie. Porque en cuanto me levanten la mano, los cago a palos, porque encima soy boxeador. Yo soy actor y actuó de periodista, mi periodista pega.”  Desde que hace boxeo en un gimnasio de Ramos, hace tres años, ya no se pelea por la calle. “Te calma mucho. Es muy introspectivo. La cabeza tiene que estar preparada una o dos horas antes que el cuerpo para entrenar. Te comés unos piñones, pero nada. La gente que hace boxeo es más tranquila a la hora de tomar decisiones”, explica.

– Laburo, boxeo, ¿qué más?

– Muebles. Soy ebanista, soy sastre pero ya no lo practico, soy bartender pero ya no lo practico, soy sommelier pero ya no lo practico. Hago muebles para mi casa y en alguna oportunidad los regalo. Siempre trato de hacer algo que no tenga que ver con mi trabajo, para que cuando no tengo laburo me llenen un espacio y no me rompan la cabeza. También escribo, hago guiones.

– ¿Para hacer la Liga y Cárceles vos estudiaste algo de comunicación, leíste algo o lo aprendiste con la experiencia?

-Yo soy erudito. Ya me lo decían en la escuela, de chiquito. Ahora lo digo yo y suena… Este negro quién se cree. Con el auto me pasó lo mismo, la primera vez que me subí a uno salí manejando. No fui a una escuela de manejo ni le pedí a nadie que me saque a dar una vuelta un domingo a la mañana.

– Pero alguna vez chocaste. Cuando te preguntaron qué sentiste cuando subiste a buscar el Martín Fierro dijiste que se te puso la mente en blanco como cuando se tiene un accidente.

– No dije como cuando tuve un accidente. Dije como cuando uno tiene un accidente. ¿Sabés las veces que he levantado a amigos que chocaron con la moto y no sabían qué había pasado? Las zapatillas se vuelan y no saben dónde quedaron. Lo primero que tenés que hacer es buscar la zapatilla, porque después llegan al hospital descalzos. Se acuerdan del momento y después de nublan. Del palo no se acuerda nadie. Podemos decir que es cultura robada eso.

– Erudito, entonces.

– Soy ambidiestro. Para todo. De hecho mi profe de boxeo se enoja mucho porque cambio la guardia. Para mí las dos posturas son iguales. Cuando como, estoy cortando así, y después cambio y corto con la otra. Para mí es completamente normal. Para escribir también, depende de cómo me quede más cómodo por cómo estoy sentado, escribo. Ambidiestro. Hay un montón de gente así, lo común es sos zurdo o derecho, o K o antiK, o de River o de Boca.

– ¿Y vos?

– Yo soy de Vélez, superior.

En este barrio de productoras donde estamos dando vueltas hace tres horas entre la espera y la nota, hay reglas que parecen ser aparte del resto de la Ciudad. Palermo Hollywood, le dicen. Los autos pueden estacionar en doble fila, o en la senda peatonal, o subirse a una esquina y no hay ningún problema. Suponemos que pasa eso porque es toda gente que labura en la tele. Diego cuenta que eso también tiene sus costos: “Piensan que vivo una vida distinta a la del resto. Ponele que laburás 25 años en una fábrica. Por ahí ganaste más guita que yo. Yo en esos 25 años tal vez laburo cinco u ocho. Los otros veinte años se van interponiendo. Por ahí laburé menos horas, pero gané menos guita. Y la cabeza la tiene mejor el que tiene menos tiempo de ocio. Porque no te ponés a pensar, a enroscarte. Por eso acá también todos le agarran ataque de pánico. Porque están al pedo. Si tenés que levantarte a las seis a laburar para pagar el alquiler, la luz, el gas, qué bipolar vas a ser”.

– ¿Y vos qué hacés con el ocio? ¿Leés, ponele?

– No soy muy lector. Las cosas para aprenderlas no hay que leerlas. Sino vamos a escuchar a Stamateas como si fuera un dios, pero es un vulgar. Hoy la gente lee Stamateas y le hacen caso. A mí el que me habla del Feng Shui lo meo. Estamos hablando de la cultura oriental, ¿pero vos que hablás del Feng Shui cuántas veces comiste arroz, cuantas veces caminaste descalzo sobre la tierra? Si laburás en el microcentro, cortás una hora para hacer yoga y volvés a la laburar. ¿De qué te sirve el yoga? Vamos. Está bueno hacerse su propia cultura. ¿Lo que escribió Osho fue porque le cayó un rayo como a Moises? No: lo vivió. Los tipos leen eso y toman su idea pero no se dan cuenta que Osho lo vivió y ellos lo leyeron. Hay una diferencia enorme entre cruzar y Los Andes y leer la Billiken.

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Yo todavía busco a Luciano

Vanesa Orieta no le escapa a la historia. Lo cuenta en primera persona. Sigue buscando a su hermano. Denuncia los abusos dentro de las comisarías. Le da terror subirse a un patrullero. Asegura que el caso de Arruga trascendió porque lograron instalar el discurso de que era tan sólo un chico de 16 años al que golpearon, pero, a la vez, avisa: «¿Y si no trabajaba? ¿Y si era chorro? ¿Igual la sociedad soporta estas torturas?»

Me invitaron a robar con protección, laburando para un policía del destacamento. Me daban hasta el arma. No quise. Me llevaron a la comisaría el 22 de septiembre de 2008. Decían que había robado un mp3 y un celular y ya les bastaba para tener derecho a golpearme en la cocina del destacamento policial. Pero llegó mi hermana y le empecé a gritar: “Vane, sácame de acá”. Nunca le mostraron el celular que supuestamente robé. Yo digo. ¿Cambia algo si robé o no robé? ¿Valía la tortura?

Me siguieron persiguiendo. Ya no podía ni parar en la esquina con mis amigos. Cuando lo hacía, lo hacía con miedo. Todo por ese destacamento que inventaron después del pedido de seguridad. ¿Seguridad para quién?

Mi hermana lo cuenta mejor, parece que no podía haber detenidos ahí, tenían que ser ingresados en el libro y derivados a la comisaría 8va de la bonaerense. Las pelotas. Yo estuve ahí y más de una vez. Hay testigos, aunque les hayan implantado miedo, aunque cuando hablen no los escuchen. Después de ese día, yo mismo reconocí a los que me cagaron a palos. Ellos con su uniforme, su bastón, su pistola por si las dudas, yo con mis dieciséis años.
Mi familia después me llevó al hospital, lo que es una prueba hoy en la causa por torturas. La justicia recién apresó a un cana, Julio Diego Torales, por «severidades y vejaciones a presos». Y a mí me torturaron en la dictadura, como me decían que pasaba en los 70 cuando iba a la escuela. Como pasa ahora en las cárceles, en las comisarías…

Por eso yo le quería regalar el título secundario a mi hermana. Se lo dije a la kioskera antes de comprar un cigarrillo con los 25 centavos que me pudo dar mi vieja la última vez que me vio. Porque salí a jugar a la pelota y a visitarla a Vane y ahí nomás me pararon, me palparon. De vuelta había testigos. Me siguieron persiguiendo, me metieron en el patrullero y me fueron a cagar a palos al destacamento.

Los dejo con Vanesa Orieta que cuenta todo mejor que yo.

Imagen: NosDigital

Mi hermano, Luciano Arruga, vivía en el barrio 12 de octubre. Es un terreno fiscal donde la gente desde hace 30 años se fue instalando. La tierra es o de quien la trabaja o de quien la necesita. En ese momento fue de quien la necesitaba, de hecho son todos pobres. El barrio se fue constituyendo de a poco: casas residenciales alrededor, clase media-media también.

Algún sector de Lomas del Mirador se sintió identificado con el discurso de la inseguridad de Vecinos en Alerta (Valomi), y empezó un reclamo por más seguridad. Estaban influenciados por la forma de vender la noticia en los medios de comunicación. Cuando algún sector de la sociedad se siente inseguro recurre a criminalizar a los sectores más pobres porque creen que por tener menos educación, toman tierras, no trabajan. Todo ese mito es aprovechado para formar estos discursos discriminadores.

El caso de Luciano no pegó porque tendría que haber pegado en el momento en que él desapareció, cuando la familia estaba desesperadamente tratando de mostrar la foto de Luciano en algún medio. En 2009 no pegó el caso. No se hablaba de Luciano. Se empezó a hablar de la gran fuerza de los familiares y los que acompañaron. Si se ha logrado instalar fue porque se dieron un montón de factores. En lo esencial fue que nosotros logramos sostenernos a pesar de las amenazas. No es joda. Hay que resistir las amenazas de la cana cuando vos estás denunciando justamente a la cana. También el cansancio después de que se te cierren tantas puertas a nivel político, a nivel judicial, que te humillen tanto, que te falten el respeto tantas veces. Pasás todas esas barreras y llega la de que la figura de Luciano entre desde el lado del pibe de 16 años, no del pibe chorro. Fue torturado por ocho canas. Tenía 16 años. Un familiar tiene que ponerse en ese momento a decir “Mi hermano era un buen pibe, trabajaba…” ¿Y si no trabajaba? ¿Si era chorro? ¿Igual la sociedad soporta esas torturas? Quizás otra hubiera sido la historia si la sociedad marcaba su repudio, la fuerza política presionaba a las policiales para que encontraran a Luciano. Nosotros creemos que la condena es social, no creemos en la justicia ni en los sectores políticos. Necesitamos más gente en la calle como en otros casos en los que la sociedad se conmueve mucho.

Si hubiéramos encontrado el cuerpo, ya habríamos podido cerrar una etapa. No se puede mantener la figura de una persona como desaparecida. Yo no lo tolero. ¿Durante cuántos años me voy a preguntar dónde está Luciano? Necesito que los funcionarios desde los lugares que ocupan empiecen a mover el culo, a ensuciarse sus piecitos porque muchos son militantes de la nueva ola pero no saben lo que es un barrio, lo que es el barro, el techo de chapa, el no tener para morfar. Tienen que meterse un poco más con la realidad del pueblo.

Rastrillajes hubo a los muchos meses de la desaparición, con perros, y todavía dio resultados positivos. Los únicos datos de la causa apuntan a que fue la policía. El rastrillaje en el patrullero también dio positivo. En el monte, también. Es una prueba con un 70 por ciento de efectividad. Las declaraciones de dos detenidos en el destacamento reconocen a Luciano en fotos y lo recuerdan torturado esa madrugada. Hay dos causas abiertas en paralelo: en una de ellas hay dos policías procesados por encubrimiento. Hay mucho material y podría haber más si hubiera un acompañamiento político y judicial, pero uno estaría tocando intereses que son estructuras que están muy enquistadas y que nos va a llevar un tiempo hacer tambalear.

Y en ese discurso discriminador, los medios de comunicación son importantísimos. Cuando fui a TN les dije: “Nosotros también hacemos responsables a los medios de comunicación porque son los que discriminan en primer lugar a los jóvenes más pobres y los que los criminalizan. Cuando denunciamos la desaparición de Luciano, algunos periodistas decían que podría estar vinculada a un asunto de drogas. Lo que se plantea la sociedad es que ese pibe bien desaparecido está. Los medios de comunicación tienen que ser responsables de lo que comunican”. El primer diario que tomó la historia de Luciano fue Crítica. Clarín se enojó en ese momento, en especial la periodista Virginia Messi porque nos dijo a los familiares que era una primicia en otro diario, por lo tanto ellos no iban a tomar la nota. Mi mamá siempre dice: “En la televisión ponen bloopers y no cuentan la historia de Luciano Nahuel Arruga”

De ahí en más buscan las características de este sujeto pobre porque el pobre no tiene dónde hacer públicas sus denuncias, no tiene cómo defenderse, está siempre manipulado por algún sector político, de las fuerzas de seguridad o judicial. Mantener a los pobres sin ningún tipo de derecho para de esta manera manejar su forma de pensar, sus decisiones. Desde el sector judicial, a los pobres se los utiliza por ejemplo armándoles causas, siendo conscientes de que no tienen ningún tipo de defensa, de que el sistema carcelario solo encierra pobres, entonces todo sigue así. No tienen contención ni canal donde hacer efectivas las denuncias. Desde la policía, el caso de Luciano es el mejor ejemplo: abusar de la pobreza de un pibe que es falto de todos sus derechos para utilizarlo en el robo porque el pibe, por miedo, no lo va a denunciar, porque además es común que se utilice la violencia, porque no se va a poner a pensar que alguien se puede poner a protestar por él. El pibe pobre o es depositado en un barrio pobre, en un penal, en un instituto de menores o en un manicomio.

La policía tiene una relación de control sobre los pibes debían justamente controlar estos barrios, y también de manipulación porque muchos jóvenes terminaban siendo rehenes de las propuestas de estos policías de robar para ellos. La impresión que Luciano tenía de la policía era la que vivía en su barrio. Estaba acostumbrado a que la policía los parara a él y a sus amigos, se lo llevaran detenidos, los tuvieran varias horas, los golpearan en la comisaría. Lo tenía naturalizado. Si se preguntaba algo era por qué lo molestaban. Se daba con él como con sus amigos y con cualquier otra persona en la misma situación.

Mientras tanto empiezan a aparecer personas que no te amenazan directamente pero plantean que te están viendo, entran a tu vida y te dan información falsa para que corras detrás de algo que no es la verdad, te cruzan por delante un auto, se ocultan detrás de un vidrio pero te dicen algo concreto como “¿Está bien tu mamá?”. Te puede parar la policía para pedirte los documentos sin motivos para provocarte y que respondas. Nosotros ahora tenemos terror de subirnos a un patrullero, y más si no hay ninguna justificación. Hay gente de Familiares y Amigos que lamentablemente fueron detenidos y sufrieron maltratos, aun sabiendo la policía que son miembros de la agrupación. Hay gente que no es miembro pero que vuelve con el mensaje “si te metés, te puede pasar lo mismo que a Luciano”. Hay que empezar a pensar que los pobres tenemos los mismos derechos que otras personas que están en otra condición social. Los pobres podemos pensar, pero no podemos luchar por nuestros derechos porque no tenemos las herramientas. Se nos cierran todos los lugares de expresión.

Desde la justicia, hasta hace poco, mantenían a los pobres en esa situación de nada misma, de nada absoluta, con la carátula de “Averiguación de paradero”. Luciano estuvo perdido para la justicia durante casi cuatro años a pesar de que hay serias sospechas -porque le tenemos que decir sospechas- de que los partícipes de la desaparición fueron miembros de la policía. Solo tras cuatro años de lucha conseguimos que lo reconocieran como una desaparición forzada y que un solo policía esté preso por «vejaciones a presos», que en realidad son torturas.

Nosotros siempre pedimos que cerraran el destacamento. Era una mera base de operaciones de una comisaría, la 8va, que fue un centro de detención clandestino en la última dictadura militar. Se abrió en el año 2007. En 2008 ya tenía varias irregularidades. En 2009, a solo dos años de su inauguración, ya tenían un pibe desaparecido. Ese es un dato que la sociedad debería tener en cuenta, pero carga con cierta discriminación sobre los pobres de la que no se desprendió. No termina de sensibilizarse con un pibe asesinado por gatillo fácil como lo hace con el asesinato de un pibe de clase media. Queremos que siga un correlato: nosotros decimos que la memoria debe ser dinámica, no estática. Si tomamos esta política de derechos humanos, debemos continuar con esa memoria en el presente porque lamentablemente se siguen violando los Derechos Humanos. Por eso queremos que sea un lugar señalizado, que tenga una lógica similar a la del resto de los centros clandestinos recuperados para recordar y respetar la memoria de tantos pibes asesinados, un espacio de integración, una biblioteca de derechos humanos. Que no sea solo un centro cultural: fue una comisaría que se logró cerrar en democracia. No hay que pasar por alto ese dato. Hoy son más de 3000 casos de gatillo fácil solamente de pibes pobres. Si seguimos dando tanto lugar a estos crímenes, mañana van a ser pibes de clase media. No debemos esperar que las fuerzas represivas avancen en su lógica que es la misma que utilizaron en la última dictadura. Debemos sensibilizarnos por un pibe asesinado o desaparecido.

Los que reforman la injusticia

Los cambios en la Justicia se pronunciaron en la calle y se instalaron en las mesas argentinas. Se debaten acuerdos parlamentarios y se acusan cofradías partidarias. En el medio, la historia de Luz y de Diego, acusados de algo que no hicieron, detenidos por un Poder que los deja de lado.

ÚNICO BLOQUE

En el patio de una casa, escenografía improvisada: dos sillas de cocina, un mate largo. Una mujer termina de colocarle el micrófono a LUZ en la camisa. PRESENTADOR con hojas en la mano, una lapicera en el bolsillo de la camisa blanca, mira a cámara, ensaya algunas palabras inentendibles. DIEGO aparece en escena con el pelo mojado y se sienta mirando hacia el mismo lugar que LUZ, pero las cámaras los toman de modo tal que aparecen enfrentados. Se enciende las luces blancas que apuntan a PRESENTADOR. Se escucha una música escalofriante cada vez más fuerte.

PRESENTADOR

(De frente a la cámara 1. De espaldas a DIEGO y LUZ) Bienvenidos a otro Debate Público, otra oportunidad para que nos escuchemos todos y cada uno saque sus conclusiones. El tema de esta semana: la reforma judicial. ¿Quién sale beneficiado? (Se toma las manos) ¿Un avance sobre los derechos civiles? ¿La democratización de un poder feudal? (A otra cámara, de frente, sacando pecho y levantando la voz) Diego Romero y Luz Gómez (los señala con las manos) están presos desde el 21 de diciembre de 2011 por ser los supuestos asesinos del chofer de colectivo Roberto Castillo el 1 de octubre de ese año. (Se acomoda el flequillo con las manos) En las rejas de la casa donde sucedió el crimen, apareció sangre de la pareja de ladrones y una mochila con el certificado de vacunación de Zaira, la hija de Diego y Luz. Ella, beneficiada por la crianza de la nena, tuvo desde un principio prisión domiciliaria. Él iba a ser beneficiado, pero el fiscal apeló y sus primeros abogados defensores no hicieron el intento de morigeración. Estuvo hasta dos meses atrás en la Unidad de Ituzaingó. Diego, Luz, buenas noches. Sabemos que después de un año y cinco meses tratando de demostrar su inocencia, conocen a la Justicia como pocos.

LUZ

(Se encienden las luces traseras, amarillas. Se ve a LUZ cabizbaja y a DIEGO serio) Buenas noches.

DIEGO

(Tímido, sonriente) Buenas noches. Es cierto. Yo siempre discutía de economía, trabajo, industria… Lo gremial sí me interesaba. Ahora… este tema de la justicia nunca me había llamado la atención, pero hoy veo que pasan cosas que hay que conocer.

PRESENTADOR

(Se quita la mano del audífono) ¿Y qué opinión te merece?

DIEGO

Fotos: NosDigital

Fotos: NosDigital

(Tres cuartos perfil a cámara) Uno, siendo víctima de un sistema judicial, escucha las dos perspectivas. Es más que nada política. Yo creo que el gobierno debería tomar un poco más de responsabilidad en las decisiones que toma porque el hecho de que disfraza a la justicia y da una pulseada para la reforma judicial que es más que nada política y económica. Hoy los más perjudicados somos los de la clase baja. Te dan un defensor del Estado, pero uno que defienda como nos defendió a nosotros, ni me lo des. Pero como dijo nuestro actual abogado, Suárez: “Hoy por hoy está tan poblada la cárcel que un defensor no puede llevar tantos casos”. Sos el cliente número 25 mil. El 2 mil quiere que se cierre su caso. No se trata de que seamos números. El gobierno dice que quiere agilizar. ¿Por qué no nos fijamos hoy por hoy por qué están superpobladas las cárceles? . Está superpoblada porque la policía te agarra en la esquina buscando a un asesino parecido a vos (señala a PRESENTADOR por un instante), y sos vos el criminal (señala a PRESENTADOR). En una cárcel de 48, hay 70. Gente durmiendo en el piso. En la cárcel está lleno de gente a la que el sistema judicial no se encargó de investigar para ver si son o no delincuentes. ¿Por qué no se fijan quiénes son los que arman causas? ¿Por qué no dejan de comparar números: quién cerró más causas, cómo estamos en comparación con Estados Unidos que no sé cuántas causan sacan por año? Hay más gente procesada adentro que penada. Quizás tienen que ver, quizás no. Deberían fijarse las necesidades de la sociedad: la inseguridad de la policía que te está armando causas. En la justicia se sienten impunes y piensan que la justicia es para el que tiene un buen abogado. Si no lo tenés, quedás adentro.

LUZ

En la tele no sale mucho el tema de la injusticia.

DIEGO

Y si pasa, pasa así (se chasquea los dedos).

LUZ

Uno que ve la tele ve solo justicia. Acá todo te lo arma la policía. Si sos inocente, te aprieta para que no digas la verdad. No somos los únicos que están pasando esto. Conocimos un montón de gente a la que le pasó. Pero aprietan a las familias y se callan. A nosotros también aparte de que no sabíamos nada, de que fuimos maltratados, también en un principio pasó algo con la policía para que no dijéramos la verdad. (Se acomoda el micrófono) ¿Qué más daño que el que nos hicieron nos podían hacer? Fijate también lo de las hermanas Jara. Pasaron dos días y ya no se ve más en la tele. A Alejandro Bordón lo acusan por un buzo del mismo color y ¡nada más! Después de una semana nadie habla de Alejandro Bordón.

DIEGO

Pasa que uno habla de lo personal. Si nunca hubiese caído en la cárcel, no sabría lo que pasa adentro: que está lleno de causas armadas. Ahora hay que hacerle ver a la sociedad que el problema está. Se sienten dueños de la verdad. Te hacen pensar que sos lo peor… Estamos siendo víctimas de un sistema judicial.

LUZ

(Interrumpe) Más que eso. A mí me correspondía el salario de Zaira, que pasó a ser Asignación Universal por Hijo cuando quedé presa, y nunca me avisaron. Recién un año después, cuando dejé de llorar y llorar y llorar, pregunté y me dicen que me corresponde. El fondo de desempleo también me correspondía y lo perdí. Fijate todo lo que te quitan.

DIEGO

Es feo todo esto porque cuando estaba en la Unidad, yo era un gasto para mi familia que ni tenía para el colectivo. No era feliz, me sentía mal.

PRESENTADOR

(Se toma las manos y mira a los ojos alternadamente a LUZ y a DIEGO) ¿Por qué creen que el mayor interés de estudio de los internos se da con el derecho?

DIEGO

Al penal entran chicos jovencitos que nunca tuvieron posibilidades de estudiar. Dentro del pabellón que estaba, yo era el único estudiando. Hay una materia que da un interno que estudiaba abogacía, sobre orientación legal. Los jóvenes ni siquiera saben qué causa tienen. Sí hay posibilidad, en algunas unidades como La Plata, de estudiar en nivel universitario, pero muchas veces pierden mesas de exámenes porque no tienen movilidad. El traslado de Unidad también implica un problema.

 (LUZ se detiene a darle alguna indicación a ZAIRA)

PRESENTADOR

(A cámara) La justicia parece ser un algo más abarcativo que jueces y fiscales.

DIEGO

Claro que sí, en nuestro caso se ve claramente.

PRESENTADOR

(A LUZ) ¿Cómo colaboraron, en su caso, las tan polémicas cámaras de seguridad?

 LUZ

Tampoco se usaron las cámaras del COTO adonde fuimos a comprar un LCD en un remís donde perdimos la mochila. Si se hubieran usado en julio, sabrían cuáles fueron los autos que nos fueron a buscar a nosotros de la remisería. (Hace una pausa. Con voz firme) Pero ellos también dejaron pasar ese tiempo para que las dos pruebas fundamentales para nuestra defensa no fueran utilizables… Porque con la sangre pasó lo mismo…

DIEGO

Es medio gracioso todo esto po…

LUZ

(Interrumpe) No investigaron nada de nuestra declaración. En diciembre le decíamos a nuestro primer abogado que habíamos hecho una llamada a Mendoza el 1 de octubre. El abogado dejó pasar el tiempo sin pedir esa prueba porque supuestamente no era contundente. Hoy el fiscal tiene el poder de decidir si pide esa llamada o no. Suárez pidió tanto esa como las que hicimos desde COTO a la remisería para pedir el coche como después para reclamar la mochila.

PRESENTADOR

(Se quita una lapicera del bolsillo de la camisa y la agita mientras habla) Todas estas herramientas de la tecnología, ya existentes, hubieran ayudado a saber la verdad y sin embargo no se utilizaron.

DIEGO

Lo malo de todo esto es que pasa en muchísimos otros casos. Al no haber tomado con importancia nuestra declaración, se perdieron pruebas que llevarían a la verdad. Per…

LUZ

(Interrumpe) No sé si a la verdad llegarían así. Llegarían a la verdad si quisieran leer las otras declaraciones que dicen quiénes fueron los culpables. Ellos tienen que ir por la línea de investigación de los detenidos. Dicen su participación en el hecho y dicen quién es la persona que entró, que da la casualidad que trabajaba en donde yo me olvidé la mochila. No entiendo por qué no van por ahí. Al primer abogado particular que tuvimos le dijeron que lo iban a atrapar cuando cometiera otro delito. “Si no comete otro delito, yo sigo acá para siempre”, le decía yo y me respondía: “Sí”.

DIEGO

Obviamente, pero yo me refería a la verdad en el sentido de que vean el video de la cámara de COTO.  Ahí aparecen los dos vehículos que nos fueron a buscar, en uno de los cuales perdimos la mochila. (Abre los ojos bien grandes) Oh casualidad que las dos personas detenidas involucradas en este hecho dicen que  la persona que entró en la casa, trabajaba en la remisería que llamamos y tiene un auto del color que nosotros mencionamos en la primera declaración. ¡Sin conocernos a nosotros! (Indignado, levanta la voz) Obvio que todo va a estar difícil para nosotros si no nos escuchan. Fuimos considerados culpables desde el principio. Nos querían llevar a juicio en esas condiciones, pero hoy tenemos el apoyo de mucha gente y lo podemos pelear de otra manera para que la misma jueza se dé cuenta de que hay cosas que están mal hechas.

PRESENTADOR

Ahí se ve la participación o la ausencia de ella por parte de los abogados defensores, estatales o particulares.

DIEGO

Los primeros abogados uno se pregunta quién se los mandó (sube y baja los hombros repetidas veces). El primero permitió irregularidades, el segundo nos sacó plata y tampoco empujó en el sentido de exigir que se investigue el camino correcto.

LUZ

Excepto Suárez, todos nos tomaron el pelo y nos hicieron perder tiempo importantísimo. En diciembre podríamos haber usado, por ejemplo, la información del llamado que hice a Mendoza el día del crimen. El tema de la sangre tampoco lo hizo ni el primer abogado ni el segundo. La fiscal le dijo al primer abogado que la sangre no servía. Como no sabíamos que todo se manejaba por escrito, solo decíamos: “sí abogado, tiene razón”.  Los dos abogados lo que querían era llegar a juicio. Imaginate que las comparaciones recién las hicieron un año y medio después del crimen porque nosotros mismos presionamos con movilizaciones. El abogado estatal no nos creyó.

PRESENTADOR

¿Y la policía?

DIEGO

Estuvo dos meses y pico investigando, desde el 1 de octubre hasta el 21 de diciembre de 2011. Tenían la dirección, el nombre, todo lo que necesitaban saber sobre mi hija y por lo tanto sobre nosotros (se señala el pecho con las dos manos). Si lo hubieran hecho en un principio nos podrían haber hecho pruebas de pólvora y se hubieran dado cuenta de que no éramos nosotros. Uno se pregunta por qué no lo hicieron.

LUZ

Por algo cuando nos detuvieron buscaban un Nextel y armas de fuego y solo se llevaron una foto mía y otra tuya (mirando a DIEGO de costado)

DIEGO

Cuando nos detuvieron y nos dijeron que nos vinculaba una mochila, no entendíamos nada hasta que recordamos la que habíamos perdido cuando fuimos a comprar un televisor. Yo había llamado dos veces a la remisería para ir (levanta los dedos índice y mayor de la mano derecha). Exigimos ese registro de llamados para comprobarlo. El defensor nunca nos creyó y nos trataba como si hubiéramos cometido ese hecho. No quería que declaráramos. Nosotros sí, porque queríamos contar nuestra verdad. En el estado en que estábamos, tratábamos de hacer memoria.

LUZ

Declaramos todo (separa los brazos desde el pecho hasta desaparecer del alcance de la cámara 3), pero imaginate que no te acordás lo que pasó hace dos semanas, menos hace dos meses. Lo poco que nos acordamos lo contamos: el color del coche que nos llevó al COTO y donde perdimos la mochila. De qué manera nos pueden vincular si no tienen qué.

DIEGO

Siguió el proceso de investigación, pero pasaba el tiempo, los meses.

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LUZ

Y la rueda de prensa, Diego. El 23 la hicieron. Participamos mi mamá, con 53 años, una tía de Diego de 40, mi hermana, de 32, que no tiene nada que ver con lo que había descrito la viuda, y yo. Claro que dio positivo. Diego apareció con el pelo cortado parecido al identikit, cuando no lo tenía así. Hay una declaración de la viuda que declara que mi hija es de tez blanca y tiene el pelo castaño claro. Nada que ver. Cuando fue a la rueda dijo que era ella.

DIEGO

Después, la familia trató de conseguir otro abogado recomendado de la familia que nos sacó plata y no hizo nada. Casualidades que al primo de una amiga mía tenía un compañero de trabajo al que también le había pasado lo mismo. Nos contactaron con el doctor Suárez, que nos llamó para asesorarnos de qué manera podíamos empezar a lucharla. Suárez vio la preventiva y se dio cuenta de todas las irregularidades. Logramos esto gracias al empuje y perseverancia de la familia y a las movilizaciones. Las pericias tenían que estar el 10 de diciembre y estuvieron el 21 (Dibuja un salto con el índice de la mano derecha). Las comparaciones de sangre dos meses tardaron. La audiencia llegó recién después de otra movilización. El 7 de marzo de este año, después de pelear dos meses, tenía que ser la audiencia, pero la fiscalía la suspendió porque supuestamente iba a declarar esta gente. De la fiscalía los mandaron al juzgado, que nos reservó para el 18 de ese mes.

LUZ

En realidad lo que pasó con la audiencia fue que la fiscalía no quería. Cuando se suspendió la audiencia, mi mamá fue al juzgado. La atendió el secretario de la jueza y, enojado con la fiscalía por suspenderla, puso la fecha bien cerca para que no se pudiera suspender. Si mi mamá no iba a preguntar, tampoco pasaba na…

DIEGO

(Interrumpe) Claro, por eso te digo. No estaba en su interés hacer la audiencia. Lo que termino entendiendo es que si el juzgado no hubiera dado la audiencia a una semana, date por segura que la hubieran suspendido también. A todo esto ya teníamos las comparaciones de sangre que dieron positivo. Por supuesto que nosotros lo sabíamos, pero con la desconfianza que adquirimos de la justicia, teníamos miedo de la manipulación. Por eso tratamos de conseguir un perito y hacérselo saber a la fiscalía.

PRESENTADOR

(Serio, mirando a cámara) También desconfiaban de la fiscalía…

LUZ

Sí, pero al perito no le dan a tiempo de intervenir porque ya estaban sobre la fecha.

DIEGO

Pero el tema era que ellos supieran que había alguien controlando. Cuando llegó la audiencia, me llevaron ahí. El abogado hizo el descargo. Estaba también la jueza. Le conocí la cara.

PRESENTADOR

Recién entonces conociste a la jueza.

DIEGO

Sí. Te decía… El doctor Suárez le dijo que la morigeración era lo mínimo que podía pedir por mí porque ya sabían de las comparaciones negativas. Suárez hizo saber de las firmas que había conseguido con mi mamá, de gente que daba fe de que no íbamos a hacer nada.

LUZ

Que vos no ibas a hacer nada. El primer juez también te había dado la domiciliaria, pero el fiscal apeló. Eso fue en 2012, en febrero. Porque había que seguir investigando, pero en ese momento, la fiscal apeló por posible intento de fuga. Por mí no apeló por la nena. Nuestros abogados en ese momento no hicieron nada, y como nosotros no sabíamos nada de cómo manejarnos y no conocíamos ninguna organización que nos asesorara…

PRESENTADOR

(A DIEGO) ¿Qué le dirías a la Justicia si la pudieras personificar?

DIEGO

Justicia toma decisiones que hacen que gente que no tiene nada que ver caiga en un penal, sin tomar conciencia de las cosas que pasan ahí adentro. Yo tengo la suerte de estar bien, de haber sobrevivido, pero no todos tienen esa suerte que yo tuve. Por eso, el Poder Judicial se siente dueño de la verdad y toma malas decisiones y manda gente inocente dentro de un penal y esa gente termina siendo lastimada. Dentro de la Unidad hay una guerra de pobres. Imaginate que un Penal de 500 personas (abre grandes los ojos), estadísticamente, tiene entre 800 y 900. No tienen conocimiento de lo que es una cárcel. Hay gente que se termina sucediendo, gente que termina apuñalada. Esto tiene que comenzar de nuevo porque quieren llevar una persona a juicio cuando ellos mismos saben que esa persona es inocente. Antes de hacerle pasar esa situación, ¿por qué no toman el camino correcto desde el principio? En la Unidad sigue habiendo gente inocente que no tiene la posibilidad que yo tuve, ni el apoyo. Te sacan los días y te hacen sentir como el peor, maltratan a tu familia en la fiscalía: parece que fueran familia del peor. Te complican en lo económico, en lo emocional. Ni siquiera hacen justicia por la víctima. Yo toda la culpa se la echo a este sistema judicial que se cree que todos los que están del otro lado del escritorio son malos. Mi verdad no se calla. Ni tiene precio. A mi familia me la destruyeron.

PRESENTADOR

¿Luz? (Mira su reloj pulsera) Treinta segundos tenés.

LUZ

Que el fiscal escuche lo que dijo Diego, porque ahora él es la Justicia para nosotros. Él es dueño y señor de nosotros. Si decide que vayamos a juicio, así será.

DIEGO

Y la jueza siempre va a prestar más oído al fiscal que al abogado defensor. No debería llevarle tanto el apunte a un fiscal que está yendo por el camino equivocado.

PRESENTADOR

Así dicen que funciona la justicia: demuestra en los números su eficiencia, sin importar las personas. La voz que se escucha es la de la policía, repetida por abogados, fiscales, jueces. Diego, Luz, muchas gracias por participar de este debate.

(Se apagan las luces. Sube el volumen de la música. DIEGO y LUZ se ponen de pie y saludan a PRESENTADOR).

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Cáncer de regalo

La inocuidad del electromagnetismo sobre la salud humana nunca fue comprobada científicamente, pero Ezpeleta es el resultado tumoral de la experiencia. Con más de tres décadas de funcionamiento, la subestación eléctrica Sobral ha propagado la enfermedad sobre quien viviese cerca. Aún así, no es considerada como antecedente válido para paralizar el funcionamiento de subestaciones en zonas urbanas.

En una cocina de Ezpeleta, partido de Quilmes, Beti, Nené y Gladys toman café y comen buñuelitos. Por la ventana no se adivina movimiento, es la hora de siesta y este es un barrio muy tranquilo. Hasta acá: típica escena de una tarde cualquiera en el conurbano. Pero, si se estudia mejor el paisaje que enmarca la ventana, un elemento extraño salta a la vista y da una pista, indicio de que en este barrio sí pasa algo. La invisibilidad del electromagnetismo no implica que no sean visibles los efectos en el cuerpo de las personas que viven allí. Por la esquina de esta tranquila cocina pasan los cables de alta tensión que salen de la subestación eléctrica Sobral. La banda sonora que inunda la cocina no es una charla de revista de corazón, es La Lucha -así con mayúscula-, la que ocupa las palabras y el tiempo de estas mujeres. Luchan contra esa subestación, que ya se cobró la vida de alrededor de doscientas personas, enfermó a otras tantas y diariamente irradia sobre sus cabezas dosis mortales de electromagnetismo.

00 606 –      Mi marido hace ya quince años que falleció, y el chico de allá del corralón antes que él, ¿cómo se llamaba?

–      Gabi, que falleció de cáncer de piel.

–      Y el hijo de Norma, que tenía trece años…

–      Sí, Fabián, que se enfermó a los doce y falleció a los trece.

–      Después que empieza el marido de Beti al poco tiempo se enferma la hermana de él, con los mismos síntomas, ella falleció tres meses después que él.

–      Falleció un año antes que mi papá, que tenía cáncer de pulmón.

–      Y la chica de allá, que el marido tenia leucemia, ahora le tienen que hacer rayos a ella.

–      En esa cuadra estaba Miriam, que la tuvieron que operar de urgencia en la cabeza, cáncer en la cabeza tenía, aparentemente ahora va a estar bien.

–      Otra señora por acá con cáncer cólon, jóven.

–      Y el muchacho de la otra cuadra, con cáncer de tiroides.

Las tres vecinas mueven las manos y señalan las casas de los alrededores, donde están los muertos o los enfermos, tan cerca que se ven sus casas por la ventana. El cáncer ya es como un resfrío en ese barrio: tarde o temprano a todos les toca, en sus cuerpos o en el de un familiar o amigo. A Gladys, Nené y Beti les da miedo sentarse para agregar a las nuevas víctimas al mapa de la muerte, pero calculan que ya son doscientas las víctimas mortales, entre ellas familiares suyos.

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mapadelamuerteLa única manera que existe para que el electromagnetismo no dañe a la salud es que las personas no estén expuestas a 0,3 o más microteslas. La microtesla es la unidad de medida del electromagnetismo, mide la cantidad de ondas electromagnéticas que llegan a un determinado lugar. Estudios que hicieron los vecinos de Ezpeleta con el biólogo Raúl Montenegro, mostraron que hay zonas alrededor de la subestación a las que llegan hasta 9 microteslas.

Las empresas eléctricas no reconocen el estándar precautorio de los 0,3 microteslas. Estas últimas y el propio organismo nacional de regulación, el ENRE, ‘adoptan’ el estándar ambiental de la obsoleta Resolución n° 77/1998 del Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos de la Nación, que es ambiental, no sanitario. Para ellos el principio de precaución que establece la Ley Nacional 25675 no existe. Argentina sigue sin tener límites legales de exposición a los campos magnéticos. “Hasta tanto este vacío se complete sostenemos, en base al principio de precaución y la buena ciencia que las personas no deben quedar expuestas a campos magnéticos iguales o superiores a 0,3 microteslas”, resalta Montenegro, Presidente de FUNAM (Fundación para la defensa del ambiente).

Montenegro, también premio a la Investigación Científica de la UBA, reconoce que “el problema no son solamente las subestaciones transformadoras sino también los tendidos eléctricos de media y alta tensión, aéreos y subterráneos. Todas estas fuentes generan campos magnéticos”. Como en Ezpeleta, donde hay cableado aéreo y subterráneo.

“Científicamente nunca se demostró la inocuidad de los campos magnéticos de frecuencias extremadamente bajas. Existe una significativa y creciente evidencia científica sobre sus efectos cancerígenos y no cancerígenos, incluso a valores muy bajos de densidad de flujo magnético”, explica Montenegro. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), entre otros organismos nacionales e internacionales, considera a los campos electromagnéticos de frecuencias extremadamente bajas como ‘posibles cancerígenos en humanos’.

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La subestación Sobral fue instalada por SEGBA (empresa estatal de electricidad) en 1977, la dictadura militar encontró a los vecinos, que ya miraban a las obras con recelo, totalmente desmovilizados. En realidad, ese predio estaba destinado a ser una salita de salud para el barrio, así como se lee, con toda la ironía que esto le agrega a la situación. Nené, que ya había comprado su casa a menos de media cuadra de ese predio, recuerda cómo llegaron y empezaron a construir, sin dar ninguna explicación a nadie, prometiendo progreso y trabajo para el barrio. Trabajo que nunca llegó, aclara. En la década de los ’90, SEGBA se privatizó y EDESUR, que quedó a cargo de la subestación, haciendo más obras para agrandarla.

Recién en 1996, recuerdan las tres mujeres, empezaron a recolectar información sobre los daños del electromagnetismo y se percataron que la cantidad de enfermos se debía a la subestación. Ese mismo año murió el marido de Beti y un año después, el padre de Gladys. Mientras Nené estaba enferma de cáncer de mama, resuena que el día que llegó del médico que le dijo que la enfermedad iba a acelerarse con la exposición al electromagnetismo, estaban pasando más cables por enfrente de su casa. Entendió que nadie iba a decidir cuándo tenía que morir: así que se plantó frente a los obreros para no dejarlos seguir trabajando. Pararon las obras por solo unas semanas.

En el 2000 EDESUR duplicó la potencia de la subestación. Dos años después los vecinos se resistieron a un nuevo cableado, el municipio, a cargo del radical Fernando Geronés, minó la zona de policías y gendarmes para que apuntaran con sus armas a los vecinos y dejaran trabajar a los obreros. El mismo modus operandi que se utilizó en Berazategui para instalar la subestación Rigolleau el año pasado. Leé sobre Berazategui.

Las manos de las vecinas reunidas en la cocina, que antes señalaban las casas de los muertos, ahora cuentan los años que lleva La Lucha. Dieciséis años. Y contando. Porque siguen luchando para que la subestación se traslade lejos del casco el urbano, para que deje de causar muertes. Las víctimas van a quedar por siempre, y los enfermos también. Pero igual siguen divulgando la situación en su barrio, ayudando a otros lugares con situaciones parecidas como Berazategui y exigiendo que el juez Siauliu de la Cámara Federal Número 2 de La Plata expida alguna decisión sobre el pedido de traslado que hicieron los vecinos hace más de diez años.
Gladys, Beti y Nené seguirán viviendo en ese barrio, donde lo hicieron toda sus vidas, inclusive antes de que instalaran la subestación. Seguirán caminando esas calles irradiadas. Ezpeleta es a prueba de escépticos, ahí sí existe el destino. Detrás de la ventana de cualquier cocina yace clarita la realidad para cualquiera que esté dispuesta a verla: no importa que hayas trabajado y hecho de todo por mantener el control de tu vida, un día puede llegar una empresa y decidir cuándo y de qué te vas a morir.
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Sueños de campeón

A Daniel García lo mataron en un ataque entre barras del que no tenía nada que ver. Tenía 19 y ya pasaron 18 años, fue después de un 4-0 con el Bati de goleador en la Copa América de Uruguay. Un asesinato con nexos interminables de peso en la política y la Justicia, que explican cómo no hubo ni siquiera un solo detenido.   

El 11 de julio de 1995 estaba en Paysandú, Uruguay, en el estadio Parque Artigas. Había ido con mi familia a ver cómo Argentina ganaba su segundo partido de la Copa América y me ilusioné con el campeonato: fue baile a Chile y un 4 a 0 rotundo. Volví al hotel alegre, con la certeza de que me iba nada me iba a borrar la sonrisa por esta goleada, pero prendí la tele y todo se transformó en pura tristeza.

Tan sólo 45 minutos después del pitazo final del encuentro y a una cuadra de la cancha, hombres encapuchados habían atacado una Traffic con palos, cuchillos, cadenas, botellas de vidrio rotas y estiletes. En esa emboscada, Daniel Hernán García­, que tenía 19 años, falleció por las puñaladas que recibió, mientras que otras tres personas quedaron gravemente heridas. Pasaron más de 18 años y la causa prescribió.

Años después, la conocía a ella y me explicó por qué no hubo nunca ni un detenido por la muerte de Daniel. Ella es Liliana Suárez, su madre, que denunció desde el primer momento que los responsables estaban ligados al poder político, que eran barras bravas y que eran del grupo de choque de Juan Carlos Rousellot, ex intendente de Morón. Pese a que los acusados están apuntados con nombre y apellido, gozan de una plena libertad, culpa de ese innegable apoyo político. Hoy por hoy, busca nuevas pruebas para reabrir la causa y conseguir eso mismo por lo que pelea desde que le mataron a su hijo: justicia.

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De a poco conocí su historia. Daniel García estaba en quinto año del secundario, pero también trabajaba por la mañana de taxista, en el mismo auto que manejaba su papá Pablo por la tarde. Ganaba su propio dinero y no dudó en aceptar la propuesta que le hizo un compañero del Liceo Nº 11 de Villa Urquiza: por 50 pesos ir y volver en el día a Paysandú para ver el partido, con la entrada incluida.

Quiso convencer a su papá, pero él no quería perder esas horas de trabajo y se negó. Dijo que no, pero inmediatamente le hizo una promesa: si el equipo que dirigía Daniel Passarella llegaba a la final, iban a ir juntos en el taxi hacia Uruguay.

Argentina quedó eliminada en cuartos de final y a Daniel García lo mataron cabecillas de las barras bravas de Deportivo Morón y de Tigre que respondían a Rousselot, ese mismo día en que se hizo la promesa.

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Daniel era hincha de Boca, pero ese fatídico día se había puesto para viajar una camiseta de Platense que le habían regalado. No lo hizo en forma casual, su amigo le había comentado que estarían rodeados tanto de hinchas del Calamar como de Defensores de Belgrano. Se juntaron en Saavedra y allí se subieron a una de las dos combis que salían rumbo a Paysandú.

Pese a que era menor de edad y que no llevaba ningún tipo de autorización, cruzaron la frontera sin ningún tipo de problemas y no tuvieron que atravesar ningún tipo de control en ninguno de los dos países, al igual que me pasó a mí. Llegaron una hora antes del comienzo del partido, canjearon la entrada y vieron cómo Argentina le ganaba 4 a 0 a Chile con dos goles de Gabriel Omar Batistuta, uno de Diego Simeone y otro de Abel Balbo.

A las 23.15, cuando sólo habían pasado 45 minutos de la finalización y con Daniel ya sentado en la Traffic que lo iba a llevar nuevamente hacia su casa de Villa Urquiza, comenzó el horror. Desde la combi vio cómo un grupo de hombres empezaba a romper el otro vehículo en el que habían viajado y se bajó a tratar de ayudar. Ni bien descendió observó cómo otros tres compañeros de viaje eran atacados e inmediatamente le tocó a él: recibió tres puñaladas. La última de ellas dio en la aorta, al lado del corazón, y a los pocos segundos cayó desplomado sobre la vereda de las calles Joaquín Suárez y Boulevard Artigas. La policía nunca apareció en el lugar – testigos aseguraron después que vieron un patrullero, pero que no quiso intervenir – y media hora después, cuando finalmente apareció la ambulancia, falleció desangrado mientras se dirigía al hospital Escuela del Litoral de Paysandú. Los otros tres heridos, Martín Vera, Gustavo González y Sebastián Portilla, salvaron sus vidas de milagro.

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Ese día Liliana Suárez veía cómo pasaban las horas y se impacientaba porque su hijo no regresaba. No podía dormir y manejaba su intranquilidad hablando con su marido Pablo, que la intentaba calmar diciéndole que seguro había mucho tráfico y que estarían en camino. Ella dice que en ese momento presentía algo y el primer susto le llegó cuando encendió la radio: ahí escuchó que había heridos en grave estado en las cercanías del estadio. inmediatamente pensó en su hijo Daniel. A los pocos minutos se enteró por la misma vía que su hijo había fallecido.

“Nadie me llamó, yo me entero por la radio que había un chico muerto que se llamaba Daniel García y que había otros tres que estaban siendo operados. En ese momento lo único que deseé es que haya sido un error y nos fuimos en el taxi con mi marido y mi hijo más grande para allá”, recuerda Liliana.

Al intentar cruzar la frontera, los paran y los demoran un largo rato. Pese a las explicaciones y al ataque de nervios que todos estaban sufriendo, los policías uruguayos les impidieron el paso por unos largos minutos. “Nos revisaron todo y no se les movió un pelo cuando les dijimos que teníamos que ir a buscar a nuestro hijo que nos decían que estaba muerto. A la distancia me lamento porque si esto mismo hubieran hecho cuando viajaba Daniel, no hubiera pasado porque era menor, al igual que la mayoría de los que viajaban”, se lamenta Liliana.

Al llegar y confirmar la triste noticia, siguieron las pesadillas: no les querían entregar el cuerpo. Liliana sentía que ella también se moría. Estaba bloqueada, no sabía qué hacer para que las autoridades locales entendieran su reclamo y dejaran que toda la familia se despida de Daniel. Tuvieron que ir a hablar con Guillermo Camarotta, quién por ese entonces era el cónsul argentino en Uruguay, para que los dejaran. “Hasta el día de hoy ni él ni yo ni nadie sabe por qué no nos permitían ver el cuerpo”, agrega.

En ese mismo momento ella empezó una investigación que no fue acompañada nunca de buena voluntad, ni por la justicia ni la política, ni del lado uruguayo ni del argentino.

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Liliana perdió la cuenta de la cantidad de veces que viajó a Uruguay. Allí se reunió con un incontable número de funcionarios, políticos, policías y testigos que siempre le prometían algo que le hacía mantener la esperanza, pero que en todas las oportunidades terminaba en la nada. “Me cansé de las mentiras y de las falsas promesas, me ilusionaron en un montón de oportunidades y siempre me defraudaron. Una investigación judicial si no arranca bien no arranca nunca. Se borraron pruebas, se pisoteó todo.”, aseguró la fundadora de FAVIFA (Familiares de Víctimas de Violencia en el Fútbol Argentino) y quien fue, también, desde la creación la vicepresidenta de Salvemos al Fútbol.

La causa estuvo durante seis años literalmente parada en Uruguay. El juez a cargo, Otto Gómez Borro, fue acusado por querellantes de varios casos de homicidios sin resolver que estuvieron a su cargo y terminaron en la nada. En ese período, Liliana fue hacia la sede social de Defensores de Belgrano y de Platense y llevó a todos los testigos hacia el país oriental. Ella misma se hizo cargo de todos los gastos e hizo que declaren en la causa, ya que el juez no los citaba.

Fue hasta la escena del asesinato y observó que a metros había un puesto callejero que vendía choripanes, algo que todos los jóvenes que declararon ratificaron que también estaba al momento del crimen. Al acercarse y preguntar si recordaba algo, el hombre aseguró que ese día había alquilado el puesto y le aconsejó que por su seguridad dejase de investigar, ya que por miedo nadie iba a querer declarar.

Liliana nunca le hizo caso, nunca paró de investigar y tiene bien en claro quiénes fueron los responsables: barras bravas que respondían al ex intendente de Morón, Juan Carlos Rousellot.

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Pasaron más de 18 años y sigue sin miedo de decir en voz alta el nombre de los que asegura que son los asesinos de su hijo.  Su principal acusado es Máximo Zurita, quien era apodado como “el gordo cadena”. Fue uno de los líderes de la barra brava de Deportivo Morón y el propio ex intendente lo había puesto a trabajar en la Municipalidad. Tenía protección política y policial, al igual que los otros dos apuntados, que eran sus secuaces. Ellos son Ramón Toledo, quién era llamado “Negro Café” y Mario “Pájaro” García. Además, Roberto Britos y Rubén Lézica son los apuntados por parte de la barra de Tigre.

“En todo momento que estuvo Rousellot la Municipalidad fue cómplice. Les pedíamos fotos de los implicados y nos daban unas que parecían de cuando tomaron la primera comunión. Se tomaban todo a chiste, una vez que se fue por suerte me quisieron ayudar un poco más, pero no fue suficiente”, cuenta Liliana, quién recibió el apoyo del actual presidente de Deportivo Morón, Diego Espina, quien también declaró en la causa.

Los implicados formaban parte de la fuerza de choque del ex Intendente y trabajaban, también, en una feria cercana a la municipalidad, que fue cerrada en 2007, cuando Martín Sabbatella era el Intendente, por las reiteradas denuncias que aseguraban que allí se vendía todo tipo de drogas que financiaban a la barra brava.

“Nunca sentí temor por lo que me enfrentaba, juré ante la tumba de mi hijo investigar hasta las últimas consecuencias y eso es lo que voy a seguir haciendo, pase lo que pase”, se enorgullece Liliana, que además agrega que los implicados no forman más parte de la barra brava, pero que siguen yendo a los estadios, tanto de Morón como de Tigre.

Jorge “Zurdo” Ruíz era el principal líder de la barra brava de Morón en el momento en que mataron a Daniel García. Entre 2010 y 2012, fue elegido como presidente del Gallito. “En el caso puntual del asesinato de mi hijo no tuvo nada que ver, pero sabe bien qué pasó y en todo ese tiempo no me ayudó en nada”, asegura Liliana.

Los acusados declararon después de diez años de insistencia y solamente por escrito, a través de un exhorto judicial y de un cuestionario que, según Liliana, estaba mal hecho, con preguntas absurdas y que no iban al fondo de la cuestión. “Mi consuelo es que ellos están apuntados por la sociedad, sólo falta que actúe algún día la Justicia”.

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Liliana viajó recientemente junto con la Defensora del Pueblo, Graciela Muñiz, rumbo a Paysandú para volverse a reunir con el actual Cónsul argentino en Uruguay, Roberto Conde, quién puso a cargo a un abogado de Derechos Humanos. En Uruguay, las causas por homicidio prescriben luego de quince años, la de Daniel ya lleva 18, pero Liliana presentó nuevos documentos para que se reabra y tiene la esperanza de que de una vez por todas le entregarán el video de seguridad del estadio.

Mientras tanto sigue, firme y sin vacilar un segundo. Recordando con alegría y sin derramar ninguna lágrima por su hijo para que su familia la siga viendo así, con fuerzas y entera. Luchando contra las fuerzas políticas, contra la injusticia de la justicia, sin recibir ninguna ayuda de la AFA, que además se desliga de la responsabilidad acusando a sus pares de Uruguay. Una misma organización que cuando se jugó la Copa América de 2011 en el país – hasta coincidió con la fecha de aniversario de la muerte de Daniel – se negó a que los jugadores ingresen al estadio con una bandera en su homenaje. Sin embargo, Liliana llevó la bandera y la posó en las afueras del estadio Ciudad de la Plata, mientras se jugaba la final entre Uruguay y Paraguay.

Luego de insistir, pudo lograr que en el partido amistoso entre Argentina y Brasil que se jugó meses después en Córdoba dieran una vuelta olímpica por el estadio Mario Alberto Kempes, algo que generó la ovación de toda la gente. Luego del partido, fueron a los hoteles de los futbolistas, en donde brasileños y argentinos se sacaron fotos pidiendo justicia por Daniel.

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Desde este 11 de julio que se juega la Copa Daniel García. Allí, veinticinco chicos de ocho años jugaron en Lugano un torneo relámpago de dos horas con el valor que más recuerda Liliana de su hijo como bandera: respetar al otro. Allí se levantaba al rival si había una falta, se hacía una ronda previa en donde se saludaban todos y se abrazaba obligatoriamente a quien hacía un gol. “Cada aniversario siempre es un día feo, con lluvia y con muchas sensaciones. Este torneo fue algo distinto, fue una sorpresa, una alegría y una forma de mostrar que el mensaje educativo de Daniel sigue vivo. Lo recuerdo con mucha alegría y la mejor forma de homenajearlo es honrarlo con una sonrisa”.

Todos los años se jugará este nuevo certamen, en dónde cada chico que juegue se preguntará quién fue Daniel García, ese pibe que tenía tan sólo 19 años. Mientas tanto, Liliana Suárez no parará hasta que se reabra la causa y hasta que los culpables del asesinato de su hijo estén presos.

En definitiva, no parará hasta conseguir eso por lo que lucha desde el día en que le mataron a su hijo: que se haga justicia.