Archivo por meses: mayo 2013

“Mi orgullo es la manera de defender”

Néstor Retamar se traicionó. Se había jurado que nunca abandonaría el esquema con enganche, pero cambió. Argumenta diciendo que la D te obliga a eso. Dejó de ser ofensivo y se volvió un fundamentalista de que no le conviertan. El entrenador que se volvió famoso por conducir al Club Atlas, mientras se filmaba un reality show. 
Néstor Retamar, director técnico de la era mediática del fútbol, descansa de las cámaras en su casa de General Rodríguez. Renunció hace un año a su puesto en Atlas, equipo de la categoría D del fútbol argentino que protagoniza un reality televisivo  transmitido a nivel continental con un éxito y una exposición desmedida para un cuadro de esa división: “Atlas, la otra pasión”, que desde el 2006 pertenece a la programación estable la cadena Fox Sports.  No dirige desde entonces y por ahora no tiene pensador volver. Está contento con la pizzería y la heladería que maneja por su barrio, cerca de sus hijos y su familia.
Sin embargo, no deja de pensar el fútbol. Lo sigue de cerca y sigue siendo el tema que le despierta los gritos, la arenga y los golpes en la mesa. “La TV me sirvió para que digan que soy vende humo”, se ríe.
-¿Cuál es tu idea de juego?
-Cuando empecé mi carrera como técnico tenía una idea futbolística definida, y pensé que iba a morir con esa idea. Me aferraba al 4-3-1-2. Toda la vida me gustó jugar con enganche. Yo era delantero y uno siente jugar con enganche. Lo necesita. Entonces, cuando fui técnico entendí que mis equipos tenían que jugar con enganche. Si lo pedía como jugador, como técnico tenía que ser fiel a eso. El diez emblema, líder. El que pone bochas de gol. En mis comienzos jugaba de esa forma. A medida que el fútbol me fue poniendo contratiempos me di cuenta que en algo estaba equivocado. Hacía agua en la mitad de la cancha y los partidos se nos complicaban. Perdía. Cambié a un 3-4-1-2, porque el enganche no podía faltar. Seguía con problemas. Con un equipo muy ofensivo, que creaba muchas chances en ataque, pero que sufría el famoso síndrome de la sábana corta: te tapás la cabeza, te destapás los pies. Necesitaba equilibrio y pasé al 4-4-2. Y no varié más. Al día de hoy que estoy convencido que con un 4-4-2 rabioso estás contemplado y podés atacar con muchos jugadores y estás siempre bien defendido. En mis últimos campeonatos, estuve entre los 3 o 4 equipos con los arcos menos vencidos. Tiene un resultado y tiene un trabajo atrás: la presión, el escalonamiento, las coberturas. Me dio muchos réditos. El equipo está contemplado en todos lados. Si salís vos, me meto yo. Si presionamos, va uno a la pelota y el otro a los posibles receptores. Si nos meten un cambio de frente, no salimos corriendo todos para el otro lado, porque la cancha te queda muy larga, nos ordenamos con movimientos diagonales, nos agrupamos y ahí salimos a presionar otra vez. A razón de la pelota se mueve el equipo.
-Pero, ¿puede un sistema ser la idea de juego? ¿No es en todo caso una herramienta para expresar la idea?
-Mi idea defensiva se basa en ese sistema. Es así. Mi equipo tiene una convicción: sabe cómo defender. En los centros del rival nos paramos en zona. Bien ubicaditos, dejando solo la chance de gol a la virtud del rival. Los jugadores tienen que estar donde se practicó que tienen que estar.  No me interesa cómo juega el rival, yo no cambio nada. Me preocupo por mí táctica  y nada más. Porque ellos van a ser los que tengan que vulnerar mi táctica. Que vengan a atacar, los vamos a estar esperando. Les va a costar encontrarme, y en cuanto te equivocaste… no me empatás más. Por eso, siempre el arco en cero. A mí lo que me pone más contento es que no me hagan goles.
-¿Preferís ganar 1 a 0 que ganar 5 a 4?
-Sí, no me caben dudas: mi orgullo es la manera de defender. Hacer las cosas bien en ese sector.
-Explicalo con algún movimiento táctico defensivo
-Por ejemplo, cuando volea el arquero rival, nosotros hacemos la cobertura: uno sale a cabecear y los otros tres defensores se meten, retroceden unos metros y quedan a la espera de la pelota. Entonces si logra peinar el rival para la diagonal del segundo delantero ya tengo a mis tres defensores esperando la pelota de frente para revolearla. Esto hay que practicarlo todas las semanas. Repetir y repetir. Y cuando lo tienen incorporado, seguir repitiendo. Se usan palabras claves para despertar los conceptos en el momento de competencia. Entonces uno grita “¡cobertura!” y los demás se avivan de lo que tienen que hacer. Lo que cuesta es lograr la confianza del jugador, que esté predispuesto a repetir todo esto, que te hagan caso de buena gana. Hay muchos jugadores con muchos vicios, que te miran con cara de “qué hincha huevos”. Pero te llegan a meter un gol por no hacer la cobertura y te saco, meto a otro que me obedezca.
-¿Son jodidos los jugadores de fútbol?
-Te ponen muy a prueba. La gran dificultad de hoy es trasladar la idea al jugador. Podés convencerlo mucho, poco o nada. Pero, el futbolista tiene un vicio: criticarte. Si trabajás, si no trabajás, si hacés pelota parada, si no la hacés. Si es profesional, si es mano dura, si es mano tierna. Yo a los veinte veía al técnico como una enormidad. Hoy un pibe de veinte te critica. Te están tomando siempre una lección. No te puede faltar una ese cuando estás hablando, porque al instante los ves burlándote: “Mirá el burro como se traga las eses”. Es constante: la base del fútbol hoy es la confianza del jugador. Que te crea y que crea en tu idea.

-¿Y cómo hacés los goles si pensás más en el arco propio?

-Atacando por los extremos. Sí o sí. Retamar pide que el equipo llegue por afuera. Triangular y llegar por las bandas. El equipo focaliza en esa idea. Los míos saben que se ataca por ahí. Por el medio no, porque está todo el quilombo. Entonces, siempre tiene que haber un tres y un cuatro. Con línea de tres, mi sistema no puede ser. Con línea de cuatro abajo, el tres es socio del volante por izquierda. Y el cuatro de volante por derecha. Dos jugadores por cada banda, formando un triángulo con un mediocampista del centro, que es uno de los dos cincos. Y los dos puntas pivotean, la aguantan y se ofrecen como otra opción para la triangulación, que siempre termina en los costados, para poder tirar el centro al área. Yo me quedaba poniendo arena en los córners después de cada entrenamiento, para que la pelota ruede con algo de normalidad.  Ahí estaban la llave de los partidos.
-Pero, ¿cómo se llega hasta ese punto? ¿Las jugadas cómo se elaboran?
-Y… salir jugando de abajo, olvídate. Si estuviera en una división más alta prepararía algo para salir jugando. Porque la técnica y los campos de juego son otros. Pero en la D no tenés técnica y las canchas son un desastre. Entonces mi salida es una pelota larga por las bandas, por afuera, con rosca para adentro, para que alguno de los dos puntas la aguante. Larga por afuera. En cuanto el delantero la controló, ahí se empieza jugar, desde ese sector. Los mediocampistas agarran el rebote o el pase del delantero y comienzan a tocar con el objetivo de llegar por afuera.  ‘Juego, juego, juego y lastimo’, dije alguna vez, porque  cuando se tiene la pelota no hay que perderla rápido, si no se vienen de nuevo ellos y otra vez el desgaste físico propio. Hay que entretener la pelota y, después, lastimar. No hay que tenerle miedo a la pelota, sino demostrás nervios. En el jugueteo previo hay que tocar en espacios reducidos. Cortito y en poco terreno. Así al rival se le complica recuperar la pelota. Después le das profundidad y verticalidad por las bandas.
-¿Para vos la posesión de la pelota es importante como concepto de ataque y/o defensa?
-Sí, sí. Es importante. Pero para otra división. Acá no se puede. De hecho, me encanta que mis rivales de la D me salgan jugando. Me encanta. Me los como crudos. Que salgan jugando todo lo que quieran. Lo voy a estar esperando con la presión de mis jugadores.
-¿Cómo es ese movimiento?
-El arquero de ellos se la va a dar al central y el central al lateral. Ese es el tradicional movimiento para salir jugando. En cuanto sacó el arquero, uno de los nuestros va sobre el central derecho, que tiene la pelota, para atorarlo. Otro sobre el central izquierdo, para que no exista opción de pase para adentro. La pelota va a ir para el lateral, casi siempre.  Entonces, cuando le pasen la pelota al lateral, ese jugador va a tener un solo toque. No pueda pararla y tocar porque, cuando controló la pelota, mi jugador ya se lo tiene que estar comiendo. Lo obligás a jugar de primera y eso lo complica mucho. Un mal terreno, una técnica regular y la chance de solo tocarla una vez es sinónimo de imprecisión del rival y de grandes chances de que la pelota pase a ser mía en situación de ataque. Para que la presión funcione se necesita método y buen estado físico. A mí el día del choto me van a salir jugando. Mi equipo le pega para arriba. Es negocio. Si hago bien las coberturas la voy a ganar casi siempre. Anular el sistema de juego del rival e imponer el propio. Es así. Hoy la estrategia para ganar un partido es el pressing.
-¿No puede ser de otra manera?
-Sí, claro, si yo veo que en primera cada vez se sale más jugando. Contrario a lo que dicen todos. Y eso es de tanto ver al Barcelona. Hasta en la D algunos los intentan, pero se equivocan. En esa categoría es imposible. No tenés los defensores que juegan bien. Entonces los comprometés, pobrecitos. El tipo es ordenado y fuerte, pero no dúctil. Encima las canchas son un asco. Le pegás para la mierda porque la pelota va saltando. En la C es lo mismo. Solo hay un poquito más de técnica en la pelota parada. En mí categoría hay que andar renegando, porque la practicás mil veces la jugada y en el partido le pegan para la mierda. No es fácil la D. Y eso que cada vez es más profesional. Antes era peor. Había tipos gordos, jugadores que no se cuidaban. No había nada de táctica. Los técnicos te decían “Zapatealo”, “Jugá, jugá”. No era mucho más que eso: motivación y ver qué pasaba en el día. Ahora estamos en la era de la táctica. En todos los niveles y categorías de fútbol.
-¿Qué pasa cuando no agarrás la pelota y el rival te supera?
-No hay que desesperarse. Hay que dar un cien por ciento desde lo físico y lo mental cuando te sentís superado. Aunque te ahogues. No tenés que parar de correr y de cortar las jugadas. Así apagás el sofocón del rival. Después, cuando ya pasó la tormenta, te serenás, respirás y volvés a lo planeado.
-¿La táctica atenta contra la belleza del juego?
-Sí, sin dudas. La táctica mató a los enganches, por ejemplo. Se los comió el doble cinco y la priorización del sacrificio. Pero, la táctica da resultados. Y el resultado manda. Táctico defendiendo y atacando. Táctica en todos lados.
-¿Y la sorpresa?
-Ya no hay. Se gana por decantación, por desgaste. No vas a encontrar juego bonito. Después tenés jugadores dotados que pueden embellecer el funcionamiento, pero son excepciones. Los he tenido. Y la gente se confundía y decía: “Mirá qué bien que juega el equipo de Retamar”. Mentira: el tipo ese jugaba bien, no el equipo. Son cosas distintas.  Para mí hay reglas generales: de la mitad de cancha en adelante la pelota tiene que ser al pie. Sin traslado. Tres toques como máximo: paro, acomodo y paso. Puede arriesgar el jugador, no lo voy a crucificar si intenta un  pase entre líneas. Está todo bien. Pero, en el entretiempo le voy a decir: “Jugala por afuera”. Podés probar una vez. Lo intentás, perfecto. Pero, hay que jugar por afuera. Porque si cada jugador arriesga una jugada me pierdo 10 ataques.  No hay disculpas en eso. Se puede arriesgar pero sin caer en los vicios del egoísmo.
-Entonces ya dejó de ser imprescindible el jugador, ahora son piezas de ajedrez que se van cambiando…
-Espectacular esa definición. Pero hay que trasladarse a la división de la que estamos hablando: Primera D. La realidad se impone. Para mí se puede jugar bárbaro sin dar dos pases si se hace lo que se planificó. El objetivo es que cada ataque del rival muera en el área grande y atacar por las bandas. En mi experiencia lo vi así. Otro es el caso de los técnicos de primera, que tienen materia prima y nivel técnico, pero  eligen los mismos métodos de categorías inferiores. Porque lo que yo te digo se ve todos los fines de semana en Primera.
-Falcioni es el último gran emblema de esta versión de fútbol, ¿le faltaban jugadores en Boca para intentar otra cosa distinta?
-No, tenía grandes jugadores. Pero, él llegó a Boca gracias a los resultados que le dieron los esquemas cerrados. Siguió con la misma receta. Fue fiel a lo que le dio éxito. Miedo al cambio, también puede ser. Pero, ojo, a él lo contrataron para que haga eso mismo.
-¿Retamar qué hubiese hecho?
-Quedate tranquilo que si tengo a Riquelme voy a cambiar, voy a idear otro sistema. Pero cuándo yo voy a dirigir a Riquelme… Me tengo que adecuar a la D. Y la D es esto.
-¿Y al futbolista le gusta estar preso de la táctica? ¿Acepta no intentar jugar lindo?
-Hoy en día al jugador le gusta recibir táctica, porque se siente más profesional, más jugador. Les gusta tocar la pelota, sí, pero más les gusta la aplicación táctica. Tener funciones, que esté todo orquestado.

Voces enterradas

“Puel Kona es un grupo de música mapuce fusión”, así se definen.  Desde la  comunidad Newen Mapu, ubicada en Neuquén Capital, estallan las voces de estos militantes de la comunicación que reivindican su identidad y denuncian el etnocidio que los intereses capitalistas siguen perpetrando en sus tierras.

Los nombran y por inercia a los minutos los googleo, son de una comunidad de Neuquén Capital que se llama “Newen Mapu” y significa fuerza de la tierra. La descripción de facebook dice “Puel Kona es un grupo de música mapuce fusión”. Me queda sabor a ganas de más y abro una nueva pestaña en el buscador, entro a youtube, escucho “Clandestinos”, corte de difusión de su primer disco. A mitad del tema les mando un inbox, no están online. Otra nueva pestaña me lleva a twitter, los sigo y les pido un contacto. Llevo el mouse hasta youtube nuevamente, ya estoy tarareando el estribillo.

La mañana siguiente empezamos a charlar. Del otro lado del teléfono me atiende Lefxaru, guitarra y voz de la banda. Resolvemos seguirla por mail, tienen una estructura horizontal y no quieren que la conversación quede en una sola voz. Casi mágicamente a pesar de los kilómetros se suman Aylin (voz), Amaru (teclados y voz), Umawtufe (bajo y Xuxuka), Ñamku (Xuxuka, xompe, sikus), Lucio (Batería) y Malen (saxo).

 

“Clandestino en tu propia tierra, extranjero en tu propio origen. Es nacer y ya estar condenados, existir pero ser invisibles” (Puel Kona – Clandestinos)

La comunidad “Newen Mapu” está cumpliendo sus primeros treinta años. Puel Kona nació, creció y fortaleció su identidad mapuce a la par del progresivo afianzamiento de la comunidad en la que vive. Proceso conflictuado muchas veces por el hecho de estar situados en la ciudad donde sistemáticamente se los volvió ajenos a su propio territorio. Este estigma recae sobre ellos como un azote difícil de imaginar para nosotros: Su vínculo con el territorio no se reduce a una mera funcionalidad, sino que es parte estructurante de su cultura. “Mapuche” quiere decir “gente de la tierra”, pero con una sutileza que el idioma conquistador no deja entrever: primero son tierra (“mapu”) y luego gente (“che”). Se vuelve más claro, entonces, que el despojamiento territorial y la devastación cultural son dos caras de un mismo proceso. “Si bien nuestros padres se encontraban en la ciudad, y nosotros nacimos y nos criamos en estos espacios, nunca nos fuimos de territorios mapuce porque somos parte de este territorio que nos da origen e identidad, al igual que nuestros antepasados. Nosotros no hemos emigrado de nuestro territorio, sino que es la ciudad la que se instaló dentro de territorio mapuce”, lo dicen convencidos. Abren una grieta en un sistema que apuesta a negarlos, una grieta por donde se filtra la luz.

La adolescencia los encontró ante la necesidad de comunicar quiénes eran y rebatir todo eso que querían imponerles. El impulso los llevó a formar Kona, un centro de comunicación en el cual empezaron a decir en diferentes formatos. Eran la primera generación adolescente dentro de la comunidad y llevaban dentro años de voces que habían querido ser silenciadas. A ellos les tocaba gritar “Creemos que tenemos muchas cosas por decir desde nuestra propia perspectiva, para que nadie hable por nosotros sino que nosotros tengamos nuestras propias voces mapuce para poder contar nuestro sentir, nuestras posiciones”.

En su búsqueda del decir, de encarnar en palabra tanta historia, llegó la música para poder decir mucho más. “El hecho de constituirnos como banda fue todo un aprendizaje, porque no hacíamos música desde antes, no éramos músicos ni habíamos estudiado música. Más que nada comenzamos a hacerla porque nos dedicábamos a  comunicar y la música era otra forma de comunicación. Pero a medida que fuimos creciendo como banda, fuimos aprendiendo un montón en relación al sentimiento musical, y a entender que no era tan sólo una forma más de hacer comunicación como nosotros creíamos, sino que es algo mucho más profundo, que tiene que ver con relacionarse con tu propio interior, con las vivencias que has podido experimentar a lo largo de tu vida, de tus sentimientos, de tus sensaciones, de cómo entendemos nuestra espiritualidad, de cómo vivimos nuestra identidad”  

Cuando cantan, una mezcla de sentimientos se entrecruza. El dolor, la alegría, la nostalgia, la tristeza, el amor y la esperanza se hacen presentes en su voz para gritar que la identidad mapuce está viva y con mucha fuerza para proyectarse. “Nos hemos sentido o nos han querido hacer sentir como extranjeros en nuestra tierra. Desde la Campaña del Desierto hasta ahora hemos sufrido la invasión territorial, por intereses petroleros,  por el turismo, por la minería, por los estancieros, por el agua. Fundamentalmente, en un primer momento para responder a la necesidad de la Argentina agro exportadora, y luego hasta el día de hoy, en función de intereses capitalistas que valoran mucho más los beneficios económicos que la vida”.

La grieta sigue sumando nuevos gritos que la expanden, el deseo colectivo motoriza la producción de una nueva forma de concebirse a ellos mismos por fuera de la mirada eurocentrista única, totalitaria y excluyente. Las fusiones de ritmos que pasan por ska, hip hop, reggae, chamamé, saya, cumbia, entre otros, hablan también de la pluralidad que defienden. La diversidad potencia la energía, los temas te mueven casi sin darte cuenta, transmiten alegría, celebran la vida.

“No creo en tu frontera, no me hagas el dominio. Jura tu bandera que demasiado duro ya es tener que ir a tu escuela donde se niega tu identidad y te enseñaran una historia ajena” (Puel Kona – Clandestinos)

El conocimiento es también una forma de colonización, es meterse con lo más profundo de tu subjetividad e imponer nuevos sistemas de entender el entorno para echar claridad sobre una única forma de saber y meter todo el resto en un agujero oscuro y profundo. La educación se encarga de transmitir esta univoca forma de conocimiento académico. “Desde niños tenemos que asistir a una escuela en donde nos enseñan que los mapuce no existen o que si existen viven perdidos en un paraje del campo en donde no hay caminos. Que no existimo, y que si existimos somos borrachos y vagos. Que no existimos y que si existimos hay que tratar de que aprendamos a dejar de ser mapuce”

Ellos no se callan y toman la decisión de cantar en castellano y en mapuzugun, dos puntas del mismo puente que pretende unir. “Para nosotros es fundamental recuperarlo, fortalecerlo, ayudar a despertarlo en las generaciones más jóvenes porque allí se encuentra toda nuestra cosmovisión”. Entienden que es necesario apropiarse de estos espacios que tienden a invisibilizarlos y trabajan para resignificarlos, para construir nuevas relaciones que no dejen a nadie afuera, en donde cada uno pueda ser libremente aportando a la diversidad cultural. “Criticamos una educación que es la que representa Sarmiento, negando lo originario de este territorio y valorando elementos extranjeros. Con esto no queremos decir que queremos generar discriminación a la inversa; sino que creemos que hay que fortalecer cada una de las culturas para que entre todos podamos aprender a respetarnos y convivir dentro del espacio territorial que compartimos”

“A nosotros como jóvenes nos ha tocado dar la discusión en nuestros espacios de formación y construir alianzas, relaciones con sectores de estudiantes que también entienden la necesidad de valorar la diversidad cultural con la que contamos. Así trabajamos para poder aportar a este cambio desde la educación, porque es la base fundamental para poder pensar otro tipo de sociedad y otras relaciones más fraternales e incluyentes”. Desobedecer. Cuestionar. Organizarse. Contrainformar. Construir. Descolonializarse. Sentir. Puel Kona, los “Guerreros del Este”, sigue luchando, sigue agrietando.

«Quedó una dictadura»

El papá de Juan sabe que a su hijo lo mataron. También sabe que en San Pedro, Jujuy, no es el único caso. La Policía entra a casas, patea puertas y levanta chicos de los barrios marginales. Trampas con paco. Abogados que aseguran no tener tiempo. En Argentina, el infierno.

A una cuadra de la estación de micros de San Pedro, Jujuy, unas chapas escritas con tiza hablan de injusticias cotidianas. Proponen, como respuesta, la acción del pueblo. Parece lo que estaba buscando. Aprovecho mi soledad, mi tiempo libre. Sé que si falla esta investigación, sigo de vacaciones, o sigo la Ruta 34 a ver en qué anda Ledesma, en qué anda Tartagal. En una casa me dicen: “Son de Marcelino Romero, se lo respeta mucho. Preguntá al lado”.  Voy.

-¿Conoce a Pablo Juarez? Sé que milita contra la represión policial y vi un graffiti “Dr. Juarez, el pueblo está con usted”.

El señor, vestido de entrecasa, con la puerta abierta y la reja cerrada, no lo conoce, pero me recomienda preguntar en la peluquería de esa misma cuadra. Cree que es familiar de la dueña.

– Pero esperame un poco.

Se va y vuelve al rato con unos papeles. “Polémica entre el cerebro y el músculo. Los protagonistas de esta discusión son un abogado y un albañil, el primero representa a los trabajadores teóricos e intelectuales, que son dueños de un poder valorado por esta sociedad; el segundo representa a la CLASE OBRERA, muy especialmente al 90% de los obreros que nacen, viven y mueren pobres en esta sociedad mal gobernada”, dice impreso en máquina de escribir. “UNA ENSEÑANZA EJEMPLAR DE PADRE A HIJO (Cuento)”, “LO MÁS GRANDE QUE HAY SOBRE LA TIERRA ES EL OBRERO” y  el único impreso en computadora: “33 Consejos para la perfección humana”. Prometo leerlos más tarde.

En la peluquería me dicen que ese Juárez no era a quien yo buscaba. Vuelvo a girar sin rumbo, buscando un lugar donde parar. Una mochila enorme y un aislante hacen que me vea raro en el silencio de la calle. Las pocas personas que encontré –la mayoría andando en moto- pararon amablemente y me mandaron a hoteles de lujo, a la nada, a la mierda y a un telo. Preferí la nada, el calor quemante de la plaza. Leí los papeles y volví a arrancar. Encontré un hotel que parecía barato. No lo era.

Llamé otra vez a ese supuesto número de Pablo Juárez en el que nadie me había atendido tantas veces. Me atiende. Arreglamos la entrevista para la mañana siguiente en la plaza central.

Vino con el padre del único caso de asesinato que se conoce hasta ahora. Nos metimos en un bar.

-Hablé con Marcelino Romero. Me mandó a una peluquería y me dijeron que nada que ver con vos. Vi también unas pintadas.

-No, nada que ver conmigo. Ese… bueno, mejor dejalo ahí.

Cuando las demás mesas no miran, me cuentan que los mandan de un lado para otro, que les dan un abogado que está a cargo de los juicios de lesa humanidad y no tienen tiempo. Casos de tortura que se ven por semana: 10. “¡10 que se ven!” Mayormente a los mismos chicos, que no pueden defenderse, de barrios sin recursos, que van a un boliche y son levantados sin ninguna razón por policías borrachos. Les pegan, les roban.

Juan Gómez: Yo pasé la dictadura siendo joven. Veía todos los días lo que hacían. Se fueron, pero quedó una dictadura apoyada por los gobiernos de turno. Ahora le toca a cualquiera. No le importa si tienen orden de allanamiento o no. Entran, golpean bebés, te rompen todo, te ponen armas en las cabezas.

Se calla y mira por la ventana. Lo mira a Pablo y señala un auto de policía.

-Ese es de la Brigada de Barbosa –me dice Pablo-. No te preocupes, Juan.

– A mi hijo, Juan Martín, “Sonrisa” -le decían porque se llevaba bien con todos-, lo detuvieron por última vez el 3 de noviembre de 2011. Lo torturaron y recién el 4 lo llevaron al hospital La Esperanza, que es donde los médicos son cómplices porque nunca hacen la denuncia. El agente Barbosa, la mano fuerte de la Brigada de Investigaciones, lo esposó con otros dos, le tiraron agua hervida. El 6 hice la denuncia. La información de Tribunales rápido le llegó a la policía porque abogados, fiscal, ayudante de fiscal, abogados, jueces, son todos una familia. “¿Cuánto quiere tu viejo para quedarse piola?”, le preguntaron a él. Si me hubieran hecho caso, mi hijo estaría vivo. Para colmo, de todas las detenciones que tuvo, nunca le comprobaron nada. Después de un proceso de recuperación de adicción al paco –el Rey de San Pedro-, el 17 de junio fue la primera vez que salió solo. No volvió. Cualquier persona te va a contar que saben quiénes son los que venden y que tienen que ver con la policía. A él lo obligaban a ir a Jujuy a vender paco.  La gente me contó el recorrido que él hizo. Tengo entendido que también lo llevaron a Bolivia.

Me cuenta que lo mataron en la casa de un policía, que apareció incrustado en el ventiluz del baño, por el que claramente se hubiera dado cuenta de que no pasaba. Estaba asfixiado por su campera. La policía dice que quiso entrar a robar. Juan está seguro de que lo hicieron ir con alguna excusa y ahí lo asfixiaron entre varios. Las versiones de cómo lo encontraron fueron difiriendo con el paso del tiempo y según quién las dijera. El celular de Sonrisa le llegó a Juan reseteado y sin bolsa, por lo que no lo puede ya peritar. Una señora de edad que vive en la misma cuadra donde mataron a Martín asegura que esa casa es un aguantadero, que nadie va a entrar a robar ahí.

Al hermano de Juan lo levantaron en diciembre mientras trabajaba. De las ocho personas que había, solo lo pararon a él. Lo desfiguraron a golpes al grito de: “Si siguen jodiendo con el tema de Sonrisa, ya saben lo que puede pasar”. La protección para la familia todavía no llegó. Al hermano de Sonrisa, Daniel, también lo agarraron. Dijeron que tenía marihuana, pero no existió ningún secuestro. “No lo trataron mal porque no les dimos tiempo”, dice Juan. “¿Tu viejo es quilombero? Se viene con todos los Derechos Humanos encima”, le preguntaron a Daniel. Cuando Juan se retiró de la comisaría, cerca de las 17, Daniel pidió ir al baño. Cuando estaba ahí, un policía lo chicaneó, él contestó y lo amenazaron:

-Vas a necesitar una manito, ¿no?

.-Sí, traé la tuya.

-Ya te vamos a dar todas las manos que vos quieras cuando te metamos en el calabozo.

A Walter, tío de Sonrisa, el 26 de enero, lo volvieron a agarrar. “Le hicieron una cama. Estuvo 33 días porque le pusieron paco en el auto. Salió porque pude ponerle un abogado. Lo que consta en el expediente es que le secuestraron tres gramos de paco. Lo que salió en los medios es que es jefe narco, con auto de alta gama de dudosa procedencia, que desbarataron a la banda. Cuando logramos retirar el auto, le faltaba una de las llaves. Nadie se quiso hacer cargo. Vamos a tener que hacer otra llave porque en cualquier momento pueden agarrar el auto y meterle droga adentro. No es fácil para nosotros cambiar la cerradura por el costo”.

-El fiscal Catán y el ayudante, Flores, se lavan las manos como quieren –dice Pablo-. Catán, enviado por el juez Samann, retiró todo tipo de documentación que había en las comisaría entre los años 73 y el 84. Nunca dieron aviso a ninguna otra fiscalía. Flores entra a las comisarías, a las celdas, insulta a los chicos, los patea, los escupe. No hay contención del Estado, todo lo contrario. Nos cansamos de discutir con la asesora de la secretaría de Derechos Humanos de la provincia, María Luciana Eichenberger, que dice que no tiene poder para actuar. ¿Quién le tiene que dar poder? Recién cuando el Alem la llamó hizo algo. María Luciana Eichenberger se manejó de una forma totalmente déspota. Ni siquiera tomaron las denuncias. ¿Dónde están acá los derechos humanos de los pobres? No hay un abogado estatal para lo que está pasando en San Pedro. En ningún momento hubo una respuesta del estado. “Es un problema judicial”, nos dijo el subsecretario de Derechos Humanos de la Nación, Luis Alem. “Vayan a Acceso a la Justicia”. Cuando fuimos al ministerio de Justicia para hablar con el viceministro, nos atendió el secretario de su secretario y nos dijo que lo tenía que ver Derechos Humanos. Hablaron con Juan Manuel Civila. Él fue sincero: no se podía dedicar porque los juicios de lesa humanidad le quitaban el tiempo. Por eso vamos a volver a Buenos Aires para conseguir que traigan un abogado que se dedique.

Terminamos la entrevista y Pablo me invita a seguir investigando juntos. Me lleva a lo de la madre de otro chico perseguido. Al hijo de Gladys lo metieron en “el tema drogas” a los 14 años. Primero le regalaban, después tenía que vender tres de los cinco paquetes. Hasta que se consumió todos y lo obligaron a robar, después de enseñarle, para pagar. El doctor Samann prometió buscar un lugar para que se recuperara. El lugar solo existió para las cámaras de fotos. Después era chamuyo. Ni un psicólogo. Le tuvo que llevar comida. Al otro día tenía una hematoma en la cabeza y la planta de un borceguí marcada en la espalda. El cuartelero había abierto las puertas para que quien quisiera violara a los que hubieran violado. Gladys le pidió que no se metiera. Él prometió mantenerse apartado, pero le pidió 20 pesos para comprarle marihuana al cuartelero, así no le pegan. Las pastillas para el tratamiento de conducto que dejó no le llegaron al hijo. La respuesta del fiscal Samann, dice Gladys: “Bueno, ¿qué querés? Si tenés un hijo delincuente ¿querés un hotel 5 estrellas?” Cuando amenazó con ir a algún organismo de derechos humanos, el hijo salió libre.

«Así se repitió dos veces más -sigue Gladys-. La cuarta, el doctor Froilán Flores me dijo que mi hijo era consumidor y que entonces lo iba a tener tres meses para que aprendiera. ‘Usted se acuerda de Gómez, el que murió en barrio Bernacchi. Yo creo que no le gustaría que su hijo muriera así’. Nunca supe cómo interpretar eso».

La quinta vez, el 15 de noviembre, ni importó que la ropa de su hijo y la de quien había robado una moto fueran similares, ni que la que llevaba no fuera una Tuning. La denunciante dijo que el hijo de Gladys no había sido. No importó.

Cuando Gladys, en 2010, denunció ante la policía a quienes vendían, le rompieron la puerta de la casa.

Ahora, si intenta trabajar, la policía les avisa a los patrones que él se droga e inmediatamente pierde el trabajo.

-Cuando mi hijo consumía, los narcos entraban a mi casa y a la de mi mamá y se llevaban todo.

-¿Conoce muchos casos como los de su hijo?

-Sí.

Vuelvo a lo de Pablo. Me cuenta la historia de Diego Constancio, un pibe de 23 años. Se tuvo que ir de San Pedro para que dejaran de perseguirlo.  Lo detuvieron por denunciar que el agente Facundo Quiroga, de la Brigada de Toxicomanía, tiró un paquete en un cajón de gaseosas mientras hacía un allanamiento a un kiosco. Antes de declarar, lo amenazaron con matarlo, con hacerle la tortura “submarino” y hasta con desaparecerlo. Por eso se tuvo que ir un tiempo de San Pedro.

Me encontré con Diego para escucharlo de su boca, pero la historia seguía:

-A la salida del baile, nos decían “Andá a dormir”, y nosotros no íbamos. Ahí nomás nos metían adentro, así, por borrachos. Después de lo del kiosco me pasó que un sábado a la noche no quería salir para trabajar el domingo. Me levanté a las 10. Bajé para ir a laburar, caminé por el pasillo, así –por las señas, parece ser angosto-, de mi barrio. Vi que venía caminando uno a mi costado. Del otro lado, otro vago. Miré para adelante y tenía a un patrullero de la Brigada de Investigaciones. “Vení para acá”. ¿Para qué? Yo digo chu, ¿por qué me llevan? Me querían hacer una causa, o no sé si me la hicieron, de un tele, un televisor. No salí anoche. ¿Tengo olor a alcohol? ¿Estoy trasnochado? Me metieron adentro del patrullero. ME llevaron al Paterson, no tenía nada. Después, en la comisaría sí me dieron, en la 9na, donde está Barbosa. Me tiraban de las manos por atrás, cuando estaba esposado. Como a las 12 mi mamá me llevó la comida. No me la dieron. Me la dejaron a las 9 de la noche. A todo eso, me sacaron fotos… Y a la noche me dijeron: “Vení, firmá”. Y yo no sé leer. O sea, más o menos. “Firmá si querés salir. Ah, y una cosita: no vayas a querer decirle a tus vecinos que te trajimos por el tele”.

-¿Viste a los policías en funciones en pedo?

-Sí.

Nos llega un papel con seis nombre, seis edades de entre 15 y 26 años, seis direcciones con sus barrios y seis divisiones distintas de la policía. Salimos en moto. Todos allá se mueven en moto. “El transporte público es muy caro y muy malo”, repiten los sampedreños.

En el Barrio Niño Jesús:

-Manzana [dice un número], lote [dice otro número]. Acá tiene que ser –me dice Pablo Juarez cuando me bajo de la moto.

Meto las manos entre los tablones de madera. Aplaudo.

-No, no lo conozco.

-Sigamos

-¡Eh, [dice un apodo]! Él es periodista –le dice Pablo-. ¿Le querés contar lo que te pasó a vos y en qué andás ahora?

-Aquí en el Norte no hay justicia. Te agarran y si no tenés abogado, te fajan. Tengo 28 años. A los 18 fue la primera vez. Después a los 25 y ahora hace 4 meses. No quiero caer más por el abuso que hacen ellos. Varios chicos sufren mucho ahí adentro. Son olvidados, procesados en San Pedro. Acá no es un lugar para ser procesados. Es un proceso de 9, 12 meses. Cuatro celdas con cuatro personas adentro. Solo 3 horas de recreo separadas. No podés pedir que te saquen al baño. Después, se abusan con golpes físicos, picana. Todo lo que te podés imaginar. Nadie hace nada. No contamos con recursos para contratar a un abogado que haga valer nuestros recursos. Lamentablemente ya estamos acostumbrados y no va a cambiar nunca en esta parte del país. Los abogados del Estado no hacen nada. Te dejan ahí por robo simple, o un supuesto hurto, y te procesan 6 meses.  Llegás a juicio y te condenan. Cuando te levantan, solo lo hacen por fijarse en tu cara. Si un porteño se levanta una moto acá y a cinco metros, yo me levanto otra, me van a parar a mí. Hay mucha discriminación. Mayormente con la gente humilde. Hay changos que sufrieron abusos. Yo personalmente los vi. Bolsa, quemaduras con agua hirviendo, picana, golpes en los riñones. A la mayoría les rompen los tímpanos. A Martín Gómez, todo el mundo lo sabe, lo mataron. No fue un accidente. Lo mató la policía. Tengo miedo de que me vuelvan a detener, no quiero seguir saliendo.

-¿Drogas circulan en las comisarías y las cárceles?

-Si yo tuviera que hablar, amigo… Tengo miedo por mi seguridad. No sé qué puede pasar. Temo por mí, mis compañeros y mi familia. La policía hace lo que quiere.

-¿Seguimos? ¿Qué dice el tercero?

-Barrio Libertad. Se llama así porque los propios vecinos se organizaron para construir sus casas. No dejaron que entrara nadie a aparatear.

Arranca, saltando pozos, esquivando piedras, mirando para atrás para cuidar que nadie nos siguiera. Llegamos, preguntamos un par de veces. Nadie conoce esos nombres. Los lotes cambiaron de numeración. Vemos a unos pibes laburando en una casa.

-Amigo, ¿cómo andás? Estamos buscando a [nombre tal], de [tal manzana y lote]. Somos de derechos humanos. Él es periodista de Buenos…

-Ah, son de derechos humanos, ¿quieren hablar? –dice uno a los demás. Había algunos adentro. Eran siete.

-Vengan, vamos al cuarto –se acomodan, bromean sobre la autoridad del pibito porteño, se piensan apodos y sin mucha introducción, empezaron.

-Yo –dice Chichani, de 23 años, tiene dos tiros de escopeta marcados en la panza. Se los dio el hijo de un oficial retirado con el arma de su viejo- una vez estaba en la plaza, sentado con los compañeros que venían a trabajar. Llegó la brigada, me pidieron solo a mí los papeles de la moto. De la nada. Perdí horas de laburo que ya no me pagan por esa detención. “Vení a dejar los papeles. Si vos no venís, ya sabés lo que te va a pasar”, me decían.

-Ellos hacen así –dice Andrés “Chupito”, que más tarde me enteré que sabe mucho porque es médico de la gendarmería-: entran, revientan y sacan a los chicos, todo.

-¿A todos acá los agarraron?

-Sí –dejan claro siete voces-.

-Yo estaba durmiendo a las cinco y algo de la mañana –vuelve Chichani-, siento un ruido de la puerta. Era la policía de la Brigada de Investigaciones “Todos al suelo”, dicen. Me echaron agua ardiendo ahí nomás.

-Los de la novena –insiste Chupito- hicieron dos veces un allanamiento: “No sabíamos que ya habían venido”, dicen.

-Me dieron picana por la espalda -sigue Chichani-. Cuando vuelvo tarde a mi casa, tengo que ir orillando para que no me agarren.

-Querés conocer la causa y no te dicen –sigue Chupito-. Yo estoy en la medicina y por eso no me joden a mí. A los demás los llevan.

-“La muñeca” Barbosa ya está acostumbrado –sigue Chupito- a golpear a los chicos. Al hermano de Seba lo golpearon solo por ser hermano.

-Los días sábado -habla por primera vez Chemín, que tiene catorce disparos de goma en el cuerpo. Se los dieron adentro de la comisaría 9na- se ponen a tomar pasando la calle 9 de julio y quedan re machados.

-¿Y qué hacen –intervengo- cuando los cagan a tiros adentro de la comisaría? ¿Los llevan al hospital?

-¿Qué te van a llevar al hospital? Hay una médica –vuelve Chupito- que no te hace ningún estudio. Te toma el nombre, te dice que levantes la remera y ni te mira. Y listo. Él –señala a Chichani- tenía el dedo reventadísimo y ni lo vio. Cuando pedimos ir al baño, nos tuvieron diez horas para ir. “¿Cómo hago yo para ver a mi abogado?” “No, eso se ve solo en las películas, me dice Barbosa”. Él me tiró una cachetada que yo esquivé. “Vos me tocás a mí y perdés tu laburo”, le dije, y se disculpó: “Vos ayudá con la causa y listo”. Después se desquitaron con un vago en la celda de al lado.

-¿Es cierto que les dan cinco paquetes y si no venden tres, cagaron?

-Si te negás o te quedás las cosas, te liquidan –dice Chupito-, así como le hicieron al changuito Martín Gómez. Le hicieron la causa de que se había muerto solo. Mentira.

Me cuentan que la fiscal pasa a veces por donde ellos se junten, pasa bien, bien despacio. La brigada también, en un Fiat blanco. Además de todo eso, les roban lo que tengan. Se quedaron hasta con una moto con papeles, dicen. Supuestamente está en San Salvador. Les hacen estar culo para arriba, con las manos en alto, arrodillados, sin apoyar el culo… Lo que se les ocurra para divertirse un rato. También cuentan que se quedan con la comida, que nadie es bueno “adentro”.

Chupito agrega información de otros casos: “Los changos se amotinan, prenden fuego para que vaya el juez. El juez va y también los caga a palos. A algunos ya no les importa nada y se cortan. Nos lo dijo un chico cuando entramos nosotros”.

Efectivamente, mientras estábamos ahí adentro, pasó un patrullero de civil mirando para adentro.

Al día siguiente, estaban cuatro de ellos en una de sus casas cuando entró la policía sin ningún motivo, cerca de las 22. Vieron que estaban con el médico y se calmaron. Dijeron que tenían información de que había dos motos robadas. Revisaron y encontraron una sola, pero con todos los papeles en regla.

Pablo me acompaña a agarrar la mochila. Vuelve a mirar para todos lados. Acelera en la moto, frena. Espera. Deja pasar autos. Avanza hasta la terminal.

La cometa del barrio

En pleno Caballito, una organización mafiosa digna de El Padrino, pero con métodos más vulgares, atenta contra la vida y el trabajo de más de 60 familias. Aprietes, laburantes que dicen “No”, guita, Policía y más guita.

Los actores de esta serie de terror, ya popular y acostumbrada, son las fuerzas de seguridad del país y la Ciudad de Buenos Aires, y del otro lado 60 manteros organizados en el nombre – y deseo- de “vendedores libres”. De distintos países, de distintos rubros – revendedores, artesanos, pero siempre autogestionados y no como empleados de feudos más grandes- el mandamiento que los une es uno solo, e inconveniente para los viejos vicios de la Federal: No pagarás coimas.

“Si no pagás, te decomiso la mercadería”

La calle está atravesada por una serie de leyes, normas, contravenciones que regulan la convivencia urbana y, para el caso, el despliegue de los trabajadores según la actividad. A la vez, hay derechos constitucionales que protegen y promueven el trabajo como necesidad. En este tironeo, en diciembre de 2011 el macrismo impulsó la supresión de la figura de venta por “mera subsistencia” del Código Contravencional, que apunta fundamentalmente a los manteros con “puestos fijos”. Así quedó una especie de desregulación que deja a estos trabajadores atados a la arbitrariedad del criterio policial en la aplicación del Código Contravencional.

Es decir: son los agentes de calle quienes actúan de oficio, recorriendo la ciudad y determinando qué situaciones consideran punibles (desde la venta callejera hasta los ruidos molestos). La particularidad de este Código es que el fiscal no está presente en los procedimientos, sino que la Policía lo consulta por teléfono y recibe su aval desde el despacho. Así, los policías son los ojos del fiscal, los que tienen el poder de decir “acá tengo un ilícito” o de hacer la vista gorda.

El Código Contravencional es el que regula la calle. Para algunos expertos, el uso de esta justicia es clave en el diseño de la política criminal de la Ciudad, ya que los fiscales, dando directivas a los policías, pueden avalar que se persiga la pobreza, o puede en cambio intervenir para que el Estado atienda una situación social de desigualdad, en lugar de penalizarla.

Para ilustrar estas teorías bien prácticas, según el último Informe de la Comisión de Fortalecimiento Institucional, Planificación Estratégica y Política Judicial – que depende del Poder Judicial- durante 2011 los delitos contravencionales más castigados fueron, por lejos, la “oferta y demanda de sexo en espacios públicos” y “usar indebidamente el espacio público con fines lucrativos”.

La otra vuelta de tuerca vincula la aplicación del Código por parte de la Policía a sus eternos vicios: los mismos que tienen la capacidad de activar causas contra los trabajadores son los que arman una red mafiosa de coimas para que se sometan.

Luca doscientos por mes

Los vicios de la Federal, como tales, pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen: incorruptibilidad, confiabilidad, tranquilidad, seguridad.

Algunos hablan de “estar en la calle” cuando se está sin trabajo, o sin hogar, pero para los manteros está sinonimia no sirve: “estar en la calle” es su trabajo, su sustento y su vida.

¿Dónde vas si te sacan de la calle?

Los autodenominados “vendedores libres” son un grupo de 60 manteros hoy diseminados en distintos puntos de Capital que mantienen una pelea política contra las mafias controladoras de la calle. Su ética de no pagar coimas les trae problemas con ajenos y propios: hasta los manteros que sí “arreglan” ven en estos pares una desleal justicia.

Así, algunos piensan que los “vendedores libres” llevan problemas a cada vereda donde se asientan. Ellos se defienden: lo que hacen es visibilizar una red de dependencia y sometimiento que tiene a los trabajadores víctimas de la Policía o de otras mafias que incluyen punteros y patotas.

La descripción es la siguiente, atentos: existen punteros que compran mercadería al por mayor y la revenden en distintos puntos de la Capital a través de empleados; de estos circuitos de mercadería clandestina muchas veces participan agentes de la Federal, por acción u omisión; y por último, cuando ésa mercadería sale a la calle, los arreglos se consuman con seguridad y libre venta a cambio de – en Acoyte y Rivadavia- 300 pesos todos los viernes, 1200 al mes.

Los “vendedores libres” se separan de aquellos en dos sentidos: porque no “arreglan”, y porque son artesanos o revendedores autogestionados, en muchos casos familias enteras que se dedican al trabajo callejero desde hace más de treinta años. Por eso saben más que nadie de las lógicas del trabajo callejero y proponen su regulación: “Nosotros no somos ilegales, somos desregulados”, aseguran.

Transan, transan, transan

Julio Pereyra es vendedor de almohadas anti-stress, pero está inquieto. Mientras hablamos señala hombres moviéndose raramente, otros haciendo chiflidos, y adelanta una maniobra: “Ves, están preparando algo”. Lo de Julio no es futurismo sino experiencia: vende productos que él mismo elabora hace 20 años en la calle, junto a su compañera y otro grupo de personas agrupados en el movimiento social Francisco Jofré, más conocidos como “vendedores libres”. “Nosotros no transamos con la Policía”, asegura, hablando de las libertades. Premisas como éstas – que comparte junto a más de 20 compañeros ahora en Acoyte y Rivadavia- le han costado enemigos de todo tipo: Policía Federal y Metropolitana, brigadas, patotas y hasta otros trabajadores callejeros.

Julio y los suyos estuvieron en la calle Florida hasta junio de 2012 en que el ministerio de Espacio Público montó un violento desalojo que tuvo como protagonista a la Policía Metropolitana. Allá, los “vendedores libres” soportaban no sólo el asedio policial instando a que “colaboren”, a que se vayan o simplemente amenazando, sino el de otros vendedores callejeros y comerciantes de las grandes casas de la peatonal que presionaban, con eficiencia alarmante, a través de la Cámara de Comercio. “Nosotros estábamos amparados, pero el 8 de diciembre de 2011 se hizo una ley con mucha urgencia”, informa Julio, “que deroga el artículo 83 que permitía trabajar en cualquier calle y arteria por mera subsistencia, mientras no sea competencia desleal con los comercios. Entonces nos convirtieron en ilegales, y sobrevinieron allanamientos e incautaciones que dejaron gente lastimada por lo mal e ilegalmente que hacen los procedimientos”.

La organización que han ido forjando estos trabajadores callejeros se debe, básicamente, a la necesidad de tener instrumentos de derecho con los cuales defenderse. “Al principio, cuando venía la Policía nos íbamos muy seguido porque no teníamos los reflejos para cuestionar el tema de los derechos. En esa época eran muy violentos los de la Federal, nos amenazaban con secuestrar mercadería, armar causas, cualquier cosa”, define Omar sobre años anteriores. Ahora, más cancheros, filman los procedimientos con sus celulares para presentar luego como pruebas de irregularidades y le pelean a los policías de igual a igual: “Yo se la peleo, pero si tienen que decomisarme que lo hagan, yo les digo que cada cosa que hagan mal después se las voy a denunciar”, asegura Julio.

Punteros y amenazas

El 4 de diciembre del año pasado, gran parte de los “vendedores libres” desembarcaron en Acoyte y Rivadavia. Julio: “Ese mismo día se presentó el subinspector Mainardi (Comisaría 12) que nos dijo que acá había un `sistema de trabajo´”.

La sugerencia de Mainardi queda a interpretación del lector.

Los manteros explicaron y aplicaron su propio sistema.  Y así empezaron las amenazas.

Omar Guaraz, otro de los referentes de “vendedores libres”, deja sus espejos de baño al cuidado de un compañero y se aparta para charlar: “Los que nos amenazan son los punteros de esos otros manteros, o mismo la Policía. Y la otra persecución tiene que ver con los procedimientos que nos hacen, porque están ensañados con nosotros. Allá (señala en frente) tenés manteros que violan leyes federales porque venden productos adulterados de marcas, pero nos decomisan a nosotros que vendemos nuestros productos porque no pagamos”.

Omar sostiene que el 90% de los procedimientos de aplicación del Código son protagonizados por la Policía – los inspectores de la Ciudad, actores de reparto- y en carácter de oficio, es decir que no hay una denuncia que los inste a actuar, como indica el propio Código. “Hemos tenido conversaciones insólitas con el fiscal, que nos decía que tal policía estaba en tal lugar y nosotros le decíamos que no, porque era mentira, y entonces escuchamos como el fiscal les decía a los agentes “pero Méndez, ¿vos me estás tomando el pelo? ¿dónde estás?”, se ríe Guaraz, sobre esas pequeñas delicias que demuestran la impunidad del sistema contravencional al servicio de la Policía.

Los primeros días del 2012 los “vendedores libres” formaron una comisión y pidieron una entrevista con el responsable de la Comisaría 12, cansados de los aprietes y los procedimientos ensañados. “Nos atendió el comisario Cuncio – cuenta Pereyra-, nos hizo pasar al despacho, y le dijimos que no íbamos a soportar las amenazas, que no íbamos a aceptar coimas. Se hizo el desentendido diciendo `yo también fui vendedor de la calle´ y dijo que vayamos y trabajemos tranquilos”.

-“Al otro día, apenas llegamos, los punteros nos empezaron a amenazar. Y a la tarde estuvo el subinspector Mainardi que le decomisó mercadería a una compañera… La promesa de Cuncio había durado medio día”.

-“El 8 de diciembre sucedió otro episodio con la gente que vende cd´s truchos, que querían poner paños sobre donde estaba nuestra compañera. Entonces el de lo cd´s dijo `ahora llamo a la brigada´. Apareció un agente de apellido Cuello, que les dijo a mis dos compañeras: “ustedes dos se tienen que ir de ahí, sino van presas; el único que se puede quedar es el de los cds”. Llamó a refuerzos pero, en vez de ayudarlo, vino una patrulla, lo agarró a Cuello y se lo llevaron, porque lo que estaba haciendo era ilegal”.

-“Pasó un tiempo y el 8 de marzo vino un señor de la mesa de seguridad para dialogar. En eso aprovecharon otra gente atrás de este y le pegaron una piña a mis compañeros, y otros me quisieron agredir. Llame de vuelta al 911, no me dieron bola. Vemos que en frente se junta mucha gente, una patota, y se despegan cinco personas con palos, botellas y facas. Yo esquivo unos puntazos y corro hasta Acoyte y aparece un patrullero: me le tiro en el capot. Se baja un sargento y me quiso llevar al otro y a mí detenidos. Yo le dije: “si me querés llevar, llévame, pero todo lo que hagas mal te lo voy a denunciar”.

-“El lunes 15 de abril hicieron un operativo pero le avisaron a todos los que venden marcas truchas que transan, y nosotros inocentemente venimos y nos agarraron y nos secuestraron las cosas. La calle estaba despejada, los únicos que estábamos éramos nosotros y vinieron directamente. Esto lo considero una persecución y un hostigamiento”.

Presente de vicios, futuro de incógnitas

A partir de episodios como estos que juegan al desgaste pero tienen implicancias bien concretas (días sin trabajar, básicamente) los manteros organizados lograron una reunión en el Ministerio de Seguridad junto a altos mandos de la Policía Federal. Estuvieron presentes de esa fuerza Mario Alberto Morales, Jefe General de Comisarías, y Guillermo Colucci, comisario a cargo de las comisarias de la Comuna 6.

El martes 7 de mayo, durante 3 horas seguidas, más de 30 manteros de “vendedores libres” relataron los manejos mafiosos de la calle y la venta ambulante en distintos puntos de Capital. Los comisarios escucharon en silencio, eventualmente preguntando nombres (“¿quién recauda?”, “la brigada” fue la respuesta unánime, en referencia a la Brigada Especial de Investigaciones de la Comisaría 12) y finalmente comprometiéndose a garantizar la seguridad física de estos manteros, y desarrollar un disciplinamiento de la Policía en materia de intervenciones contravencionales.

Sin embargo, como la fallida del comisario Cuncio, las promesas se derritieron al calor de la realidad: cuando llegaron al otro día los manteros, las amenazas de otros trabajadores siguieron y en aumento.

Los “vendedores libres” llamaron al comisario Colucci y le pidieron que interceda, tal cual había sido acordado en la reunión en el Ministerio. Colucci fue hasta esa esquina y se reunió con el comisario de la 12, Cuncio. “Se los notaba muy nerviosos”, relata Omar Guaraz. “El comisario terminó enojado diciendo que no iba a trabajar nadie más acá”.

Omar se ríe, y dice que seguirán yendo igual.

¿Qué va a hacer?

Cómo sigue esta historia es en verdad una incógnita, tanto como la implicación de una promesa.

Que la Federal desacostumbre sus vicios es tan improbable como que los vendedores se tuerzan.

Que dejen a los trabajadores trabajar es necesario, tan evidente como la obligación de que la Policía respete las leyes, que no cobre coimas, que se garantice el sustento de sesenta familias y que el trabajo callejero esté regulado y no penado.

La Rollinga

En el final de Vámonos de Casa, el programa de radio de NosDigital, nos visitó La Rollinga, la banda que reivindica el rock nacional y de barrio. De cara a su segundo disco, nos contaron el proceso de grabación y de shows en vivo ¡No te lo pierdas, tocaron temas inéditos!

Bodart

En Vámonos de Casa, el programa de radio de NosDigital, recibimos al legislador porteño Alejandro Bodart, presidente de bloque del MST en Proyecto Sur. Escuchá un gran análisis del tema del momento en la Ciudad de Buenos Aires: el espacio público. Qué pretende el PRO, cómo defiende lo público la sociedad, por qué se habla de complicidad con el bloque K, dónde quedan las minorías reprimidas que resisten y se refugian en el espacio público. Imperdible.

DOCA

En la investigación de Vámonos de Casa conocimos la lucha de Documentalistas Argentinos (DOCA) frente el ajuste de presupuesto del INCAA para proyectos del imprescindible género documental. Marchas, reuniones, asambleas y pocas respuestas. Los documentalistas denuncian control de contenidos. Las autoridades no reconocen las críticas. Escuchá a los protagonistas y sacá tus conclusiones.

Aborto

Una nueva mesa temática desbordó Vámonos de Casa, el programa de radio de NosDigital. El derecho al aborto seguro, legal y gratuito fue el eje de un debate con múltiples protagonistas: María Alicia Gutiérrez de la Campaña Nacional por el derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, Alejandro Aymú de Varones Antipatriarcales, Carolina Reynoso directora del documental “Yo aborto, Tú abortas, Todxs callamos», y la filósofa Laura Klein, autora del libro «Entre el crimen y el derecho». Un extensa y riquísima charla  que desnudó los matices y las profundidades del tema. No te lo pierdas. Para escuchar y pensar.

Acá no hay ningún loco

Que incidentes, que un loquito hizo explotar una molotov contra la policía en la Sala Alberdi, que se disparó cuando se me cayó la cartuchera de la pistola en San Telmo, que nos defendimos, que fue un tiroteo en Parque Indoamericano, que usurpadores del espacio público en Parque Centenario. La escena se repite continuamente en la calle y se repite mucho más en la televisión. De los pibes asesinados por la policía sabemos poco. De que no sabemos cómo, pero que fue culpa de ellos mismos, de eso sí nos enteramos. De que quienes tomaron un terreno para construir casas se enfrentaron con la policía, nos enteramos. De que todos los muertos fueron de ellos, no. De que habían pasado años esperando que se cumplieran las promesas dirigenciales, y un siglo y medio leyendo una constitución que garantiza el derecho a la vivienda.

Ahora fue el Borda. Ya viene siendo: carencia de gas, encierro, trabas para ejercer su derecho a la cultura… Pero ahora represión. Una señora con bastón que no puede retroceder ante el avance de los escudos, detenida. Un fotógrafo rebelde, detenido. Un camarógrafo que no baja la cámara, herido. Un familiar que no entiende qué mierda hace la policía entrando en un hospital por la puerta de atrás, destrozando todo un taller, herido. Treinta otros indignados, adentro. Treinta y dos. Treinta y nueve…

¿Por qué carajo pasa eso? ¿Cómo pueden todavía repetir la misma sarta de pelotudeces cuando se metieron con un hospital, con sus enfermeros, con sus médicos, con sus pacientes? ¿Dónde mierda queda ahora la lucha por la desmanicomialización si encima hay que defenderse de la policía, intentar mantener abierto un hospital? ¿Cómo tan poco tiempo atrás peleábamos por no darle una policía a Macri y en cuatro meses de 2013 ya van cuatro represiones, cuatro cacerías enormes? ¿Qué hubiera pasado si estaba Fino Palacios? ¿Dónde mierda está Macri que al menos lo quiero putear en la tele? Diría que el loco es Macri, pero esto tiene mucho sentido.

Una revolución más allá de la igualdad

Entre discursos que gritan crisis y políticos que se ensordecen con su propio eco, la voz de una mujer catalana suena contundente. Se trata de Remei Arnaus i Moral, profesora de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona e investigadora de Duoda – Centro de Investigación de Mujeres: “la crisis es, fundamentalmente, del orden simbólico, pues se ha agotado una forma de ver y estar en el mundo”

En Europa, ya hace tiempo que se habla de crisis; quizás ya hace tanto, que empieza a perder lo que el asunto pueda tener de circunstancial. En este momento mutante, donde se ha abierto una grieta en la estructura social, ha estallado también un discurso; aquél que en un juego de libre asociación, después de “crisis”, dice “financiera”. Lo que interesa es lo que implica pensar la crisis en esos términos y qué exigencias atiende. Pareciera que la mencionada fórmula legitima propuestas como el copago judicial, los recortes y supresión de las ayudas sociales o la privatización de la sanidad y de la educación, más tendientes a subsanar los requerimientos de los mercados y los bancos que las necesidades básicas de la ciudadanía. Si a quien carcome la enfermedad es a las finanzas, allí el remedio…

¿Pero puede ser pensado el escenario actual tan unidimensionalmente? ¿Qué arraigado sistema de valores retiene a la política moderna de caer definitivamente al precipicio al que se enfrenta? El panorama actual, donde abundan las metáforas del derrumbe y la decadencia, en un escenario en el que la democracia representativa se endurece hasta volverse estanca, invita a  mirar por detrás del enunciado de la crisis política para descubrir que lo que se está agotando son también paradigmas de interpretación de la realidad. Para ensayar respuestas a estas preguntas, darlas vueltas y reformularlas, dialogamos con Remei Arnaus i Moral, profesora de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona e investigadora de Duoda – Centro de Investigación de Mujeres de la Universidad de Barcelona, donde se desempeñó como directora entre el 2001 y el 2009. Desarrolla su estudio e investigación en la práctica y en la experiencia de la relación educativa como mediación viva y creativa, y profundiza en los aportes de las mujeres al ámbito universitario. Para ella, “la crisis es, fundamentalmente, del orden simbólico, pues se ha agotado una forma de ver y estar en el mundo. Tiene que ver con muchos movimientos sociales, pero sobre todo con el movimiento de las mujeres, que hemos dicho basta al patriarcado. Un ‘basta’ que se extiende a toda una visión y un modelo cultural, polí­tico, económico, ecológico, educativo y que implica, a la vez, un cambio en el sentido de las relaciones entre seres humanos y entre cada uno consigo mismo.”

El concepto de “patriarcado” ha sido elaborado por las diferentes corrientes del feminismo para referirse a la dominación masculina y las relaciones de poder a través de las cuales los hombres subordinan a las mujeres; como un sistema global que impregna la economía, la familia, la arquitectura, la política…: cada elemento de nuestra sociedad. En este sentido, desde Duoda (recibe el nombre de la condesa de Barcelona del siglo IX, que escribe un libro para que sus hijos, arrebatados por su padre, se educaran según sus deseos) se afirman en la diferencia sexual para rescatar la especificidad de la condición de las mujeres. Definen su política como la práctica de una relación sin fin – relación no instrumental – orientada por el sentido libre de la diferencia sexual, y se enmarcan en la tradición de los grupos de toma de conciencia que proliferaron en los años 60’, donde las mujeres buscaron autonomía de los partidos políticos. A través de esos grupos, las mujeres comprendieron las relaciones entre los aspectos individuales de su experiencia y lo público; lo personal se volvió político. Remei estableció sus primeras relaciones con el feminismo hacia fines del 70’, cuando se abría en España el período democrático, tras la dictadura de Franco. Con el franquismo, la mujer dejó de tener los derechos que la Constitución de 1931 le había otorgado, como la igualdad con respecto al hombre y el derecho a voto (restituidos con el retorno a la democracia), y fueron condenadas al papel de madres y esposas. Remei recuerda que “era un feminismo más reivindicativo que se plantaba más en la lucha por la igualdad y centraba sus discursos en la carencia de las mujeres. Hubo un momento en que eso me cansóHasta que encontré en la Librería de las Mujeres de Barcelona la revista Duoda y vi que se hablaba de algo que me llamó la atención: el reconocimiento de la autoridad de las mujeres, y cómo eso hacía acrecentar el sentido de nuestro vivir y nuestra existencia en relación con otras y otros”. No era solo otro enfoque; era otro lenguaje. Se hablaba de abrir espacios de libertad dentro de nosotras mismas, y no solo de luchar porque nos otorguen más derechos desde fuera. Se iba hacia una definición autónoma del ser mujer, a partir de la escucha recíproca y de darle sentido a la propia experiencia. La igualdad implica hacer del otro – el hombre – el horizonte que desear, mientras que la diferencia deconstruye un igualitarismo que no se cuestiona el modelo del mundo y que no se desplaza de los paradigmas marcados por la sexualidad masculina. De hecho, la igualdad ha sido propuesta por los varones, a través del movimiento de la Ilustración. Reafirmar la diferencia implica discutir con la teoría de los derechos humanos universales tan amplia y abstracta que parece cancelar todo conflicto, y abrir el juego para un análisis sociopolítico de la experiencia de las mujeres, arraigado en un fuerte sentido de comunidad e intersubjetividad. Había una necesidad simbólica de existencia: “Me interesó mucho porque vi en ellas que se fijaban en la parte del ser mujer que puede desarrollar su libertad, en el espacio del deseo. Eso me abrió mucho la mente. No era la “falta de”, sino que había todo un espacio en el que reconocerte y tomar conciencia de una libertad que está más allá de toda reivindicación. Por ser mujeres, ya podemos desarrollar un sentido libre de ser mujer. Pero siempre con otras. La libertad es relacional, no individualista como la de los Derechos Humanos y de la Revolución Francesa.”

Remei comenzó sus estudios superiores en el Magisterio y luego se especializó en Filología Catalana. Una vez más, Remei intentaba nombrar y darle voz a aquello que estaba silenciando: en los cuarenta años de dictadura militar (desde la Guerra Civil Española en 1935 hasta la muerte de Franco en 1975) el catalán no se enseñó en las escuelas, puesto que en 1939 se prohibió su uso público, para imponer el predominio del español, “el idioma del imperio”. Desde esos años de formación, mucho ha pasado: “Hace 25 años estoy en la Universidad, y veo que no es un ámbito para transmitir conocimientos asexuados, fragmentados, encapsulados, descontextualizados, sino que se trata de que puedas transmitirlos desde tu propia experiencia y  tu propio vivir, para repensar la vida que llevamos.. En la educación se pone mucho en juego de una misma.” Para Remei, el conocimiento descarnado y desvinculado de la vida forma parte del mundo patriarcal. Y cada vez, vamos encontrando más elementos que han entrado en crisis: las epistemologías dominantes, el sentido que orienta la educación y las relaciones en las instituciones escolares también se han agotado. “Hay mucho cansancio en la Universidad, por no sentir que lo que te explican te interpela como mujer. Si el conocimiento universitario no interpela la experiencia de vivir y no se abre a lo que las mujeres han aportado, este modelo se agota. Ya no tiene sentido una visión de la pedagogía y la didáctica tecnificada, homogeneizante e impersonal. El movimiento de la vida no va por ahí.” La universidad se ha replicado como otro epicentro de la crisis, y hoy da cuenta también de la disminución de la calidad de la formación, precarización laboral de docentes y recortes presupuestarios en todas las áreas. En esta zona de emergencia, algo empieza a germinar. En un artículo que Remei publicó en Duoda (“El sentido libre del ser universitarias en el presente”) en co-autoría con Ana M. Puissi, se expresa: “Veo a chicas y chicos, a universitarias y universitarios, tejiendo relaciones con el placer de la relación y autoorganizándose creativamente una y otra vez fuera de los dispositivos de la delegación y la representación, los veo deseosos de volverse irrepresentables e inalcanzables por ideologías viejas y nuevas (…); leo sus documentos de protesta y propuesta, aprecio su capacidad de análisis a partir de sí y en relación con otras y otros, lecturas y análisis más perspicaces y maduros, por ser más libres, que muchas publicaciones científicas y politológicas; no se me escapa su determinación de querer estar en primera persona y defender, además del suyo, el futuro de este extraño país nuestro y una civilización de relaciones donde la cultura y la formación sean bienes personales y colectivos irrenunciables. (…). «No pagaremos nosotros vuestra crisis», dicen. Con inteligencia política han escogido la palabra crisis para nombrar no sólo la catástrofe económica-financiera, sino aún más la caída de todo un modelo de sociedad y civilización, la caída que desde la política de la diferencia hemos llamado final del patriarcado.”

En sus clases, Remei aboga por un conocimiento encarnado, sexuado, que desmonte la fantasía de un conocimiento neutro y dé autoridad a la propia experiencia. Este cambio se vuelve tangible en un elemento clave del conocimiento científico: la escritura académica. “Según ese dispositivo, no estás ahí en lo que escribes. En mis asignaturas, hacemos trabajos en primera persona, para reelaborar los contenidos desde tu propia experiencia, desde una investigación más biográfico-narrativa. Cuesta mucho porque venimos de una tradición en la que el cuerpo es algo a controlar y a enmudecer.” Una de las investigaciones de Remei se centra en qué prácticas libres han aportado las mujeres al ámbito universitario. El problema se le planteó cuando se enfrentó con la realidad de que la presencia femenina en la universidad, como en otros ámbitos de la esfera pública, era ya un hecho; sin embargo, parecían no visibilizarse los efectos que esta presencia trajo consigo: “Las mujeres han aportado mucho a la investigación, en la visibilidad de la subjetividad, en desmarcar el conocimiento más abstracto para sexuarlo. ‘Partir de sí’ no es hablar de una, es partir de la propia experiencia para estar en el mundo, pero no es llenarlo de ti. Que tengas presente lo que te pasa en lo que dices. Que no sea una elucubración discursiva separada del cuerpo.”  La tarea de visibilizar lo que las mujeres vienen haciendo forma parte de lo que Remei llama una revolución simbólica, puesto que se van rompiendo los límites de la estructura de significados establecida. La consigna ya no es cambiar La Realidad, sino trasformar mi relación con la realidad; invoca a una práctica más relacional, más libre, más dinámica y que rescata el valor de la singularidad. Se trata también de elaborar un pensamiento con raíces en una subjetividad completa, que reconozca el lugar de los deseos y lo inconsciente, que valorice a la corporalidad y la sexualidad, que no desconfíe policialmente de lo emocional. Para Remei, es hora de dejar ciertas cosas atrás: “El patriarcado preserva relaciones estructurales de dominación y explotación que no tienen sentido ni hacia las criaturas, ni hacia la ecología del mundo, ni para las relaciones entre la gente. No tiene sentido crear conocimiento instrumental para dominar el mundo, tiene que cambiar también la forma de gobernar”.

En medio de tanto derrumbe, hay cosas que se empiezan a mover. Remei reconoce que es muy importante que algunos hombres también se estén repesando: “Hay hombres que también están abriendo un nuevo diálogo entre sí y con el mundo. Ahí también hay una fuerza. ‘No somos el centro del mundo, sabemos que tenemos interlocutoras, somos el otro de ellas, y ellas son nuestras otras’. Esto cambia el mundo. Porque son cuatro mil años de ponerse como sujeto en el centro de todo.” Entonces, se trata de que los varones reconozcan que su mirada no es neutra ni universal, y que se enfrenta a otras miradas. Sin embargo, ninguna revolución se hace de un día para el otro. “Se están recrudeciendo los mecanismos de control tecnológicos, administrativos, burocráticos, claro, el sistema sabe que se alimenta a costa de la creación libre. Pero para frenar ese avance sobre nuestra libertad, es indispensable tomar conciencia de la nueva relación entre mujeres y hombres. A pesar de la revolución del 68’, cuando nuestros compañeros estuvieron en los gobiernos hicieron cosas interesantes, pero no hubo una conciencia de relación entre sexos y de asumir y reconocer a las mujeres lo que estaban aportando al mundo.”

A través de las experiencias, trayectorias y pensamientos de Remei, desandamos y resignificamos un eje central en la realidad social del último cuarto del siglo pasado y el comienzo de éste. Se trata del movimiento de las mujeres, de mujeres en movimiento que crean contextos en donde los deseos femeninos, masculinos, o de cada singularidad, puedan aflorar libremente y entre los que se establezcan prácticas relacionales que generen nuevo marcos cognitivos, culturales, sociológicos y políticos.

Fotos: NosDigital

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