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«Somos muy tramposos para vivir y para jugar»

Leo Madelón se suma a la lista de los que creen que se juega como se vive y asegura: «todas las adversidades que tenemos como sociedad nos llevan a la trampa, a sacar ventaja como sea». El ex entrenador de San Lorenzo, que le tocó dirigir varias promociones con Gimnasia y Rosario Central, dice que se agotó de andar sufriendo con la ruleta rusa del descenso y da su receta para motivar en esos casos: «No me gusta regalar cosas materiales: autos, LCD, lo que fuere. Si podés regalarle una frase o un libro, es mucho más capital eso. Un televisor lo compra cualquiera. El jugador no se motiva solo con lo material. Eso es mentira»

Fotos: NosDigital

Leonardo Madelón es un tipo que habla despacio. Sabe que lo que dice lo oye alguien más y que llegará a otros tantos. Como en este momento no trabaja en ningún club, no tiene que representar a nadie más que a él mismo pero aun así, y acaso por eso mismo, sigue pensando antes de contestar. Lo hace para poder enseñar algo, el mayor desafío que tiene su profesión, según él. Un verdadero caballero de la angustia, siempre vivió con la metralleta del descenso en la yugular: en San Lorenzo, en Rosario Central y en Gimnasia. También lo supo disfrutar: ascendió con un Olimpo que les ganó a todos. Aprendió a seguir pensando tranquilo en esas circunstancias. Y en el medio de un oasis de inactividad se sienta a contestar lo que venga.

-Dejaron de existir las promociones…
-Estuvo bien terminar con eso, era muy agresivo. Demasiado vértigo y presión. Era terrible. Mucha tensión. Me tocó vivirla desde arriba. Sentís que el de la B te quiere robar algo. Y bueno, nos fue bien. En la última perdimos con All Boys, en Arroyito. Mucho nerviosismo. Y el que está en la A no entiende lo que es una promoción hasta que la juega. Es una manera de sacar presión, está bien. Y ahora tenés tres descensos, o sea que tampoco es fácil. Pero sacás esa locura de andar fijándote contra quién te puede tocar. Hay que pensar que en el fútbol moderno se podrían haber dado promociones como River vs San Lorenzo. Imaginate… Mucha violencia, mucho riesgo. No se tiene idea ni dimensión de lo que puede llegar a pasar. Se vio en el descenso de River: una catástrofe nacional. Ahora, si te vas te vas, no hay cruces de ese tipo.

-Quedaste en la historia de las promociones por la levantada con Gimnasia Vs. Atlético Rafaela, ¿cómo hiciste para convencerlos de que se podía remontar un 0-3 en ese contexto de descenso y caos?
-Nosotros pudimos revertirlo porque tuvimos un gran año de fútbol. Nos fuimos a la promoción quedando a dos puntos de las copas. Fuimos confiados a Rafaela y nos comimos tres. No entendimos la cancha ni la situación. Nosotros habíamos ganado en la Bombonera, en la cancha de Racing, en todas partes. Y fuimos con la chapa de haber tenido un buen torneo. Y Rafaela estaba afilando el cuchillo desde hace 15 días. Y sufrimos la cancha chiquita, no pudimos jugar y caímos en la trampa. Cuando terminó el partido nos volvimos en avión a La Plata. Y cuando estábamos por aterrizar el piloto dice: “Prepárense para comenzar el descenso”. En serio, eh. Y los jugadores lo querían matar. Y ese fue el primer empujón para entender que teníamos que darlo vuelta. Y sabíamos que podíamos, ya habíamos ganado partidos importantes. Y ellos me creían. Y yo decía lo que fuere, que si no ganábamos estaba dispuesto a sacrificarme en el medio de la cancha junto a mi familia. Mirá lo que uno hace. Y bueno, esa confianza hace que puedas meter dos goles faltando cinco minutos. Si vos pensás, River suspendió el partido y estaba a la misma distancia y faltaban diez minutos. Nosotros confiamos, aún en el minuto 44. Y después llegó el otro en el 47. Es suerte, sí. Pero es confianza también. Dos goles de cabeza de dos enanitos. Fue lo más emotivo de mi carrera.

-¿Te jode que se hable de ayuda del árbitro en ese partido histórico?
-De ninguna manera. Cero beneficio. Escuchaba a periodistas decir que fue misterioso… Si hubiéramos arreglado hubieran llegado los goles antes. Además Rafaela lo pudo haber ganado: en las contras quedaban tres contra uno. Gimnasia ganó bien.

-Igual, a los que fuiste salvando se terminaron yendo…
-La promoción es la ruleta rusa. Vos seguí jugándola… No vas a zafar siempre. Podés zafar cinco veces, pero la sexta sale. Como Gimnasia o Rosario. Y la culpa es de la dirigencia. A propósito o no, te exponen a esa ruleta rusa. No se asesoran y no consultan especialistas. Ellos se asumen como tales y no se dejan orientar y después, bueno, pagan la cuenta.

-¿Cómo motivas a tus jugadores?
-A mí me gusta mucho el psicoanálisis. Mediante frases y por mi forma de ser contagio buena onda. Soy un tipo positivo. Es mi manera de motivar y generar buenos climas. Lo que vos creas es lo que después vas a hacer. No me gusta regalar cosas materiales: autos, LCD, lo que fuere. Si podés regalarle una frase o un libro, es mucho más capital eso. Un televisor lo compra cualquiera. El jugador no se motiva solo con lo material. Eso es mentira. La plata no es todo, la plata no es prestigio. Te van preguntar qué y cómo ganaste lo que ganaste, no cuánta guita tenés en el banco.

-¿La experiencia de pelear el descenso qué te enseñó?
-Me fortaleció como persona y profesional. Ahora quiero parar, tratar de agarrar un equipo sin tanta urgencia, poder armar y planificar. La única vez que lo pudimos hacer salimos campeones dos veces: con Olimpo en el ascenso. Los últimos años siempre agarramos a equipos que se estaban ahogando en altamar. A algunos los sacas y a otros no. Uno tiene coraje y mucho huevo a la hora de tomar decisiones.

-¿Cómo es dirigir al club del cual sos hincha?
-Que yo fuera hincha de San Lorenzo valía mucho en la situación. Son las cosas que uno tiene que manejar como profesional, también. Uno lo hace con el corazón y con el pensamiento, las dos cosas. Y la gente pedía que agarráramos. Y uno se convence. Aunque fue el peor momento de la historia. Y el club estaba dado vuelta: todo al revés. Un despelote. En la época de Abdo. Se querían ir todos: Botinelli, Ortigoza, Salgueiro. Era muy duro. El equipo por suerte despegó. No de mi mano, pero eso no importa. No estoy arrepentido, dimos lo que teníamos y salió bien. Terminó bien, con o sin mí. Fue algo muy especial. Quedé muy bien con la gente.

-¿Cómo te cayó la vuelta a Boedo?
-Estoy muy contento. Mi pibe está muy entusiasmado. Es lindo para la gente. El hincha no se siente cómodo en la cancha de ahora. El menor problema va a ser juntar el dinero, porque el hincha está muy comprometido. En el Viejo Gasómetro yo entrené de joven. Pero ya estaba muy abandonado, venido abajo. Así que estoy ansioso por volver a ese lugar y verlo bien, en ese barrio tan lindo.

-¿Qué tiene de particular nuestro fútbol?
-Somos tramposos y mañeros. Y jugamos igual en la cancha. Todas las adversidades que tenemos como sociedad nos llevan a la trampa, a sacar ventaja como sea. En Inglaterra, en un córner, el que salta más alto gana y cabecea. Acá para cabecear tenés que matar a uno, terminás todo rasguñado, es una batalla campal. Somos mañeros para vivir y se juega totalmente igual. Y los árbitros son iguales. Pero acá es difícil hasta dirigir un picado. Te piden todo y no te dejan en paz. Es tremendo.

-¿Te cansaste de todo eso?
-No, no. Me cansé estar durante 200 partidos en descenso constante. Siempre al borde de lo que se denomina fracaso. Necesitaba un poco de tranquilidad.

-¿Cómo tenés pensado sacarte el mote de técnico para luchar el descenso?
-Nosotros siempre quisimos jugar bien. Tenemos ese mote porque les decíamos que sí a los clubes. Pero la idea siempre era jugar, no sacar puntos a los pelotazos. Ahora hay que esperar, tratar de elegir y no desesperarse.

-¿Hay buenos técnicos en Argentina?
-Hay de todo. Hay chamuyo, marketing, acomodo y elecciones por nombre. Pero también están los de mucha capacidad. Y ahora apareció el que deja de jugar y asume inmediatamente. Hay todo un empresariado que se encarga de promocionar también. El famoso lobby, al que yo no he recurrido nunca. Jamás. Cada uno sabe quién es y lo que hace. A mí siempre me vinieron buscar. Nunca entré por la ventana.

-Esas diferencias se vieron en lo que te pasó con Caruso…
-Hay un paredón muy grande que nos divide como entrenadores y como personas. Yo no haría de ninguna manera lo que hizo él. También es cierto que nunca los dirigentes salieron a aclarar las cosas. Y ante cualquier resultado adverso sucedían ese tipo de apariciones mediáticas. Pero ya está.

-Y vos, ¿cómo te manejas con los medios de comunicación?
-El protagonista necesita de los medios de comunicación, de la difusión. Después está el periodismo agresivo, está en uno saber quién es quién. Sé donde no hay buenas intenciones. Sé donde no hay una intención genuina de informar. Es una filosofía de vida. Hay que ser inteligente y saber cuándo utilizarlos, de manera estratégica, para lo fines de uno, del protagonista. Para mi gusto hay muchos periodistas que dicen lo mismo. Repiten y repiten todo el día. Es agotador.

Leo, como le dice la gente, sigue reflexionando sobre sus experiencias. De repente, por la esquina del bar en donde se desarrollaba la charla pasa un viejito conocido: Carlos Timoteo Griguol. “Miralo a Timoteo, qué grande. Está tan viejo, qué lástima. Fah, qué docente tremendo. Seguía enseñando técnica aún en primera división, qué ejemplo.”

-¿Y qué es la técnica hoy?
La técnica es la virtud que tiene cada uno, ni más ni menos. Desde saber hacer un lateral a saber cabecear o saber patear. Si recepcionás bien de un toque valés el doble que si necesitás dos tiempos.

-¿Te gustaría laburar en inferiores?
-Me gustaría agarrar, por supuesto. Pero falta mucho apoyo dirigencial. No hay proyectos hoy. Tienen que tocar la misma guitarra todo el mundo, tienen que tener la misma línea. El presidente, el responsable de fútbol, el coordinador, los técnicos. Es un proceso que lleva mucho, pero es necesario. Y es muy difícil que te acompañen en eso. Por eso busqué el lado del vértigo, la primera división. De última te arreglás vos solo: ganás seguís, perdés te vas. Vélez, Lanús y Belgrano están trabajando muy bien. Y van a ser los próximos clubes top si siguen así. Pero es muy complicado, porque ya te exigen ganar en inferiores. Una vez el Checho Batista dijo que había que jugar sin puntos en inferiores. No es mala idea, pero en este fútbol no se puede. Somos muy tramposos para vivir y muy tramposos para jugar.

-¿Estás para volver a dirigir en el Nacional B?
-Agarraría un equipo de ascenso con aspiraciones a ascender. Sí, claro. Si es de punta, sí. Cómo no. Lo importante es mantenerse activo mientras uno no está trabajando. El peor enemigo es el ocio. Trato de hacer mucho deporte y de leer.

-¿Qué lees?
-Me gusta mucho la historia francesa, leo sobre eso. Leer es muy bueno porque te abre un panorama de dicción, más juego de palabras. Si tenés más herramientas para expresarte tenés más chances de seducir a alguien con tu propuesta. He regalado libros en los vestuarios, a los jugadores. Varias veces. Es muy difícil. Cuando se trata de un futbolista joven no le suele interesar. Los más grandes, más cansados del ambiente, sí piden y leen. El libro no se presta, se regala. Ni me acuerdo a quién le di. Es parte de la docencia de esta profesión. Y a mí enseñar me gusta mucho, poder dejarle algo bueno a alguien más es lo más importante.

Desde el suelo

Zapatilla, zapato, zapa, alpargata, chancleta, ojota, chancla, llanta, bota, borceguí, botineta, borcego, sandalia, chatita, chinela, pantufla. Este segundo fotorreportaje de NosDigital ofrece una mirada distinta sobre el caos del microcentro, y se concentra en el protagonista principal del asfalto. Allá, bien de abajo, una buena mezcla de las telas, gomas y cueros que, además de vestir nuestros pies, hablan un poquito de quiénes son los que caminan el centro de Buenos Aires.
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Las vidas de Copola

No de Guillote, sino de Gabriel Copola, séptuple medallista parapanemericano en tenis de mesa. A los 11 años, una desafortunada maniobra en bicicleta lo obligó a sentarse de por vida en una silla de ruedas. De ahí en más encontró su camino en el tenis de mesa gracias al programa de Susana Giménez, viene de participar de los Juegos de Londres 2012, se recibió de licenciado en educación física, es profesor de la cátedra en la Universidad de La Matanza y es el encargado del área de recreación deportiva en el servicio penitenciario de San Martín.

Fotos: Cortesía de Gabriel Copola.

En su verborragia evidencia su polifuncionalidad. Gabriel Copola habla, corta, pega y enlaza los temas de manera que no quede resquicio para la duda. Presta sus palabras y sus vivencias a los oídos receptores de Nos Digital y, a medida que transcurre la charla, todo lo estructurado se desvanece. ¿No es, de hecho, lo que hace día a día? Si de voltear andamios se trata, él tiene un master. A los 11 años, una desafortunada maniobra en bicicleta lo obligó a sentarse de por vida en una silla de ruedas. Por el resto, hizo añicos al destino. A los 27, es séptuple medallista parapanemericano en tenis de mesa, participó de Londres 2012, se recibió de licenciado en educación física y ejerce en el servicio penitenciario.

Uno no conoce el final del asunto. Le va dando forma mientras la escribe y lo más paradójico es que los trazos son invisibles en el camino. Solo los marca la perspectiva. Si no, no habría motivo aparente para que una autopista en construcción, Susana Giménez y una paleta de ping pong confluyan en una misma historia, en un mismo sueño. Y sí, lo hacen. Ese anhelo es realidad y su intérprete es Gabriel Copola.

“Fue medio raro cómo llegué al tenis de mesa”, abre al diálogo y el futuro de la charla se abre por completo. “El primer contacto que tengo con él es por medio de un programa de Susana Giménez”, continúa y queda al descubierto que la lógica no nos va acompañar en el recorrido. Seguramente, de haber sido así estas líneas no hubiesen existido.

En 1996, mientras surcaba una improvisada pista de bici-cross montada sobre la no menos improvisada “Montaña de la Cruz” (nombre que adquirió el montículo de tierra que se removió para construir la Autopista del Oeste), Gabriel perdió el control de su bicicleta, salió despedido y se golpeó la espalda con una piedra. “Me cagué (sic) la médula”, recuerda. Todo cambió, menos su pasión por los deportes y su intención de ir más allá de lo posible.

Vuelve a aparecer la diva de los teléfonos en escena y Gabriel encauza su camino al ping pong. “Era 1996 y, por los Juegos Paralímpicos de Atlanta, Susana llevó a un grupo de paralímpicos que habían competido ahí. Entre ellos estaba Daniel Hailand, que había ganado en tenis de mesa. Ahí fue mi primer pedido para que me llevaran a jugar. Un tiempo después participé de unas olimpiadas infanto juveniles que organizó APEBI (NdeR: Asociación para Espina Bífida e Hidrocefalia) y agarré por primera vez una paleta. Fue en el CeNaRD. La solicitud se reiteró pero vivíamos en Ituzaingó y no había ningún lugar para practicar. Por suerte, en ese evento estaban los técnicos de la Selección y me recomendaron ir a Cedima, mi primer club. Quedaba en San Justo y mi papá era el encargado de llevarme y traerme a todos los entrenamientos. Eso fue en 1999. A los pocos meses ya estaba compitiendo en Guadalajara”.

Primera ruta a tomar: Su exitosa carrera como jugador de tenis de mesa. “La historia la escriben los que tienen huevos, los que van al frente, los que no bajan la cabeza, los que dejan la vida”, le dijo el padre a la vuelta de Guadalajara. “Me habían dicho que tenía todo para estar en el quinto o sexto puesto y gané un solo partido”, rememora.

Esa frustración no fue en vano. “Me sirvió para hacer click”, dice. Y lo hizo. Desde ese día se colgó tres medallas doradas en Parapanamericanos (una 2009 y dos en 2011) y cuatro de plata (2001, 2003 y dos en 2005).

¿De qué esfuerzo te hablaba tu viejo y cómo lo capitalizaste?
-Hay tres factores en los que se resumió ese esfuerzo: el primero fue el personal; el segundo el de mi familia, el de mi papá que me llevó y me trajo a todos lados; y el último el de la pelea para que me apoye el Estado. En mis comienzos, la ayuda fue nula. Hoy el Enard solucionó bastante ese vacío.

-¿En qué te cambió ese respaldo?
-Fue un giro absoluto. Hoy me río cuando algunos pibes dicen “no nos bancan nada”. Yo les digo que no, que antes nos faltaba todo. Allá por el 2001 o 2002 tuve el Mundial en Taiwan y no viajé ni una vez a Europa para poder clasificarme. Menos para prepararme. Jugué tres torneos en Argentina: la primera Copa Tango, el Sudamericano y el Panamericano. Con esos tres campeonatos sumé unos puntitos y ni siquiera me alcanzó, tuve la suerte que me invitaran. Antes, para viajar a Guadalajara, había tenido que vender rifas. Ahí sí que faltaba todo.

-¿Y para los Juegos Paralímpicos cómo te preparaste?
-Jugué seis torneos en Europa y el Mundial, que me clasificó para Londres. Antes me pasaba que quería tomármelo en serio y el contexto no me lo permitía. Hoy por poco estás obligado a viajar a todos los torneos para prepararte.

-¿Cobran lo mismo que un deportista olímpico?
-Sí, por suerte desde el Enard y la Secretaría de Deportes nos catalogan como deportistas. Estamos en el mismo marco de becas que los convencionales. Cosas para mejorar hay muchas, igual. Habría que invertir más en la formación. En mi deporte todo lo que puedas mejorar viene de la competencia que tengas. Y si no tenés rivales de tu altura, te estancás. Actualmente, la mejor alternativa es conseguir lugares de entrenamiento en el exterior. Por otro lado, creo que habría que instruir a un grupo de personas para que califique el rendimiento de cada deportista y repartan el dinero en consecuencia. Hay que ser discrecional y no es cuestión de derrochar. Yo cuando sienta que no me merezco la beca voy a ser el primero en resignar a ella.

-¿Cuán mayor es el esfuerzo que debe hacer un deportista paralímpico sobre el que realiza uno convencional?
-No me gusta comparar. La verdad es que la vida que uno lleva es totalmente distinta, empezando por el hecho de que yo siempre dependí de alguien para poder practicar mi deporte. Hasta los 18 años me tenían que llevar a todos lados, es difícil.

-¿Transporte público?
-(Se ríe) No estamos preparados como sociedad para personas con discapacidad. Yo tuve la suerte de poder comprarme un auto y dejar de depender del resto y de los medios de transporte público. Pero es imposible. Ni siquiera es discriminación (que al menos supondría que te tuvieran en cuenta para tratarte como distinto), es ignorancia. No existis.

Las palabras alcanzan pero las vivencias las superan. “Quiso el destino que mi viejo sea colectivero –introduce-. Un día me invitó a un almuerzo que hacían de la empresa y dio la casualidad que estaba el jefe de personal. Yo lo encaré y a forma de chiste le pregunté por qué no arreglaban la rampa de los colectivos. El me contestó: ‘si tengo que arreglar las rampas de los colectivos, no le tengo que pagar el sueldo a tu viejo. ¿Qué preferís?’ Me indigné tanto que me fui. Justo por esa época yo estaba de novio con una chica que vivía en Villa del Parque y, obviamente, la quería ver. No tenía trabajo, no tenía plata, ir en remis era caro y tenía que viajar en el Sarmiento, era un desafío, una travesía”, grafica.

Por estas razones, el futuro -laboral y personal- suele ser una isla inabordable para personas con discapacidad. Con una sociedad que omite y un contexto que condiciona, las posibilidades se reducen. “Costó mucho encontrar un rumbo en lo profesional”, remarca e inaugura una nueva vía de análisis.

El 2001 no fue un gran año para aquellos que terminaban la escuela secundaria. Ese fue el caso de Gabriel. Con 17 años y un cúmulo de dudas en su cabeza, siguió las indicaciones de Miguel Angel, su papá, el mismo que lo había aconsejado con el deporte. Esta vez no fue con tanto éxito. “Me dijo que busque por el lado de las computadoras, que el futuro estaba ahí. Me metí en la carrera de analista de sistema en la Universidad de San Martín. Después, me fui a hacer diseño gráfico (por el tema del diseño de sitios web) al centro. Cursaba en pleno Callao. Imposible movilizarse. Entonces, terminé en un instituto de barrio haciendo unos cursos de reparador de pc y diseño web y trabajé en una casa de computación y en un cyber, ambos de amigos”, explica a manera de introducción de lo que vendría.

Fue recién en el 2003 cuando cambió la cosa.

-¿Cómo entrás en la universidad de La Matanza?
-Me estaba preparando para los Parapanamericanos de 2003. Entrenaba ahí y un día apareció Walter Toscano, que era el coordinador del profesorado de educación física. Me comentó que había un ‘plan b’ de la carrera. Es una Licenciatura en la que se dan los contenidos teóricos para ejercer. Hice el curso de ingreso como cualquier hijo de vecino en 2006, empecé en 2007 y me recibí. Fue altamente apasionante. Fui un bicho raro. Recuerdo que en la primera clase de gimnasia la consigna era hacer un rol hacia adelante, imagínate. Todos nos preguntábamos qué hacía yo ahí adentro. El resto no sabía pero yo sí. Nos fuimos adaptando yo a ellos y ellos a mí.

-¿Hoy que rol desempeñas en la facultad?
-Soy profesor de la cátedra de “Introducción a la educación física especial”. Por otro lado, trabajo en el Servicio Penitenciario Bonaerense, en la Unidad 47 de San Martín.

-¿Cómo fue tu ingreso a la cárcel?
-Raro. Me anoté en 2002 en un concurso para cupos de trabajo en el Estado. Recién me llamaron en 2006 para una entrevista. Fue en La Plata. En principio era para trabajar en administración, en el servicio que habían inaugurado en San Martín. Yo mucho no quería entrar pero me dijeron que, una vez adentro, podía pelear por dar clases. El tiempo pasó y hace un par de años que soy el encargado del área de recreación deportiva, una de las aristas fundamentales para ayudar a la reinserción de los internos.

Podría ser el final de una historia perfecta. Gabriel sabe que no. “Fui forjando con el tiempo un espíritu luchador. Creo que nació el día que me dijeron que iba a tener que usar una silla. La pasé mal, lo sé. Pero, hoy por hoy, tengo una filosofía de vida que es ‘hacer lo que me gusta y no hacer lo que no’. Parece simple pero esa es mi única barrera. Muchos me dicen que pare y yo no me doy cuenta. Así es como me mando cagadas, por hacer una demás. El otro día tiré un plasma de 42 pulgadas por querer correrlo, por no esperar a un amigo que me había dicho que me iba a ayudar. Soy un tarado, sí. Pero si me hubiese quedado con las cosas que podía hacer, sin intentar lo que creía que no podía, me hubiese quedado sin hacer nada en mi vida”, cierra. En definitivas, la perspectiva será la única que ponga en su lugar todas estas palabras.

Un imaginario que los acaricie

Elian trabaja en el Ministerio de Trabajo desde hace dos meses, y está feliz. Justo él, que pasó las mil y una, personal y laboralmente, hoy es parte del Estado. “Y de este Estado”, enfatiza, en sintonía y simpatía con una serie de políticas que él, por estar dentro, conoce, y por ser trans, reconoce.

Aunque siquiera él sabe muy bien cómo entro al área de Empleo del gobierno. Sí que tuvieron que ver sus visitas al INADI y al propio Ministerio, donde presentó su abultado currículum y reclamó por intermediaciones con distintos laburos donde “en un momento, no pasaba la entrevista”.

¿Por qué?

La comunidad trans es amplia y diversa. “Un abanico” define Elian, donde no sabe ubicarse bien. “Chabón trans, puto” arriesga, sin ganas de etiquetarse. Pero asume la masculinidad trans para plantarse contra la “invisibilización” que se hace de esa porción del movimiento, tanto dentro como fuera: “Nadie se acuerda quiénes somos, dónde estamos. No es solo la problemática en el mundo laboral. Las feminidades trans no nos incluyen dentro de su discurso”.

Elian saca a relucir algunas deudas pendientes. Como activista y parte del grupo LGBT vivió desde adentro las discusiones sobre la ley de identidad de género. Y conoce muy bien la mecánica de trabajo dentro de la comunidad, y las jerarquizaciones que se fueron formando. “Se cree que los chicos trans son de clase media, tienen cierta posición social y la contraponen a la situación de los travestis como las verdaderas marginadas” explica.

Elian viene de una familia de clase media y terminó su secundario en el Nacional Buenos Aires. No por eso, siente, dice, su vida ha sido menos difícil que para otros y otras. En todo caso, nadie sabe.

“En el caso de las trabas lo que hay son números. Hay estudios. Hay ciertas cosas obvias del día a día, por ejemplo que sabemos que se prostituyen. Pero a la hora de trazar políticas concretas ¿qué necesitas? Ese tipo de datos. Nosotros no tenemos”.

Fotos: NosDigital

Desde que comenzó a hormonarse, Elian dice que “quedó en pelotas”. No tiene contacto con su familia. Estuvo en la calle, desocupado, haciendo changas, puso una “parritrans” en Barracas, se fue, y hasta hace unos meses trabajaba en una casa de ropa donde le pagaban mil pesos por mes. “Se aprovechaban que el trans no tiene otra cosa, está desesperado. Por convenio debería haber ganado 4 mil o 5 mil pesos por mes”, cuenta.

La decisión entre ser y parecer fue para él un conflicto profundo. “Hay una lucha política muy fuerte de decir “mi cuerpo es como es” y que no necesito transformar mi cuerpo para parecer”. Elian lo ejemplifica en una conversación que mantuvo estos días en la oficina: “Una chica que decía: me encantaría no depilarme pero ¿sabes qué pasa? Después soy yo la que se tiene que bancar que me digan las cosas o me bardeen”.

Elian: “Hay un momento en que estaba hormonando que era como un intermedio. Era un eterno “¿qué es esto?”. Y eso era lo que escuchaba cada dos pasos. “¿Que es esto, boludo, es una mina o es un tipo?” Yo estaba al lado, ¿entendes? Es muy fuerte. Y hay veces que vos estas viajando a tu casa, en el colectivo, estás estudiando y tenés que hacer otra cosa… digo, no estás militando. Te pasa por portación de cuerpo”.

Otra escena: “Cuando me vinieron a censar en 2010 me preguntaron -yo llevaba poco tiempo hormonando-. ¿Género? Masculino. ¿Como masculino? Sí, masculino, soy trans. El tipo no entendía, puso uno masculino y el otro femenino”.
Elian tiene un discurso elaborado. No cuenta esto para “dar testimonio” sino para encarar el análisis de cómo los chicos trans “no estamos en el imaginario social”. Y que eso pesa a la hora de trazar políticas.
De inclusión, laborales y cualquiera sea.

La ley de identidad de género salda varias deudas pendientes en este sentido. “Está a la vanguardia en el mundo”, opina Elian. “No patologiza, es muy completa, sobre todo la parte de salud, es inédita”. Otro paso que señala como positivo es el acceso al DNI. Laboralmente, a la hora de enfrentarse a una entrevista, el DNI funciona como un respaldo que refleja la portación del cuerpo. “El género es un conjunto de cosas: el DNI, la cara, la hormonización, la ropa… Si eso no se notaba en la entrevista, a lo sumo podían decir “que raro este tipo, medio puto”. Con el DNI pasan los que tiene un proceso de hormonización…”.

¿Cómo lo viviste vos? “Yo vengo de una familia de clase media, tengo una buena secundaria, un buen currículum pero en un momento no pasaba la entrevista. Vos podes plantarte todo lo que quieras pero… ponele que no sea tan fuerte la discriminación, sigue actuando la patologización: “pero no sé qué pasara, si está enfermo, si influirá”. Ahora, hay gente que no pasa, si no está hormonada no pasa. O minas trans que no tienen tanta facilidad para aparentar la cara. Esa es una violencia que sigue operando. Hay otra parte que tiene que ver con un cambio social profundo. Estamos en ese periodo de transición”.

Para Elian el Estado ve más adelante que el imaginario social: “Hay un Estado que se está haciendo cargo, que está saldando deudas históricas, que está tomando políticas que son inéditas. A la vez, eso parece que esto está más a la vanguardia que la sociedad”.

Por ejemplo: “El Ministerio está laburando mucho. Se abrió una línea de inclusión laboral de la Secretaría de empleo. No te ubica laboralmente, lo que hace es apoyarte. Especialmente para la población trans lo que hace es firmar convenios con determinadas organizaciones o localidades y trata de mediar entre las oficinas de empleo y las oficinas de contratación. A la vez que está brindando cursos de capacitación a las personas que atienden: si te atiende un boludo la medida estatal no sirve para nada”.

Gracias a estas articulaciones, a su buen currículum y a sus visitas -presiones al INADI, hoy Elian trabaja en la Dirección de empleo independiente y entramado productivo, un área de apoyo dentro del Ministerio de Trabajo. “Fue una sorpresa para mí; yo estaba entre no conseguir laburo y laburos que me estaban recontra cagando”, sintetiza. “Después de eso, volver a laburar me alivia mucho, te devuelve a una situación de equilibrio económico y emocional”.

Si la charla viró hacia un sentido más teórico que práctico – la visibilización de las masculinidad trans- es porque Elian no abandona jamás su tarea de activista y militante de la comunidad, de su identidad, porque sabe que más allá de las políticas estatales lo que va configurando un imaginario que lxs acaricie depende de charlas como estas. Y de eso depende todo, incluso las leyes, incluso el trabajo.

Operación Cardenal: represión de la “Revolución”

El segundo golpe de Estado en la historia de Argentina, el de la «Revolución Libertadora», trajo la violenta represión contra trabajadores, organizaciones, salarios, medios de expresión. La Operación Cardenal fue la clara muestra de que a pesar de las promesas de democratización que el presidente de facto Aramburu prometía, las acciones contra el movimiento obrero eran parte fundante de su proyecto político.

“En un mundo en que la dignidad de la persona, sus derechos fundamentales y los valores espirituales de la humanidad están gravemente amenazados por fuerzas totalitarias ajenas a esa tradición de nuestros pueblos y sus instituciones, declaramos ser el baluarte de la libertad del hombre y de la independencia de las naciones (…) Pueblos americanos: la República Argentina muestra en su pasado cercano una dolorosa experiencia. Hoy entre las sombras y la luz, entre el despotismo y la libertad, los argentinos continuamos la lucha… y el monstruo que deshonra al continente no volverá a esta tierra”[i]. Estas palabras fueron emanadas en un discurso del presidente de facto Pedro Aramburu, mostrando cuáles eran los enemigos de las clases dominantes que bajo la cruz y la espada estaban llevando a cabo su vasto experimento represivo contra las ideologías foráneas, el “marxismo internacional”, junto con el peronismo, encarnado en “el monstruo que deshonra el continente”, el “tirano depuesto”. Pero tampoco fueron casuales sus alusiones en este discurso en la capital de La Pampa, tan solo un día después en que se llevó a cabo la Operación Cardenal, donde dos centenares de militantes del Partido Comunista fueron encarcelados y llevados a diferentes prisiones del país.

La Resistencia y el P.C 

El golpe de Estado de 1955 trajo inmediatamente una ofensiva contra la clase trabajadora argentina, coherente con las necesidades de aligerar el poder que ésta había logrado al interior de las fábricas mediante las comisiones internas –que poco podían ser controladas por los sindicatos y la CGT-, como también para romper con los beneficios que los obreros habían adquirido desde 1945, y que desde la desaceleración económica que aconteció a partir de 1952, afectaba las ganancias de los empresarios. Con la asunción de Aramburu en 1956 se decretaron numerosas leyes en este sentido: la prohibición de participar políticamente en los sindicatos a todos aquellos dirigentes de primera y segunda línea que lo habían sido desde 1952, la nulidad de la ley de Asociaciones Profesionales, la suspensión de la reglamentación laboral vigente y la ilegalización de la CGT.

Estas medidas eran justificadas por el propio primer mandatario en estos términos: “La Revolución busca el renacer de la personalidad individual que es embrión de la libertad y corrige a las estructuras que atenten contra ella (…) A mayor producción, mayores ventajas (…) Productividad es casi sinónimo de paz social. En nuestros días, mayor productividad es voz de orden. No debe extrañar entonces que el Estado use de los medios para obtenerla con la seguridad de que con ello cumple su propio deber superior, velando por el bienestar y la seguridad de la nación”[ii]. Con la ruptura de los beneficios y la represión del movimiento obrero organizado, las ganancias volverían a fluir hacia los bolsillos empresarios.

Pero bajo la niebla en que se sumió la política, empezaron a emerger movimientos que lentamente irían resquebrajando el velo que se había puesto al peronismo y a las organizaciones de izquierda. Así nació la Resistencia, alejada de los grandes líderes sindicales que ya empezaban a acomodarse a las nuevas estructuras de poder, uniendo a trabajadores, organizaciones de base fabriles, grupos comunistas y trotskistas, ex combatientes de la Guerra Civil Española e incluso anarquistas, crearon aquel movimiento de impugnación político-social, que nucleaba en el sabotaje, pequeños atentados y pintadas ese rechazo al nuevo régimen.

Bajo este contexto, el rol del Partido Comunista para la reorganización obrera fue determinante. En febrero de 1957 los gremios bajo su gestión –químicos, aceiteros, prensa, entre otros- conformaron la Comisión Intersindical, que en poco tiempo ganó más y más adherentes, tanto que tan solo dos meses más tarde reunió cerca de treinta y cinco sindicatos y cinco federaciones, ya en buena parte, peronistas.

Paralelamente, el PC también fue aliado al peronismo cuando en abril se conformaron las “62 Organizaciones”, organismo que aunó a los sindicatos normalizados no aliados al gobierno. Por estas razones, que las miras de Aramburu se posaran sobre este grupo para desatar la gran represión policial que llevó el nombre de Operación Cardenal.

 

Operación Cardenal

En pleno fervor de la Guerra Fría, cualquier tipo de rechazo al gobierno era visto como una provocación, un accionar ya sea de agentes infiltrados de la URSS o de miembros ligados a aquél Juan Domingo Perón exiliado. La Resistencia no hacía más que perturbar la inestable paz que esperaban tener los golpistas, quienes creían que con un golpe de mano, todo volvería a la situación previa a 1945, fecha vista como el origen de todos los males. Entonces, el gobierno, luego de un sesudo planeamiento efectuó la encarcelación de 204 militantes comunistas, junto con el cierre de 24 de sus locales.

El Contraalmirante Dellepiane pronunció a los medios: “El Poder Ejecutivo Nacional, después de un período de atenta observación y análisis ha llegado a la conclusión de que dirigentes y activos adherentes de esa ideología de extrema izquierda estaban actuado contra la seguridad del Estado y atentando contra el decidido propósito del gobierno de normalizar el país”[iii]. Figuras como el poeta chileno Pablo Neruda y el músico Osvaldo Pugliese fueron las caras famosas de esta redada. Sus destinos: la Penitenciaría nacional, el Buque “París” y otras tantas cárceles dispuestas en largo territorio nacional.

Estas masivas detenciones estuvieron cubiertas por una generalidad de políticas anticomunistas, que desde ese momento ya se estaban empezando a arraigar en Argentina: tan solo tres días más tarde de estos sucesos el país participó del III Congreso Anticomunista Latinoamericano, que entre otras cosas votaría como Día del Anticomunismo Mundial al 23 de octubre.

Entonces, la Operación Cardenal materializó un conjunto de tendencias que desde 1955 se hacían a la vista: la represión contra las organizaciones obreras, la represión y la organización, progresiva y sistemática del accionar anti-comunista, que en las décadas siguientes habrán de sumergir las Fuerzas Armadas a la nación.

 


[i] El Litoral, 14 abril 1957.
[ii] Schneider, A. (2005) Los compañeros: trabajadores, izquierda y peronismo (1955-1973). Buenos Aires: Imago Mundi. pg 86.
[iii] La Nación, 13 de abril 1957.

Donald, el pato recaudador de impuestos

La alianza del gobierno estadounidense con Walt Disney World fue grande y hermanada durante la Segunda Guerra Mundial, además de propaganda contra los enemigos de los Aliados, impulsaron juntos la campaña del pago de impuestos en 1942. La inocencia perdida de los dibujos animados.

La revolución en el mástil de la guitarra

Damián Captuto podría ser otro buen artista más de los que caminan nuestras calles, pero un viaje y miles de encuentros hicieron que no lo fuera. Con su disco «Canciones, pequeñas revoluciones» recorrió 25.000 km. Lejos de Capital, la de las no oportunidades y de negocios millonarios para unos pocos, recorrió con su música otras realidades y se fundió en infinitas historias. En el camino, confirmó que algunas notas y una gargante encendida pueden ayudar a cambiar el mundo.

Fotos: NosDigital.

Yo ya lo conocía. Bah, en realidad, no. Bueno, quizás sí, pero no estoy seguro. ¿Viste cuando escuchás tanto hablar de alguien que creés conocerlo? En un momento se me mezclaron las cosas, pero resultó ser verdad. Es que yo estaba estudiando música cuando arranqué a armar la banda y soñaba con viajar, pero cada vez que iba a buscar un lugar para tocar con los pibes me pedían guita, o vender una cantidad de entradas inalcanzable (mamá, papá, mi hermana, los tíos, primos, la abuela, los pibes del colegio, mmm… no, claramente no llego). Y un día mi profesor de guitarra, que intentaba que me concentre y deje de pensar en conseguir un puto lugar para hacer lo que más amo, me contó de un tipo un poco (bastante) loco que estaba cumpliendo 25.000 ¡SI, VEINTICINCO MIL! Una bocha de kilómetros de música. No le creí, obvio, hasta que lo conocí.
Le mandé un mail, no aguantaba las ganas de mostrarle a mi profesor que me estaba chamuyando, pero la puta madre, al toque apareció en mi bandeja de entrada un sobrecito de Damián Caputo, que me estaba contestando. En ese momento, comienza esta historia.
Tardó en llegar varios días la juntada, es que Damián andaba girando no me acuerdo por cual provincia (imaginate que recorrió dieciocho), pero yo no podía quedarme quieto. Abrí la compu, puse la clave, google y escribí Damian Caputto, ¡ups! backspace, backspace, Caputo.
Enter.
Por el año 2005, Damián viajaba a México a tocar en un lujoso hotel de Acapulco con la banda de covers a la que por aquel momento le ponía la voz, y el viaje le explotó la mente. Ya se había acercado a la música, muchas veces de diferentes maneras, pero esta vez algo generó un quiebre. “En realidad venia tomando la decisión, yo venía cantando en bandas de covers, en eventos y tuve el viaje ese a México. Ahí fue una revelación de lo que quería hacer, lo que quería contar”.
La vida entró en contradicción, estar laburando en medio del lujo y querer decir otras cosas. Entonces, a la mierda todo, con esa plata se fue a recorrer y terminó sumándose a “La Otra Campaña”. Cuando volvió a Buenos Aires ya no era el mismo, estaba decidido a grabar un disco y a ponerle “Canciones, pequeñas revoluciones”. “Como todo tipo que tiene alguna intención de cambiar el mundo, conocés al Che Guevara y al otro día estas en tu casa y decís ‘Yo soy un gil, ¿qué hago de mi vida?’ y creo que ahí surge tratar de que las canciones sean revoluciones, en una escala menor que también puedan ir aportando algo”.
La mayoría de las canciones estaban escritas, se fueron recopilando, pensando, buscando, algunas tenían hasta casi diez años, pero otra surgió en el medio del viaje: “Tiene que ver con Atenco,  es “Canciones sobre muros”, que habla sobre esta chica que estuvo presa en México, que la metieron presa en Atenco en esa movida donde hay mujeres abusadas y murieron dos personas. Toda esa gente que venía viajando conmigo, con la caravana de La Otra Campaña, los meten presos a muchos; yo me entero desde acá y ahí surge que el disco está dedicado a los presos políticos de San Salvador de Atenco”.

“Un canal, un puente, hasta vos si mi voz puede llegar desde un rincón del mundo trepando a tus balcones, canciones sobre muros, amores voladores, canciones, amores, te espero.”

 

Nos juntamos en una plaza de Caballito, el sol nos daba la sombra casi a noventa grados, pasaba el tren frente a nosotros, por fin conocía a quien Google, y primero mi profesor de guitarra, me habían presentado. ¿Cómo carajo hizo? ¿Posta 25.000 kilómetros?
“Me junté con un músico que es el que produce el disco, Mariano Albergoli, con él empezamos a trabajar y cuando teníamos el disco nos encontramos como la mayoría de los músicos independientes de hoy en día, con mil discos en cajas. Como buen cebado obsesivo dije ‘¿Qué hacemos con esto?’ y ahí me agarró esto de que en Capital no se puede tocar. Entonces, primero empezamos a viajar por la provincia de Buenos Aires, recorrimos pueblo por pueblo, con autos prestados, como podíamos”. Así, de un impulso de buen obsesivo nació hace cuatro años la gira “Bajo Tierra”.
Primero Buenos Aires, después Santa Fe, Entre Ríos, Chaco, Corrientes, Formosa, los kilómetros se empezaban a sumar y el disco sonaba cada vez más. “En realidad la idea es de difusión y también de interacción con lo que está fuera de la capital. Yo soy muy crítico con la vida que uno lleva acá, e ir allá y encontrarte con realidades de gente que están a 200 kilómetros, no que están en Marte y nada que ver, tienen sus tiempos y eso también te cambia la mirada a vos”.
Dispuesto a ver qué pasaba, sabiendo que podía tocar para tres personas o que podía sembrar canciones para volver más adelante y que la gente lo acompañe en el canto, se largó a viajar. A veces con músicos, otras veces solo con la guitarra como el norte y el sur donde no daba el presupuesto para viajar todos. En realidad, cuando decimos “todos” no hablamos de una banda fija, la cuestión siempre fue fluctuando: “Iba rotando la banda, son todos amigos míos que se van sumando a esto, es medio una locura itinerante que te subís y te bajás y están todos en otros proyectos y se suman a este. Hubo una banda fija, pero se va desarmando y armando en el momento, va mutando”.
Qué huevos ¿no? Cuatro años caminando las canciones a puro corazón, aunque también una parte del reconocimiento se lo damos a Internet (obvio, si yo llegué acá por google). “La gente que armó las fechas no fuimos nosotros, en la mayoría de los lugares fue la gente que conocíamos por sónico, por facebook, por mail o por al página, no eran managers de la zona, eran tipos buena onda”. Infinidad de casas los recibieron, infinidad de baños. “Me causa mucha gracia lo de los baños, no sé porque, siempre antes de tocar estoy en un baño distinto, en un baño de alguien que conozco hace dos horas y me estoy bañando y digo no puedo creer donde estoy. Gente que te abre la puerta, es increíble”.
Viajar te obliga a vincularte, a saber que tus amigos son todos en potencia, que generás vínculos, conocés personas y desde aquel primer show en 25 de Mayo se cosecharon una infinidad de nuevos amigos, sensaciones, canciones, hasta un nuevo disco, el lado B de “Canciones, pequeñas revoluciones”. “Es un disco que tiene continuación en el otro, pasaba que las canciones se vuelven viejas, porque lo que vos querés contar y cómo lo querés contar es distinto, entonces la música que estábamos tocando no tenia nada que ver con el disco y decidimos con la banda con la que estábamos en ese momento grabar un EP chiquito, de cinco canciones”.
Después de una tonelada de caminos, Damián empieza a despedirse de este ciclo, cierra una etapa que da lugar a una nueva. “En realidad, quiero seguir viajando, pero musicalmente voy a ir para otro lado, más eléctrico, quiero hacer algo quizás en banda”. Va cambiando la piel y renaciendo para volver a romper las estructuras. Conocí al tipo que hizo posible lo que muchos me decían imposible, durante cuatro años y veinticinco mil kilómetros hizo música. Ahora me chupa un huevo que me pidan guita o cortar entradas, hay otra gran cantidad de espacios, ya lo sé, me lo contó mi profesor de guitarra, google y Damián Caputo.

Flamma Flamma

El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín presenta en la Sala Martín Coronado, la obra de Mauricio Wainrot con música de Nicholas Lens.
El calor dibuja una gota en la espalda en este mediodía de viernes, mientras un par de tacos aguja y los maletines que van y vienen cosquillean las entrañas de la calle Corrientes. Entonces las puertas del San Martín aparecen detrás de un puesto de flores, como un respiro del mundo. Porque aquí la atmósfera es otra, la caminata se desacelera mientras subo uno a uno los escalones que me separan de la sala, me acomodo en la butaca y la respiración se acompasa, las preocupaciones cotidianas quedan en el bolsillo más profundo de la cartera y el cuerpo entero se ablanda, abre sus pétalos para captar lo que en instantes sucederá sobre las tablas.
La música de Flamma Flamma, de Nicholas Lens, es un réquiem a los muertos. Una voz grave y profunda canta en latín y vibra en todos los rincones, perfora el aire, atraviesa el cuerpo. Poco a poco a esa voz primigenia se unen otras, los coros sorprenden y los ritmos se alternan recordando melodías de culturas lejanas. Sobre este trasfondo, Mauricio Wainrot ha amasado junto al Ballet Contemporáneo del San Martín una versión coreográfica propia. Un hombre solo en medio del escenario se contorsiona en movimientos vivos, su cuerpo se arma y se desarma a cada instante, fluye en su propia forma. Una mujer se acerca, lo toca, se funden y se mueven como una sola figura, con la frescura de un reflejo en el agua. Los cuadros se suceden y los personajes se alternan, dibujando surcos en esta atmósfera oscura, en esta constante alusión a la muerte que permanece en la música como un conjuro.
Pero los cuerpos, sin embargo, están llenos de vida. Amanecen en el fondo del escenario, se encarnan sobre las tablas y se mueven embriagados por una fuerza especial, como posesos por la pasión de la propia existencia. En algún momento se me pierden los ojos. Los dejo abandonarse, libres, a la línea pura de un empeine, a la musculatura de una espalda, al vuelo sutil de las telas y sus transparencias. Los cuerpos están casi desnudos y se tensan, los músculos vibran, las venas quedan descubiertas. Es visceral. Los hombres y mujeres de fuego se contorsionan con una energía violenta y el rojo está cada vez más presente, primero latente, después explícito, un rojo que empapa las ropas, las miradas, el propio sudor.
La obra circula en el aire, estira los dedos y me toca. Dan ganas de formar parte de este canto a la vida, de esta mixtura profunda entre lo indescifrable del latín y la transparente sinceridad del movimiento. De tanto en tanto, la música calla. Son apenas unos segundos. Solamente entonces los escucho respirar, transpirar, suspirar el esfuerzo de ofrecer el propio cuerpo. Solamente entonces estas figuras, que parecen de chispas, de flamas eternas, se vuelven completamente humanas. Hombres y mujeres nucleados alrededor del fuego celebrando siempre, y a pesar de todo, el éxtasis de la vida.