Archivo por meses: noviembre 2012

¿Por qué viajamos tan mal en tren?

Nada nace de un repollo. Para entender la situación actual de los trenes te contamos parte de su historia a partir de un intento privatizador y de la resistencia obrera que originó. Los intereses internacionales quisieron avanzar sobre lo público, con despidos, presiones y violencias. Esta es la historia de la gran huelga ferroviaria de 1961 que enfrentó a los trabajadores contra el gobierno de Arturo Frondizi.

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El ferrocarril pasó a ser uno de los objetivos a desmantelar por el gobierno radical de Arturo Frondizi. Tanta perorata sobre el desarrollismo, la soberanía nacional, el legado de Yrigoyen no sirvieron de nada a la hora de firmar con el Banco Mundial, el 1° de octubre de 1960, el inicio de las investigaciones para la desestructuración de la red ferroviaria nacional. El ex asesor de Logística del Ejército de Estados Unidos general Thomas Larkin vino al país para hacer lo que fue entrenado un soldado: destruir. Un año más tarde, el poder ejecutivo de la Nación propuso el Plan de Reestructuración Ferroviaria – o más conocido como “Plan Larkin”- entre cuyos objetivos se encontraban: eliminar el 50% de la red existente, levantar los ramales sin tráfico productivo, enajenar las tierras e instalaciones sobrantes, privatizar los servicios auxiliares como la reparación y construcción de vías, vagones y locomotoras y las confiterías de las estaciones; y por último, modificar el régimen laboral a la vez de la cesantía de 75 mil trabajadores[1].

A partir de los últimos días de octubre de 1961 comenzó a gestarse una de las más grandes resistencias obreras de Argentina, que encontró no solo a los trabajadores unidos enfrentándose a los medios de comunicación, la patronal y un sindicalismo pasivo, sino también contra las fuerzas de seguridad mandadas por el Presidente para poner al orden la movilización que se le iba de las manos, lejos de conseguir, sin embargo, aplacar la tenaz respuesta ferroviaria.

 

Defendiendo con el cuerpo.

“Los dirigentes de nuestro gremio, devenidos desarrollistas, fomentaban la desinformación. Los compañeros tenían claro que Frondizi nos quería destruir. Se preguntaban si era cierto que venía la huelga, si les convenía plegarse, si iban a poder aguantar (…) dije que la huelga que se avecinaba no la imponíamos nosotros sino que nos estaban empujando”[2], recordaba Juan Carlos Cena, delegado de los talleres de Alta Córdoba. Pero cuando sobrevino la huelga general, pasó de involucrar a los empleados y obreros para convertirse en auténticas puebladas. Para el 1 de noviembre el cese de las actividades era total. Ante la organización, el gobierno respondió con la aplicación del Decreto de Requisición que daba “facultades que otorga el Estado de sitio y eventualmente, la ley de organización del país para el tiempo de guerra interna[3], el cual consitió en la obligación de los trabajadores a volver a sus puestos a riesgo de despido, como del envío de fuerzas de seguridad y militar –Regimiento I de Infantería de Marina- a las estaciones y talleres más combativos.  Cena describió como los huelguistas de Tafí Viejo “dormían en el cementerio, en los nichos vacios, se metían ahí durante el día, respiraban por unas rendijas que les dejaban los compañeros sepultureros de ocasión. De noche, resucitaban por el hambre y el frío; como sombras entre las sombras, llegaban mujeres, hijos, amigos a traerles comida, ropa y novedades (…) En Basavilbaso, los compañeros dormían en los montes y campos cercanos. Habían armado tres comisianos en el sindicato de la Unión (Ferroviaria). Si caía una, la reemplazaba la otra”[4]. La persecusión que sufrían era tenaz, por eso las extremas medidas adoptadas.

La Ley de Requisición permitía al Estado movilizar armas en mano a la población ferroviaria a sus puestos de trabajo, y en caso de negarse, enviarlos directamente a las cárceles. Motivos suficientes para que llegaran a conformarse comisiónes clandestinas encargadas de la liberación de los compañeros en manos de la Policía: “Estos grupos aprovechaban las circunstancias propicias para proceder a la liberación y ocultamiento de compañeros detenidos. A esa tarea se agrega otra: estos boletines de huelga que llegan a los lugares donde cumplen detención los compañeros con el objetivo de interiorizarlos sobre la marcha del conflicto”[5].

El rol asumido por las mujeres en el desarrollo del conflicto fue escencial. Las esposas, novias y familiares de los huelguistas tuvieron el papel de, no solo mantener el hogar durante las extensas semanas de movilización, sino también ir y apoyarlos cuando el enfrentamiento con las fuerzas de represión así lo ameritaba. Por ejemplo en Laguna Paiva, Santa Fe, un tren fue inmovilizado cuando era manejado por rompehuelgas: “Mujeres y niños transportando durmientes para obstruir vías delante y detrás del tren. Hombres que empujaban vagones tanque hasta descarrilarlos obstruyendo los desvíos. En medio de la refriega había mujeres. Mujeres del pueblo (…) que desgarraban sus ropas para empaparlas con kerosene y hacer antorchas para quemar el tren que osó quebrar el solemne silencio de la población en huelga. Mujeres que exhibieron el pecho descubierto a la balacera. Mujeres que con su extraordinario valor hicieron retroceder a los esbirros. Mujeres heroicas y abnegadas que, luego, en silencio y en sus hogares curaron heridas físicas y sintieron la grandeza gloriosa de haber protagonizado un episodio heroico y honroso”[6].

 

El Gobierno y los medios contra la huelga del ferrocarril

Como era de esperar, el poder ejecutivo llevó a cabo una amplia propaganda con el fin de deslegitimar la oposición obrera al “Plan Larkin”. Para el 2 de noviembre, se pudo leer en La Nación: “la huelga por tiempo indeterminado que la dirección de los gremios ferroviarios imponen al país en presunta defensa de la confición nacional de los ferrocarriles, de las conquistas sociales y económicas del personal (…) carece de la más absoluta justificación. Al respecto es deber del gobierno “llamar la atención de las presuntas razones invocadas configura una peligrosa simulación tras lo cual intereses ajenos al gremio y a la clase trabajadora, en general, intentan destruir la paz social, quebrantar la legalidad e impedir el bienestar de pueblo argentino en su totalidad”. Ese mismo día, el Ministerio de Obras y Servicios lanzó una de sus publicidades en la cual afirmaba que “el pueblo –dueño de los ferrocarriles- quiere que los ferroviarios anden bien. Para lograrlo, se hace necesario ir prescindiendo de 75000 agente sobrantes”[7].

Sin embargo, el discurso del Ministerio fue mostrando, según transcurrían los días, su faz conservadora. El 3 de noviembre declararon que “el gobierno actuará con todo vigor frente a quienes prendan utilizar el episodio (huelguístico) con fines de disolución social”.[8] Esta opinión fue compartida ampliamente por muchos sectores. Por ejemplo, Acción Coordinadora de Instituciones Empresarias Libres (ACIEL), consideraban que “el gobierno, con el empleo de seguridad y armadas, si fuese necesario, debe garantizar la libertad de trabajo”[9], a la vez que la Unión Industrial Argentina –U.I.A.- en un comunicado formulaba “una exhortación al gobierno para que no ceda ante la presión huelguística que intenta paralizar y encarecer la producción y engendrar el caos en el país”[10]. El punto cúlmine de estas ideas fueron reflejadas por la nota editorial del 3 de noviembre de La Nación: “es indudable que la huelga ferroviaria persigue un objetivo gremial (…). Es inevitable a esta altura recordar la distinción habitual entre el Estado patrono, persona de derecho privado y, hasta cierto punto, equivalente a los efectos prácticos a cualquier empresa pirvada, y el Estado soberano, titular del poder supremo (…) La huelga indefinida de los ferroviarios –acompañada por actividades terroristas- (…) tiende a lograr mediante la coacción que una política (…) sea cambiada”[11].

 

Entre la victoria y el desaliento

Un mes y medio de desgaste, y los trabajadores no pudieron ser doblegados. El 10 de diciembre, luego de conversaciones entre los gremios La Fraternidad, Unión Ferroviaria y el gobierno, éste debió dar un paso atrás en su pretensión privatizadora. Pese a todo, ocho talleres fueron cerrados, centenares de huelguistas continuaron judicializados y cerca de tres mil trabajadores fueron despedidos.

Aquí, en pleno albor de la década del ´60 arrancó el primer plan sistemático para desbandar la estructura ferroviaria nacional, pero solo por el movimiento de los trabajadores, sus familias e incluso pueblos enteros, se logró romper con esta ambición, que sin embargo, lograría completarse treinta años más tarde en pleno auge neoliberal.

 



[1] Schneider, A. (2005) Los compañeros: trabajadores, izquierda y peronismo (1955-1973). Buenos Aires: Imago Mundi Shneider. Pp. 171.
[2] Idem Schneider, A. Pp. 172-173.
[3]La Nación 5/11/1961
[4] Idem Schneider, A. Pp. 174
[5] Boletín de Huelga nº 16, 17 noviembre de 1961 en Op. Cit. Schneider, A. Pp. 178.
[6] Boletín de Huelga nª 117, 18 noviembre de 1961 en Op. Cit. Schneider, A. Pp. 176.
[7]La Nación 2/11/1961
[8] Clarín 3/11/1961
[9]La Nación 6/11/1961
[10] Clarín 2/11/1961
[11]La Nación 3/11/1961

Dale y dale, Sambara!

Sambara, esa fusión de instrumentos, sonidos y energías que suman mucho más que seis, despide un año de encuentros y música en el Marquee el 28 de noviembre a las 21hs. Antes de la grabación de su próximo disco, prometen una noche de rock y fiesta, y un invitado de lujo: Javier Malosetti.

Fotos: NosDigital

Casi no interesa que sea de madrugada, en realidad tannn tannn de madrugada no es, son las 10.00 de la mañana, ¡PARA CHE, PERO ES SÁBADO! Y ayer nos fuimos de fiesta. Casi no interesa el sueño, el bondi que tardó una eternidad, ni mis lentes negros encastrados a las ojeras. En realidad, me importaban hasta que llegué y me di cuenta que los que habíamos salido la noche anterior éramos varios. Es que Sambara por estos días anda articulando su tiempo entre ensayos, entrevistas, radios y la vida de jóvenes que el promedio de 22 años los invita a disfrutar.
Hace un tiempo los conocimos escaleras arriba en un bar de San Telmo y nos abofetearon con un torrente de energía que parecía rebotar en las paredes y regresar al escenario duplicada mientras viajaba entre el público, el agite y los globos para volver a entrar en los pibes por la boca del megáfono que hacia vibrar el ambiente.
Nada cambió. Volvemos a vernos y otra vez ellos, que son Sambara y que también son Federico Schujman en voz y guitarra acústica, Gabriel Kerman en guitarra y coros, Andrés Elijovich en piano eléctrico, guitarra y coros, Marcos Lorenzo en sintetizador y coros, Ariel Schujman en bajo y coros y Julián Malosetti en batería y percusión, vuelven a erizarnos la piel y a ponernos a cranear lo simbólico de su nombre, ese rey de la mitología hindú que se apropió de sus cuerpos en medio de un ejercicio vocal que los hacia cantar “Sambarabo, sambara esto, sambara algo,¡SAMBARA!” Claro, entendiste bien, primero jugando eligieron el nombre y después se enteraron lo que significaba cuando ya estaban entregados y poseídos por la música.
Es que ellos, arriba de las tablas se transforman y el show llega para recordarnos que lo que importa es el vivo, ¡Sí, importa estar vivos!, movernos, contagiarnos, cantar, gritar y participar del ritual que invita a ponernos máscaras mientras danzamos sin vergüenza casi escondidos tras el plástico coloreado que el hilo de oreja a oreja sostiene. Ya realmente no importan las ojeras ni las ganas de estar en la cama, estos pibes te obligan a moverte, cada vez más convencidos de que la invitación para el 28 de Noviembre en el Marquee promete una expansión de vibraciones desde el escenario hasta el ultimo del público. Sambara junto a Javier Malosetti como invitado de lujo cierra el año a lo grande. Mientras tanto, quedan algunos días para descontracturar el cuerpo y llegar dispuestos a sumarnos a una verdadera fiesta.

Fotorreportaje 8N – Lo que no pidieron

Este 8 de noviembre miles se manifestaron en contra del gobierno kichnerista. El grupo fue heterogéneo y las consignas también, pero el mensaje fue uno y no logró esquivarle al egoísmo. Porque pidieron por democracia, pero no por Julio López. Pidieron por seguridad, pero no por Luciano Arruga. Pidieron por libertad, pero no por los pueblos originarios desplazados de sus tierras. Pidieron por menos corrupción, pero no por Monsanto y la Barrick Gold.
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«Si le das bola a todo, necesitás un psicólogo»

Con apenas 22 años, Facundo Affranchino ya pasó dos veces por la cornisa de la Promoción, con River y San Martín. Eso parece haberle dado las herramientas suficientes para analizar un poco este ambiente. «Ahora se corre más de lo que se juega. Y, además, dejan ir a todos los jugadores desde las inferiores. Ya no hay tanto nivel en los jugadores porque se prioriza lo económico», dice. Su admiración por Ortega, Cappa y los Redondos. Y cómo bancó a Chichizola en su primer departamento a espaldas de su representante.


Facundo Affranchino esperaba sentando en un bar de las finas esquinas del barrio de Cañitas. Recién llegado de Ezeiza, con los músculos cansados y con ganas de una siesta, se guardó un rato de su tarde para reflexionar sobre su corta y agitada carrera. Un botín plateado y en miniatura colgaba de su cuello en forma de cadenita, alguna pulsera en su mano izquierda, otros dos aritos en las orejas y un anillo en mano derecha completaba un kit de accesorios que lo dejaba a tono con el barrio. Canchero y relajado pidió su agua con gas y afrontó al revuelto mundo River.

-¿Siempre jugaste de 8?
-No siempre. Jugué en todos los lugares del medio campo. Hasta de enganche. Es más, llegué a River como enganche, pero nunca pude jugar ahí. No la veía ni cuadrada en los entrenamientos.

-¿A qué edad llegaste a River?
-A los 14 años. Tuve muchos problemas para adaptarme. Incluso me volví a Paraná. Al principio era un paraíso, los primeros dos o tres meses, porque siempre fui hincha de River y era un sueño para mí. Mi vieja no quería dejarme ir de casa tan chico, pero cuando llegó la opción de River no pudo decirme nada. Salir de la pensión y ver el estadio era muy emocionante. Después empecé a extrañar mucho mi casa. Me dejaron ir para allá dos semanas, para que lo piense. Volví solo en unos días.

-¿Y en Paraná dónde jugabas?
-Salí de Toritos de Chiclana, un club de barrio muy chico de la ciudad. Empecé a los 5 años. Quiero mucho a Toritos, pero está muy mal. Ojalá algún día pueda ayudarlo, es un objetivo que tengo. Pero primero tengo que pensar en mi familia.

Recuerda a su familia cada dos reflexiones. Cuenta que con su primera guita les compró un auto a ellos para que puedan venirlo a ver más seguido. “Antes tenían una carreta que se les recalentaba cada una hora, lo necesitaban más que yo el coche.” Al toque piensa en River, su otra familia. Piensa en su futuro y sueña: “Me quiero quedar a vivir acá y ganar 50 campeonatos”. Aunque hasta ahora siempre le tocó bancar las paradas más caóticas.

-Te tocó jugar el partido del descenso…

Fotos: NosDigital

-Sí, Jota Jota me puso 7 minutos el primer partido de campeonato, no jugué más y me volvió a poner de titular contra Belgrano en el Monumental. Fue muy difícil. El técnico te pone y te saca cuando quiere y vos no sabés en qué está pensando. Fue lo peor que me pasó en la vida. Insoportable. No lo podía creer. Mucha tristeza porque no me lo esperaba. Además siempre me tocó jugar en los momentos difíciles. Jugué los últimos tres partidos del campeonato en el que salimos últimos. Me tocaron las complicadas y las afronté. Me dio mucha experiencia. Pero no hay que olvidarse de lo que pasó porque es una herida que no va a sanar nunca. No sé a quién le toca cargar la cruz del descenso, pero yo necesito tener revanchas. Tampoco sé a quién condena al hincha. Trato de no tener redes sociales y estar al tanto de todo el tiempo de todo porque si estás pendiente para jugar en Primera tenés que vivir con un psicólogo al lado. Fueron meses de luto.

-¿Qué confianza tenían en dar vuelta ese partido en esas circunstancias?
-En la semana previa al descenso pensábamos que lo íbamos a remontar. Me tenía toda la fe. Confiaba en que íbamos a quedar en la historia para bien. Cuando pasó todo caes y te das cuentas de un montón de cosas. Cuando empezamos en la B era todo muy raro. River, para el periodismo, es el Barcelona o es el peor equipo del mundo.

-¿No te molesta que siempre se justifique todo diciendo “River es River”?
-A veces, por ahí, que te lo digan tanto te molesta un poco, pero al fin y al cabo es así: hay que ganar en cualquier cancha. Que se guíe todo por los resultados jode cuando uno puede jugar bien y no consigue los resultados.

-¿Con qué técnico te sentiste mejor?
-Vos sacás algo bueno de todos, hasta de los que no te gustan como proponen el juego. A mí me gustaba jugar con Ángel Cappa porque me daba más libertad cuando tenía la pelota. Era buenísima la idea de juego, lamentablemente no la pudimos llevar a cabo. Fallamos. A mí me gusta jugar a tener la posesión de la pelota. Algunos no lo hacen porque no es su fuerte. El fútbol se mueve por resultados y cada uno va aspirar a ganar. No importa si bien o mal. Al único equipo que se le critica el modo es a River. Es un club grande.

-La promoción la tuviste que jugar dos veces consecutivas, ¿te pesó?
-Cuando me tocó jugar la promoción de vuelta en San Martín de San Juan pensaba “siempre lo mismo”, “por qué me tocará a mí”. Son cosas que pasan. Lo bueno es que no me fui a la B de nuevo. Fue muy distinto, igual. No soy hincha de San Martín. No tenía los mismos nervios, nada que ver. No era el mismo sentimiento. Pero por la gente de San Juan y por lo personal sabía que teníamos que ganarle a Rosario Central.

-¿Fue la primera vez que te asumiste como un trabajador fuera del fanatismo?
-En realidad, juego al fútbol porque me gusta. Más allá de la plata. Jugaría en cualquier club, menos en Boca, porque me va a gustar y voy a querer ganar. Son sentimientos que no van a cambiar nunca. A mí me encanta y nunca voy a querer perder. También lo tomo como un trabajo, pero sé que trabajo de lo que me gusta.

-¿Qué pasó con el River de los ´90?
-El fútbol en general de los noventa no existe más porque ahora se corre más de lo que se juega. Y, además, dejan ir a todos los jugadores desde las inferiores. Ya no hay tanto nivel en los jugadores. Se prioriza lo económico, los equipos traen jugadores más aguerridos y se pierde un poco el fútbol.

-¿Qué tipo de jugadores se perdieron?
-Tipos como mi ídolo, Pablo Aimar. Qué jugador. Me encanta. Una vez, la selección iba a jugar un partido en el Monumental antes de irse para el mundial del 2006 y pedí poder estar de alcanza pelotas para poder verlo de cerca. Cuando termina el partido me acerco para pedirle la camiseta. Pablo me miró y cuando se la estaba sacando viene una chica de la tribuna corriendo, lo abraza, se lo lleva para un costado y le saca la camiseta. Me quería matar. Por suerte, un amigo en común le contó la historia y me mandó su camiseta del Benfica. La tengo encuadrada en mi casa.

-¿Qué otros jugadores te inspiraron?
-El Burro Ortega. Pensar que lo miraba por la TV desde Paraná y después Jugué con él. Fue increíble. Disfrutaba de solo verlo caminar en los entrenamientos. Y en el vestuario era un gran tipo, un personaje, te hacía morir de risa. Además siempre fue muy cercano a los pibes de inferiores, muy humilde. Siempre hubo muy buena onda con él. Sabíamos que tenía un problema, pero nunca se me ocurrió juzgarlo. Conmigo fue un fenómeno y se portó de 10. Jugué bastante con él, con Cappa sobre todo. Siempre me retaba -se ríe-. Pero para bien, para atacar. Me pedía que encare. Cuando te hablan esos jugadores les hacés caso.

-¿Qué otra cosa te regaló el fútbol?
-En la pensión me hice muy amigo del Chichi -como le dice al arquero de River, Leandro Chichizola-. Éramos la banda de Quinteros con algunos más que se fueron yendo. Parábamos ahí en una esquina en la que había un quiosco. Para no mandar al frente a nadie, comíamos panchos nada más -se ríe-… La pasábamos bien. Con Chichi estuvimos juntos en la pensión mucho tiempo. Después cuando yo me fui a vivir solo, porque me habían hecho contrato, le pregunté a él si quería venir conmigo para que no se quede solo. Y estuvimos viviendo juntos un tiempo, hasta que a él le hicieron contrato también. Encima todo tuvo que ser a las espaldas de mi representante para que no le pida la mitad del alquiler y se pueda seguir quedando. Todavía no está blanqueado, nunca le dijimos nada a nadie. Me acuerdo que cada vez que venían los dueños de mi pase a casa tenía que ordenar todo y tenía que mandar a Chichi un rato al Shopping.

-¿Son raros los arqueros?
-Sí, por algo se visten diferente. Son medios locos o calentones o pavos. Te das cuenta al toque.

-¿Por fuera del fútbol qué disfrutás?
-Me gusta mucho el rock: los Redondos, Callejeros, La Renga, Los Piojos, La Vela Puerca. Voy mucho a verlos.

-¿El estudio o la lectura? ¿Nada?
-Lo último que leí fue el libro de Callejeros por el tema Cromañón. Muy fuerte. Y el colegio no me gustaba para nada. No pude terminarlo. Hasta el día de hoy me llaman del nocturno que abandoné para que vaya a rendir las materias. Se lo prometí a mi mamá, pero la veo difícil. Negocié con ella cambiarlo por un curso de inglés. Quiero aprender.

Dame pelota, pero que sea ovalada

Los mosquitos pican y pican si te quedás quieto. Por eso las chicas no lucen ni una roncha. Corren, chocan, empujan, patean, pasan, arengan y taclean ¿Cómo? Sí, no paran de taclear ¿Pero a qué juegan? Al rugby. ¿En serio? Claro: en una tarde súper soleada se disputa un torneo de rugby femenino en el club Daom de Buenos Aires, en el Bajo Flores porteño, donde cinco clubes (el propio Daom, SITAS, GEI, Alamafuerte y San Miguel) presentan sus planteles de chicas rugbiers para jugar y competir.

Fotos: NosDigital


Las primeras vistas son fuertes y extrañas, como suele pasar y chocar. “¡Uhh!”, grita en tono grave la nutrida platea que mira el torneo. Segundos antes, una morocha de mediana estatura, con los pelos al viento y los dientes apretados empezaba a correr por la banda derecha con la pelota entre su pecho y su brazo en lo que intentó ser un contrataque furioso. Miró una y dos veces para un costado, para ver si llegaba alguien. Lo supo antes de que suceda: al cabo de una corta carrera, una morruda mujer la cruzó en un topetazo que impactó la quietud del silencio. Un golpe neto, seco y atemorizante. En los instantes posteriores al “¡Uhh!” vuelve el silencio. Luego, sin más protocolos ni preámbulos la que demolió el intento de escapada le extiende la mano a la morocha interceptada. Se levantan y, sin más, siguen en lo suyo. Claro, están jugando. No hay más misterios ni dramas.
Con los ojos más tranquilos y entendidos, el ir y venir de los choques se convierte en un atractivo deporte. La destreza de la pegada de unas pocas, la fiereza en la defensa de otras tantas y la pericia en los pases de las organizadoras arman un cuadro verde de pasto y tierra que regala más de una emoción en una tarde donde la pasión taclea a más de un prejuicio.
Xoana Sosa es jugadora del club SITAS y la rompe toda jugando al rugby. Hasta para el menos entendido es fácil de comprender. Agarra la pelota y hace tries. Tan simple como real y vistoso. Juega en la selección. Ella dice que jugar en Las Pumas “es una responsabilidad muy grande para la que se prepara y se entrena mucho todos los días”. Dice, también, que “la vida de una rugbier es muy sacrificada“, pero que eso no es impedimento de nada porque “la mujer argentina es muy apasionada y no le importa que el rugby esté vinculado netamente con los hombres”. “Vivimos en una realidad muy machista y a la sociedad le cuesta mucho adaptarse a que la mujer juegue a lo que le gusta jugar.” “La pregunta para ellos siempre es: ¿Por qué no se puede? Si es un deporte más…”, increpa Xoana a los que las tratan de “machonas, gordas y tortilleras”. Ellas saben que esos fantasmas que las miran de reojo existen, pero también saben como tratarlos: “Uno lidia con lo que quiere lidiar. No nos preocupa lo que digan, por eso tratamos de hacer rugby para evitar entrar en esos prejuicios. No se debaten las cosas que tienen que ver con la vida de uno y que te apasionan con alguien que no conoce y tiene prejuicios al respecto. La subestimación a veces es grande pero a palabras necias, oídos sordos”.
Yamila Salinas, jugadora de DAOM, abraza a sus compañeras y cierra filas con la idea de un rugby plural y diverso: “Es un poco difícil romper con los prejuicios sociales que dicen que una chica que juega al rugby es rara”. Sin embargo, la actividad crece todos los días y las chicas que quieren disfrutar el deporte cada vez son más. “La idea es que vengan y prueben para que conozcan de qué se trata y no se dejen llevar por lo que se dice de afuera: de a poco tenemos que ir rompiendo barreras.” ¿Y los golpes? “No pasa nada, al principio te da un poquito de miedo, pero después una se entrena para resistir el contacto y el miedo se va”, dice la morocha despampanante de DAOM ¿Y por qué el rugby? “Por esa sensación hermosa de ir siempre para adelante, de ser valiente. Es lo que más me motiva dentro de la cancha y trato de aplicarlo en todos los aspectos de la vida.” Yamila se va con su equipo, están por entrar a jugar y se la ve con una sonrisa que deja contar todos sus dientes. Viene su parte favorita: “La arenga previa a los partidos es lo más lindo que hay, me emociona escuchar a mis compañeras”.
Los equipos entran y salen de la cancha. La tarde es la misma y el deporte también. Las camisetas van y vienen. Compiten y se divierten. El árbitro siempre es el mismo. Error. La árbitra siempre es la misma: Jorgelina Ávalos. “En el 2008 empecé a hacer el curso de referato de rugby porque quería meterme adentro de una cancha. El deporte lo conocía desde lo teórico porque soy periodista deportiva. Con todos mis temores fui por ello.” Vestida completamente de negro y con el pelo atado por una colita corre permanentemente y no se pierde una sola jugada. Pita con fuerza y decisión y marca los tiempos de los partidos. Lejos de un estilo cercano al de Javier Castrilli mantiene diálogo con las jugadoras y les pregunta si se encuentran bien después de los golpes fuertes. Jorgelina recuerda el día que se anotó en el curso de referís: “Cuando hice el curso me miraban medio raro, como diciendo qué hace esta acá. Es más, cuando llamé para inscribirme el muchacho que me atendió me preguntó ‘¿para quién estás averiguando?’ ‘¡Para mí!’, le dije. Fueron segundos de silencio. ‘Perdón, ¿no se puede?’, le pregunté. Y ahí me dijeron que sí, pero les resultaba medio rarito. No estaban preparados”.
Afuera de la cancha quedan los hombres. Los que miran atónitos y los que saben –sabemos- disfrutar. Pero también están los que son parte: los DT´s. Martín Palmieri es el técnico del quipo de chicas del Club Almafuerte, de Ciudad Evita. Recuerda que el rugby femenino arrancó hace 25 años y que durante mucho tiempo los clubes fueron “muy reacios” y que “no les abrieron la puerta al deporte” por “una cuestión cultural, de machismo”. “Las instituciones no lo veían como una posibilidad, entonces, las chicas no se acercaban porque no se generaba el espacio”, explica. Martín dice que “en cuanto se abrió el espacio”, hace unos cinco años, los torneos paralelos se empezaron a copar de chicas. Recién tres años después de esa explosión, en el 2009, la URBA tomó la decisión de generar torneos y campeonatos oficiales. “Ahí sí se desarrolló muchísimo”, dice el DT. “La URBA tardó un poco en aceptarlo, hay una estructura bastante difícil de romper con las cosas que no están previstas como el rugby femenino.” Lo que terminó de definir la decisión, cuentan, es que ante la posibilidad de que el rugby se vuelva deporte olímpico se necesitaba sí o sí equipos de hombres y mujeres. De todas maneras, Martín sabe que “la discriminación y la burla hacia las chicas rugbiers no está superada”, pero sabe que a partir de la continuidad de la actividad está “prácticamente aceptado” por todos. “En nuestro club nos respetan y nos apoyan, pero no puedo decir que en otros clubes sea igual”, asegura. Respecto al elitismo del deporte, Martín dice: “A partir de la explosión de los Pumas los clubes abrieron la cabeza y se decidieron a trabajar con todos los que llegaban. Económicamente apoyan mucho los clubes, antes era muy caro participar. Se popularizó y mucha gente se entusiasmó. Los clubes de elite son cada vez menos.”
El sol cae, pero los mosquitos siguen picando. El juego se termina. Las chicas se saludan y se abrazan. Una vez más dieron una lección más allá de la pelota ovalada. Juego, pasión y diversidad. Eso es el rugby de mujeres.
Se viene la fiesta, se viene el tercer tiempo… ¿Y ahora, dónde están los hombres que se negaban?

El pesado manual del cambio

En Neuquén se inaugura un nuevo plan para conseguir energía. Hace un tiempo habían ofrecido un proyecto con objetivo similar. Las empresas gurú GeothermalOne (canadiense) y EarthHeat (australiana) construirían una planta en Copahue cuya producción permitiría abastecer de recursos a otras entidades privadas. Aquí, una historia donde todo huele mal.
¿Quiénes deciden sobre un pueblo? ¿El representante de la comunidad, la comunidad o las empresas?
¿Qué sentido tiene la democracia representativa si las decisiones del representante no representan el deseo de los votantes?
¿Es un problema semántico o práctico?
¿Nos cagaron?
¿Decidimos una vez cada cuatro años?
¿De quiénes son los recursos naturales? ¿De todos, de nadie o de capitales extranjeros?
¿De quién es la vida?
Un nuevo proyecto de energía geotérmica fue anunciado con pitos y matracas en la provincia de Neuquén como otra escalada hacia el horizonte del progreso. Las empresas gurú GeothermalOne (canadiense) y EarthHeat (australiana) construirían una planta en Copahue cuya producción permitiría – según la panacea de publicidad y promesas- abastecer de electricidad al emprendimiento minero Xstrata (Suiza) y a la empresa Loma Negra en la otra punta del país.
El gobierno provincial se encargó de anunciar que el emprendimiento ya tenía financista: el 70% del financiamiento del proyecto vendría de parte del Banco Interamericano de Desarrollo.
Cuando los anuncios, los vecinos tuvieron un dejavú: “en Copahue ya hubo una experiencia que generaba poca energía y luego fracasó y la dejaron abandonada”, cuentan. Saben de lo que hablan: aquél emprendimiento no les dejó ni las migas.
Pero esta vez la planta sería mucho más grande. Tanto, que abastecería a otros proyectos de otras provincias. Tanto, que al dejavú del fracaso anterior le siguieron algunas preguntas: ¿Qué tan grande? ¿Por qué? ¿Qué impacto podría tener un emprendimiento de esta magnitud? El grito de las distintas asambleas ambientales del sur del país se personificó en un abogado, Christian Hendrickse, vecino de Loncopué (ver «Mina linda, mina fea») que acercó algunas respuestas: “Desde el punto de vista ambiental hay cuestionamientos porque ha habido experiencias que han generado efectos ambientales en Chile y en Suiza”, dice a Nosdigital. La carta de presentación misma de la planta energética no tiene resuelto el tema de la sustentabilidad: prevé un período de explotación de 20 años en el que iría adecuando las acciones necesarias para “restablecer el equilibrio y reducir el índice a valores normales”. Mientras, razonan los vecinos, “se probará sobre la sostenibilidad de nuestros recursos, se arriesgará su estado y condición”.
El problema de la afección ambiental llega hasta la flamante Ley de Glaciares que protege a las zonas con esas formaciones. Para la aplicación de la ley –tan esperada en toda la región- resta completar el censo que determine las cadenas de glaciares: “Falta que se sepa si es zona periglaciar o no”, dice sobre Copahue, atajando otro pelotazo del saquero energético.
Pero esa no es toda parte del problema. La zona de Caviahue-Copahue es eminentemente turística: en invierno promueven actividades de esquí y durante el verano cuentan con termas de agua caliente naturales. La conversión de Copahue a un perfil industrial está mal vista en ese sentido, sobre todo si lo que debe intervenirse para el caso son los propios recursos naturales que se usufructúan para el turismo.Los propios habitantes han aceptado que la propia actividad turística, el desarrollo urbano y el crecimiento demográfico han alterado el estado de la naturalidad; sin embargo, aclaran que éstos “propiciaron los beneficios económicos y socioculturales de la comunidad, e incluso mejoraron la situación de los recursos naturales a partir e la optimización de su aprovechamiento, puesta en valor, creación de normativa que regula su utilización y propicia la conservación”. En este marco plantean que una actividad extractiva es nada compatible con el perfil y el desarrollo de la localidad.
Hasta aquí tenemos razones que demuestran un antecedente fracasado, una ley incumplida, sustentabilidad ambiental no comprobada y el respeto al espíritu y la economía del lugar que es el turismo.
Ante las voces que hablan de “progreso”, la comunidad clama: “La comunidad es consciente de que el progreso apareja cambios y riesgos, pero también tiene el derecho de definir socialmente cuales son los niveles y tipos de impactos económicos, sociales y ambientales aceptables”.
Ante quienes justifican el proyecto como posibilidad de fuentes de trabajo, la comunidad informa: “si analizamos el caso de la geotermia en Caviahue – Copahue, podemos ver que no generará puestos laborales, ya que las perforaciones requieren de mano de obra especializada que se traerá de afuera. Una vez en funcionamiento, las plantas requieren de muy poco personal, ya que la mayoría de estas plantas tiene las funciones computarizadas”.
En casos como éstos, las formas de contrarrestar el aparato publicitario provincial (“la provincia lo muestra como un éxito”, relata Hendrikse) y las promesas que generan sobre los mismos habitantes es con información clara y certera. En otros, en momentos decisivos o cuando se acaba el tiempo, hay que actuar de manera directa.
Eso hizo Hendrickse junto al lonko de una comunidad mapuche de la zona Caviahue-Copahue que tiene otros argumentos por el cual no quiere que se instale el proyecto geotérmico: el volcán Pillán. “Para los mapuches es un ser: pillán es la misma palabra que espíritu. Ellos creen que la naturaleza envía sus señales, y casualmente o no este último año tuvo erupciones, estuvo largando cenizas y humo y dicen que es porque se siente amenazado”, transmite el abogado Hendrickse.
¿Cómo se canalizan estos argumentos que remiten a una esencia, a una cuestión espiritual en un sistema que ni siquiera la información ni la opinión de los vecinos es tenida en cuenta?
Hendrickse: “Nosotros vimos que en el proyecto el punto débil era el financiamiento. La empresa que adquirió la concesión le pidió al Banco Interamericano de Desarrollo que le financie el 70% (157 millones aproximadamente). Y el BID está dentro de la Organización de Estados Americanos que tiene que respetar la carta de derechos humanos y el acta de San José de Costa Rica emitidas por la Corte Interamericana. La Corte había dicho que la elección de los pueblos originarios no sólo debe entenderse como material sino como espiritual, y los estados deben respetar. El BID tiene además una normativa de estrategias de desarrollo donde proponen el consenso de las comunidades”, asegura.
Pero el BID, ¿estaría enterado de todo este asunto de Copahue?
Encontrado el vericueto burocrático al reclamo espiritual, el lonko de la comunidad viajó junto a Hendrickse para plantarse en la puerta del BID en Capital. Lograron ser atendidos: “Les dejamos la información y nos aclararon que para que se apruebe el proyecto todavía faltan muchos pasos, faltan muchos estudios y que iban a tener en cuenta la opinión de los pueblos indígenas. La posibilidad de ese financiamiento se cayó”, asegura Hendrickse.
Tras estos logros relativos, hoy llaman a “seguir atentos” y redoblar la apuesta informativa y concreta ante cada intento de avance del proyecto geotérmico. Ante la defensa del modelo turístico, la información que desmiente el supuesto “progreso”, las sospechas de impacto ambiental y el desmoronamiento del principal financista del emprendimiento, los vecinos de Loncopué siguen tapando agujeros de escape: con notas que salieron en distintos medios enviaron a los agentes de bolsa australianos – donde opera la asociación de estas companías- “para que tengan la información de lo que está pasando, que sepan dónde van a poner el dinero y que hay riesgos porque vamos a estar nosotros oponiéndonos”.

Adiós al muro de la verdad

Se trata de una pared que pertenecía a la estructura de un ex Centro Clandestino de Detención de la última dictadura, ubicado en la localidad cordobesa Pilar. La misma era una prueba fundamental para juicios aún no resueltos relacionados a víctimas del Terrorismo de Estado, pero ya no está. El intendente por la UCR, Diego Bechis, ordenó un violento desalojo de una familia que vivía hace veinte años en un predio contiguo al muro, y en medio del miedo, la impunidad destruyó esta prueba histórica.

Hace pocos días, el viernes 19 de octubre, el intendente de la localidad cordobesa Pilar, Diego Bechis, ordenó un violento desalojo que tuvo como protagonistas estelares a policías y gendarmes que “debían sacar a una familia que estaba ocupando un predio”, según el pedido explícito de Bechis. El predio en cuestión está exactamente al lado del ex Centro Clandestino de Detención y Tortura conocido como Puesto Caminero de Pilar, así surge un segundo conflicto: por orden del intendente, perteneciente a la Unión Cívica Radical, los empleados municipales demolieron la única pared que quedaba como señalización de que en Pilar funcionó un Centro Clandestino de Detención durante la última dictadura militar. Es decir, acabaron con una contundente prueba histórica.
El Puesto Caminero de Pilar estaba ubicado en la Ruta nacional 9 y es reconocido, hoy, como un espacio de memoria por el Archivo Nacional de la Memoria, por la Comisión de Memoria de Córdoba y por el propio Municipio de Pilar. Qué ironía. El edificio en sí fue demolido hace varios años, por eso en su lugar como símbolo había quedado en pie un muro y una plaza que se transformaron en un espacio de reflexión viva. El muro no tenía ninguna relación física ni legal con la casa del desalojo, pero la impunidad y la inoperancia de las fuerzas de seguridad lo destruyeron.
Más allá del valor histórico del lugar, ya que era la ubicación exacta en donde se cometieron delitos de lesa humanidad que todavía no fueron juzgados, cuya desaparición afectará a los procesos judiciales relacionados a la última dictadura, se cuela la situación de la familia desalojada por orden del juzgado de Río Segundo. Vivían hace más de veinte años en ese lugar y no se les respetó su derecho a la vivienda al desconocer que tienen en proceso un juicio por usucapión de la casa, por la cantidad de años que llevan manteniendo su hogar allí. Pero las irregularidades siguieron, porque los vecinos que intentaron detener esa maniobra inescrupulosa fueron amenazados. Sí, los amenazaron por defender un sitio histórico para los derechos humanos argentinos.
La organización H.I.J.O.S, en especial la rama que radica en la provincia de Córdoba, tomó la causa y a través de un comunicado catalogó al accionar del municipio de Pilar como “ilegal y violatorio de los derechos humanos”, al mismo tiempo que exigieron “la inmediata preservación del lugar de memoria y el inmediato esclarecimiento de los hechos”.
Dos días después del vergonzoso desalojo, y ante diferentes denuncias públicas, el secretario de Gobierno admitió ante unos 40 vecinos autoconvocados a la Municipalidad que «había sido un error». Sin embargo, a la noche salió en la televisión provincial diciendo exactamente lo contrario, hasta se animó a aclarar que habían utilizado los servicios de un “antropólogo forense» en la destrucción del sitio. Los vecinos de Pilar están movilizados y quieren visibilizar el autoritarismo violatorio de las normas jurídicas y humanas que impone el intendente Bechis, por eso realizarán diferentes marchas durante las primeras semanas de noviembre.

La adultez perdida

Quieren eskavio. Quieren drogas. Quieren porros. Quieren sexo. Quieren -perdón y en realidad- sexo sin forros. Quieren pibas embarazadas a los dieciséis años. Quieren que esas pibas, después, no puedan abortar. Quieren analfabetos. Quieren que no lean. Quieren que no participen. Quieren que no hablen. Quieren que no escuchen.

Quieren que, de una puta vez, y por favor, y pará, dejen de romperle los huevos con un mensaje que puede tener dos lecturas: decir pavadas o decir a viva voz que la vida de la mayoría sirve para hacer morcillas de mala calidad.
Pero eso que quieren no está: aunque exista, no es lo central, no es el eje.

Nadie sabe bien si hacer de esto una afirmación o una pregunta: ¿qué carajo quiere esta sociedad de los pibes?

Algunos de los colegios secundarios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires estuvieron tomados durante los últimos tiempos. A favor o en contra de los pensamientos y de los reclamos, la manifestación que han librado exhibió una ventana que antes no estaba, pero que venía madurando en los últimos años: la discusión fue con categoría, con una seriedad que incluyó un amplio crecimiento en la capacidad de generar un discurso, con una tremenda altura para tener un mano a mano con el ministro de Eduación porteño Esteban Bullrich, con un entendimiento de cómo manejar a los medios de comunicación (desde el cachivachón de Eduardo Feinmann, a quien ya no tiene sentido agigantar, hasta aquellos que alguna vez difamaron estas actividades), con una amplia vocación por tener el control de acciones internas que, justamente, busca que quede en claro que ahí se estudia, que ahí se piensa, que no hay alcohol, que hay seriedad: en definitiva, con grandeza para amplificar el desarrollo intelectual.

Lejos del amaterurismo y del factor adolescente, centenares de pibes hicieron lo de siempre con más experiencia y más grandeza: le metieron una voz a esta sociedad que siente cada uno de esos reclamos como un gran grano en el culo.
En el medio, para mencionarlos, para que no se sientan solos, las ratas de siempre, los opinadores profesionales de siempre, los habladores de la vida, los (verdaderos) nadies volvieron a hacer todas las calificaciones del primer párrafo, asimilando en las lenguas un discurso reaccionario, cerrado y vacío centrado en una palabra mucho más que insólita para una sociedad que no se respeta entre sí y que tiene una fuerte tendencia a cagarse en sus compañeros de trabajo, de vida y demás: «Esos pibes son vagos».

Y vale la pena la aclaración de quiénes son las ratas: tal como lo mencionó el cantante de Sumo, Luca Prodán, cuando llegó a Argentina: «Este país se divide entre jóvenes o reaccionarios»; tal como lo explicó el entrenador de fútbol Ángel Cappa, que dejó en claro últimamente que se siente joven porque sigue siendo alguien que piensa y alguien que imagina y alguien que crea, y es viejo no al que le pasan los años sino las vocaciones.

Más de un psicoanalista podrá analizar qué le pasa a esta sociedad que busca el morbo donde no la hay. Más de un sociólogo podrá explicar por qué se busca desautorizar a los pibes con elementos de la vida cotidiana que no responden a las ideas ni al juego político: el sexo no es de derecha ni de izquierda ni de centro, pero, a veces, el microfascismo lo usa como si fuera un pecado. Más de alguno, en definitiva, podrá reflexionar, alguna vez, sobre esa pasión por lo perverso para defender, justamente, lo perverso: decir vagos a estudiantes en vez de a funcionarios que, ideológicamente, dejan que los techos se vengan abajo.

A lo largo del tiempo, la juventud, de la que forma parte este medio de comunicación que escribe esta editorial, fue bastardeada por sus manifestaciones de algo distinto. Pero hay algo bueno dentro de todo esto. Han pasado diez, ocho, cinco y dos años y hay algo que varió y algo que no: los pibes se intelectualizaron y mejoraron su capacidad política, los adultos no.

Bienvenidos, soretes: son la adultez perdida.

El chivo expiatorio

A Néstor Quiroz y a Gustavo Gilardi se los acusa de haber asesinado a un dirigente del club Maccabi. Quienes lo investigan son los mismos que trabajaron en el caso Candela. Están detenidos. Tienen en contra a la justicia y a los medios de comunicación que compraron el invento de una causa en la que nadie quiere ver las contrapruebas de unas cámaras de seguridad, las voces de algunos testigos y una chance tremenda: la de utilizar a estos dos personajes porque uno tenía antecedentes penales.
¡Este! Gustavo Gilardi. Tiene antecedentes penales. Hace poco le quisimos meter otra causa y no salió. Caco de mierda. Hacé una cosa: cuando te pregunten los diarios, metele que tiene antecedentes de homicidio. Más: “Ambos tienen antecedentes por piratería del asfalto, robo calificado y homicidio”. Así, tal cual. Hey, “podrían haber tenido en otra oportunidad relación con la empresa de Agesta”. ¿Ta? ¿Te vas a acordar? ¡Pará! Decíselo y que quede medio en duda. ¡Vení! Ya sabés: con cara de culo decilo, así no preguntan más. Che, esto lo va a decir Polo: “Podrían haber tenido en otra oportunidad relación con la empresa de Agesta”. 120 mil pesos tenía Rosujovsky, ¡eh! No salgamos a decir cada uno la suya… todavía. Después vemos si lo bajamos. 35 mil.
Clarín nos cuenta qué pasó… para que nos enteremos todos: “Había parado en un semáforo que tarda un minuto y medio en cambiar las luces. En ese momento, al menos dos ladrones armados le cruzaron otro auto y le apuntaron. El ingeniero Claudio Rosujovsky (44), bajó de su Volkswagen Vento. Según un testigo, parecía nervioso y desconcertado. Tropezó. Y aunque no se había resistido, le dispararon igual, a sangre fría. Recibió el tiro en la espalda y quedó tendido en la vereda mientras los ladrones se subieron al Vento y arrancaron a toda velocidad. Cuando la ambulancia llegó, el ingeniero ya estaba muerto”.
Si las órdenes salieron del fiscal Daniel Moccia, de la Unidad Fiscal de Investigaciones Nº23 de Malvinas Argentinas, o del Superintendente de la Zona Norte, Salvador Baratta, del entonces jefe de la Bonaerense, Daniel Salcedo, del jefe de calle de Villa Tessey, Roberto Rufino Miranda, o del más allá, no sé, pero sí siguió así, textual:
Baratta: «Estas son las dos personas que estuvieron en el lugar del crimen. Fuimos a buscarlos y los encontramos. Esto era lo primero que queríamos resolver, para que no se escaparan. Ahora seguiremos más tranquilos la línea de la investigación que tenemos. Hay otras personas relacionadas, pero de ellas nos vamos a ocupar de ahora en adelante, cuando ya están detenidos los principales sospechosos».
Rápido, muy rápido, rapidísimo, el jefe de la Bonaerense, Daniel Salcedo salió a declarar: «Ya está debidamente identificado y sería inminente su detención». Y así fue. A los 10 días lo tuvieron que liberar.
Leonardo Szuchet, abogado de la familia de la víctima, Claudio Rosujovsky: «No tenemos más que palabras de agradecimiento por la manera en la que se está investigando el caso. A la prensa también, que ha tratado el tema con mucho respeto».
Así lo respetó Clarín a él: “Claudio Rosujovsky vivía en el barrio de Palermo y soñaba con tener su casa de fin de semana en San Miguel. Trabajaba supervisando obras en Capital Federal. Desde hace tres años era dirigente de Macabi y acababa de ser reelecto para formar parte de la actual conducción. Tenía esposa y tres hijos: dos nenas de 7 y 9 años, y un varón de 12”.
Así nos respetaron todos a nosotros: Néstor Quiroz y Gustavo Gilardi teníamos armas, un CD de música hebrea escrito de puño y letra por la víctima del crimen. Y teníamos antecedentes por piratería del asfalto, robo calificado y homicidio, y ahora este: homicidio criminis causae. Y La Nación: “Aparentemente estaban en el auto del ingeniero cuando fue asesinado”. Mientras que Clarín: “Escuchó el ruido de los patrulleros y se levantó de la cama. Abrió la puerta e intentó escapar corriendo, pero apenas recorrió 50 metros hasta que los policías lo atraparon. Quedó tirado con la cara en el asfalto y las manos en la espalda, desnudo, como se había ido a dormir. Este hombre, junto a un cómplice, fue detenido ayer acusado del crimen del directivo del club Macabi, el ingeniero Claudio Rosujovsky (44), asesinado el viernes pasado en el partido de San Miguel”. ¿¿¿Y EL AUTO???
Bua. No. No era así. La policía de la Comisaría 8va de Villa Tessey, Hurlingam, encontraron el auto de Rosujovsky a 15 cuadras de lo de Gilardi, que tenía antecedentes penales. Suficiente. Ya le habían intentado armar otra causa de la que fue sobreseído. Miranda, el jefe de calle, el que le armó esa causa, trasladó el auto al destacamento sin buscar testigos.
¿Y las raquetas? Las había comprado Gilardi para sus hijos. Nunca nadie hizo un análisis de ADN para comprobar que las hubiera usado Rosujovsky. Los familiares no las reconocieron. ¿Y las armas? ¿Y el CD? Solo dos mentiras.
Tampoco a Candela y a los Pomar los había chupado un OVNI, ni se habían escondido en la casa de la tía Polola, sino que los “buscó” Paulo Starc, el entonces sub secretario de Investigaciones Complejas. Bua. El mismo que parece que era testaferro de Alfredo Yabrán. Bua. Starc fue el encargado de las pesquisas. ¿Y Candela? Con Candela Rodríguez, el año pasado, también quisieron meter preso a cualquiera. 1600 policías, dos helicópteros, 143 patrulleros, Scioli, las cámaras de televisión y un torturado. Todo eso para que todos los detenidos fueran liberados porque la investigación era un buzón, un cachivache.
¿Y el torturado? ¿Qué, sabías de la supuesta actividad sexual de Candela, pero no que Alberto Espíndola denunció que en la Comisaría 2da de Villa Tessey le hicieron un submarino seco para que aceptara incriminar a tres personas? Bueno, la 2da y la 8va están más cerca que la casa de Gilardi del auto que encontró Miranda. Y tienen mucha más onda.
Mientras a Rosujovsky lo fusilaban por la espalda, Gilardi dormía. Dice desde la U9, de La Plata:
-La noche anterior peleaba la Tigresa Acuña y fui a verla pelear con un amigo a su casa, la pelea comenzó a las 22. Y terminó a la una de la madrugada el día 5 de diciembre. Luego con mi amigo Gabriel y Daniel nos fuimos a un cabaret por la zona de Liniers, a las 2.30, aproximadamente, nos quedamos sin dinero y decidimos ir a buscar a la casa de Daniel, pasamos por el peaje de Haedo con mi auto, volvimos al cabaret y a la salida tipo 6.30 regresamos a nuestros domicilios y volvimos a pasar por el mismo peaje, esto queda registrado por las cámaras de dicho peaje, pero el fiscal de la causa omitió que se presente esta prueba. Los mismos policías que llevaron a cabo la investigación son los que intervinieron en el Caso Candela, todos están bajo sospecha de integrar una banda de narcotráfico y se dedican a plantar pruebas actuando sin escrúpulos para esclarecer este tipo de casos de difusión mediática, junto el Poder Político y Judicial, solucionan todos estos hechos al transcurrir 48 horas, y quieren demostrar a la sociedad lo eficientes que son brindando seguridad ante el pedido del pueblo de justicia, pero la realidad de todo esto es que son corruptos y mienten a todos encarcelando y condenando de por vida a personas inocentes. Esto tiene que tomar estado público, estoy pidiendo a gritos que se sepa la verdad, es por eso que Lucharé hasta las últimas consecuencias.
Yo morí en la cárcel, culpable. Cáncer de pulmón… Ya no puedo hablar. Él sí, desde su perpetua. Sigue hablando él… para que hablemos todos:
-El doctor Marco Persichini, juez de Garantía N°6 de San Martín, nunca investigó con la seriedad necesaria que debe tener tamaño delito, y con total impunidad omitió prueba y permitió que ocurran irregularidades de todo tipo, como si se hubiese matado a uno perro, y aquí se asesinó a una persona. De esta forma, cometió el delito de prevaricato, pero en la Justicia se tapan entre ellos. No les importa quién muera, con tal de que nada perturbe su jurisdicción… Señores, el motivo que me impulsa a tomar esta decisión es que estoy desesperado con la connivencia que hubo en esta causa, armada por la policía de San Miguel y la fiscalía en mención, avalados por el poder judicial, ante todo la injusticia que vengo sufriendo por haber sido condenado de por vida por un delito que no cometí, del que ni siquiera participé. Sumarle a esto el estado de indefensión que sufrí en este proceso ocultando todas las pruebas que me desincriminan… A su ves, poner en conocimiento a la familia Rosujovsky de que su familiar no descansa en paz porque los presos son inocentes y los verdaderos culpables, asesinos, están libres. Esa farsa que se llevó a cabo en el juicio oral ha sido una mentira. Pido encarecidamente que se sepa la verdad para que todos los corruptos que intervinieron en esta intervención, en esta farsa, vayan presos junto con todos sus cómplices.

Pinceles de mujer para volar alto

En la Galería NES (No estamos solas), hay dos artistas que en un entramado de colores se animaron a volar juntas. Los pinceles-alas son los de Marta Badano y Alejandra Chacón, que exponen “Vuelos y tramas” hasta el 7 de noviembre. Entre las paredes enfrentadas, infinitos puentes de diálogo entre estas dos mujeres que hacen y piensan el arte.

Hay en pleno microcentro, entre bares llenos de medialunas de manteca y maletines apurados que no dejan de mirar la hora, un rincón escondido donde los ojos pueden escapar de la vorágine y descansar un rato. Porque en Galería Nes, detrás de una puerta vidriada y hasta el 7 de noviembre, se expone Vuelos y tramas, muestra conjunta que reúne las obras de Marta Badano y Alejandra Chacón. Nos acercamos hasta la galería para compartir un recorrido por la exposición junto a sus hacedoras y conversar acerca de las obras expuestas, las posibilidades del arte abstracto, la importancia de mostrar el propio trabajo y la dificultad de ingresar en el circuito del arte.

Fotos: NosDigital

La galería es pequeña. Apenas dos paredes inmaculadamente blancas, una frente a la otra, y un panel negro al fondo son el soporte desnudo sobre el que los colores estallan. A esta hora del mediodía, mientras los oficinistas mastican apresurados algún sándwich de esquina y las motos dejan surcos en el asfalto de la ciudad, el espacio está casi vacío, y así sugiere una intimidad naranja en la que nos sumergimos gustosas. Sobre las paredes laterales, las obras de Marta y de Alejandra están enfrentadas. Ellas, en cambio, eligen exponer juntas hace varios años y creen haber encontrado una fórmula que funciona. Aunque indiscutiblemente diferentes, mi primera sensación es que sus producciones armonizan en un equilibrio frágil, en el que los contrastes evidentes destacan las cualidades propias de cada una.

Nos invitan un vaso de gaseosa fría, perfecto para despertar de un cachetazo la percepción adormecida en un día tan húmedo y pesado como hoy. Y entonces, sentidos alerta, comienza la visita. Alejandra nos pasea por las series en las que trabajó este año, en un sendero que parte de lo casi puramente abstracto y poco a poco incorpora retazos de figuración. Dice que la elección por lo abstracto surgió a partir de una situación personal muy dura, en la que el arte fue salvador. La tristeza profunda que la invadía, y lo cuenta con una sonrisa que se le insinúa apenas sobre el borde de los ojos, sorpresivamente se transformó sobre la obra en un estallido de color y de energía, en un deseo intenso de aferrarse a la vida. Luego, poco a poco, “los ánimos se fueron serenando, y entonces empecé con lo más sereno, más dibujo, más figurativo”.

Hay en todas sus obras una pregnancia de formas circulares. “A mí, como imagen, desde lo técnico, el círculo me encanta. He hecho muchas series con círculos. Y después trato de entender qué me pasa en la cabeza para llegar a esa necesidad de siempre estar dando vueltas alrededor de eso.” Entonces Alejandra arriesga una interpretación acerca de lo que esa forma representa, y con voz honda afirma que la vida entera puede inscribirse bajo la línea equilibrada del círculo. “Me da la sensación del inicio, del inicio del universo, de la naturaleza y de uno mismo también. La cosa de lo circular para mí tiene sentido desde lo filosófico y desde lo visual. En cierta medida así es la vida. Uno inicia, da una vuelta y vuelve.” Así, la artista nos invita a recorrer su mundo de círculos, en los que tímidamente al principio y con más ímpetu después comienzan a esbozarse algunas formas orgánicas. Es una vuelta a la figuración, sí, pero a una figuración diferente. “Cuando uno vuelve, vuelve distinto, porque ya pasó por otras experiencias, en el arte y en la vida.” En este sentido, sostiene, la obra también tiene que ser (y es) siempre un diálogo con uno mismo. Se ríe cuando dice que ver sus propias obras es para ella como mirar fotografías: “porque es así, vos las ves y te acordás de todo lo que te estaba pasando en ese momento”.
En la pared de enfrente, contrastando con las líneas precisas y la geometría equilibrada, el color explota en pinceladas densas que dejan huellas hondas sobre la tela. Se trata, es evidente, de dos modos muy diferentes de trabajar. Si Alejandra teje y arma redes partiendo de la hoja en blanco, Marta se deja seducir por lo que los primeros colores desplegados le sugieren. “Hay alguien, que fue mi maestro, que siempre dice: ‘primero la pasión, después la reflexión’. Entonces yo primero meto pintura, me dejo llevar por la pincelada y por el color, que es lo que más me gusta. Y después empiezo a ver qué cosas quiero destacar, qué formas me gustan, qué me sugieren esas pinceladas y ese color, si bien uno no busca una forma concreta, porque acá no hay nada conocido, nada figurativo.” Y aunque es cierto que aquí no hay figuración, que son más bien pinceladas de color puro que se funden en formas corpóreas y desconocidas, frente a mis ojos de pronto las alas de un pájaro se abren con violencia, o un perfil asoma desde las profundidades de un azul abismal. Marta se ríe cuando lo comento, y la suya es una risa explosiva, llena de peces, una risa que bien podría plasmarse en una de sus telas. Me dice que claro, que cada uno le pone a la obra su pensamiento, su sensibilidad y su propia mirada. “Pero cuando yo trabajo no estoy pensando en lo que estoy haciendo, es inconsciente puro, lo que tengo adentro y sale, solamente me dejo llevar.”
Lo cierto es que hoy Marta encontró una imagen propia, y lo dice con un orgullo que se le prende en los ojos como una pincelada viva. La búsqueda fue dura. Ella es docente de arte, y cuenta que le costaba comprender por qué lograba con sus alumnos cosas maravillosas que luego no podía plasmar en su propia obra. “Trabajar con el alumno es un desligarse, porque vos estás trabajando pero el trabajo no es tuyo, es de él, entonces el que se hace cargo es él. Y cuando yo me ponía a pintar por mi cuenta y estaba llegando a la obra, cuando ya estaba llegando a mi imagen, largaba. Me boicoteaba a mí misma porque me asustaba. No me atrevía a mostrarme. Porque esto es mostrarte a vos: esto sos vos, es una parte tuya.”
Mostrar, entonces. Y mostrarse. Veo una puerta que se abre y la atravieso. Las dos coinciden en que construir una imagen propia y animarse a exponerla ante ojos ajenos es un proceso largo y dificultoso, de autoaceptación. “Es una cuestión de decisión y de perder los miedos”, dice Marta. “Sí, y también hay que creérsela un poquito. Eso es lo que te permite superar la cosa censora”, acota Alejandra. Entre chistes que van y vienen cuentan acerca de los nervios que despiertan las exposiciones, las taquicardias del día anterior, las inseguridades de colgar o no colgar una obra, el mar de dudas a último momento, los pequeños accidentes, la ansiedad como una segunda piel.
Se me ocurre preguntar entonces si la obra se modifica al estar expuesta, si hay algo en ella que cambia una vez que se la ofrece a los ojos de quien quiera pasar a verla. La respuesta llega casi antes de que termine de preguntar. “Totalmente. La obra en su lugar, que es una galería o la pared de una casa en la que esté bien colgada, es completamente diferente. Con una buena pared, un buen espacio sólo para ella y una buena iluminación, se ve en toda su magnitud.” Marta nos traslada a su propia casa y cuenta que junto a su marido (también artista plástico) han colgado obras en todos los rincones. Imagino entonces paredes desaparecidas bajo un denso tapiz de cuadros. Una casa hecha de arte. Y sin embargo así, en el espacio reducido, hay algo de la magia de la obra singular que se pierde. “Pero bueno”, se sonríe ella, “no hay otras posibilidades, sino dónde la ponemos”.
Este es el segundo año consecutivo en el que Alejandra y Marta exponen juntas en Galería Nes, aunque ya habían realizado muestras conjuntas en otros espacios. La inserción en el circuito del arte argentino es, según refieren, tremendamente dificultosa. Es necesario golpear puertas incansablemente, tocar timbres, no dejar de insistir. “Cuesta muchísimo. Te tenés que meter vos de prepo. Ser caradura y poner la cara. Hay gente que lo ha hecho toda su vida, y hay gente que no sabe hacerlo, y que tiene una obra excepcional y no se sabe vender. Es muy difícil congeniar las dos cosas: ser un buen artista y vender.” Por otra parte, dar con una galería adecuada en la cual exponer parece ser también una meta compleja. “Hay muchas galerías truchas que lo único que hacen es sacarte plata, y te llenan la pared de obra. Sin ninguna estética, sin estilo, sin calidad.”
El abuso de los galeristas, según ellas, hunde sus raíces en una necesidad genuina e impostergable que surge en el artista en un momento dado de su carrera: exhibir su trabajo. Así lo observa Alejandra cuando afirma que “hay un punto cuando vos venís trabajando en esto en el que decís: bueno, ahora voy a mostrar. Y entonces empezás a ver lo difícil que es acceder a exponer. Y es muy importante para uno poder mostrar”. Está claro. Mostrar el propio trabajo, ya lo han dicho, es dar un paso más (y uno importante) en la construcción del ser-artista, porque implica animarse a poner ante los ojos de otros lo que uno tiene para decir. En definitiva, como señala Marta, “exponer tu obra es exponerte a vos mismo”. Y partiendo de esa necesidad fundamental de los artistas, los espacios de arte pueden permitirse cobrar para exhibir, muchas veces de manera descontrolada.
Parece que ellas, sin embargo, pudieron encontrar el espacio y sobreponerse a las inseguridades. Hoy se arriesgan a exponer y a exponerse, y nos invitan a sumergirnos en sus obras. Algunas están llenas de entramados complejos entre los que asoman tibias reminiscencias figurativas. Otras se dejan llevar por el vuelo del pincel y sugieren formas orgánicas e indefinidas. Casi despidiéndonos observamos, sin embargo, que hay una cuestión que se repite en todas ellas: la posibilidad de una doble lectura. Por un lado, la obra desde lejos y como un todo compuesto por formas abarcativas. Pero por otro, al acercarnos, la posibilidad de sumergirnos en múltiples intersticios, descubriendo mundos escondidos. Y entonces ellas, amigas, compañeras de exposición, deben reconocer que después de todo y al menos en este punto “llegamos las dos a la misma cosa, desde dos lenguajes completamente distintos.”
La Galería NES queda en Piedras 182