Archivo por meses: septiembre 2012

Bienvenidos a donde la gente es ganado

A unas 1240 familias que hoy viven en Villa Inflamable, las quieren trasladar a orillas del Riachuelo, a uno de los lugares más contaminados del mundo, Villa La Tranquila. En donde están, tienen 130 hectáreas, pero los quieren encerrar en 16. Desde Juan Abal Medina hasta dirigentes del sciolismo apuestan al traslado hacia un lugar donde los vecinos de allí aseguran, de por sí, ya no tener luz, ni registros de salud, ni colectivos que pasen.

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Un perro apoya las patas delanteras en la baranda de una terraza y reconoce cada cara de las que se van juntando en Manuel Ocantos y Larroque, algunas de las que todos los días ve pasar para tomarse el 373, el 271. Le llamó la atención escuchar la música de un parlante y no de celulares pasajeros. Frunce el ceño y ve, entre la niebla, luces de patrullero. Mucho más acá, un coche rojo de seguridad privada, de los que custodian a los camiones petroleros. Toma su ración de agua contaminada. Gira la cabeza y ve cómo el asfalto se transforma en tierra y lagunas; las casas humildes, en casas más humildes, construidas todas a pulmón cuando todavía dejaban pasar materiales. Respira tolueno, benceno, plomo y otros metales del polo petroquímico más grande del país.

“Único agro-ecosistema urbano en el núcleo del Área Metropolitana de Buenos Aires. Se estructuró durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Establecido en una porción del ecosistema de la Selva Marginal Costera del Paraná–Plata, es el producto de la transformación agrícola de dicho ecosistema por parte de inmigrantes del norte de Italia (particularmente de la región de Génova). Pese a los grandes impactos ambientales negativos que ha sufrido, continúa manteniendo una rara fisonomía campesina, con importantes superficies plantadas con uva, ciruela y hortalizas”, leen los funcionarios en el wikimapa. No les interesa que su nombre original fuera Barrio Port, ni por qué adoptó el sugerente peyorativo apodo.

El perro no ve desde hace tiempo eso de los viñedos y plantaciones. Ve a Mafalda dando la bienvenida a Villa Inflamable desde una pared, sí ve el canal Sarandí y abajo suyo, a los un pibe con remera de boca y jardinero jugando con el esqueleto de un carrito, el cadáver de otro auto. Y sabe que los primeros pobladores compraron los terrenos y conservan los títulos de propiedad, ya no válidos.

-Ya expropiaron toda la tierra. Nos quieren llevar a Villa La Tranquila. Tenemos el video de la reunión, todo –pregona Alejandro desde la calle para llamar a la asamblea.

-Hoy podemos relocalizar a estas familias porque el gobierno nacional sigue construyendo un país que le ha devuelto la dignidad a la gente y que se ocupa del cuidado y el desarrollo del hábitat –sonríe Jorge Ferraresi, intendente de Avellaneda, a las cámaras, en la reunión de la que no le avisaron nada a la gente de Inflamable.

Las empresas contaminantes en aquel entonces no estaban todavía instaladas. Hoy, además del perro, hay 1500 familias por ser trasladadas.

-Quienes vivimos aquí tuvimos que llenar pantanos y pantanos de agua y lodo, construimos nuestras casas con muchísimo dolor y sacrificio, sin que nadie nos regale una chapa, escombro para el relleno de los pantanos, un ladrillo o cemento -sigue Alejandro.

-Esta cesión es un impulso al desarrollo de Avellaneda, que está volviendo a ser una capital industrial -dice Juan Manuel Abal Medina en esa reunión televisada por Télam.

-Las 1240 familias que hoy viven en riesgo ambiental en Villa Inflamable serán mudadas a un predio cedido por el sector privado al municipio de Avellaneda –dice un comunicado de la Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo.

-Agradecemos la voluntad del sector privado. No queremos una cuenca muerta. Necesitamos una cuenca productiva, pero una producción compatible con el ambiente –agrega Luis Armella, el juez que Horacio Verbitsky viene denunciando desde Página12 por “ordenar obras complejas en plazos perentorios para justificar la contratación directa, que con regularidad beneficia a empresas vinculadas a él” y clausurar empresas competidoras. El mismo juez que el 7 de agosto firmó la expropiación y el 8 fue a esta reunión.

-Al centro de Avellaneda –sigue Abal Medina.

-¡Al centro de Avellaneda! -se ríen los vecinos en la asamblea.

-Se nos quiere ubicar al lado del Riachuelo que ha sido catalogado como el riachuelo más contaminado del mundo. Nos sacan de las 35 hectáreas que habitamos, expropian 95 más y se nos pretende encerrar en 16 –informa Alejandro en la asamblea.

Lo que no dice el Intendente es que nos sacan de este lugar que ganamos a costa de nuestros pulmones y sacrificios, al amparo de la Ley 14268, en razón que es una área contaminada por 42 empresas contaminantes (principalmente Shell, YPF, TRI-ECO, PETROBRAS, MATERIA, MERANOL, DOW QUIMICA y muchas más) que llegaron muchos años después que la población –lee una mujer para adentro durante la asamblea, bebé en mano, mientras ve el video del acto dos semanas después de que se realizara.

Los vecinos se enteraron de que iban a ser relocalizados por una prohibición de ingresar materiales al barrio en 2011 -ahora nadie puede ni siquiera arreglar su casa-. Conocieron a dónde se los llevaría un año después, por declaraciones del Secretario de Ambiente Juan José Mussi, también presidente directivo de ACUMAR, exintendente de Berazategui, exministro de Salud durante las gobernaciones de Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf y Secretario de Asuntos Políticos durante el interinato de Duhalde a cargo del Poder Ejecutivo Nacional.

-Es un gran paso trasladar a las familias de un predio contaminado a un lugar seguro –dice ahora. Lo del riachuelo más contaminado no lo escuchó. Las reuniones con los vecinos nunca existieron.

-Es que muchas de sus casas se ubican sobre terrenos amplios que permiten que las casas crezcan para arriba y hacia los costados, según se vaya agrandando la familia. Algunos tienen animales o simplemente quieren poder ir a un lugar donde se pueda plantar un árbol. Y tienen miedo de que los localicen en un terreno contaminado –intenta explicar otra nota de Página12 no firmada.

Alejandro pregunta: ¿Cuál es la calidad de las viviendas que pretenden entregarnos? ¿Se va a pagar, y si es así, cuanto es el valor? ¿Habrá un periodo de gracia y en cuánto tiempo?

¿Porqué no hay una mesa de trabajo? ¿Qué se va a hacer con las familias que carecen de recursos económicos para pagar las nuevas viviendas? ¿Cómo queda la situación de las familias contaminadas? Ningún vecino lo sabe.

Lo que sí conocen es la historia de la Maciel, donde las viviendas construidas durante la gestión del sciolista ahora senador provincial por el Partido Justicialista Baldomero “Cacho” Álvarez, fueron tomadas antes de que Ferraresi, alineado con Cristina Kirchner, pudiera asignarlas y conseguir el rédito político.

El perro salta la baranda. Levanta un volante y camina. Sigue respirando el tolueno, benceno, plomo y otros metales. Ve una pintada y otra y otra: “Cacho ocupa”. Y escucha: “Antes Cacho y Ferraresi eran culo y calzón”. Vuelve a la asamblea. Lo acarician y escucha a Facundo Ureta, asesor legal de los vecinos desde la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia: “Golpeamos todas las puertas. Estamos peleando para que digan que ustedes tienen derecho a participar. ¿Alguien les preguntó a ustedes qué querían? Cuánto valen las casas, cómo la van a pagar. ¿Qué van a hacer con sus compañeros que viven al lado y tienen la misma problemática?

Sabemos cómo pasó en otros barrios. Estuvimos con vecinos de Capital. Construían las primeras 10 viviendas. Conseguían alguien que se quisiera ir. Otros decían que no. Cuando quedan 10, se acaba la comunidad y no hay fuerza para hacerle frente. Así pretenderán lograrlo acá. ¿Qué se va a hacer con los que no puedan pagar?”.

-Hace 40 años que vienen hablando de sacarnos. La decisión ahora ya está tomada. Hay un dictamen de la corte suprema. Si no tomamos acciones inmediatas, van a hacer con nosotros lo que quieran. Van a pasar sobre nuestras cabezas, sobre nuestros pulmones, de quienes tuvieron que llenar el lodo con escombro tras escombro sacrificando la familia para construir un techo digno. Y no lo van a valorar. Nadie nos regaló una chapa, una bolsa de cemento, un ladrillo. Siempre hemos hallado tropiezos para poder levantar la casa, para poder ingresar un material. Cuando ocurre un desastre natural como el último tornado, ni se acordaron de venir a ayudarnos. El municipio sacó un comunicado diciendo que los vecinos habíamos sido atendidos –vuelve Alejandro-. Acumar quiere hacer un relevamiento de la salud de la población. Tomar un muestreo de 0 a 6 años y a mayores de 60. Que el relevamiento sea total, se determine quiénes están contaminados y se logre dar con las empresas causantes y se hagan cargo del daño.

-A nosotros tampoco nos avisaron. No queremos pelear pobres contra pobres. Estamos viviendo mal, no tenemos cloacas, se corta la luz, tenemos que andar colgándonos para tener la luz. Si los llevan a ustedes tampoco vamos a vivir bien. No están viviendo bien acá. Allá van a estar peor. En conjunto con ustedes, vamos a tratar de luchar para ver qué podemos hacer. La seguridad no la tenemos. Ustedes por lo menos tienen el privilegio de que entre el colectivo –contesta una vecina de Villa La Tranquila.

Juan Carlos Longui, ambientalista, toma el micrófono después: “Se instaló un sistema de monitoreo que es una farsa. Se pone ahí porque ‘ahí está cuidado’. Pero ahí no monitorea. Además, tienen que tener claro que están sufriendo desarraigo y lo tienen que hacer valer. El lugar más grande que hay donde los quieren mudar es el espacio abierto del Arroyo Maciel. Es un nido de ratas y una mugre terrible. Cuando se instaló el sistema de monitoreo, se levantaron las chimeneas. Ahora el problema lo está teniendo la gente de la Avenida Mitre porque el efecto paraguas hace que todo esté cayendo allá. A ustedes no les va a dar la medición de lo que dejen acá, pero ya lo tienen los chicos en el cuerpo y está en el agua y en el aire. ACUMAR no tiene lo que hay que tener para hablar con nosotros. Vayamos nosotros para allá”.

Alejandro muestra algunas fotos. “¡Está lleno de agua eso!”, grita una mujer. Piensan armar un frente con la Maciel y la Tranquila. No son todos los que van a sufrir la mudanza, pero todos los movilizados tienen la misma sensación: “Si nos vamos, queremos participar de esa decisión y de todo lo que implique». Por eso salieron a buscar terrenos y a averiguar si tenían dueño, si eran terrenos fiscales. Presentaron once propuestas como un terreno frutihortícola, sano, tiene solo tres dueños con quien se puede negociar: son 1237 menos que en Villa Inflamable, donde la expropiación fue rápida.

Rosa, madre de cinco varones en Inflamable, por ejemplo, negociaría. Así charlaban con Alejandro y Nolberto Morón en el patio de su casa, delante de una laguna de agua podrida, entre mosquitos y un olor nauseabundo:

-Yo me voy tranquilamente. Pero con el mismo terreno que tengo acá. Así me den un dúplex, yo no quiero porque a mí me costó rellenar el terreno, me costó hacer mi casa. Nadie me regaló nada. Cada camión de tierra, hace 20 años atrás me cobraban 20 pesos. Con mis hijos pasé hambre para tener lo que tenemos. Ahora vienen ellos y nos dan lo que ellos quieren. Yo estoy pagando el terreno… ¿Olés? Ese es el olor de la empresa… El médico me dijo que para que ellos se curen del plomo en la sangre hay que hacerles una tranfusión a cada uno. No hay medicación para eso. Ellos por sangre detectaron tenían esa cantidad tres años atrás. Por orín, como baja a los órganos, va a saltar el triple. Al más chiquito le dio 14,7 a los tres años. Ahora tiene problemas de riñón. El mayor tiene 27,7 y manchas en la piel. Tienen problemas psicomotrices porque el plomo se aloja en la grasa. Los que están mal alimentados o recién nacidos, como tienen más concentración de grasa en la cabeza, lo sufren más, porque ahí va el plomo. Antes si daba 10, ponían 5. Ahora, como nos quieren sacar, todos los estudios dan altos. Quieren que nos asustemos y nos vayamos, pero mis hijos están contaminados desde hace años.

-Y hablamos de plomo, no de tolueno, benceno. Eso es aparte-dice Morón.

-La municipalidad vino, hizo los estudios una vez, se fue y no volvió más.

-Se los hizo a todos los menores de 6 y mayores de 60. Si da más de 5, los llevan a la salita para hacer estudios más profundos. Más del 40% dio positivo.

-Nosotros estamos pidiendo no solo la vivienda, sino también saber qué van a hacer con los que están contaminados- agrega Alejandro.

-Queremos además que analicen al total de la población y que se hagan cargo. Por más que los lleven a un chalet en Punta del Este, ya están contaminados -explica Morón.

Rosa se despide: «Hace 28 años que vivo acá. Jamás hicieron nada. Yo tengo un nene con gangrena en la pierna y no me dan ni la medicación. Si quiero medicamentos tengo que ir a Casa Cuna, a Capital. A mi marido un día le detectaron leucemia. En dos días murió, el 17 de junio. Acá la Municipalidad nunca hizo nada. Ahora tomamos agua de bidones, pero antes tomábamos de cañería».
En la asamblea, Ernesto, de la comisión directiva de los vecinos, lo deja claro: «No somos ganado”.

En los pies de la Patria Grande

El 7 de octubre habrá elecciones en Venezuela. Hugo Chávez irá por una nueva reelección. Desde Caracas, una recorrida por el aire y el aroma que se siente en un país donde las urnas laten fuertísimo en el resto del continente. En el medio, la puja que se juega la derecha y la estrategia de la mentira organizada.

Los ojos de Jodalkis igual se abrieron a las tres de la mañana. El cuerpo todavía no se le acostumbró a su nueva vida. Hace ya tres meses que vive en el centro de Caracas, en uno de los departamentos que le asignó la Misión Vivienda Venezuela después de pasar un año y medio viviendo en un refugio. Su casa en el barrio Petare se desplomó junto a otras cientos por la lluvia. Por suerte ya los habían evacuado y no sufrió la misma suerte que su prima, que hace diez años murió junto a otros miles en la tragedia de Vargas, cuando, luego de semanas de lluvia, el suelo de la montaña se convirtió en arcilla y se derrumbó llevándose barrios enteros.

Puso los pies en el suelo, por fin, firme. Llamó a su hermana Yamiléth para despertarla. Ella todavía vive en el barrio y tiene tres largas horas de viaje por delante para llegar a su trabajo. No porque Petare quede lejos del centro, de hecho queda a unas cincuenta cuadras, pero cruzar el cerro que habitan un millón de habitantes, tomarse la camionetica y el metro abarrotados de gente, le toma tres horas de su día. Tres horas de ida, y otras tres de vuelta. Igual Yamiléth está animada. Le cuenta que estuvo en el acto de Chávez en el barrio y que este les recordó sobre el teleférico que se está construyendo desde su casa hacia el metro, que reducirá su viaje a solo media hora. Y ya sabes panita que Chávez sí cumple, le dijo. Y bien que lo sabe. Cortó para preparar el ahora abundante desayuno.

Salió a la calle y se subió a la camionetica luego de que el chamo que grita los mil recorridos nombrara su destino. Escuchó en la radio que según las encuestas Chávez gana la elección presidencial del 7 de octubre con el sesenta por ciento de los votos, pero que aún así la oposición afirma que ellos van ganar. Se preocupó porque sabe perfectamente cuáles son las intenciones de esa maniobra, hasta el propio Chávez lo reconoció: instalar que va a ganar Henrique Capriles Radonski (el primer candidato en tres elecciones presidenciales que los partidos de derecha logran llevar juntos) y cuando pierda anunciar fraude. A Jodalkis más le preocupan las elecciones de diciembre, donde se votan los gobernadores de los estados. Ella, al igual que sus vecinos, no confía en ningún otro político que no sea su Comandante y no le gustan los políticos que lo rodean.

Miró por la ventanilla y vio la pancarta de Capriles, el candidato de la derecha y actual gobernador de Miranda, estado donde se encuentra Petare. Hay un camino, reza el cartel. Se rió: cuándo caminó este muchacho pa’ bobo un barrio. Busca pero de los otros cuatro candidatos no ve nada: la disputa está entre el Comandante y Capriles. Levantó la vista y vio el afiche de su candidato. Cuánto le gusta verlo bien, sano, en campaña de acá para allá. El último año sí fue dramático, recordó. Las ausencias de Chávez por la enfermedad la angustiaron mucho y encima en la tele se empecinaban en darlo por muerto a cada rato. Entre las bocinas, las motos y el humo su cabeza la transportó a esa misa en Barinas donde el presidente se puso a llorar mientras rezaba por su salud. El recuerdo le devolvió el nudo en la garganta. Se retorció al imaginar qué habría sido de todo lo que había conseguido con Chávez si este hubiera muerto.

La camionetica frena en Plaza Venezuela y un señor enorme se le sienta al lado, ocupando la mitad de su asiento: Me va a tener que disculpar reina mía, es que estoy rellenito. Jodalkis se ríe todo lo que le permite la lluvia, que se está metiendo por la ventanilla y la obliga a cerrarla apurada. Ahora sí que estoy fregada, palo de agua a hora pico, horas de cola, preveé. Así es en Caracas, un valle demasiado pequeño para alojar a sus cinco millones de habitantes. Los automovilistas se acomodan en sus asientos, alguno que otro saca un libro, los nenes hacen la tarea en el asiento de atrás y los apurados se comen las uñas imaginando los retos del jefe. Jodalkis apoya la cabeza en el vidrio húmedo. Por suerte el último mes de tragedias ya parece haber quedado atrás, pero no puede evitar que los acontecimientos le pasen como diapositivas, uno tras otro delante de sus ojos…

Imagen: NosDigital

-La revuelta en las cárceles (un tema delicado por la superpoblación de las penitenciarias y por que los presos están fuertemente armados y organizados)

-La caída del puente que conecta al oriente del país (en Venezuela la infrastructura en general está muy deteriodada)

-Las inundaciones (el paso del huracan Ernesto dejó varias poblaciones efectadas en todo el país, pero gracias a que la mayoría de las zonas de riesgo ya fueron evacuadas no tuvo las consecuencias de las lluvias de 2010, que dejaron una treintena de muertos y decenas de miles de evacuados)

-La explosión en la refinería más grande de Venezuela en Punto Fijo (que se llevó la vida de alrededor de 50 personas, dejó parte de la ciudad devastada y aún no se conocen con exactitud las causas de la fuga de gas que provocó la explosión)

Se enorgulleció de su candidato, de cómo su figura, lejos de achicarse con semejantes sucesos, se engrandeció por la buena gestión que realizó. El alivio que esto le deja es rápidamente empujado por otra sensación: la incertiudembre. Por más que esté segura que su candidato va a ganar, sabe que no tiene que suestimar el poder de la derecha: la campaña, aunque viene traquila y los últimos tres años de elecciones con Chávez también lo fue, puede ponerse sucia en cualquier momento. Y ella identifica muy bien quiénes son los norteños que vuelan como buitres sobre Venezuela y ponen en riesgo el impulso que Chávez le da a una América Latina soberana…

Una tremenda sacudida y un mar de bocinazos y frenadas llegan para arrancarla de sus pensamientos: la camionetica atravesó la calle a toda velocidad como si fuese una moto y tomó otra avenida. Después de ayudar al señor gordo a recomponerse del susto notó que ya avanzaban, lento y a los tumbos, pero avanzaban. Jodalkis y su compañero de viaje mueven la cadera al ritmo de un Rubén Blades que suena bajito pero claro en la radio: «Caminando, se cura la herida, caminando, que deja el ayer».

La camionetica se aleja con esfuerzo, a los bocinazos y frenazos por la avenida de la asfixiante Caracas. Venezuela avanza como la camionetica, pero firme. Y con ella se impulsa América Latina. Porque este siete de octubre se juega mucho más que unas elecciones, se juega el futuro de una Patria Grande en la que millones de Jodalkis ahora sí tienen la palabra.

Solo la máquina del tiempo puede dar justicia

Luz y Diego viajaban en un taxi y al bajar se olvidaron una mochila, con un carnet de vacunas de su hija. El último 21 de diciembre les allanaron la casa y los detuvieron culpándonos de un homicidio. En el reconocimiento, los datos no se correspondían con ellos, pero igual los acusaron. ¿Qué pasó en el medio? Un caso, en los suburbios, parecido al de Fernando Carrera.

Luz, mi hija no puede hablar. Te cuento yo. No tenemos mucha información porque llevamos once meses sin el expediente. El abogado, Doctor Suárez, no puede hacerse cargo todavía de la causa. Luz está con arresto domiciliario; Diego Romero en el Penal.

Luz tiene 27 años, Diego 30. Tenían un trabajo. Ella era efectiva en Laboratorios Cuenca, la fábrica de Issue, con cinco años de servicio, un buen trabajo. Mi yerno también tenía un buen trabajo en la metalurgia. Son de Ledesma. Vinieron hace ya siete años para trabajar. Allá solo está la azucarera, el hospital y el municipio.

Los detuvieron el 21 de diciembre pasado después de un allanamiento culpándolos de un asesinato de un muchacho en Castelar. Ellos habían perdido una mochila en un remis en el mes de julio. Dentro de ese bolso había un certificado de vacunas de su hija, Zaira. Ahí a Diego lo llevaron a la Dirección Departamental de Investigaciones de Merlo. A ella, a la comisaría de la mujer. El 23 les hicieron una rueda de reconocimiento de la que participamos yo, que tengo 53 años y llegué en ese mismo momento, una tía de Diego, de 40, y otra, de 32, que es gordita, nada que ver con lo que había descrito la viuda. La única que asimilaba la edad de la que buscaban es Luz. Éramos todos familiares. Así más vale que le dio positivo. Él apareció con el pelo cortado parecido al identikit, cuando no lo tenía así. Hay una declaración de la viuda que declara que mi hija es de tez blanca y tiene el pelo castaño claro. Nada que ver. Cuando fue a la rueda dijo que era ella. No entiendo, ¿me entendés? Después dice que Diego es de tez bien blanca y tiene una barba tapada. Y nada que ver. Tiene unos pelitos y nada más. Es trigueño.

Una rueda mal hecha. Yo en mi desesperación… solo llorar y llorar… ni ahí se me metía que eso estaba mal. Ignorante de todo esto porque nosotros no sabemos de estas cosas. Ni siquiera sabíamos que podíamos tener la causa, sino íbamos por todos lados. Ahora la estamos peleando.

Ahí empezó todo este caos. Hay otras tres personas detenidas: la dueña del Nextel que estaba en la mochila, una señora que vive cerca de la viuda y el remisero. Los detenidos dicen quiénes fueron los culpables, que no son ni Luz ni Diego.

Entre los dos primeros abogados nos sacaron 40 mil pesos a dos familias humildes que con esa plata vivimos tres, cuatro años. Estamos endeudados hasta la cabeza. El primero no hizo nada más que lograr la morigeración para mi hija por tener una nena que todavía tomaba el pecho. Ahora tiene dos años. A él lo pasaron al penal directamente. Le habían dado la morigeración, pero la fiscal apeló con el argumento de un “intento de fuga”. De vuelta como no tenemos el expediente, no podemos decir nada. Después estuvimos con el Doctor José María Vera que pidió agregar cosas a la causa: testigos de la pérdida de la mochila, la remisería donde ellos perdieron la mochila, los locales a los que fueron a comprar ropa al Soleil, Boulogne. No se acuerdan la hora, pero tienen la factura, pagaron con tarjeta de crédito. Un ladrón no va a salir a robar y, después de matar, ir a comprar. De Castelar a Boulogne, ¿cuánto tiempo hay? Debe haber también un horario de entrada. Ellos pagaron a las 18. Por eso queremos que investiguen, las cámaras. Todo. La fiscal no investiga. Hace oídos sordos a todo eso. Directamente quiere la cabeza de mi hija y de mi yerno. Mirá que los testigos declararon en la audiencia quiénes son los culpables.

Diego y Luz no tienen antecedentes, no tienen nada. Desde que vinieron, lo único que hicieron fue trabajar y trabajar y trabajar y trabajar. Nada más. Él estudió y todo y aun así se seguía perfeccionando para volverse, porque ninguno querían estar acá. Se vinieron por la fuente de trabajo nada más. Él dibuja y estudia dentro del penal. Mi hija no puede hacer nada. Hace una tarta, una torta. No puede salir a ningún lado. Está sin pulsera y sin nada, pero siempre adentro de la casa.

Ahora ella está en José C. Paz, con la compañera de trabajo que la alberga. Yo voy una semana al mes a Ledesma y vuelvo. No la puedo dejar sola. Me voy a quedar hasta que recorra todo Buenos Aires y se aclare. Ya he tocado un montón de puertas. No sé cuántas tendré que tocar hasta que esto se aclare. Es lo único que necesitamos, que agarren a los verdaderos culpables.

Yo allá trabajaba en el hospital. Para poder pagar los abogados tuve que embargar mi sueldo no sé por cuánto tiempo porque saqué préstamos de todos los bancos habidos y por haber. Mis cinco hijos que están allá trabajan, juntan planta y nos mandan a fin de mes y con eso nos mantenemos, para poder seguir peleándola. De mi hija se hizo responsable por la morigeración una amiga del trabajo. No nos cobra la luz, nada. Nos dio lugar, todo. Nos ayuda cuando puede. Al principio recibimos mucha ayuda de los compañeros de trabajo de mi hija: mercadería, dinero, comida, pañales, leche. Con todo lo que nos podían ayudar, lo hicieron. Hay muchas organizaciones apoyando esto, familiares de víctimas como Rubén Carvallo, Sandra Corrado, Lucas, los Arruga, el caso Bordón.

Necesito que alguien haga presión para que investiguen esto. Cuanto más tiempo estamos así, más gastamos. Los recursos ya son mínimos. Para no dejar solo a Diego también nos tenemos que movilizar.

Con el solo hecho de investigarlos a ellos, a Diego, a Luz, lo que dijeron, cómo pasó, esto no pasaba. No agarraban a dos perejiles. Nos cortaron las manos, los pies a dos familias. ¿Por qué no hicieron la rueda de reconocimiento en el acto así la gente se acordaba las caras? Hay testigos que saben que ellos no fueron, pero tienen miedo. “¿Si a ellos, inocentes que vinieron a trabajar, los metieron presos, qué nos pueden hacer a nosotros?”, piensan.

Piedra libre para ser

María Laura Alemán, compositora y cantante trans, hizo su presentación oficial como solista en Mu. Punto de Encuentro. El recital devino en un encuentro entre almas y la artista nos invitó en un recorrido por sus creaciones y su vida. “Desde que me animé a cantar mis canciones, me encuentro con una situación nueva. Se da una conexión amorosísima y creo que el hecho artístico verdadero es ese.”

Ella es alta, rubísima y de ojos profundos. En la curvatura de sus párpados, parece dibujarse cada sensación que le atraviesa el cuerpo. Lleva rouge oscuro y algo de sombra en los ojos. El ancho de su espalda es el ideal para un buen abrazo. Las uñas de manos y pies, de un negro brillante, a tono con los pequeños aros que penden del lóbulo de sus orejas. Sus manos se mueven algo inquietas, en un caos aparente solo para el que no sabe escuchar los gestos: entre sus palmas, le pone música al tic-tac del reloj. Quien nos presta su presencia para el escueto retrato es María Laura Alemán, cantante y compositora trans. Luego de numerosas apariciones artísticas desde el 2009, su primer año como María Laura, hizo su presentación oficial como solista en Mu. Punto de Encuentro.
Para mí, fue muy emocionante. Es un descubrimiento, porque antes, como hombre, jamás me animé a cantar mis cosas, jamás. No quería trascender como Eduardo, aunque ya lo había hecho bastante como músico, pero no saliendo a cantar mis canciones. Las cantaba Cecile, mi exmujer, siempre. Me acuerdo que en la terapia en que descubrí mi transexualidad, el tipo me preguntaba “¿cuándo le vas a poner la voz a tus canciones?”
Hay muchas otras preguntas, como cuánto de quién ella es, cuánto de su identidad está anclado en su cuerpo y cuánto (más) fluye en su arte y sus canciones.

Recuerda como una de sus primeras composiciones un blues que escribió en primer año, cuando hacía la secundaria en el colegio de varones, San Martín de Tours. La música apareció pronto y se convirtió en su medio de vida y expresión, a la par que desarrollaba estrategias creativas para sobrevivir como Eduardo. Y hay que decir que, para el afuera, esa lucha por ser un hombre correcto y exitoso fue bastante fructífera. Desarrolló sus habilidades deportivas en el rugby, y su disciplinada autodidaxia en la música la pusieron al frente de numerosos coros, recibió premios por sus composiciones y ejerció la docencia en el colegio religioso donde había hecho sus estudios. El mismo colegio que, acuerdo laboral mediante, la expulsó y la estigmatizó por su transexualidad.
A lo largo de esos años, en los que se escondía de sí misma y frenaba las pulsiones para las que aún no encontraba un nombre, el rol que probablemente más disfrutó fue el de esposo y padre de tres (Lalo, Luisa y Sonia). Sigue cumpliendo su rol de padre, que nada tiene que ver con su género. A partir de su visibilización como María Laura, empezó un proceso de transformación al interior de la familia y se ensayaron lazos más reales, basados en la libertad y el amor entre personas. “Zamba del vuelo”, la canción con la que abre cada uno de sus recitales y la que también inaugura las primeras páginas de su libro “Transhistorias”, dice: yo no soy el que fui / ni seré quién soy ahora / solo sé que mi amor / duerme intacto en mi corazón.

Imagen: NosDigital

-Aunque la zamba diga eso, mi cambio radical fue la visibilización, pero en realidad, soy la misma persona. A nivel familiar, cuando alguien quiere suponer que la persona que era yo antes se murió, yo digo que no; yo sigo siendo, sigo llevando  esa persona y además, con mucho orgullo. Es lo que me tocó vivir e hice lo mejor que pude. No borro el pasado.
Mientras hablamos, por el monitor de su computadora pasan algunas fotos. Sobre una de las imágenes, posa el mouse y la detiene. Se ve un muelle largo de madera que culmina en dos espaldas curvadas hacia el futuro. Una nena de 7 años y un hombre de espalda blanca y pelo acanado. Eduardo y su hija menor están rodeados de un agua celeste, de postal. La penúltima canción que compuso María Laura se llama “Foto con Sonia en la bahía”.
– Esa foto a mí siempre me emocionó profundamente. Es del año 2001. Me pasó de estar mirando ahora esa foto y sentir que en realidad estábamos mirando este futuro, sin saberlo. No es el horizonte que se ve ahí, es algo más que un papá y su hija mirando, y me planteé si no estábamos mirando hacia este ahora.

Tiene más de 350 canciones compuestas, en un repertorio que se divide entre la música popular y la música clásica, y sin contar los temas más rockeros de su adolescencia. Ante monumental obra, alguien podría pensar (un alguien que nunca la escuchó) que su producción artística responde a algún mecanismo automático casi industrial. Con tan solo unos acordes, con el solo susurro de un par de versos, queda claro que cada una de sus creaciones responde a una emoción profunda. Y en ese mar de historias y sensaciones nos zambullimos cuando ella está en el escenario.
-¿Cómo empieza el proceso de composición?
– A veces me vienen imágenes de donde sale una canción…es algo que de alguna manera me impacta, puede ser una imagen, un encuentro, un lugar. Surge de algo que pasó, que me marca de alguna manera. Yo no digo “voy a hacer canciones”, salvo cuando alguien viene, me contrata, me da una letra…funciona de otra manera. Pero si no, en general, me tomo muchísimo tiempo, no quiero sacar la canción. Soy muy crítica, pese a que hay algunos temas a los que le perdono la vida y los canto, no están todos en la misma categoría.
-¿Hubo cambios en la forma de hacer música desde tu visibilización como María Laura?
– Hubo cambios en la composición, pero en realidad es como que se liberó. Mi lenguaje se volvió más fluido, pero no hubo un gran cambio. A lo mejor, ahora estoy más atenta a situaciones que pasan, a mirarme más, a mirarme de una manera real, verdadera, sin miedos. Entonces, puede ser que esté más atenta y de pronto sé que hay cosas de las que va a salir una canción. Hay algunas canciones que son de hace muchísimo y las podría haber escrito ayer. “El vendedor de curitas”, es viejísima. La escribí antes del 90’ y es de un episodio del 68’. Lo que sacude esa historia es un tema de discriminación, que yo a los 11 años por primera vez me encontré con una situación de ese tipo. Y no es nada lejano a lo que podría escribir ahora.
La soledad, la humillación, los miedos y las desapariciones tiñen algunas de sus canciones. Del mismo modo en que algo de nuestro ser más íntimo salpica cada cosa que hacemos, la transexualidad atraviesa todas las canciones de María Laura. La música fue y sigue siendo un espacio vital para reafirmar su existencia y encontrar un lugar en el mundo.
-Las canciones me sirvieron para decir yo estoy, yo existo, yo soy. La música era un espacio donde podía hablar de mi soledad, que es algo muy presente en la vida de cualquier persona que vive en algún tipo de margen, pero también de las cosas lindas, de mi amor por la vida. Hoy sigue siendo fundamental, porque aunque ya me expreso por la vida como quien soy, siempre hay algo más que tiene el arte de poder expresarnos. La creatividad te saca afuera todo lo que podés tener atrapado. Cuando creás, sos vos. Yo sé que yo canto y escribo por una necesidad, cuando yo no podía hablar, no podía decir… el arte me salvó la vida.
Entre canción y canción, María Laura va entretejiendo la noche de historias. Con el decir y el ritmo que le imprime a sus palabras, nos contagia su pasión por narrar. En definitiva, nos invita a acompañarla en su viaje, en su tránsito por la vida. Una que le gusta contar es la anécdota que dio origen al megahit, como le decimos entre risas, “Peñas Blancas”, premiada en 2005 por el Fondo Nacional de las Artes en el concurso “Canciones de raíz folklórica”, en el área de música litoraleña. Peñas Blancas queda en Salta, a poca distancia del dique Cabra Corral, y es una región en la que coexiste diversidad de flora. La canción, compuesta en 2003, está inspirada en una tarde de rafting, en los descensos por los rápidos del Río Juramento, un tajo gigante entre las montañas. Mientras contaba esto en el festival “Destravarte” 2009, se dio cuenta que todos esos años había creído estar hablándole al río, cuando, en realidad, el río era el que le decía a ella: déjate llevar, déjate llevar / por los remolinos / que como el vino, te hacen girar.
– A veces pasa que no entiendo por qué puse algo, y de pronto, aparece una respuesta un tiempo después. El pintor Mariano Cornejo, con el que hice algunas canciones, decía que el arte es como alguien que te agarró, te tiró por el aire, y allá subiendo, pudiste ver por una ventanita y después bajaste. Y escribís sobre lo que creés que viste. Pero lo que está pasando es eso que está ahí, y nosotros tenemos un mínimo acceso, que es enorme de cualquier manera. El arte define a la especie humana, está totalmente asociado con la supervivencia. Es una manera de conectarnos con algo muy grande, muy profundo, que no sabemos qué es, pero que nos toca, nos emociona, nos hace plantearnos a cada segundo cuál es el sentido de nuestra vida.
María Laura comparte sus reflexiones, sus historias y nos brinda una parte de su vida. También comparte el escenario y esta noche de septiembre tiene de invitados a su hijo, Lalo Alemán, que interpreta composiciones propias en la guitarra, a Cecile Caillon, actriz, clown, cantante y exmujer de María Laura, y al cantante Lito Zer.

Desde 2009, María Laura vive en sola en un departamento sobre Av. Rivadavia, en el cruce entre Almagro, Once y Balvanera.  Su visibilización y su lucha contra los mandatos impuestos tuvieron sus costos. Mientras se liberaba y comenzaba a vivir su vida como necesitaba vivirla, fue desaparecida de muchos de los ámbitos en los que se movía cómodamente como Eduardo. Muchos de sus logros fueron desestimados y se le bloquearon las vías de expresión, su posibilidad de existencia. Para la persona transexual, la intimidad y su identidad primera están a flor de piel, expuestas y vulnerables a ser violentadas, humilladas o negadas de forma sistemática. María Laura reconoce el miedo a la exposición y al rechazo.
– Yo constantemente vivo ese miedo. Pero desde que me vine a vivir acá, tomé la decisión de salir siempre a la calle, pase lo que pase, salir. Es verdad, hay miedos, yo cada vez que paso por el lavadero de autos pienso a ver quién me va a decir algo y cómo lo voy a resolver… Pero no dejo de salir. La calle no es un mundo totalmente hostil, se producen muchos encuentros especiales. Muchas veces, se genera una situación de respeto. Cuando recibo un buen feedback de la gente, entiendo que es porque vieron mi libertad. A la gente, en general, le gusta ver gente libre por la calle, de alguna manera nos está diciendo que todos podemos ser libres.
En el relato “Encuentros con ángeles”, que aparece en las “Transhistorias”, dice: Me doy cuenta que a medida que voy desapareciendo de un mundo comienzo a aparecer en otro; un mundo de ángeles sin alas, que se ven y se reconocen en una ciudad en la que eso no le sucede a muchas personas. A lo mejor yo también me estoy convirtiendo en un ángel. Sobre estos encuentros, también compuso la canción “Los ángeles de Buenos Aires”, una de sus favoritas de estos últimos tiempos.
Ante tanto miedo al otro, María Laura descubrió, a raíz de un rencuentro con una alumna de canto particular, que hay un miedo mucho más grande.
-En realidad, me parece que el terror más grande que tenemos es a encontrarnos con nuestra propia belleza, que la tenemos todos. Ese es un abismo mucho pero mucho más grande…el de nuestra belleza, de nuestra esencia, de lo que somos. Es mucho más grande que lo que te pueda decir cualquier persona en la calle. Cuando podés ver esos lugares, esos precipicios propios, es mucho más difícil hacer daño.

Pasadas las 12, el recital llega a su fin y da inicio a un nuevo día. La emoción es como una cuerda que nos une a todos los presentes en un solo abrazo.
-Desde que me animé a cantar mis canciones, me encuentro con una situación nueva. Se da una conexión amorosísima y creo que el hecho artístico verdadero es ese. Hay un medio que es la música y son las canciones, pero es algo que pasa entre las almas. Donde todos salimos mejores personas.

Las raíces de la emoción

Bruno Arias hace rato dejó de ser el eco de un nombre que retumbaba por lo bajo y se convirtió en una voz singular y renovadora del folklore argentino. Mientras continúa con la presentación de su tercer disco, Kolla en la ciudad, el cantautor jujeño habla de raíces y de la reivindicación de los pueblos originarios. En medio de tanto ruido, una voz que canta su verdad.

 
Me lo encontré frente al Obelisco, defendiendo con su guitarra una causa que es de todos. Lo reconocí a la distancia cuando salí al caos del centro desde la línea verde, que creo que es la D. Vi desde el otro lado de la eterna avenida una bandera flamear, imponente frente a cualquier cartel luminoso que nos quiera ganar la atención. Él estaba parado justo ahí, bajo la bandera, frente al Obelisco, sosteniendo con el corazón la imagen del cartel que tenía a su izquierda. Estaba festejando y reivindicando a la Mujer Originaria (con mayúscula) en su día. Fue la primera vez que lo vi a los ojos, hace unos pocos días, cantando para el que corría de traje y zapatos y tenía la suerte de descubrirlo.

Me quedé pensando en su voz y fui en su búsqueda algunas tardes después. Bruno Arias, con la misma humildad que brillaba en la calle, se sentaba con un plato de ñoquis delante en un bar de una de las tantas esquinas porteñas, para regalarnos un almuerzo/merienda. Promediaban las 17.00 horas, de charla y sonrisas. Mientras él comía y nosotras lo interrumpíamos porque nos ganaba la ansiedad, jugué una vez más a descubrirlo mientras todo él se regalaba en anécdotas. Lo agarramos a la salida de otra entrevista, que forma parte de una gira radial previa al concierto que se avecina en Groove, y que lo iba a llevar unas horas después nuevamente a la misma radio. Mientras calculan cuánto de la tarde les queda liberada, fantasean con una peli 3D para flashearla o con una siesta que los haga descansar después de una larga (verdaderamente larga) noche de composición que los encontró a la mañana todavía con la guitarra en la mano.  Parece ser que de noche se compone más lindo; sin ruidos y con vecinos del edificio que no se quejan mucho, se ponen a crear.

Imagen: NosDigital

Bruno habla lento, como pensando profundo todo lo que dice y nos traslada de la mano de su voz hasta sus primeros acercamientos con la música, que poco tienen que ver con un instituto o academia. En la casa de “La Yuli”, de sus pagos de Jujuy, lo que verdaderamente importa está mucho más cerca de los sentimientos: “La Yuli es otro mundo de la bohemia jujeña, puedo estar días contando cosas y anécdotas muy particulares que tiene que ver con el arte. Para sintetizarte lo que es la Yuli, es una casa donde se aprende a mamar los sentimientos, a cantar con el corazón en la garganta; si no tenés corazón para cantar o no transmitís nada, ni agarrés la guitarra. Vos tenías que distinguirte en algo, vos tenías que dar algo en esa rueda y tenías que emocionar”. Hace un parate y deja ver algunos de sus recuerdos en sus ojos entrecerrados. “¿Viste cuando escuchás algo y se te pone la piel de gallina? Bueno, en la Yuli sucedía eso, cualquiera, hasta el más desafinado, te ponía la piel de gallina. Cuando entrabas en la onda de la Yuli, en la sintonía de la bohemia a flor de piel es como que ahí es la verdad, no podés mentir, no podés firuletear con la guitarra, ni hacerte el técnico cantando, ahí es la verdad de lo que sos”.

Bruno descubrió su verdad cantando y con su gente en la garganta llegó a Buenos Aires en el año 2002: “En Jujuy soy uno más, aunque ahora soy el cantor del pueblo, digamos, y para muchos un referente; por más que yo siento que recién estoy comenzando a proyectarme y a concretar cosas que vengo generando desde hace años con sueños, con utopías, con anhelos”. La charla se interrumpe porque suena el celular, es un mensaje de un fan que le tira buena energía, aunque no le gusta admitirlo, no se siente cómodo en la posición de que la gente lo idolatre. Para Bruno los que merecen adulación son muy pocos, entre ellos nombra algunos, al Che, a Felix Diaz, a Mercedes Sosa… De la nada, la conversación nos lleva a otro terreno y nos cuenta cómo un día le escribió una carta a Mercedes y se la llevó hasta la casa con dos temas grabados en un CD virgen.  Unos días más tarde recibía su respuesta, una llamada que lo invitaba a cantar juntos.
La anécdota que le ilumina el rostro se frena de repente, un pibe le ofrece tres pares de medias a un precio irresistible, él elige un par, el blanco y le agradece. Segundos más tarde llegan las risas al mirar con más atención el tamaño de los soquetes. “Le faltan cuatro dedos”, sentencia sonriendo.
Volvemos a retomar la charla y desde Jujuy llegamos a Buenos Aires donde los sueños se fueron materializando y en el año 2005 salió al ruedo su primer disco, “Changuito volador”: “Tiene que ver más con lo ligado a  lo que es la infancia, mostrando lo que es el ritmo más representativo de Jujuy,  el bailecito, y dando una mirada más paisajista que tiene que ver con los recuerdos, con las vivencias”. Bruno Arias se afirma en su música y su perfil se delinea cada vez más. En su segundo disco, “Atierrizaje”, la intención se hace todavía más sólida: “Tiene que ver más con volver a la tierra, cantar desde un lugar más profundo, ya no importa la voz ni el virtuosismo del instrumentista, sino que es la canción y la letra, respetar el género más que nada. Toma más protagonismo la canción que el canto”.
El objetivo de reivindicar los pueblos originarios, su tierra y sus voces se hace carne en su tercer disco, “Kolla en la Ciudad”: “Más que nada, el mensaje del disco es que el reclamo que hay en todo Latinoamérica es el mismo, y la idea es unir esa punta en una sola canción, en una sola voz. Siempre el mismo reclamo, por más que haya distancia es el mismo, porque uno ve un documental de México y cuando viaja al Chaco se da cuenta que sus originarios tienen las mismas necesidades y los mismos pedidos, por más que sea otro tiempo, otro espacio u otro momento histórico”. Su compromiso lo llevó a tocar en el Monumento a la Mujer Originaria, donde tuve la suerte de ver la chispa de sus ojos por primera vez,  y a sumarse a infinidad de otras luchas a lo largo y ancho del país.
Abandonamos la mesa del bar para salir a la calle, es hora de las fotos. Aunque empieza a bajar el sol, vemos que se intimida al momento de posar en plena peatonal porteña, hace chistes, sonríe y le juega un poco a la cámara para sacudirse la vergüenza. Entre bromas le pido que abra un poquito más los ojos achinados, “No sería yo”, me contesta casi instantáneamente. No importa el escenario, Bruno entrega el corazón en donde quiera que lo haga, frente al Obelisco, en Groove o en la calle Florida delante de un lente que lo observa y tira flashes, siempre logrando la magia de hacer que su energía llegue hasta la gente y vuelva duplicada.

«Antes existía un exilio lésbico»

La historia de Claudia Castro es la historia de los últimos años de la pelea contra la discriminación sexual y la igualdad de posibilidades. Entendió que tenía que llegar a la televisión para visibilizar lo pensaba. Decidió que había que organizarse para que todos pudieran ser escuchados. Ahora, tiene una hija de un año y cinco meses, pero antes nada fue fácil.

Su documento deja leer Claudia Roxana Castrosín Verdú. Pero ella tiene otra identidad: “Soy Claudia Castro y soy lesbiana”. Dice que es su identidad política. Pero que, además, es un montón de otras cosas: es Clau, es empleada pública, es de Gimnasia y de Boca, le gusta el arroz con leche, le encanta cantar, toca la guitarra y es mamá. “Pero, mi identidad hoy es política: soy lesbiana”.

Claudia vivió hasta los 23 años en La Plata. Allí, tenía la vida más o menos resuelta. Estaba comprometida con un flaco, un pibe del barrio. Pero, un día empezó a tomar clases de teatro. En la primera clase, en la ronda de presentación, una mina se paró y dijo: “Soy Mónica y soy lesbiana”. Le impactó un montón, admite: “Me fui a mi casa y no paré de pensar en eso: en que alguien fuera y pudiera ser lesbiana”. Para mí, dice Claudia, hasta ese momento, las lesbianas eran repulsivas, me daban asco. En la secundaria éramos bastantes forros con el tema, asegura. A pesar del recuerdo del bulling, que cuenta con algo de vergüenza, comenta que con esa piba le pasó algo re loco. Fueron muy amigas. La empezó a conocer desde otros lados: la música, el teatro, la comida, el fútbol. Y cuando se hizo tan cercana, lo otro le dejó de resultar ajeno. Al contrario, lo empezó a internalizar en forma de replanteo: “¿Me pueden gustar las minas?”. “Empecé a hacer un inside muy profundo y entré en una especie de matrix en donde entendí que toda la vida había tenido un enamoramiento por las mujeres: el profundo amor por mi maestra de 3er grado; los dibujos de los corazones enormes en los cuadernos que decían te amo con mi mejor amiga de la primaria; y lo enamorada que estaba de mi profesora de danza”. Fue un proceso de un año, cuenta Claudia, donde conoció más a su amiga y rompió sus prejuicios sobre el tema. “Ahí entendí que cuando conocés a las personas los prejuicios se desarman.” Después vino el beso, recuerda, que fue re lindo. Que le pasaron un montón de cosas. Fueron pareja por dos años.

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“Al principio una sufre mucho lo que es la lesbofobia internalizada. Me acuerdo que cuando fui a cortar con mi novio le decía que era bisexual, y que sólo me pasaban cosas con esta chica en particular. Mentira, era un autoengaño: yo era lesbiana. Eso te debilita, no le decís nada a la familia, siempre te vas de vacaciones con “tu amiga”. Hacés todo con “tu amiga”. Y bueno, vivís escondiéndote. Y entendí que estaba mal. Que había que visibilizarlo. Si lo escondés es por algo. Si nada está mal, nada se esconde. Además era re injusto no decir nada, porque nadie se enteraba de lo bien que me sentía.”

Claudia empezó a entender que tenía derechos que defender y por los cuales luchar. Para eso había que visibilizarse. En La Plata no había ningún espacio que la comprendiera. Entonces, acudió a La Fulana, organización que hoy dirige, que se encarga de luchar por los derechos de las lesbianas y las mujeres bisexuales. Sin embargo, siempre entendió que la lucha de los gays, los trans y los travestis era parte de la misma batalla. Se mudó a Capital Federal para no ir y venir todos los días. Pasaba mucho tiempo en la biblioteca de la organización instruyéndose sobre el feminismo y conociendo la historia del movimiento de mujeres. Se involucró por completo. Allí encontró a muchas chicas que compartían su inquietud: había que visibilizarse.

Conoció a María Rachid, se enamoraron. Juntas entendieron cuál era la estrategia: había que ir a los programas de TV.

“Una de las primeras veces fuimos a lo de Lía Salgado, en el año 1999. Cuando llegamos nos pusimos al lado de otras dos chicas. De repente, empezaron a hablar entre ellas: “¿A vos cuánto te pagaron? ¿Pero te dan ropa? ¿Y qué más? Bueno, pero vamos a hablar con el productor porque no puede ser que tengamos que hacer de lesbianas y encima no nos den más que una remera”. Yo no lo podía creer. Además de que no eran lesbianas, estaban súper estereotipadas. Una estaba toda vestida de cuero con tachas, con un pañuelo rojo de pintitas atado al pelo y con borcegos negros. Parecía Bon Jovi. Y la otra era súper femenina. Y se maltrataban en cámara. Jugaban a quién hace de macho y quién de hembra. Hacían un show. Ahí entendimos que nosotras teníamos que estar ahí. Nos ridiculizaban, nos hacían preguntas amarillistas. Pero nadie se hacía pasar por nosotras a través de un show por unos mangos. Preguntaban sobre la naturalidad de nuestra relación. Recuerdo estar en el programa de Georgina Barbarrosa y que el Padre Grassi nos diga: “Chicas, yo las quiero y respeto, pero lo que ustedes hacen no es natural”. Ahora, violar pibes sí es natural… Ese era el nivel de personajes con los que nos sentábamos. Nos ponían enfrente de psicólogos y psiquiatras que nos acusaban de enfermas. Había que tranzar para visibilizarse. Pero cada vez que íbamos pedíamos que sí o sí pasen el teléfono de La Fulana. No paraba de sonar el teléfono cada vez que aparecíamos. Durante días. De todo el país aparecían llamados que decían: “Vi a dos chicas en la tele, yo estoy sola, en tal pueblo de tal provincia, soy la única, no sé que hacer”. Miles de historias así. Soportábamos a los payasos por el beneficio de contactar a una mujer que se sentía sola. Con que llamara una ya era suficiente.”

Qué revuelo aquello, recuerda Claudia. “Se fue dando de a poco mi compromiso político por el tema, de una manera natural casi…” Hace un silencio y enseguida se corrige con bronca: “Bah, natural no, basta de esa palabra: natural es la fotosíntesis”. Simplemente había cosas que no le gustaban, que le incomodaban. Como el no decir, como callarse.

Meses después de la sanción de la ley de matrimonio igualitario, en noviembre, Claudia se casó con Flavia, su actual pareja. Recuerda aquellos años y le parecen caóticos: “Nos acostábamos a las 3 de la mañana y nos levantábamos a las 6”. Así, desde el 2007, durante tres años, dice. Es que había que convencer a una sociedad. Había que generar consenso. “Éramos siete locos que no teníamos ni puta idea de cómo hacer.”

“Hubo un antes y un después a partir de una entrevista de C5N donde se cruzaron María Rachid y Aflredo Olmedo, el diputado de Salta, el de la campera amarilla. Fue el reflejo de todo lo que había pasado en una entrevista, representaba el extremo ridículo de los que sufrimos tantos años en la calle. Nosotros nos encontrábamos con Olmedos todo el tiempo. A mí me encantó que la gente viera lo que teníamos que padecer. Se plasmó. No reduce nuestra lucha que nuestro principal argumento haya sido la barbaridad y brutalidad del que se manifestaba del otro lado. Recibimos amenazas: que nos iban a matar, que la teníamos que cortar. Llamados al celular. Todo. Una vez llegó un papel que decía: “Si no paran son boleta”. Creo que eran fanáticos religiosos. Les digo fanáticos para distanciarlos de los demás. Lo lindo de esa época fue que viajamos por todo el país presentando la ley y así se federalizó el movimiento. Ahora hay más focos: hay 65 organizaciones en todo el país. Más de 40 se dieron en el marco de la lucha de matrimonio igualitario. Antes existía un exilio lésbico: para disfrutar tu sexualidad tenías que venir a Capital Federal. Ahora, con las luchas que se fueron conquistando, es diferente.”

Claudia habla fuerte, muy fuerte. Casi que grita. Las personas que están alrededor de ella, que están en otra cosa, abren los ojos cuando oyen palabras como “lesbiana”, “coger”, “puto”. Hay que hablar fuerte y claro de este tema, dice. Sin temores. “Está bueno intervenir a las personas, porque, si hablo bajito estoy diciendo algo en lo que no quiero hacerme oír: escuchar es parte de producir sentido sobre algunas cosas que, quizás, tenías sin resolver”.

Claudia se emociona y dice que tiene una nena de un año y cinco meses. Que la adoptaron junto a Flavia. Que se llama Estefanía. Que es hermosa, una genia. Que les encanta. Que, al final, sus papás lo comprendieron y que ahora son unos abuelos divinos.

“Yo no juzgo a mis viejos porque ellos no me hayan entendido al principio. Nadie les dijo a ellos que existía una mínima posibilidad de que su hija fuera lesbiana. A los padres no les enseñan las múltiples opciones de amor. Algún día yo tendré el desafío de sí explicárselo a mi hija. De que puede elegir a quién amar.”

Soy Jean Tinguely

En el Pabellón III del Centro Cultural Borges, detrás de un botón rojo, hay un plumero que gira sin parar, como queriendo sacudirle el polvo a la vieja rutina museística. “Soy Jean Tinguely” es la primera retrospectiva del artista suizo que se realiza en Latinoamérica y nos invita a ponerle el cuerpo a una experiencia diferente. Son diez las esculturas-máquinas distribuidas a lo largo de la sala, en un recorrido que va acompañado por dibujos, cartas y fotos del artista. Son diez los enjambres de materiales diversos ante los que nos detenemos curiosas, diez los botones rojos que esperan en el suelo, son diez las sorpresas. Porque cuando llegamos la sala está vacía y las esculturas de Tinguely duermen. Esperan quizás un ruido breve, un olor cualquiera, un roce que las sacuda y las deje bailar. Lo cierto es que basta con poner un pie en el botón para sentirlas vibrar, y entonces las máquinas se espabilan y se sumergen en la vida, se funden con el movimiento y nos proponen un susto, una carcajada, el borde masticado de un pensamiento. Y luego callan. “Yo quería algo efímero que pasara como una estrella fugaz, y lo más importante, que fuera imposible para los museos de reabsorber. La obra debería pasar de largo y hacer soñar y hablar a la gente, y eso es todo.” Recorremos una a una las esculturas, estas máquinas tan inútiles y al mismo tiempo tan humanas, y ante cada una abrimos el cuerpo para dejarnos asombrar. No nos damos cuenta de que de a poco se nos acelera el paso, y ahora es como si fuéramos otra vez dos nenas, yendo y viniendo de una máquina a la otra como si patináramos sobre el borde de una sonrisa, y si no corremos es solamente porque a pesar de los plumeros y de Tinguely no hay que olvidar que esto sigue siendo un museo y al guardia se le frunce cada vez más el ceño, pero qué importa, nos perdemos en los golpes fríos del hierro, en las mandíbulas apretadas de una vaca, en una pluma que gira y parece bambolear las caderas. Esta fue la propuesta de Tinguely, bajar al arte del pedestal de lo respetable, revolverle el pelo e invitarlo a reír junto al espectador, convertirlo en juego.

Cuentagotas

Mi amiga Sol, con sus ojos rubios de Valentín Alsina que toman el 15, que cruzan el puente y la terraza moscovita. Y el otro, el morocho, que alcanza a descifrar décimas y constantes en un itinerario del cancionero popular y argentino. ¿Qué diferencia la cerrajería?
Las opciones obedecen de todas formas, para prenderse como abrojos en el pelo. El morocho me sonríe, el micro lo trae de vuelta y hay espacio para uno más donde vivo, todavía podrían entrar más, qué importa. Nos servimos de una guitarra para dilatar los sones; pero me toma por sorpresa un candado, quienquiera que haya diseñado la lluvia encontraría soluciones, como el morocho, soluciones.
Ahora bien entrada la madrugada, reposa la payada sobre el adoquinado la humedad. Los ojos rubios de Sol me alcanzan un matecito, y el sopor… me devuelve al día siguiente.

* * *

Oímos un grupo que trabajaba el castellano con sorna, yo me alejé. No podía distinguir de esos astutos la aprehensión por sus instrumentos, y que los traía tan aparejados. Con una hebilla que tomé de la cabeza de Sol hice de cuenta que abriría el candado, me olvidé después.
El morocho se había quedado para fichar a los músicos, puede que haya arreglado para tocar juntos.
Me devolví las esperanzas cuando lo escuché tocando solo, en la misma plaza, bien empilchado. Salimos. Tenía más pesos encima y le regalamos a Sol una pulsera. Nos expulsamos una vez más a otros centros, somos así, casi pensamos parecido. El morocho se tomó un micro y yo supongo que volví también a mirar con ojos bizcos por donde debiera abrirse la cerradura.

Por Florencia Limrovich

Sri Sri Ravi Shankar: el gurú de los garcas

¿Creer o reventar? ¿reventar o reventar? ¿reventar? Ravi Shankar hace respirar a Tinelli, a Telerman, a Macri, al rabino Bergman, al ex ministro Cavallo. Su técnica traída de la India la usaron John Lennon, los Beach Boys y Clint Eastwood. Qué hay detrás de este tipo que va a organizar unas charlas donde Viviana Canosa hablará de los miedos.

¿¿¿Quién es ese barbudo con pinta de terrorista??? Lo empiezo a ver por todos lados. En la calle, tele, radio, hasta en el subte escuchás un comentario. ¿Viste ese Ravi Shankar? El barbudo, sí… Parece que es re-zarpado. Un líder espiritual de la puta madre.

Otras voces dicen: Un ladri. El gurú de los garcas.

No quiero ofender a nadie, menos si ese nadie es lector de Nosdigital. Tan sólo estamos hurgando toda la información que anda dando vueltas alrededor del barbudo e interpretándola.

Si no sabemos nada, es decir, ahora, para no hacer prejuicios, digamos que es un líder espiritual. Partamos de esa base indiscutible: parece que hay gente que va a sus cursos, parece que hay gente que medita con la técnica del Ravi, parece, cada vez más, que hay gente que lo sigue y sigue su espiritualismo.

También, digámoslo, parece que son tendencias generacionales, de una determinada clase a las que las filosofías hinduistas les parecen cool. No estoy negando esencias: claro que en todo ser humano existe una necesidad visceral de estar mejor y sentirse en paz con la vida. Pero con el cristianismo cada vez más perdiendo terreno moral y espiritual, estas corrientes vienen, van y vuelven como una ola a la costa de las conciencias, ofreciendo algo aparentemente nuevo, como técnicas de meditación o respiración, que son en verdad milenarias de otros países.

Esa es otra base objetiva: El arte de vivir tiene patentada una técnica de respiración llamada Sudarshan Kriya que le vale millones de adeptos en más de 150 países. El ejercicio no es otra cosa que una antiquísima técnica de yoga sin registro y ¡gratuita! en la India.

Algunas de estas habilidades lo llevaron a Sri Sri Ravi Shankar al puesto 8 del rankin de la revista Forbes como una de las personas más importantes de la India y a ser candidateado dos veces al Premio Nobel de La Paz que ganó Barack Obama.

La onda espiritual se infiltra, en Argentina, entre los poderosos. Tinelli, Telerman, Macri, el rabino Bergman y hasta el ex ministro Cavallo la practican y publicitan. El jefe de gobierno porteño, incluso, en 2008 pagó cursos para que la fundación “instruyera” a la policía metropolitana.

No comments, diría el Coco.

Los representantes argentinos oficiales de la fundación son Esteban Coll, presidente, ex directivo de Molinos Río de la Plata y hoy asesor de Cablevisión, y Nicolas Cuño, dueño de la marca Key Biscayne.

La pata argentina de El arte de vivir ofrece cursos arancelados de meditación, respiración y otras técnicas espirituales jerarquizadas en “partes”. Los nombres que aparecen en la web oficial no son relevadores del contenido de cada uno: Parte 1, YES+, Embarazadas, YES, ART EXCEL, PARTE 2, SRI SRI YOGA, COCINA NATURAL, CONOCE A TUS CHICOS, RAS. Los precios van de $380 el más barato a $530 los más caros. Una persona que asistió revela que asisten alrededor de 100 personas a cada uno. Luego también hay seminarios especializados a $1900.

Poca es la información que se tiene sobre estos cursos (qué se hace, qué se dicta, quiénes, entre quiénes, cómo es la metodología, qué técnicas se enseñan) para quienes nunca han asistido. Una de las estrategias que mantienen muchas instrucciones espirituales o de motivación como ésta tienen que ver con el hermetismo: no revelarle a nadie sobre lo que se hizo, aunque sí permiten recomendarlo.

Una página especializada en denunciar las prácticas de Art of living cuenta que en Estados Unidos esto forma parte de un contrato que se firma antes de comenzar cualquier curso; el autor de la página, por ejemplo, se propone en un topic: “Vamos a reflexionar sobre por qué tanto conocimiento es secreto en AOL”, y da sus argumentos con información detallada. En la portada de la web (http://aolfree.wordpress.com/) hoy se explica la situación legal que está atravesado el autor por una serie de demandas de la fundación estadounidense: al parecer, pactaron que no subirá más información crítica sobre AOL, pero se mantendrá la ya publicada.

Las denuncias más severas que hace AOLFREE tienen que ver con lo que está a vista de todos: el negocio que hay detrás de la espiritualidad. Sobre esto, en una entrevista a la BBC, el propio gurú Ravi Shankar se encargó de desdramatizar el asunto:

¿Qué siente Sri Sri Ravishnkar respecto al dinero habiendo asumido tal posición en algo tan espiritual? «La espiritualidad no tiene precio, sin embargo se hacen ciertos cargos para costear los gastos del programa y no hay nada malo en eso”.

Al señalársele que la cantidad de dinero supera el mero costo de los gastos, responde: «La fastuosidad es contraria a la espiritualidad, pero la comodidad, no. La austeridad no tiene que implicar sufrimiento. Uno no tiene que vivir en una choza con goteras, con frío y sólo una cobija. Eso no es señal de espiritualidad. Cuando hace calor no tienes que estar bajo el sol para ser espiritual… ¡puedes tener aire acondicionado, sin problema!».

Por otro lado, así como los insólitos cursos a la Metropolitana, esta espiritualidad cala hondo entre empresarios y hombres de poder. No sólo por la necesidad de canalizar de algún modo la necesidad de bienestar sino que, en su discurso, El arte de vivir centra en la individualidad y alcanza sentidos de libertad de culpas y una mayor productividad. Claro que para quienes así la practican significará “vivir mejor” o “vivir en paz”…
La otra disputa que mantiene Shankar se da adentro de Oriente y es porque aparece asociado a los sectores fundamentalistas de la religión hindú, estableciendo su hegemonía sobre otras etnias y religiones. Aquí no nos meteremos por temor a recibir bombazos.

Ciertas fuentes no verificadas (quiero decir, que no verifican nada o que simplemente manda fruta) cuentan que Ravi Shankar está furioso con el uso político de su imagen que anuncia su participación en los “Foros Fe Vida” y una visita a la ciudad de Córdoba este septiembre. El día 5, por ejemplo, la Universidad Siglo XXI le otorgará el doctorado Honoris Causa a Sri y el gobierno provincial de De la Sota lo distinguirá como visitante ilustre. El evento es auspiciado por Radio Mitre y La Voz del Interior, mientras que el Municipio lo declaró de interés general.

Por quienes lo avalan es, cuanto menos, sospechoso.

La otra cita invita el 6 de septiembre a participar de una meditación masiva junto al Ravi en un predio de La Rural. En otro de los actos inéditos, insólitos, increíbles, tan paradojales que dan risa, Mauricio Macri disertará el mismo día sobre “El amor a lo público”.

La entrada a las conferencias magistrales tendrá un valor de 100 pesos y 40 para cada uno de los foros “Fe Vida”, entre los que estarán disertando personajes como Ari Paluch, Claudio María Domínguez, Sergio Bergman, Nacha Guevara o Viviana Canosa.

No es un error de tipeo: Viviana Canosa hablará sobre los miedos.

Mirándolo bien, es a la única que iría a escuchar.

Ah, la de Mauri, con tanto amor a lo público, también es paga.

Si supiera el Ravi en cuál se metió…

No sé si toda esta información tiene algún sentido, si valida o no las prácticas de la fundación, lo cierto es que cada uno hace lo que se le canta las pelotas con su guita y si le hace bien, mejor.

A mí, la pauta no me la da ni la página crítica de AOL, ni las respuestas insensibles del Ravi sobre el dinero, ni las truchadas que parecen estar a la vista de todos: a mí la pauta me la da John Lennon.

¿¡Qué?!

En los 60 los Beatles se vieron seducidos por una corriente hinduista muy similar, sobre todo George que viajó en más de una oportunidad en la India, experimentó sus drogas y sus instrumentos, e invitó al resto de la banda.

El pulenta en ese entonces era el que fue maestro de Ravi Shankar, conocido como Maharishi Mahesh. Son varios los músicos, actores y famosos que recurrieron a él entonces: Los Beatles, The Beach Boys, Mia Farrow, David Lynch, Clint Eastwood. Los Tinellis a la escala argentina… Qué triste…

Los Beatles estuvieron unos días, con sus guitarras, sus sonrisas y sus expectativas ante las charlas y técnicas del maestro Maharishi. Lo cierto es que antes de abandonar la India, John Lennon escribió en una madera una canción que empezaba:

“Maharishi,
what have you done,
you made a fool of everyone”.

La version de estudio, grabada en el 68, fue cambiada sólo desúés de que George le insistiera a Lennon que la canción debía tener otro nombre.

Así, de “Maharishi” pasó a ser la famosa “Sexy sadie”.

http://www.youtube.com/watch?v=_q_cRhoVYQI

Reciclaje

Se inicia la serie de cortometrajes realizados por Corto al pie, en exclusivo para NosDigital. La lógica de los productos de consumo descartables asumida a pleno gusto por la sociedad, ahora se ve bien reflejada en las nociones laborales. El reciclaje de personas no implica su reutilización, será todo lo contrario. Adentrate a verlo.

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