Archivo por meses: diciembre 2011

«El bloqueo sobre Cuba genera muerte»

Interiorizándonos en la situación cubana, la segunda parte de la entrevista a Atilio Borón. Interpretación y explicación de las diferentes nociones de libertad, la actualidad de las reformas que se vienen discutiendo, y desde dónde mirar a Cuba y a la América que la rodea.

Primera parte:  “Estados Unidos prepara un golpe en Venezuela”

Atilio Borón, politólogo y sociólogo, llegado de República Dominicana, donde participó de una conferencia sobre Juan Bosch, se sienta delante de su foto con Fidel Castro, pone jazz de fondo, levanta el señalador de NosDigital y lee “En la batalla de ideas, las que no se conocen, no luchan”. Separa los papeles del escritorio, recuerda el discurso de su entrañable amigo hablándoles a los intelectuales en la Biblioteca Nacional José Martí de La Habana, allá por 1961. Se lo imagina parado, firme, resistiendo los primeros embates de Estados Unidos, lúcido: “Nosotros hemos sido agentes de esta revolución, de la revolución económica-social que está teniendo lugar en Cuba. A su vez esa revolución económica y social tiene que producir inevitablemente también una revolución cultural en nuestro país”. Borón lo tiene en cuenta, como siempre, y lanza: “La batalla de ideas es un elemento fundamental de la lucha de clases contemporáneas. No se puede reducir el conflicto tan solo a los aspectos más económicos. Sobre todo cuando, si el capitalismo ha logrado prevalecer y mantenerse a pesar de sus conflictos y sus crisis, ha sido porque en gran medida supo desarrollar una hegemonía que revela la capacidad ideológica de conducción y de dirección, lo que Gramsci llamaba capacidad de dirección intelectual y moral”. Por eso dirige el Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales, dirigió el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y es titular de las cátedras Teoría Política y Social I y II.
Desde sus trincheras, enseña que si el capitalismo tuviera que mantenerse solo en base a sus éxitos económicos, se hubiera caído hace tiempo. “Se mantiene porque a pesar de la gran frustración que genera aún cuando las cosas van bien, a pesar de la enorme irritación en momentos como el actual, hay todavía una victoria ideológica cultural que es muy importante y que hace que siga su rumbo a pesar de todas esas dificultades”, se entusiasma y dispara: “Dar la batalla en ese terreno estratégico es importantísimo”.
“Hoy la guerra antisubversiva se libra en el terreno de la cultura y en los medios”, leyó examinando material del Congreso de los Estados Unidos. Lo declaró uno de los más altos jefes militares a la cámara de Representantes. “Más allá de las confusiones que suele haber en el campo del pensamiento de la izquierda, la derecha tiene muy clara la importancia excepcional de la batalla de ideas. Hay que salir a batallar, a desmontar todas las falsificaciones que genera la sociedad burguesa en relación a sí misma y a quienes desean cambiarla”, se ensalza. Vuelve a imaginarse a Castro en uno de sus tantos momentos históricos, cuando llegó a la Habana el 8 de enero de 1959 y gritó: “Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario. Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traerá las peores consecuencias y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo”. Lo trae a la actualidad, a su otro admirado amigo Noam Chomsky y su programa: “decir la verdad y denunciar todas las mentiras”.
Parado en una esquina de la capital cubana, durante su último viaje a la isla, se quedó mirando el horizonte y un par de desconocidos se le acercaron para preguntarle si necesitaba algo. No necesitaba nada, pero le urgía hablar de política. Recuerda y señala: “Los cubanos dicen con absoluta franqueza lo que piensan de política. La idea de que Cuba es un estado policial como dicen en EE.UU. es absurda e incompatible con el espíritu caribeño que tienen. Se quejan de lo económico que está mal por responsabilidad del Estado, pero sobre todo por el bloqueo. Pero el núcleo duro con el que tropieza el Imperio es que los cubanos no quieren saber nada con un país colonizado”. Su compañero martiano lo había dicho en 1960: “Nosotros no hemos de cometer el error de subestimar al enemigo imperialista, sino conocerlo en su fuerza real, apreciarlo en su fuerza real, y hacer, por nuestra parte, lo necesario para salir victoriosos en esta batalla por la liberación de la patria”. Le respondió así a uno de los atentados que sufría el país por entonces: “¡Qué ingenuos son! ¡Si por cada petardito que pagan los imperialistas nosotros construimos quinientas casas!”.
Por eso abordaron también los ataques económicos, que aún duran. “El bloqueo es una política totalmente ilegal, es una política de guerra y de agresión que no debe tener lugar en la comunidad internacional”, explica Borón.

-Desde 1959 Cuba está sometida a un bloqueo estadounidense. ¿Cómo se continua la lucha en contra de ese autoritarismo?

-No hay que acostumbrarse al bloqueo. Es un acto criminal. Significa someter a una población considerada enemiga, aunque no lo sea. En vez de tirarle bombas, les arroja una serie de dificultades económicas que en muchos casos significan pérdidas de vidas humanas. En el caso de Cuba, el bloqueo implicó un costo comparativamente menor porque hay una red de seguridad social muy fuerte que no existe en otros países. Ellos calculan que murieron siete mil personas porque no pudieron acceder a medicamentos que se producen solamente en Estados Unidos o, por ejemplo, en España, pero cuya producción alcanza un 10 por ciento estadounidense. Por las leyes del bloqueo, no se lo pueden vender a Cuba. Eso genera muerte. En un caso de un bloqueo menos prolongado como el de Irak, que no tenía la seguridad social cubana, se estima que murieron 800 mil personas. Solo por un bloqueo económico, sin contabilizar los militares. Ésa es una cifra oficial del gobierno estadounidense. Y la gran mayoría de esos muertos eran niños. A Cuba le ha costado en términos económicos, el equivalente a dos planes Marshall. Con uno solo se recuperó Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Cuando estos cínicos hablan de los problemas de economía cubana, me gustaría ver cómo funciona Estados Unidos con dos planes Marshall en contra en cincuenta años. Ese país sería una hecatombe total. Estados Unidos, además, internacionalizó el bloqueo con la extraterritorialidad: un productor holandés que le quiere vender a Cuba un tomógrafo computado, si tiene un componente tecnológico, de patente o material mayor al diez por ciento, no puede venderselo.

-El bloqueo se extiende también a lo informático.
-Cuba tenía acceso a Internet, pero necesitaba el caño submarino para que fuera de alta velocidad. A causa del bloqueo, Cuba no tiene ese acceso. Los países (República Dominicana, Jamaica) que se lo ofrecieron fueron sancionados por Estados Unidos: “si continúan ayudando, les vamos a cortar el acceso a nuestros mercados, no vamos a dejar que entren los inmigrantes, etcétera”. Chávez les ha tirado un caño de 1300 kilómetros. Vamos a ver cuándo va a funcionar. Eventualmente Cuba va a poder acceder a la era digital plenamente.

 -Sin embargo le critican el corto acceso a la información.
-No le dan la posibilidad de permitirlo. Desde Cuba hasta Estados Unidos hay unas 100 millas. Se podría haber solucionado mucho más fácil. Hay que entender que Cuba está en guerra: lo bloquean, amenazan, sabotean (con muertos incluidos). Cuando japoneses en la Segunda Guerra Mundial entraron en California, Estados Unidos los metió en un campo de concentración. Cuando un país es objeto de un ataque, existe un recorte de las libertades públicas. Se puede resolver levantando el bloqueo y dejando de atacar a Cuba. La Central de Inteligencia Americana reconoció los más de 600 atentados para acabar con la vida de Fidel Castro. No le pueden pedir a Cuba que despliegue todas las libertades públicas. Un cubano tiene más libertad que gente de cualquier otro país de América Latina: saben que no se van a morir por falta de atención médica, que es gratuito el acceso a la mejor educación posible. El estadounidense no tiene esa libertad. Si no tiene dinero, no puede estudiar y difícilmente consiga becas, salvo condiciones excepcionales.

-También le reprochan tener un sistema de partido único.
-Eso es muy controversial. EE.UU. tiene un sistema bipartidario. Como dijo mi gran amigo y talentosísimo Noam Chomsky, en EE.UU. hay un solo partido: el Wall Street Party. Las diferencias entre republicanos y demócratas son marginales. No hacen al fondo de la cuestión. Puede haber un sistema de partido único más democrático que un sistema bipartidario o multipartidario. Cuba tiene algunos rasgos de democracia radical muy fuerte: es uno de los únicos países del mundo donde los candidatos a los cargos electivos de la Asamblea Nacional surgen de las instancias territoriales (barrio o lugar de trabajo). En Cuba el partido Comunista no puede presentar candidatos. Puede el barrio elegir a alguien del partido, pero puede también que no. De hecho, más de una tercera parte de los asambleístas no eran miembros del PC Cubano. Es muy importante porque da un control muy fuerte sobre el representante. ¿A quién le voy a reclamar yo si se derrumba un edificio como consecuencia de corrupción? También hay gastos enormes en la campaña en Estados Unidos y en los Estados capitalistas que recortan las posibilidades de ser electo. Las versiones más optimistas dicen que la campaña de Obama costó un billón de dólares. Las menos, el triple.

-Cuba está actualmente realizando reformas económicas. ¿Qué opinión le despiertan?
-Tiene que hacer reformas porque el sistema antiguo está agotado. Yo creo que las debería haber hecho hace unos cuantos años. Debería haber avanzado más rápidamente a otra forma de organización económica social. Ahora tiene que ir muy rápido porque le está costando mucho funcionar. Tiene que eliminar formas estatizadas de actividades económicas que eran absurdas, por ejemplo, la barbería o la producción de vestidos de novia. Yo lo decía en Cuba: “¿en qué parte de El Capital de Karl Marx, dice que el Estado tiene que tener en sus manos absolutamente todas las actividades económicas?”. El pueblo cubano tiene una gran capacidad creativa, entonces yo creo que van a superar los obstáculos.

-¿Estas reformas pueden llegar a generar acumulación?
-Existe acumulación de dinero importante porque a pesar de los bajos salarios, los cubanos no gastan nada: la comida la dan en el trabajo, alquiler no existe, lo que pagan por luz o gas es mínimo. Me parece que hay una capacidad de compra muy fuerte en Cuba. En los últimos 10 años hubo un proceso importante de acumulación. Fidel le tiene miedo, cree que puede ser el inicio a una vuelta al capitalismo. Yo creo respetuosamente que no. Hay un Estado cubano muy fuerte capaz de controlarlo y de evitar la creación de una burguesía que ponga en jaque a la Revolución. Estados Unidos quiere aportar a eso, pero no lo va a conseguir. Con estas reformas, Cuba va a conseguir galvanizar un apoyo mucho mayor de la población cuyas críticas fundamentales se dirigen a lo económico.

Foto: Mariano Frisoli.

“Instalemos en la agenda continental la necesidad de educación pública y gratuita”

Jóvenes de Colombia y Chile se cansaron de querer ser estudiantes y no poder. A ellos les toca hoy estar en Buenos Aires para seguir sus carreras, y aca se juntan para luchar en contra de que la educación se convierta en una herramienta al servicio de las empresas y el mercado.

Fotos: Vanesa Olea Martinez

Se cansaron de enfrentarse a la resignación y ahora enfrentan cotidianamente a la policía cuando marchan y no los dejan, cuando quieren salir a marchar y antes de concentrarse los detienen. El presidente cafetero Juan Manuel Santos pretende modificar la ley de educación superior y promover el mercado de la educación superior, obligando a las universidades públicas a comportarse como agentes del mercado. En Chile, el pingüinazo del 2006 poco pudo hacer frente a la mercantilización de la educación en todos sus niveles.

Chilenos y colombianos, pero también latinoamericanos en general, se reúnen ahora en asambleas de Buenos Aires y La Platabajo el rótulo de estudiantes exiliados por la educación, sobre la base firme de la convicción de no dejar solos a sus pares y ser capaces de ver lo que está pasando en términos políticos y sociales más allá de los fronteras. Pablo, uno de ellos, comenta: “Si bien principalmente lo que nos motiva son las movilizaciones, allá en Chile con respecto a la educación, la idea es ir ampliando ese espectro de trabajo hacia otros temas, los trabajadores por ejemplo”.

Además se movilizan con agrupaciones de estudiantes porteños. Marchan del Obelisco a Plaza de Mayo, hacen peñas, documentales y cine debate. En la última movilización del año, agrupaciones estudiantiles de izquierda los apoyaron. 29 de Mayo, La Mella, Libres del Sur siguieron a la bandera América latina unida y en lucha por una educación al servicio de los pueblos.

Al principio, cada estudiante chileno en Argentina pensaba que lo suyo era un auto-exilio individual, pero cuando se dieron cuenta de que no eran casos aislados, lo denominaron exiliados por la educación.

 “Queremos instalar en la agenda continental la necesidad de una educación pública y gratuita”, gritan en el Obelisco. “La educación y el conocimiento, que deberían ser un ente liberador, se han convertido en una herramienta al servicio de los intereses de las grandes empresas y el mercado, reproduciendo con esto las desigualdades sociales y económicas, que se agudizan aumentando la brecha entre ricos y pobres”, leen cuando llegan a Plaza de Mayo. “No se trata de compañeros chilenos o argentinos, ni de mayores o menores, sino de construir sociedad, de volver a acercarnos y conocernos. El capitalismo salvaje y el neoliberalismo logró perfectamente alejarnos y que cada uno piense solo en sus intereses”, resume Alejandro, otro chileno exiliado por la educación, días después en la Taberna Popular Vasca del barrio de Monserrat.

 “Mi mamá también vino a Buenos Aires a estudiar 60 años atrás”, piensa una chica mientras camina por Diagonal Norte y dice: “Venimos a Argentina para educarnos. En Chile tenemos que pagar, y no podemos”. “Somos los excluidos de la educación chilena”, salta en un cartel. Otro: “La educación en Chile es un derecho de todos”. “La educación gratuita te permite también trabajar sin preocuparte por tener que pagar la universidad. La educación en Chile no me permite estar con mi gente”, agrega otra chilena mientras para y mira a su alrededor a dos colombianos, uno brasilero, varios argentinos sosteniendo banderas. Repite de cámara en cámara y grabador en grabador: “Si bienla Constitución Argentinamenciona el derecho a la educación a todos los habitantes, nos encontramos con que muchos compañeros no pueden estudiar porque tienen que laburar, porque tienen que poder comer, porque tienen que hacer un montón de otras cosas, la universidad no te garantiza ciertas condiciones mínimas para poder estar acá: el tema de la movilización, la alimentación, la biblioteca, los apuntes”.

Alejandro, en la Taberna Popular Vasca, sigue: “Hay un discurso hegemónico que dice que acá la educación argentina es gratuita, laica y pública. Pero nosotros nos damos cuenta que no está al servicio del pueblo. Yo tengo compañeros de clase media y alta. No hay hijos de villeros. En Chile compañeros míos no quieren el modelo argentino, sino uno que también incluya al pueblo. Aquí no está el problema resuelto. El problema, para él, es el lucro en la educación. Por eso, en las asambleas de La Plata y Capital funcionan talleres de mercantilización. “Yo quiero estudiar aquí para volver a Chile y contarles a mis compañeros que la educación gratuita es posible”, agrega.

Del otro lado de la cordillera no pierden tiempo. Se reúnen a dialogar con el gobierno para presentar sus exigencias, y mientras siguen ocupando los establecimientos: “Con sentarse a hablar con el gobierno no vamos a sacar nada porque no nos quieren dar nada”critica profundo Alejandro. “Lo que queremos nosotros como asamblea es que esta conciencia que tiene el pueblo chileno no la canalicemos en un plebiscito o un diálogo con el gobierno porque esa es la estrategia de la burguesía. Queremos que se siga construyendo poder popular y consciencia. No podemos parar el movimiento con esta democracia tan entre comillas”, sigue. Maximiliano, compañero, suma: “Piñera no es un político, es un empresario. Su elección no nos desagradó. El capitalismo va a caer por sus mismas contradicciones.La Concertación aplacó las diferencias. Durante veinte años durmió a la gente en Chile. Las cosechas de los ‘90, del 2006 y la actual tiene que tener frutos revolucionarios que no sigan la lógica de la democracia burguesa”.

En Plaza de Mayo, Buenos Aires, Argentina concluyen pensando en cada uno de sus países natales, en cada uno de sus vecinos latinoamericanos: la educación no debe buscar solo encontrar una salida laboral, sino ser algo fundamental en la conformación de las bases de una sociedad, la que actualmente está siendo corrompida por el poder empresario neoliberal.

El ajedrez gigante donde triunfó el pequeño ajedrecista

Siguen las crónicas sobre deportes extraños pero urbanos. Las plazas con ajedrez gigantes, parece, no sólo existen en las películas. Acá, la historia de pequeño casi tan grande como un alfil que venció en una partida histórica a un turista holandés.
El paisaje era medieval. En el fondo asomaba un castillo incrustado en una montaña verde de hojas, más cerca había un arroyo, cruzado de puentes y miradas, más acá, al lado del pibe que observaba con ojos desorbitados, había un ajedrez gigante. Sí, claro, de esos que solía haber en ciertas plazas, donde los niños se acercaban y los peones los intimidaban con la altura, ni que hablar de la estatura casi patotera de la reina o el rey. La idea, al parecer ya extinta, consiste en dibujar el tablero en el piso y poner las piezas enormes sobre los casilleros, entonces, en vez de mover la ficha con los dedos, se mueve con la humanidad entera. Así se desarrollaba la nublada jornada.
El pibe, el de los ojos desorbitados, con el castillo pintado de fondo y el arroyo desparramado atrás, sólo tenía vista para esa cantidad abrumadora de ajedrez. Pero no sólo las fichas eran grandes, los jugadores también. Esa parecía ser la premisa: adultos vs. adultos. Se puso triste por todas las veces que lo ignoraron cada vez que asomó a decir que quería jugar. Con el viejo método de ganador queda en chancha, fueron cinco los juegos que aguardó sentando a un costado del mega tablero con sus jeans casi blancos, algo rotos, y su camisa a cuadros que se camuflaba con el panorama ajedrecístico.
Luego de los cinco desprecios vio que no quedaba nadie. El tablero estaba vacío, con fichas pero sin gente. Se disponía a jugar solo, tristemente, cuando arrimó a pispear un turista holandés, colorado como el sol mismo. No dudó: “¡¿Quiere jugar?!”. No se entendieron ni un poquito. El europeo, alto, flaquito, blanco, pinta de debilucho y zapatos aparatosos, sólo le dirigió la mirada. El pibe, desesperado, hizo otro intento: “¿Do you want a play?”. Las textuales palabras, con pasmosa entonación, llegaron al blanco. El tipo le echó una mirada cómplice, buscando aprobación, a la chica que lo acompañaba y se dispuso, algo tímido, a acomodar las fichas.
La misión primera estaba salvada. El pibe, después largas horas, iba a jugar. Ganar, perder, qué importaba, si la sonrisa empezó a brotar desde el mismísimo instante en que intentaba agarrar las enormes fichas con sus manos, brazos, hombros, pecho, espalda, cabeza y piernas también.
Los detalles estaban listos, hasta la gente que pasaba por alrededor se empezó a interesar y se detuvo al costado. Las risas incrédulas de unos, la vergüenza del holandés y el descrédito de quienes menosprecian la infancia estaban a un costado del tablero y, también, muy adentro de cada infeliz.
El partido duró tres movimientos: “Jaque mate pastor”, se oyó.
El holandés nunca entendió nada, la gente tampoco, ahora sus ojos estaban redondos y desorbitados. El pibe, feliz, se sacó la mano de los bolsillos, buscó su campera al lado del tablero y se fue pateando piedras a su casa. La madre lo esperaba para cenar y el pequeño no tenía más rivales que estén a su altura en ese enorme tablero.

Una verdadera pérdida

La sede de avenida Las Heras del IUNA es un edificio que conmueve por su belleza. Sin embargo, está cerrado y los estudiantes no pueden usarlo. Las condiciones edilicias no son buenas, pero tampoco son buenas las esperanzas que se tienen para armar un proyecto para acondicionarlo. Algo curioso, justo en una universidad que tiene la carrera de restauración.
Callao derecho y doblás en avenida Las Heras, al 1749, te sorprende una fachada de principios de siglo XX, lamentablemente, la puerta esta cerrada.
El edificio construido por el arquitecto Carlos Nordmann, quien tiene en su haber obras como El Torreón del Monje en Mar del Plata o el demolido Teatro Coliseo, fue en sus principios una elegante vivienda señorial y luego sede de la prestigiosa Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”.
Hasta que a fines de 1996, instituciones terciarias y superiores de arte, se fusionaron para conformar lo que hoy se conoce como IUNA, Instituto Universitario Nacional de Arte. Desde entonces, funciona en la sede de avenida Las Heras el departamento de Artes Visuales.
Es indiscutible que el edificio es testimonio de la historia del arte argentino, pero conjuntamente goza de múltiples protecciones legales: la ley que resguarda construcciones públicas con mas de 50 años de antigüedad, la ley 3056 que por ser anterior al año 1941 no permite demoliciones ni alteraciones y el hecho de estar catalogado como protección estructural por el GCBA. A pesar de todos estos “beneficios”, hoy los alumnos de las diferentes licenciaturas no pueden disfrutarlo.
En agosto del 2010, fue cerrado por el peligro que le generaba la construcción de un hotel en el terreno lindero. Pasillos apuntalados, paredes caídas en el subsuelo, puertas de acceso y seguridad con dificultades para ser abiertas, grietas en el piso y escaleras, es el panorama que se presenta en la actualidad.
Damián, integrante del frente Ensamble Artístico Independiente, asegura que desde el Centro de Estudiantes uno de los reclamos principales es la reapertura de la sede Las Heras, pero que no obtienen respuestas por parte de las autoridades.
Con respecto al valor cultural del edificio y el patrimonio que se encuentra dentro, Jimena, consejera por la mayoría del frente EAI, reclama: “Adentro tenemos una biblioteca de puta madre (pide perdón entre sonrisas y corrige), libros de gran valor en peligro de que se destruyan; así como un montón de materiales que nosotros necesitamos cotidianamente y que por una cuestión de que no se sacan no los tenemos hoy para trabajar”.
Frente al proyecto presentado por las autoridades de ampliar en aproximadamente 2000 metros cuadrados la capacidad del edificio una vez recuperado, para así funcionar como sede única del departamento, Jimena, nos dice: “Es un poco contradictorio. Primero habría que pensar en cómo poder recuperarlo y cómo evitar que se derrumbe y en todo caso en un futuro proyecto por ahí pensarlo como un edificio único para visuales”.
Y concluye: “Uno de nuestros reclamos es tener un edificio único, pero no en estas condiciones”.
Si bien en Agosto del 2010 se presentó por parte de las autoridades el proyecto “Puesta en valor de la sede Las Heras” (Expediente Ministerio de Planificación 290516/10), a mas de un año del cierre, el edificio de carácter singular y memoria cultural peligra, en una facultad en la cual se dicta la carrera de Restauración y Conservación…

La noticia sin noticia

Lacar, la marca de camperas, antes una máquina de trabajo esclavo, ahora, una empresa en vías de recuperación. Actualización de la noticia que ya tiene 3 meses de incertidumbres y a decenas de familias a la espera.

Foto: Nos Digital.

La cooperativa de trabajadores de Lacar sigue esperando que el juez Federico Guerri falle a su favor la propiedad de los bienes (indumentaria y maquinaria) que el antiguo dueño de la firma, José Tarica, vació de los locales comerciales y la fábrica y escondió en dos depósitos que los trabajadores encontraron, vigilaron y hoy reclaman. Ninguna obstrucción legal impide al juez dictaminar sobre el tema. De hecho, desde aquél domingo 18 de septiembre en que se desencadenó todo, los trabajadores ya formaron una cooperativa, presentaron un plan productivo y se reúnen todas las semanas, dos veces. La maniobra judicial, así, sólo puede leerse como un desgaste: a tres meses del vaciamiento, los trabajadores continúan sin ver un centavo.
La espera ahoga. Con festivales y rifas apenas llegan a cubrir los “vales” que piden los más necesitados. Otros más suertudos confiesan estar viviendo de la familia o algún compañero. Semana a semana trazan nuevas estrategias que permitan el próximo paso hacia la producción. En el polo textil del INTI ya se ponen a ritmo con cursos y capacitaciones. “La gente del INTI nos acercó unas máquinas y nos está dando uno que otro curso para ir preparándonos. Porque la gran mayoría de gente que forma la cooperativa no es precisamente de talleres… Ellos antes mandaban todo a clandestinos”.
No es menor lo que explica Gabriela, tesorera de la cooperativa. Precisamente en esos talleres clandestinos comienza la historia siniestra de la firma Lacar en Argentina: fue la primera denunciada por encierro, hacinamiento y sobreexplotación de talleristas. Es ése el trabajo que ahora están aprendiendo, en otro intento de amoldarse a la redistribución de tareas. “Pero sin las máquinas, sin las camperas para empezar a vender es muy difícil”, explica Gabriela. Ya tienen las cantidades y números de tela, cierres y etiquetas que deben comprar como para una primera tanda. Pelean, mientras tanto, no sólo por la liberación de la ropa y las máquinas, sino también por la propiedad del “bien inmaterial” que es la propia firma Lacar. Se entiende, el impacto comercial y de marketing no sería el mismo aunque las camperas mantengan su calidad. Otro de los tantos inconvenientes será reubicar locales comerciales donde pueda venderse la mercadería que produzcan.
Pero para eso falta. Ahora queda presionar por la propiedad de los bienes: “Este lunes 19 iremos hasta el juzgado a ver si por medio de la presencia podemos encontrar alguna otra respuesta, básicamente pedir que liberen los bienes a nuestro favor”, anuncia Gabriela. El pedido de los trabajadores se basa en la reciente Ley de Quiebras que obliga al juez a revisar una serie de “créditos laborales”, asimilables a lo que entendemos como “indemnizaciones”, cuya suma puede intercambiarse por los bienes de la empresa. Antes, los bienes se consideraban para el dueño. Esta ley da prioridad a los trabajadores a tasar los bienes de la empresa y corresponderlos con el valor de la suma de los créditos laborales. Es decir, permite la posibilidad legal de expropiar bienes materiales (máquinas, productos y hasta la fábrica misma) e inmateriales (inteligibles, como la firma de una empresa). El caso de la cooperativa de trabajadores de Lacar es de los primeros que ponen en juego la ley.
Por qué no se aplica la ecuación de la ley no es fácil de desentrañar. Por lo pronto, los trabajadores de Lacar cuentan con un inconveniente comparado a otras fábricas recuperadas: el edificio en que trabajaban era alquilado. También hay que reconocer cierta astucia del antiguo dueño José Tarica para mantener en secreto la quiebra de la empresa. Los trabajadores no se la esperaban. No pudieron ni supieron entonces entrar a la fábrica, tomarla, resistir. Tarica limpió hasta las fotos familiares que tenían los administrativos colgadas en las oficinas. De las máquinas ni hablar. Los locales comerciales, lo mismo: todos vaciados. El dueño de la fábrica que alquilaba a Tarica no tiene razones para hacer voluntarismo: ya alquiló la fábrica a otra empresa.
Desde que se conoció la noticia del vaciamiento, el INTI les guarda un lugar en su polo textil en Barracas. Por ahora sólo ayuda con cursos y capacitaciones, y unas pocas máquinas para poner en práctica nuevos conocimientos de corte y confección, lo que antes se terciarizaba. Pero ya con este reconocimiento del INTI, el convenio que les cede lugar físico, se supone, supuso el abogado del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas, Luis Caro, que el juez tenía que tomar una decisión positiva sobre los bienes. Es decir, a favor de los trabajadores. “No hay nada que esté obstruyendo que el juez tome una decisión a nuestro favor. El papel ya fue entregado hace quince días a la justicia, pero todavía no tenemos respuesta”, cuenta Gabriela.
Las tareas, ahora, mientras, es de corte y confección de ánimos, psicologías y ayuda económica para quienes más lo necesiten. El juez a cargo es el mismo quien, en primera instancia, apuró a rematar los bienes sin precio de partida, violando la propia Ley de Quiebras. El abogado de las recuperadas Luis Caro rápidamente pidió su revocatoria. Guerri dio marcha atrás con su decisión, hizo tasar los bienes por un síndico y ahora demora la decisión sobre su propiedad. El antiguo dueño José Tarica, lejos de estar reclamándolos, declaró la quiebra de la empresa, no apareció más, siquiera se presentó a las audiencias que convocó el Ministerio de Trabajo y, se sabe, descansa en el country del Club Náutico Hacoaj donde vive.
Se avecina fin de año y la inminente feria judicial apura a los trabajadores. Gabriela: “Hoy justamente, antes de juntarnos a hacer un brindis tuvimos una asamblea y tratamos de apuntalarnos… Porque hay determinados momentos que te hacen bajar los brazos… Tratamos de acompañarnos para que cuando alguno se caiga, no se pierda la esperanza”. El lunes 18 irán al juzgado no a presionar sino a buscar lo que antes muchas otras recuperadas consiguieron tomando fábricas, resistiendo desalojos y estirando con amparos: justicia, expropiación, producir sin patrón.

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Nueva publicación: Voces y silencios (1976-1983)

Voces y silencios. La prensa argentina y la dictadura militar (1976-1983)

Jorge Saborido y Marcelo Borrelli (coordinadores)

Jorge Saborido es licenciado en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y realizó estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Es profesor titular de Historia Social General en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y profesor titular de Historia del Siglo XX en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de La Pampa. Ha sido profesor invitado en universidades de Argentina, Uruguay, Chile y España. Dirige proyectos de investigación desde hace veinte años y ha recibido becas del gobierno de España y de instituciones privadas. Publicó más de veinte libros, entre los que se destacan El Mundo Contemporáneo:Historia y Problemas (coautor, Barcelona, 2001), Breve Historia de la Argentina (coautor, Madrid, 2006), La Revolución Rusa (Madrid, 2006), La Guerra Civil Española (Madrid, 2007), Historia de la Unión Soviética (Buenos Aires, 2009).

Marcelo Borrelli es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA), magíster en Comunicación y Cultura y licenciado en Ciencias de la Comunicación por la misma universidad. En 2011 ha sido seleccionado como investigador del Conicet, institución de la que fue becario. Se desempeña como profesor de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Participa desde hace diez años en proyectos de investigación de la Universidad de Buenos Aires vinculados a la historia de la prensa durante la dictadura de 1976-1983, temática sobre la que ha publicado numerosos trabajos en congresos y revistas especializadas. Es autor de “El diario de Massera”. Historia y política editorial de Convicción: la prensa del “Proceso” (Buenos Aires,2008) y de El fundamentalismo islámico (coautor, Madrid, 2006). Actualmente, prepara la publicación de su tesis doctoral sobre el diario Clarín frente a la política económica de Martínez de Hoz.

INDICE

Introducción
Jorge Saborido y Marcelo Borrelli

1 PARTE. Los diarios

Una “batalla ganada”: Clarín y la compra de Papel Prensa (1976-1978)
Marcelo Borrelli

“El diario de Massera”: Convicción durante la dictadura militar
Marcelo Borrelli y Jorge Saborido

Entre la guerra sucia y la guerra de Malvinas, la guerra que no fue. Los medios y el conflicto del Beagle (1977-1982)
César L. Díaz, Mario J. Giménez y María M. Passaro

El choque de los paradigmas y la muerte del diario La Opinión de Jacobo Timerman. Una historia que continúa
Fernando Ruiz

La Nación y Clarín frente a la violencia política (1976-1980). Dos casos de periodismo hermesiano
César L. Díaz

2 PARTE. Las revistas

La prensa católica

“Por la Nación contra el Caos”. La revista Cabildo y el “Proceso de Reorganización Nacional”
Jorge Saborido

Criterio frente al golpe de Estado de 1976: una apuesta a la salida institucional
Marcelo Borrelli

Esquiú-Color ante el proceso de apertura política (1981-1982): de la democracia tutelada a la reconciliación nacional
Mercedes A. González

La prensa política

El informe de la CIDH y su repercusión en la prensa política (1979-1980). Los casos de Confirmado, Redacción y Extra
Damián Díaz y Mercedes Saborido

Ascenso y caída de un “interlocutor válido”: Confirmado (1976-1978)
María Sol Porta

Somos y Gente frente a la guerra de Malvinas: dos miradas en una misma editorial
María Paula Gago y Jorge Saborido

Contratapa

Este libro surge en un momento histórico de la Argentina donde el rol de los medios de comunicación y las actitudes que mantuvieron durante la época dictatorial se encuentran profundamente cuestionados. Soslayando una habitual visión maniquea que intenta determinar quiénes fueron los “buenos” y los “malos” de la historia reciente nacional y reduce las motivaciones de los órganos de prensa únicamente a fines ligados a su interés pecuniario o a otros poco transparentes, en estas páginas se propicia un ejercicio de pensamiento histórico que reflexione sobre la labor de la prensa revisando la complejidad de la época, con sus ambigüedades y matices. Para ello se analizan las trayectorias ideológicas de distintos diarios y revistas, sus alineamientos con ciertas doctrinas políticas, las dinámicas de apoyo y distanciamiento que fue generando la propia dictadura con sus prácticas y las cambiantes circunstancias que atravesó el país durante los casi ocho años en que las Fuerzas Armadas estuvieron en el gobierno. Los autores aspiran a que esta obra sea un aporte para alumbrar una época signada por los efectos del terrorismo de Estado y la impronta autoritaria en diversos campos de la realidad nacional; años donde la prensa tuvo un rol prioritario para legitimar o deslegitimar las prácticas de quienes ejercieron el poder.

“Dirigir Primera División es una joda”

Nos propusimos entrevistar a Ricardo Caruso Lombardi para descubrir si es realmente el personaje que se ve en los medios. ¿Y? Descúbranlo con lo que se lee acá abajo en el mano a mano con NosDigital: «Algo debo tener, todas mis campañas son buenas. Hay algunos que se ponen los zapatos antes de las medias. Yo me pongo las medias antes que los zapatos, ésa es la diferencia».

Fotos: Nos Digital.


“Ya bajo”, se llega a escuchar antes de que el telefono se corte. Se abre la puerta del ascensor y baja Ricardo Caruso Lombardi, con la pilcha del Cervecero, que ese mismo día jugaba contra Atlanta. “¿Son ustedes?”, pregunta con cierta incredulidad, nos da la mano, saluda a algún colaborador lleno de carpetas y se sienta en un sillón del coqueto hotel del centro porteño en donde concentra Quilmes. “Ah, bueno, gracias, pero yo no leo”, responde cuando se le hace entrega del señalador distintivo de NosDigital. “Arranquemos que todavía no me bañe y hoy tenemos partido, dale”, suelta mientras se prende el grabador.
-¿Te considerás el único técnico consagrado del ascenso?
-Soy al único que le buscan excusas, le buscan los por qué. Y eso es porque me enfrento a la realidad, digo las cosas como son, me gusta decir lo que pienso. Muchos no pueden, no quieren, no los dejan, no se atreven. A mí no me preocupa nada. Digo lo que pienso y siento. Si llegué hasta acá así, no voy a cambiar ahora. Me gusta enfrentarme a la soberbia del fútbol argentino. Los que están en primera son muy soberbios, siempre te miran de reojo, todos creen que saben todo, te miran mal. Te das cuenta. Una envidia muy particular. No porque haya jugado en mejores clubes, les debe dar bronca porque soy mediático y salgo a decir las cosas. Termino molestando a los demás. Para ellos es todo molestia. Yo sigo por este camino. Dicen maravillas de los que jugaron en Primera, pero toda la perorata y el chamuyo que hay es terrible.
-¿Entonces desterraste un mito?
-Sí, es todo mentira. Enfrenté a todos los técnicos y equipos y he ganado. No tiene nada que ver, depende de tu capacidad. Yo no jugué en River o en Boca, pero tengo bastante claro qué es el fútbol y puedo enfrentar a cualquiera.
-¿Por ganar hacés cualquier cosa? Das esa imagen.
-Yo no gano como sea, gano como puedo. Ganar como sea es ganar con trampa, con goles con la mano, o jugando con doce. Gano con lo que tengo. Se fastidian cuando dicen que soy sacapuntos. Yo hago lo que puedo, con lo que tengo, tengo partidos buenos y malos. Mi diferencia es que yo les doy un extra a mis jugadores, que cuando juegan conmigo dan más. Algo debo tener, todas mis campañas son buenas. Hoy hay técnicos que tienen campañas horribles. Yo no me puedo quejar, cuando me fui al descenso hice una campaña histórica.
-Pero sos defensivo, ¿o no?
-Esas son pelotudeces que tengo que andar escuchando. Siempre jugué con dos delanteros en campo. Eso no lo hacen muchos. A mi me resulta raro. No me preocupa: mis equipos van al frente y son ordenados.
-¿Qué es jugar bien?
-Tener la pelota. No salir jugando de abajo como cree todo el mundo. Eso lo hizo River y todas eran jugadas de gol en contra. Ahora no lo hacen más, la meten larga, van a la segunda jugada. No se atreven más porque los rivales lo complicaban. Todos son iguales, inventan que les gusta el buen fútbol ¿A quién no le gusta el buen fútbol, que su equipo dé tres pases seguidos? Los técnicos siempre tienen el violín, que les gusta jugar bien, por abajo, el buen juego, el buen toque. Es todo mentira, quieren ganar.
-¿Son muy chamuyeros los técnicos?
-Ufff, mamita mía. Todos defienden su laburo, y lo poquito que duran… Algunos van de un lado al otro, estuvieron en todos lados y nada. Tienen la suerte de que los dirigentes saben muy poco de fútbol. No saben nada en realidad. Quieren opinar por arriba tuyo y no tienen ni idea.
-¿Sos bilardista?
-Ni comparación. Nada que ver. Es cualquier boludez eso.
-¿Qué tenés que ver con Cappa, por ejemplo?
-Hay cosas que me gustan y cosas que no. Yo agarro lo que me sirve, tampoco soy tarado, no como vidrio ¿Qué querés? ¿Que vaya a dármela de lírico a la cancha de Rosario Central con cinco delanteros? Yo hago lo que me conviene. No es que sea defensivo, no soy boludo.
-¿Qué opinás de Bielsa?
Nada, uno más. No le veo nada raro.
-Pero, ¿tuviste algún referente?
No, no tengo. Busco lo que me gusta a mí. Tengo mi manera y no copio a nadie. Le saco algunas cositas a algunos. Pero no son referentes.
-¿Te cuesta que tus equipos asuman el rol protagónico?
-No, pasa que tanto en la B como en la A se volvió todo más difícil. Cuando estás de visitante, sos visitante en serio.
-¿Messi sigue siendo suplente en tu equipo?
-No, ahora de titular lo pongo. En Europa, acá no.
-¿Sería el suplente de Cauteruccio?
-No, acá roba. Pero según en que cancha. De local todo bien, hay que ver si de visitante, contra Patronato o Defensa y Justicia puede jugar. Es un monstruo, pero en la Selección, lamentablemente, no dio nada.
-¿Por qué?
-No le gusta jugar las Eliminatiorias. No demuestra nada en la Selección, en los mundiales tampoco. Hizo dos goles en dos años. No es un chamuyo, es un gran jugador, pero no se puede comparar: acá vemos la realidad. En Europa hay rivales medio pelo que acá no podrían jugar. Pero de algo se tiene que hablar. Dicen que todavía es chico, ya tiene 24. El Diego a los 20 ya era el mejor de todos.
-¿Serías buen técnico de Eliminatorias?
-Yo dirijo cualquier cosa. Ya dirigí todo, no me asusta nada. El club de barrio te lo dirijo también. Es a lo que me dedico, me críe de chico en clubes del ascenso. El que dirigió en ascenso sabe que la Primera es una joda. Hay algunos que se ponen los zapatos antes de las medias. Yo me pongo las medias antes que los zapatos, ésa es la diferencia que tengo con muchos técnicos que se piensan que saben todo.
-¿Cómo harías jugar al Barcelona?
-Igual. Si juegan bárbaro. No soy boludo.
-¿Cómo le jugarías al Barcelona?
-Si lo tengo que enfrentar, depende la localía. En nuestra cancha le dejo los dos delanteros. Tiene puntos débiles el Barcelona.
-¿Cuáles son?
-No, no sé, habría que ver. Hay que buscarlos. Es un equipo que ataca mucho, pero dejan libre uno de los laterales siempre. El tema es que los contrarios son flojos, se hace muy aburrido.
-¿Agarrarías un equipo de España?
-No, no iría. Yo dirijo acá, lo de afuera no me interesa. Tuve miles de ofertas, pero yo me quedo acá.
-¿Le das algún lugar a los valores extrafutbolísticos?
-Mucho lugar. Trato de estar bien con los jugadores. Hay que saber manejarlos. Más que nada cuando no los ponés. El suplente es muy difícil de tratar.
-¿Ves déficits sociales que se trasladen al fútbol?
-Sí, la duda. Todos dudamos de todo. Siempre con dudas. El temor te lleva a las dudas. Es un país del que nunca hablaron bien. Siempre estamos pensando en sus cosas malas: la inseguridad, la corrupción. Siempre le pegamos. Eso se traslada a todos los ámbitos.
-¿Entonces tenés una visión más optimista del país?
-No, no. Es un país bravo. Si sos un poquito dormido, te fuman en pipa. Olvidate.
-¿Qué pasó con San Lorenzo?
-Y… es lindo que me nombren. Si te quieren por algo es. Me deja un cosquilleo que no me hayan dejado ir, agarrar un club de esos no es fácil. Son oportunidades que se dan pocas veces. Pero, bueno, lamentablemente, el presidente de Quilmes no me respondió los llamados para no dejarme ir. Fue su manera de defender su club. Me la tengo que bancar y seguir dándole para adelante. ¿Cómo no me hubiese gustado ir a San Lorenzo? Hay equipos que no pueden desperdiciarse. No se dio, ya está, hay que dar vuelta la página.
-¿Esto te puede dejar mal con la gente de Quilmes?
-La gente normal lo entiende, la que no es normal puede ser que no. Yo me adapto a la gente normal.
-¿De dónde salen tus ocurrencias?
-No tengo nada pensado, me nace. Tengo inventiva. Todos los dichos míos son genuinos.
-¿Nunca impostaste un personaje?
-Por más que haga payasadas o me disfrace de payaso, si no ganas partidos te echan de una patada en el culo. Seguro que queda esa imagen, pero son cosas que me nacen, no las preparo. Las locuras que tuve en su momento me agarraron porque me enojo, me fastidio. Pero me nacen. Lo siento así, no premedito nada. La clave es conseguir resultados.
-¿Te arrepentís de esos pequeños arranques?
-No, de nada. Siempre me buscaron ellos. Yo no empecé nada. Podría hacerme el boludo y dejarla pasar. Yo no lo hago: contesto lo que tengo que contestar y no me arrepiento de nada. Quizás no lo volvería a hacer, pero no me arrepiento
-¿Tenés alguna autocrítica?
-No, sigo mi camino. Intento que las cosas se arreglen pero nunca pienso en lo que no puedo hacer.
-¿Cuál es tu plus?
-Un poco de todo. La motivación es clave. Sin eso nadie puede jugar. Buscar los jugadores apropiados y ser ordenado. Los jugadores definen la historia igual, no yo.
-¿Tenés un patrón de juego o vivís adaptándote?
-No, me amoldo. Es mi gran virtud. Veo para que está el plantel y lo hago. Depende de los jugadores, de los rivales.
Caruso mira la hora en su celular, se pone inquieto. Empieza mecerse sobre sus rodillas y amaga a pararse. “Me tengo ir”, comenta. Se para y saluda: “Chau, master”.
-Ah, Caruso, la última: ¿Cuál fue el mejor jugador que dirigiste?
-A mí mismo. Me dirigía solo, je.

“Me gusta atajar en este San Lorenzo que pelea el descenso”

Nereo Champagne es el arquero de San Lorenzo y es, además, un personaje. Lector de Sasturain, Soriano y Sacheri, fanático del heavy, el pibe nacido en Salto aclara que él » juega al arco, que es otra cosa, porque los arqueros son mucho más raros». Y sobre el momento que vive en el Ciclón afirma: «Yo soñé toda la vida con esto. Soy futbolista porque en el garage de mi casa, jugando a que era el Mono Navarro Montoya o Nacho González, alguna vez imaginé que esto podía pasar».

Foto: Nos Digital.


El tamaño es realmente descomunal. Desde la muñeca hasta los dedos, quizás, haya veinte centímetros. O más. Pero la duda quedará flotando porque, definitivamente, sería entre descortés y bizarro pedirle al arquero titular de San Lorenzo, Nereo Champagne, que dejara que un cronista sacara una regla y que calculara con precisión las medidas de esas manos gigantes que funcionan como su instrumento de trabajo.
Quizás, para llegar a un cálculo aproximado valga la pena pensar que esas manos soportan día tras día los golpes macizos de una cantidad de pelotas gigantes que -encima en la situación de un San Lorenzo que pelea el descenso- logran un peso inmenso. O, tal vez, sirva mirar de qué manera lleva en la palma el cuerpo de Simón, su hijo de cinco meses, que llora y ríe en el living de su casa de Caballito. O, por ahí, resulte la cuenta deduciendo cuántos libros de Osvaldo Soriano y de Juan Sasturain -de los que lee en las concentraciones de distintos hoteles las noches anteriores a jugar un partido- cabrían entre sus dedos.
Pero a la larga, la conjetura perderá sentido porque Champagne empezará a hablar y, moviendo las manos con la misma vehemencia de un director de orquesta en plena función, hará que sus interlocutores queden sorprendidos por el nivel de conceptos que maneja este futbolista que no sólo es raro porque lee o porque es un fanático casi religioso del Heavy Metal y del líder de Almafuerte, Ricardo Iorio, sino porque lejos de paralizarse con el miedo y con las histerias que genera en el fútbol argentino la chance de descender con un grande como San Lorenzo, el arquero afirma con contundencias: “Yo siempre soñé de chiquito con jugar en un momento como este. Hay que disfrutar de la cancha llena y de la presión”.
– ¿Pero no te parece excesiva esta visión tremenda que se le da a descender?
– Es que es la pasión con la que se vive el fútbol de acá. Yo nací con esto. Todos crecimos con este sentimiento interno de los hinchas. Que, de todas formas, no deja de ser una locura. Porque verdaderamente el descenso no es la muerte de nadie. Es algo lógico: dos descienden, dos van a la Promoción. Son reglas del deporte. El sentimiento está bien, lo que está mal es la violencia, que no se justifica de ninguna forma. Porque seguro los que vienen a la cancha, después de perder, no vuelven a sus casas e insultan a sus familias. Seguramente, futbolísticamente hablando, irte a la B es lo peor que te puede pasar, pero no te pueden matar por eso. Por suerte, acá, en San Lorenzo, la gente está alentando sin parar y no se da de casualidad: sabe que nosotros ponemos todo por el equipo.
– ¿Son muchos los nervios que se acumulan en estas situaciones?
– Sí, ni hablar. El nerviosismo siempre está presente. Pero creo que hay que tener en cuenta que es un nerviosismo positivo. Te hace estar alerta. Sería un problema si nosotros estuviéramos en Promoción y solamente nos juntáramos a tomar mate, en vez de estar entrenando con todo, dejando la vida por esto. Yo creo que el miedo existe, pero no es que nos paraliza. Es, incluso, algo que se disfruta. Capaz, antes de jugar se te revuelve toda la panza y es algo medio molesto, pero cuando yo salgo a la cancha, veo la tribuna, veo la cancha llena y pienso: yo soñé toda la vida con esto. Soy futbolista porque en el garage de mi casa, jugando a que era el Mono Navarro Montoya o Nacho González, alguna vez imaginé que esto podía pasar. Por eso hay que disfrutarlo al máximo. Más allá de la plata, más allá de lo que pueda decirte cualquiera, a mí me gusta atajar en este San Lorenzo que pelea el descenso.
– Seguramente a vos en inferiores te enseñaron a cortar centros, a sacar con los pies y a achicarle a un delantero. Pero, a la vez, nadie te debe haber explicado cómo atajar en un equipo que puede irse al descenso. ¿Cómo se aprende a aguantar la presión?

– Se hace en el camino, creo. En el jugar. Yo aprendí mucho en mi experiencia como arquero de Ferro, que es un club raro. Está en la B, está quebrado, nadie sabe quiénes son sus dirigentes, pero los hinchas sienten que son de Primera. Lo viven así: con todo el sentimiento. Todos los partidos tenés la presión de ir a atacar, de ganar. Ahí, yo me fui acostumbrando a este ritmo. El resto es de uno y del entorno que nos rodea. Hay que ser fuertísimo de la cabeza. Pensar y saber que las cosas van a salir bien. Siempre hay que ser positivo, sin ser desesperado y sin evadir la realidad: en este caso, San Lorenzo está en Promoción y nosotros nos tenemos que hacer cargo de eso.
– ¿Al fútbol se lo aprende en el mundo del fútbol o también por afuera?
– Es todo. Muchas cosas vienen del entorno del que uno salió. Yo vivía en Salto con mi familia y de chiquito me enseñaron a tener responsabilidades. Iba al colegio y estaba obligado a esforzarme. Si era lo único que hacía en mi vida, era una deshonra que yo lo hiciera mal. De la misma forma, decidía dedicarme al fútbol. Mi equipo de ahí tenía un solo arquero, era yo, y no falté casi nunca. Pero porque mi papá, al que no le importaba específicamente que yo fuera jugador de Primera, me enseñó que me tenía que hacer cargo de las cosas. Así pude terminar el secundario y hacer, incluso, una tecnicatura en informática. Se aprende de la cultura del esfuerzo y eso se lleva al resto de las cosas.
– ¿Siempre quisiste ser arquero?
– Sí, siempre. Desde chiquito, cuando jugaba en mi casa, soñaba con esto.
– Siempre se dice que los arqueros son tipos raros.
– Puede ser. De todas formas, yo creo que hay que dividir entre los arqueros y entre los que van al arco. Yo juego al arco, que es otra cosa. Los arqueros son mucho más raros. Pero, a la vez, es imposible no separarse de algunas cosas. Este puesto tiene cosas maravillosas: de movida, está la posibilidad de agarrar la pelota con las manos, algo que ningún otro puede. Y, a la vez, tenés una conexión rara con el resto. Tenés la posibilidad de tener la pelota seis o siete segundos vos, sin que nadie te la saque, con todo el estadio mirándote. Nadie más puede. Fijate que el gol de Diego a los ingleses debe haber durado diez segundos como mucho y esa situación es algo único. Aunque, también, tenemos una cosa rara que es que en el fútbol lo más lindo es hacer un gol y nosotros jugamos de parar eso.
– Y vos encima sos más raro todavía: te gusta leer.
– Sí, a mí la lectura me llegó por el secundario y por estar en las pensiones. No soy un fanático. Pero la verdad es que disfruto mucho, por ejemplo, de leer algo como el Día del arquero de Juan Sasturain. O a Osvaldo Soriano. La otra vez, antes de jugar contra Newell’s, me quedé con Arqueros, ilusionistas y goleadores. Algo increíble.
– ¿Es difícil meter los libros en las concentraciones? ¿Hay mucha play station?
– Depende, este plantel es muy poco de la play station. Es más del mate y de las cartas. El tema es que en el fútbol conviven muchas esferas sociales. Por eso te encontrás distintos casos. Cuando yo concentraba con Germán Voboril (NdelR: ahora jugando en Godoy Cruz) nos quedábamos leyendo a Eduardo Sacheri.
– ¿Y tu pasión por el heavy?
– Yo llegué al metal escuchando a León Gieco. Antes me gustaba más el rock nacional, pero escuché una canción que hacía León en la que participaba Ricardo Iorio. Y no pude creer la voz que él tenía, entonces me volví un fanático con otro pibe que estaba en la pensión. Después empecé a darme cuenta que el heavy tenía que ver con la resistencia, con las minorías, con el ser nacional, con decidir el destino. Se mezclaron muchas cosas, así que me volví un fanático. Siempre que puedo voy a ver a las bandas que puedo. Sobre todo si tocan en el Teatro de Flores.
Champagne habla y sigue moviendo esas manos gigantes. Abraza un mate que reparte, mientras charla y abraza a su hijo Simón. Su voz nunca frena. Su convicción por aprender y por seguir creciendo tampoco.

«A Cuba lo comparan con el primer mundo»

NosDigital se juntó con Juan Castellanos en su regreso a Argentina a poco de cumplirse cuarenta años de la derrota sufrida en Salta por su guerrilla. Soldado durante la Revolución Cubana, amigo y padrino de bodas del Che, quien decidió expandir el ideal revolucionario a los lugares más recónditos del planeta: de Cuba a la Argentina, de Angola a Nicaragua. Una entrevista que revela desde curiosidades de la vida cotidiana en los montes caribeños hasta los porqués de un hombre para destinar su vida a la lucha armada.

 

Fotos: Nos Digital.

Juan Alberto Castellanos volvió a la Argentina luego de casi cincuenta años. Condiciones bien diferentes que la última vez: nada de monte, nada de cárcel, golpes y reclusión. Teniéndolo en frente pudimos advertir la persistencia del ideal del Che, encarnado en uno de los pocos personajes que pudo combatir a su lado, que supo cultivar una amistad y seguir en sus empresas al mito que aún no para de hacerse presente en cada rincón del mundo. Entonces, empieza a hablar de sus experiencias, eso de pasar su entera juventud, y más aún, con el fusil en el hombro en condiciones precarias. Y así, sentados en un bar céntrico de Buenos Aires, NosDigital hace la primera pregunta iniciando una larga charla con Castellanos, guerrillero, cubano, latinoamericano, guevarista y también, padre de tres hijas…

-¿Cómo es que se incorporó a las fuerzas revolucionarias cubanas?
-Yo era un joven al que no le gustaban las injusticias, pero era un analfabeto político. A raíz de que Fidel asalta el Moncada, tuvo un impacto muy importante: ellos fracasan; matan a la mayoría y a otros los hacen prisioneros, entre ellos a Fidel. En el juicio, él asumió su defensa, pero cuando empezó el primer día en los tribunales no lo ayudaron más, porque se convirtió de acusado en acusador. De ahí en más le celebraron el juicio en un hospitalito de la cárcel, donde hizo el alegato histórico “La historia me absolverá”, donde denunció todos los problemas que había en el país. Él logra estando en la cárcel, sacar ese alegato y se convierte en un manifiesto para la juventud.
Cuando leí eso me di cuenta de lo que pasaba en mi tierra, de todas las injusticias. Fidel me alfabetizó en ese sentido. Así que me incorporé al movimiento y me fui a parar a la Sierra Maestra, donde conocí al Che. Empecé con él en la Sierra, después hice la invasión con él en las villas, ahí me convierto en ayudante de chofer de él porque se luxa un brazo. Hasta que me hicieron Comandante, poco antes de los combates en Santa Clara. Fíjate, una vez Ernesto me preguntó qué pensaba hacer si lográbamos ganar y quedaba yo con vida. Le dije que me iba a ir al carajo porque no me gustaba que me estuviesen llevando de acá para allá…Y nunca se olvidó de esto.

-¿Recordás el primer encuentro con el Che?
-Sí, como no. La primera vez que lo vi me decepcionó. Los argentinos que conocíamos eran porteños, te hablaban fuerte y rápido. Pero el Che hablaba pausado, bajito, así que me dije: “éste no es argentino”. Pero supimos tener relaciones muy buenas, de subordinado a jefe y después prácticamente fuimos amigos. Además para la liberación de América yo fui el segundo cubano que él eligió, el primero fue Hermes, que murió acá en el norte.

-¿Cómo los seleccionaron a ustedes para viajar a Salta?
-Mira, yo estaba en la universidad. Pero estando en agosto de 1962, Hermes desapareció. Y ahí le dije al compañero Pombo “ahora voy a ver al Che porque me parece que se va porque Hermes anda desaparecido”. Y cuando fui a ver a Ernesto me preguntó qué quería y ahí le dije “¿Cuándo usted se va?”, y me dijo que por qué creía eso. Ahí me sinceré: “Porque Hermes anda desaparecido y usted es el único que sabe dónde está. Pero quiero que sepa que a donde quiera que vaya, yo me voy con usted”. Me respondió que lo iba a tener en cuenta.
Yo me reintegré a la escuela, me gradué y volví a las Fuerzas Armadas. Cada vez que el Che recibía una queja de nosotros, nos llamaba y nos reprendía. Porque cuanto más cerca de él se estaba, más recio te llevabas. Pero lo queríamos muy grande, porque nunca nos adoctrinó ni nada, sino que nos enseñaba con su ejemplo y con su forma de ser. Entonces nosotros intentábamos imitarlo. Él quería un hombre nuevo y se embebió del hombre nuevo y logró hacer de muchos cubanos hombres nuevos. Pasó de ser Guevara Lynch, doble apellido, de la aristocracia, a dejarlo todo por los más pobres. Entonces, esa cosa del Che hizo que lo quisiéramos tanto.
Pero bueno, un día me mandó a buscar. Yo me dije “por qué, qué hice, no estuve con nadie, no me mandé ninguna borrachera”. Más tarde lo vi y me dijo “hace un año usted me preguntó cuándo nos íbamos. Bueno, ahora va a ir a un lugar y va a estar con gente conocida. Invéntale un cuento a tu familia bastante verosímil para que se lo crean”. No me dijo nada más de nada.
De ahí me mandó a hablar con el Jefe de Inteligencia. Yo no había salido de Cuba nunca, y el viajecito fue de La Habana a Praga, de ahí a Roma, de Roma a Lisboa, Lisboa-Dakkar en África. Dakkar-Rio de Janeiro, después San Pablo y luego a un pueblito de la sierra de Paraguay. Finalmente terminé en La Paz. A mi familia le dije que iba a estudiar Armas Estratégicas en la URSS, pero que era algo secreto, que no me iban a poder escribir y viceversa. Una cosa bastante verosímil, porque nosotros nos estábamos preparando como ejército para enfrentarnos a USA, y necesitábamos conocimientos en armas modernas.
Cuando llegué a La Paz me encontré con dos cubanos, del que solo conocía a uno, que ahora es el Ministro del Interior; entonces de ahí nos venimos a Tarija para vernos con Masetti. El tema es que sobraba un fusil y yo los convenzo de unirme a ellos, pero ésa no era mi misión. Yo tenía que esperar al Che en Bolivia y venirnos juntos para acá.

-Sobre las críticas al proyecto del Ejército Guerrillero del Pueblo: que las FFAA de Argentina eran poderosas, que no era la mejor zona para iniciar la guerrilla…
-Espérate, espérate… yo tenía experiencia guerrillera y, aquí no importaba la fuerza del ejército. Nosotros éramos un grupo de jóvenes con ideas revolucionarias que queríamos liberar este continente. La zona no era la mejor, pero bueno, aparecimos allá. De algún modo las guerras se empiezan, y no era un tema de utopía, porque en Cuba había pasado. Un grupo batalló contra un ejército profesional, quitándole las armas. ¿Y por qué no se iba a poder aquí, más si teníamos al Che que lo iba a seguir todo el mundo?. O sea, está que el EGP sirvió, no fue ninguna aventura, plantamos la semilla. Ahora en este país se habla otro idioma. Ahora no son sumisos al imperialismo, se ve un proceso de cambio. Nosotros, Cuba, nos hemos convertido en la semilla que está germinando en países que tienen más recursos naturales para llevar a cabo la Revolución.

-Cuándo el EGP fue derrotado por Gendarmería y ustedes, detenidos, ¿cómo fueron tratados?
-Mira, nos golpearon bastante. Pero nos dieron golpes nada más, unas cuantas palizas. Pero a cada paliza yo cambiaba de nacionalidad. Hasta que un día les tiro mi leyenda, que yo era peruano, y se la creyeron; eso que los Servicios de Inteligencia acá no eran bobos. Si la CIA se enteraba que había un cubano, yo no estaría para contarla.

-¿Y su experiencia en Angola?
-Estuve un año y medio allá, desde 1976, pero no combatí. Yo estaba en la provincia de Cabinda, al mando de una unidad, preparada para combatir contra los zairenses como tropas regulares. Había un atraso muy grande. Prácticamente les enseñamos a combatir y después liberamos a Namibia, que estaba al lado. Derrotamos al ejército sudafricano en combate. Participaron 50 mil hombres, pero eso no salió publicado en ningún lado. Cuando terminé mi misión, fui a Nicaragua a combatir contra los Contras. Estuve dos años, dos meses y quince días. Ahí sí me tocó participar como combatiente nicaragüense. Me llevaba bien con la gente, aunque la propaganda era que nosotros los cubanos nos íbamos a robar las cosas de ahí, que estábamos en el país para poder enriquecernos.

-¿La gente se la creía?
-Y sí, mucha gente sí, pero cuando nos vieron actuar, cuando vieron a los soldados, a los maestros, a los médicos cubanos actuar desinteresadamente, ya no.

-Después de tantas batallas, ¿cómo ve su vida?
-Yo me siento un hombre realizado. Realicé mi sueño. Tengo tres hijas y las tres son profesionales, en Cuba actualmente no hay un solo niño trabajador, tienen que ir obligatoriamente hasta noveno grado, y si la familia no puede sostener que su hijo siga estudiando, se le da un subsidio. Y a los estudiantes universitarios también se le da un estipendio. Cuando éramos cinco millones, ocho de cada diez pasábamos hambre, pero hambre de no comer. Ahora que somos el doble, en Cuba se desayuna, se almuerza y cenan todos. Que no comen la cantidad que quieren, bueno, pero ni los ricos pueden hacerlo. Y ya nos hemos acostumbrado a vivir mejor. La salud es mejor, vamos por alcanzar los 79 años de esperanza de vida, con medio siglo de Revolución. No tenemos ningún niño desnutrido, tenemos un nivel educacional que compite con cualquier país. Todo el mundo tiene su casa: pagas el 10% de tu sueldo hasta que amortizas el costo de construcción y listo, eres el dueño de tu casa. Antes habían dos universidades y una sede, y hoy tenemos dieciséis universidades.

-¿Cómo ve ahora a los jóvenes cubanos?
-Ellos ahora tienen problemas menos graves que nosotros. El nuestro era el hambre y la necesidad. Ahora piensan en que no pueden tener ciertas cosas como los demás, porque si tienen gran nivel de preparación, por qué no. Bueno, ahora ya no se comparan con los países subdesarrollados, sino con los del primer mundo…¡pero no! Si somos unos muertos de hambre… pero que no pasamos hambre.

Grito revelador: el 9 de madera

Por Piter Buteur, especial para NosDigital en homenaje a Rogelio Funes Mori.
Era un domingo más, una tarde más pero no era un partido más de los tantos que habíamos ido con mis amigos durante ese campeonato. El equipo estaba segundo con chances claras de poder ser campeón y la expectativa era superior a la de las demás ilusiones. Nos subimos al tedioso 15 y la cancha empezaba a acercarse a nosotros. Entramos con el ritual de todos los domingos: cánticos, palmas, gritos y risas. Pero sin duda no fue un partido más. Un gol tempranero del rival preocupó a todo el estadio. La desesperación crecía a cada gol que desperdiciaba nuestro cuadro. La bronca no era generalizada, había una víctima en particular: el 9. Una y otra vez falló todos los goles que se pueden fallar en un partido de fútbol. Ni siquiera la tiraba a la tribuna, al lateral o le pegaba mordido, no importaba cómo ni dónde el 9 se mantenía estático errando todos los goles que se perdían en la garganta de cada hincha. La gente insultaba furibundamente, no se podía creer cómo el 9 no se movía ni un paso, estático completamente. No daba pie con bola. El primer tiempo terminó y eso ayudó a calmar las aguas por un rato, pero al iniciarse la segunda parte todo fue igual. Nada hacía pensar que el 9 por fin podría moverse y marcar el tan ansiado gol. Sobre el final del partido sucedió lo insólito, la jugada del equipo había sido espectacular, todo el equipo rival había quedado atrás, incluso el arquero, y ahí fue cuando le dieron la pelota al susodicho. El arco estaba solo, la gente ya gritaba el gol, los compañeros ya se abrazaban, el técnico ya estaba festejando, pero no, de ninguna manera. Fue imposible. Preso de su nulo movimiento el 9 no pudo si quiera rozar el balón par convertir el gol. En esa situación desesperante un hincha de los de antaño, con boina, bastón y camisa a cuadros le dio explicación hasta lo que entonces era inentendible:
-“¡¿Y que quieren? Si ese 9 es de madera!”, exclamó.
Todo el estadio escuchó el grito, incluso los jugadores y ahí fue cuando todos comprendimos que un número 9 hecho de madera era incapaz de moverse y patear una pelota. Era simplemente un número 9 y era de madera.