Archivo por meses: julio 2011

La teoría de la hegemonía yanqui

Explicaciones históricas del discurso que se impone desde la nación que pretende controlarlo todo. El ejemplo de Bolivia en la Revolución del ´52 en las pretensiones de Estados Unidos por ser el juez por encima del resto de las naciones.

Por Julia Sturla para NosDigital

La historia de la política internacional de EE.UU., desde sus inicios como país independiente, está atravesada por una concepción de expansión y de dominación que ha interferido en el desarrollo de toda Latinoamérica  y el resto del mundo. Esto se pone de manifiesto, por ejemplo, en la doctrina Monroe, en la idea implícita del “destino manifiesto”, el Plan Marshall, la doctrina Truman, entre otros.

El corolario de Roosevelt en los primeros años del siglo XX es un interesante ejemplo de aplicación de ese paradigma. Como ampliación de la doctrina Monroe a América Latina, Theodore Roosevelt en su discurso ante el Congreso de la Unión el 6 de diciembre de 1904, afirmaba la posibilidad y el derecho de intervención de los Estados Unidos en el continente americano. De este modo, cuando en la opinión de los EE.UU. una nación latinoamericana estuviese perdiendo el balance o caminara dentro de la inestabilidad debido a impotencia o fallas crónicas, los Estados Unidos tenían el derecho a “ejercer poder político internacional.” Este poder se justificaba en la idea que expresaba la necesidad de resguardar el derecho a la libertad, siempre que fuera ejercido con responsabilidad. Así, EE.UU. se posicionaba en juez y parte de los hechos que ocurrían en el resto de América, determinando cuándo no se ejercía “responsablemente” el derecho a la libertad y entonces se debía intervenir, paradójicamente, violando la libertad de un país en pos de la defensa de la misma.

En 1949 la situación social de Bolivia expresaba un ambiente de fuerte tensión que anticipaba la revolución que se daría tres años después. Así, mientras que el presidente Hertzog intentaba mantener controladas a los sectores mineros y campesinos, y el Movimiento Nacionalista Revolucionario iba ganando posición como partido dirigente, en EE.UU. Truman asumía la presidencia en el contexto mundial de pos-guerra. En su discurso inicial planteaba que su país trabajaría para conformar un mundo en el que todas las acciones puedan gobernarse a sí mismas. En contra de la “falsa filosofía” -como denomina al comunismo- y haciendo hincapié en que la democracia tenía como pilar la convicción de que el hombre poseía el derecho de gobernarse a sí mismo, Truman afirmaba que el gobierno tenía el deber de proteger los derechos individuales y la libertad de ejercerlos. Por esta razón, el gobierno de EE.UU. alegaba que se proponía luchar para establecer la paz, la estabilidad y la libertad de las naciones.

Y en ese contexto la política internacional estadounidense tendió, por un lado, a implementar un modo de intervención no militar en las aéreas donde se vislumbraban posibles alianzas para combatir al comunismo, y por el otro, a otorgar asistencia económica y técnica a los países no desarrollados.

Así, con el fin de combatir al comunismo, calificándolo en una reducción a un sistema totalitario y opresor, EE.UU. planteaba eliminar al viejo imperialismo invasor por un programa de desarrollo democrático.

Asimismo, EE.UU. se presentaba a sí mismo como el modelo democrático y de desarrollo económico que el resto de las naciones debería seguir. Planteaba que los recursos que podía ofrecer a otras naciones sub-desarrolladas eran fundamentales para generar una mayor producción, la clave del progreso y la prosperidad. De este modo, el grado de desarrollo era medido por el nivel de producción de cada país. Directamente relacionado con esa convicción, se desprende la visión que el país de norte poseía respecto de los países latinoamericanos. No es un dato menor que éstos sean categorizados como “países subdesarrollados o con necesidad de desarrollo” ya que ese concepto hace referencia a una percepción del mundo en su totalidad. Es decir que, todas las naciones debían recorrer el mismo camino, a diferentes tiempos quizás, pero la dirección era la misma que encabezaba EE.UU. En una pretendida linealidad de desarrollo éste logra posicionarse en el lugar de líder y benefactor económico mundial.

Este cambio conceptual del viejo imperialismo al progreso económico no implicó un beneficio, sino que por el contrario, justificó la intervención, es decir, donde el nivel de producción era bajo, la única solución era el desarrollo, y el desarrollo solo era posible en base a la ayuda económica y técnica externa.

Estas ideas fueron puestas en práctica en distintos países de Latinoamérica a través de las misiones y los estudios de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros.

En Bolivia, durante la presidencia de Urriolagoitia, este paradigma fue aplicado a través de  la misión de asistencia de las Naciones Unidas. Ésta realizó un informe conocido como “informe Keenleyside” que tenía como meta  ayudar al gobierno a elaborar un proyecto de desarrollo económico. La misión determinó que Bolivia contaba con todos los recursos necesarios para suministrar una sólida base económica a su pueblo, mas no se había llegado a esa meta. La raíz de este gran inconveniente, estableció, se encontraba en la inestabilidad gubernamental y administrativa que caracterizaba a la historia del país, lo cual habría sido causa y efecto del insuficiente desarrollo económico. La debilidad política y económica conformaba, así, la unidad problemática principal.

La solución propuesta por la comisión prescribió que sin ayuda del exterior el progreso de Bolivia sería imposible. Esa ayuda debía prestarse con asistencia técnica y profesional, y con la afluencia de capital extranjero, favorecida por un clima de estabilidad política y económica. En este sentido, se recomendaba la participación directa de asesores administrativos que ocupasen cargos en  la administración pública.

El problema que no comenta el informe se relaciona con los costos políticos y económicos que esas recomendaciones trajeron. La cuantía de préstamos, la dependencia del mercado externo, la ausencia de una producción diversificada, las consecuencias sociales que aparejaban las medidas liberales posteriores, la intrusión de personal extranjero en empresas nacionales como COMIBOL y, sobre todo, la participación directa de funcionarios extranjeros en la administración estatal, lo que es la expresión más fiel de que el aporte estadounidense era una intervención más que una ayuda.

De esa forma, EE.UU. intervenía en países como en Bolivia, donde las figuras revolucionarias no aparentaban ser una amenaza comunista,  reconociendo a esos gobiernos y prestando asistencia técnica y económica a cambio de condiciones que le eran favorables, encubiertas bajo el discurso del progreso. En estas circunstancias el paradigma del subdesarrollo fue utilizado para definir naciones no por lo que eran y deseaban ser, sino por lo que no tenían y en lo que tendrían que convertirse.

En ese sentido, había una relación de poder que seguía existiendo bajo un nuevo velo. Si el poder es una relación de fuerzas que se manifiesta en la medida en que se ejerce, podemos entender la intervención estadounidense en la revolución boliviana como el desenvolvimiento de su poder. Poder, sobre todo, político y no directamente militar, pero no por eso menos alarmante. El poder político puede desempeñarse inscribiendo de un modo oculto la relación de fuerzas entre las instituciones, manteniendo el desequilibrio de las fuerzas y las desigualdades. Por eso, podemos pensar que tras la relación política, en apariencia beneficiosa, entre EE. UU. y Bolivia se ocultaba una relación que debe entenderse términos de dominación.

Pero el ejercicio de poder no se realiza por completo si no se crea y se pone en circulación un discurso de verdad: fue para Bolivia el discurso del progreso y el desarrollo. Este nuevo paradigma ideológico justificó la intervención y actuó como la producción de verdad que permitió a la potencia de norteamericana someter a la nación boliviana a un nuevo tipo de dominación. Por esta razón, al pensar las relaciones de poder y de fuerza probablemente se parta de una situación económica concreta, pero no se puede olvidar la dimensión política, porque es aquí donde se termina de construir la hegemonía de unos sobre otros.

Lo que no nos contó Aladdin

Con las problemáticas árabes como eje central, la sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional será sede de una nueva exposición de cine árabe. Directamente traídos desde el Festival Internacional de Cine Euroárabe, se exhibirán 19 obras de la temática. «Todo cine es político y este no se queda afuera», aclara, uno de los organizadores.

En paralelo al festival de cine árabe que se llevó a cabo con el auspicio del INCAA los últimos días de junio en el Cine Gaumont, se organiza otra muestra de material audiovisual proveniente de países de oriente medio. Esta vez gracias a Creciente Cine Fértil, una asociación civil que intenta funcionar como puente entre los realizadores locales y los institutos de cine árabes, y que importa desde Santiago de Compostela, España, una muestra de films con temáticas árabes.
Entre el viernes 15 y el lunes 25 de julio se podrán ver en el auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, diez cortos, cuatro largometrajes de ficción y cinco documentales directamente traídos desde el Festival Internacional de Cine Euroárabe AMAL, que este año celebra su octava edición en Galicia, y que en Argentina se realiza por segunda vez, de la mano de Edgardo Bechara “Pipo” El Khoury, director ejecutivo de Creciente Cine Fértil, y de Christian Mouroux, su director artístico.
Bechara, nieto de libaneses, estudió ciencia política en la Universidad de Buenos Aires y fue allí donde se interesó por las problemáticas árabes. Comenzó a organizar proyecciones en ese ámbito académico en 2003, hasta que decidió salir de ese reducto y empezar a dar a conocer de forma más masiva los temas que le interesaban a través del lenguaje cinematográfico, una elección que le parece útil para plantear ciertas discusiones políticas que de otro modo quedan truncas o generan demasiadas rispideces.
“Todo el cine es político, en especial el cine árabe. En AMAL, si sacamos las ficciones, lo que nos queda como estructura es un festival muy pro palestino, pero como hay tanto chantaje en cuanto a las palabras o a las formas de lenguaje que están permitidas para hablar sobre el conflicto en oriente medio o el conflicto israelí-palestino,  el cine se vuelve un canal muy válido para poder hablar de eso”, afirma Bechara, y continúa: “Digo chantaje en cuanto a las cosas que se pueden decir y no se pueden decir, en especial cuando se critica al estado de Israel en relación a los abusos de los derechos humanos del pueblo palestino. Compartimos la idea de dar cámara, pantalla y voz a los palestinos. No creemos mucho en las mediaciones, o en las estructuras partidarias. Eso forma parte de la vida de los palestinos, tendrán el régimen o la solución política que quieran, pero sí creemos en mostrar lo que hacen sus artistas”.
La programación de esta muestra se organiza por cortes temáticos y, a diferencia de la de España, que funciona como una competencia y que, por ende, tiene jurado, en Buenos Aires esto todavía no es posible. Hay, además, una sección especial dedicada a la mujer árabe en donde no solo se proyectarán películas, sino que también habrá un panel en donde la corresponsal de guerra Karen Marón, y las redactoras de Página 12 Carolina Bracco y Eugenia Tarzibachi, expondrán sus visiones acerca del rol y las dificultades del sexo en países árabes.
“Descubrimos estos últimos años que hay muchas más películas dirigidas por mujeres árabes de las que uno se puede imaginar. De hecho, el porcentaje es más elevado que en occidente. Cerca del 40% de las producciones del mundo árabe son dirigidas por mujeres”, explica Mouroux, al mismo tiempo que recomienda fervientemente el documental “El cuentacuentos”, del alemán Thomas Ladenburger.
Al echar una mirada rápida a la grilla de programación, se observa una gran cantidad de directores europeos, factor que ilustra, en algunos casos, inmigraciones forzadas de árboles genealógicos enteros o simplemente un interés renovado en algunos sectores europeos por quienes día a día ingresan por sus fronteras para ser conciudadanos.
“Muchas de las películas que se hacen en el mundo árabe son coproducidas con países europeos por razones obvias, algo que acá también pasa. Cada vez son más, desde los últimos 15 años, las que se hacen en colaboración con España, porque es donde más recursos hay”, agrega Mouroux. “Por otro lado, los países del golfo están empezando a volcar recursos en cine y en cultura porque  se dieron cuenta de que los puede ayudar a forjar una identidad en naciones que son bastante nuevas”.
Mouroux sostiene que en los dos últimos años se empezó a percibir en cierto cine árabe que “algo se venía” (en relación a las manifestaciones en contra de los regímenes hegemónicos de países como Siria, Egipto o Libia): “Se ve el descontento de la gente, la movilización popular como alternativa para transformar la situación”.
Teniendo en cuenta que la colectividad árabe es la cuarta más numerosa de la Argentina (el 10 % su población total), la oportunidad que brinda Creciente Cine Fértil de conocer sus culturas y sus problemáticas históricas y actuales, ayuda a acercarse a pueblos con los que no se tiene, por lo general, un intercambio diario. La chance de entender las cosas más allá de Alá, La Meca y la Franja de Gaza.
PARA CONSEGUIR EN EL VIDEOCLUB Y VER:
·         “Intervención divina”, de Elia Suleiman (2002)
·         “Caramel”, de Nadine Labaki (2007)
·         “El árbol de lima”, de Eran Riklis (2008)

Desborde planificado

Como en departamento deshabitado, sin gas y con cortes de luz, viven cerca de 700 pacientes en el Borda. El frío del invierno destapó otra otra vez ese plan implícito de desaparición del Hospital de Salud Mental que ya solo aloja a la mitad de personas que hace 10 años.

El hospital Borda no tiene gas desde el 20 de abril y sufre eventuales cortes de electricidad de hasta 5 horas. Sí, así como lo leés: el Hospital de Salud Mental José  Tiburcio Borda, fundado en 1865, alberga alrededor de 700 pacientes que no cuentan con un servicio tan básico como el gas hace 90 días, y también son víctimas de interrupciones en el suministro de energía debido a la sobrecarga de elementos eléctricos compensatorios que se han conectado en el último tiempo.

Con frío y a oscuras no es necesario decir más para deducir que la institución está en un momento de completo abandono por parte del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

“Si la situación fue siempre complicada, ahora es crítica. Hace dos años que vienen pasando cosas que dan a entender que el hospital está en un proceso de cierre”, explica Leonardo Paniagua, coordinador general de Cooperanza. Este organismo sin fines de lucro trabaja hace 25 años en el lugar dictando talleres de plástica, juegos, literatura, música y expresión teatral para incentivar la inclusión.

El invierno llegó y con él, los grados bajo cero. Para atenuar el frío las autoridades de la ciudad instalaron calefones y anafes eléctricos que, si no salta la térmica y se corta la luz, permiten que se puedan bañar dos personas por hora en cada servicio y tener un lugar donde calentar agua para los mates, aunque a cada pava haya que esperarla media hora.

El Hospital Borda no cuenta con suministro de gas hace 90 días y la cotidianeidad se torna insoportable para personas que viven una situación de vulnerabilidad extrema.

Ayer fue un incendio y la muerte de dos personas, hoy es el gas y la luz, mañana será… La incertidumbre es lo que reina en el hospital y con ella todos los sentimientos que ésta acarrea y provoca: “ni siquiera sabemos por qué no hay gas, nos tenemos que guiar por el rumor de que hubo una rotura de caños y que Metrogas tiene que hacer un relevamiento muy grande de 12 kms. de cañerías, y recién ahí volvería. Lo concreto es que vamos a pasar todo el invierno sin el servicio”, expresa con angustia Leonardo y se pregunta: “Si el gobierno de Macri tiene tanto presupuesto para publicidad, ¿cómo no va a poder resolver esto en una semana?”

Los cinco gremios que conviven se unieron para trabajar en conjunto ante esta situación que perjudica a todos. Cada semana la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), el Sindicato Único de Trabajadores de la Ciudad de Buenos Aires (SUTECBA), Médicos Municipales, la Unión de Personal Civil de la Nación (UPCN), y la Asociación de Profesionales se reúnen para determinar las medidas de fuerza a tomar. Una de ellas comenzó a realizarse a fines de mayo y consiste en salir a las calles céntricas de la ciudad a repartir panfletos para que la gente se entere de la realidad del Borda.

En una reunión realizada el 6 de julio por integrantes de estas organizaciones se observaron dos videos que se encuentran en la página web de la Ciudad de Buenos Aires. En el primero el Subsecretario de Salud, Néstor Pérez Baliño, asegura que “está garantizado para todos los pacientes el agua caliente y la calefacción”  y además “se inició una obra que dejará a nuevo el estado de las instalaciones de gas”. El otro material audiovisual es un gráfico con una voz en off explicando que “todos los pabellones, menos el central, cuentan con el servicio y mientras se trabaja a velocidad récord en las reparaciones, el Gobierno dispuso un  plan de contingencia que asegura la comida, calefacción y agua caliente para todos”.

Luego de los videos, el delegado de ATE, Daniel Blanco, cuestionó duramente al funcionario y dijo que “es lamentable que una persona con carrera en el servicio público mienta de esa manera. Nosotros calculamos que sólo alrededor del 20% del hospital tiene calefacción y todos saben que tuvimos que reubicar a los pacientes que tienen complicaciones respiratorias para que el frío no agrave su cuadro”. Por su parte la Secretaria en finanzas de Asociación de Profesionales, Marcela Guzmán, agregó: “durante todo este tiempo hubo nada más que cuatro gasistas trabajando en la reparación y sólo uno es matriculado. ¿De qué velocidad récord me están hablando?”.

El incendio que dejó como saldo a dos internos muertos ocurrió el 31 de mayo en la penitenciaría número 20 que está en el predio de 16 hectáreas del hospital. Aunque las máximas autoridades se empeñan en negar la relación que une a las dos entidades, es de público conocimiento que los presos detenidos allí tienen diagnósticos psiquiátricos que son tratados por personal de la institución.

Los trabajadores del Borda tienen un sin fin de interrogantes que nadie responde de manera clara y se vive el día a día en un clima de incertidumbre absoluta: “Nosotros nos enteramos por los medios. Trabajar acá no significa saber más que una persona en su hogar y si la institución no ratifica el vínculo con la penitenciaria es porque no se quieren responsabilizar de las dos muertes”, dice el coordinador de Cooperanza.

En abril una persona murió quemada en uno de los servicios del hospital y nunca se supieron motivos del suceso. Como de costumbre, las autoridades miraron para otro lado y no aclararon la situación. Tiempo después se supo que el enfermero  a cargo del sector al momento del accidente no pertenecía al mismo y se encontraba realizando horas extras cubriendo a un colega.

“El vaciamiento de personal es preocupante, el establecimiento cuenta con un servicio de cirugía, pero no con anestesistas, y a veces hay un enfermero cada 50 personas”, cuenta Diego Nacarado, psicólogo social y director de Cooperanza. También asegura que la situación higiénica es “preocupante” y que la cocina no pasaría ninguna inspección bromatológica ya que “las cucarachas caminan por los cucharones y ollas que después se usan para servirle la comida a los muchachos”.

El centro cultural del hospital es un espacio en el que los pacientes pueden expresarse a través del arte, la música y la cultura. Muchas de las obras allí realizadas son presentadas en exposiciones de la ciudad y del interior del país, como también en el mismo centro. Una buena noticia llegó a fines de julio: la lluvia y las palomas no serán más bienvenidas porque el techo será reparado para que no se sigan lavando y manchando las huellas de los que alguna vez pasaron por allí. Lejos está esto de ser una obra del Gobierno de la Ciudad, sino una donación de una empresa constructora. Con regalos y donaciones, lo mismo sucede en el pabellón central, donde algunas salas están siendo pintadas.

Distintas fuentes afirman que la cantidad de pacientes a principios del 2000  oscilaba entre los 1200 y 1500, y que en la actualidad rondan los 700. Los psicólogos sociales de Cooperanza aseguran que este fenómeno se debe a las dadas de alta compulsivas que se realizan y a la intensificación de las mismas en los últimos 2 años.

Los servicios cada vez más a la deriva, sin puertas, con ventanas rotas y podridas, se van cerrando uno a uno. Oficialmente el hospital no se encuentra en proceso de cierre pero lo cierto es que el abandono da a entender que el Gobierno de la Ciudad pretende concretar el proyecto que propuso en 2008 en el que se proponía la demolición del Borda y la construcción de un centro cívico. Allí se planteaba la sustitución del servicio público que el hospital brinda por una serie de clínicas privadas que cumplirían “la misma función” y un subsidio de 700 pesos para los pacientes dados de alta.

Lo curioso es que estos 700 pesos no serían entregados a los ex pacientes, sino a sus familiares. Aquí surge una contradicción porque, como explica Marcela Guzmán, “si un paciente es dado de alta para reinsertarse a la sociedad debería estar en condiciones de manejar sus ingresos”.

“No existe comunicación alguna con los funcionarios y se vive una situación de mucha angustia porque los muchachos no saben cuál va a ser su futuro y eso es grave”, dice Leonardo y agrega: “le dan de alta a una persona que al día siguiente está en situación de calle mendigando en Constitución, entonces uno se pregunta ¿cuál es el proceso terapéutico de ese paciente?”.

“En el hospital hay personas que llevan muchos años internados porque no tienen nada ni nadie que los espere afuera. A esto se le suma que el Gobierno no tiene políticas de contención para que los ex pacientes puedan conseguir un trabajo y una vivienda digna. En esta situación son nulas las posibilidades que tienen de reinsertarse socialmente y por eso muchos de ellos vuelven por sus propios medios”, cuenta Daniel Blanco.

“Este lugar ha sido siempre un depósito de personas donde las familias abandonaban por años a sus parientes locos”, dice Fernando Aguinaga, secretario de prensa de la agencia Noticias Argentinas, quien ha trabajado y colaborado en la institución. “Curiosamente coincidimos en algo con Mauricio Macri, y es en el concepto de desmanicomialización, pero nuestra diferencia es que nosotros no queremos pasar la topadora para hacer un negocio inmobiliario en las tierras del Borda,  sino transformarlo en un lugar de paso, donde la gente se recupere y siga con su vida”, agregó el periodista.

“Silencio stampa”

Las autoridades del Borda no hablan, son mudas. Tanto el Dr. Alfonso Carófile, director suplente de Ricardo Picasso, como el administrador Luis Romero, pusieron excusas para no dar la cara y hacer declaraciones.

“Los directivos no van a decir nada y si lo hacen no va a ser la verdad, mejor andá a hablar con los gremios que ellos te van a informar mejor”, fue el informal consejo de una secretaria del hospital que desde su solicitado anonimato dejó clara la bronca e indignación que sienten los trabajadores del Borda con sólo una frase: “mientras Macri sale a decir que acá está todo solucionado, las enfermeras y camilleros venden empanadas y churros, y hasta ponen plata de su bolsillo para comprar garrafas y que los pacientes no pasen tanto frío”.

El Subsecretario Administrativo del Sistema de Salud, Rodolfo Kirby, visitó el Borda el 30 de junio y fue repudiado por trabajadores e internos que lo catalogaron de “persona no grata”. Quién en 2010, ante la entrega de insumos vencidos en hospitales públicos porteños dijo que “no es tan grave dejar vencer los medicamentos”, es un poderoso empresario ligado a la industria tabacalera y al Hospital Británico. Según los delegados gremiales Kirby es quien maneja el presupuesto y los hilos en Salud pero no ocupa el cargo de Director porque su actividad privada se lo impide. Por su parte, El Dr. Juan Garralda, quién fue ascendido de su cargo de Director del hospital a Director General de Salud Mental durante la gestión de Macri, apareció por el predio ubicado en Ramón Carrillo 375 algunos días después pero más de 200 personas lo estaban esperando para echarlo a insultos. “Está con Macri”, simplifica las razones de esa larga ausencia la misma secretaria.

Las autoridades derivan a los periodistas con el Secretario General de la Asociación de Profesionales del Borda, el Licenciado Gabriel Cabia quien se transformó en una especie de “vocero oficial”: “El doctor Piccasso es el director titular pero está de licencia por enfermedad. Los reemplazantes fueron nombrados a dedo y ahora ninguno quiere quedar pegado, es una vergüenza, pero nadie va a salir a hablar”, declaró.

Esta situación de “silencio stampa” se justificó al encontrar un documento emitido el 3 de junio de 2011 por la Dirección General de Asuntos Legislativos y Organismos de Control en el que se solicitaba que toda la información que refiriera al Borda y fuese elevada a los medios debía ser “canalizada” a través de este ente del Gobierno de la Ciudad.

Cooperanza

La historia nace con el psicólogo social Alfredo Moffat, quien a fines de  los años 60 fundó la Peña Carlos Gardel, con la música como pretexto de reunión, acercamientos y charlas en el hospital. Este movimiento era resistido por las autoridades y fue finalmente interrumpido por la dictadura militar en 1976, cuando Moffat debió exiliarse en Brasil. Una vez devuelta la democracia, el psicólogo retornó al país y fundó en 1985 la asociación civil sin fines de lucro Cooperanza.

Todos los sábados del año de 14 a 18 horas se realizan talleres de literatura, teatro, música, plástica y juegos en el patio del hospital en los que se busca generar un espacio de intercambio y convivencia que permita eliminar la barrera de la soledad. A las 17 hs. se lleva a cabo una ronda general de la que participan los integrantes de todas las actividades con el propósito de compartir y exponer el trabajo de cada grupo. La jornada cierra con una merienda para todos.

“El sistema institucional psiquíatrico cosifica a los muchachos y seguimos notando la existencia de una estigmatización de la locura desde una perspectiva de loco peligroso o una mirada más romántica o naìf de loco lindo. Nosotros intentamos recuperar la subjetividad para destruir ese mounstrito que se genera hegemónicamente y que la gente se pueda acercar de otra manera”, asegura Leonardo Paniagua, uno de los coordinadores.

Cooperanza, junto a radio La Colifata y el Frente de Artistas son los grupos independientes más grandes que trabajan en el Borda de manera autogestora. Estas organizaciones buscan integrar las diferencias desde una mirada contrahegemónica apoyada en el convencimiento de que las políticas manicomiales de encierro no generan salud.

Estos colectivos sociales trabajan en conjunto para enfrentar el difícil momento que atraviesa el hospital, y organizaron, entre otras actividades, un festival de música y arte del que participaron Javier Calamaro y Goy Karamelo con el propósito de recolectar ropa de abrigo para pasar el crudo invierno sin gas y con cortes en la electricidad. “Le agradezco a todos los que donaron ropa aunque se podrían haber jugado y traer gas y caños, pero bueno, la ropa suma”, cerró Hugo, un interno que con su alegría y sentido del humor se transforma cada sábado en protagonista de La Colifata.

Sudán del Sur consumado

La Internacional

El día llegó, el Estado nacional 194º se abre su lugar en el mundo separándose de Sudán. La aplicación, luego de un exitoso referendum que aglutinó prácticamente a la totalidad de los habitantes apoyando la autodeterminación y la independencia, abre posibilidades de una profundización de la reorganización de los Estados africanos.

Independencia sursudanesa, 9 de julio de 2011.

¿Y antes? Desde abril, cerca de treinta mil personas abandonaron sus hogares por los violentos enfrentamientos entre las milicias sureñas y el Ejército nacional, respondiendo a los intereses norteños, en las disputas por los territorios fronterizos productores de petróleo.  En juego una zona estratégica económica-productiva en la disputa de la demarcación de fronteras en la escisión sudanesa desde hace tiempo pactada.

Entre el 9 y el 15 de enero de este año se celebró el referéndum que arrojó 99% de aceptación para la independencia de las provincias del sur de Sudán. Previsto desde el 2005 con el Acuerdo de Paz, firmado por ambas fuerzas, para poner fin a la guerra civil que desde 1955 viene desestabilizando la vida de cada habitante.

Hoy ya se puede hablar del nacimiento de una nueva unidad política autónoma, que pone en evidencia el valor de la lucha por la autodeterminación de los pueblos; potenciada esta necesidad cuando se trata de excolonias creadas a partir de fronteras arbitrarias e importadas desde algún salón de decisiones europeo del siglo XVII.

Reflotamos el análisis elaborado desde esta publicación sobre el asunto que hace algunos días ya ha consumado la voluntad de un pueblo ya diezmado por las guerras, sediento de paz y autodeterminación: Albores de un nuevo país, Sudán del Sur

Los buenos y malos no existen

Alrededor de esas discusiones de todos los días en la tele, la radio, los diarios. En todos esos medios que se dividen en dos, como si se tratara de algún mandato superior cuasi-religioso al que deben seguir inclinándose por unos o por otros. Sin ofrecer otra opción.

Elegimos comunicar por fuera de esas discusiones con lógicas infantiles de buenos y malos que hoy ocupan los medios masivos, convencidos de que la realidad no puede ser así simplificada. Elegimos pararnos y pensar siendo apartidarios, y tomando esa decisión seguro hacemos más política que los medios propagandistas y panfletarios, apoyen a quien apoyen. Elegimos marcar nuestro propio camino, y esto es en serio. Qué gusto es no tener una superestructura, un director o una empresa que diga qué decir y qué no.

En la historia política argentina se vuelve posiblemente más recurrente con profundidad los enfrentamientos intraburgueses que la lucha de clases sociales. Cuántas veces se plantearon cambios de sistema social, cuántas veces la gran burguesía nacional -la siempre aliada más que a nadie, a la burguesía extranjera- vieron lejos sus intereses, cuándo la redistribución se dio prolongada, real y sostenida. Nunca. Nunca. Nunca. Redistribución no es que muchos cobren poco, por si hace falta aclararlo…

La lucha intraburguesa en la que estamos inmersos hoy, por momentos feroz, y más si se acercan elecciones claves, se definen por su naturaleza: sectores altos burgueses en competencia por el control de la hegemonía del resto de la sociedad. Si Clarín y el gobierno nacional se plantean cada uno como la antítesis del otro, todos queremos saber cuál fue el negocio que salió mal y no les permitió continuar la alianza que durante tantos años grandes frutos dio para ellos.

«La Selección no se transforma en un símbolo nacional»

A propósito del arranque de la Copa América, nos juntamos con Pablo Alabarces, sociólogo, especialista en culturas populares, para analizar todo lo que puede generar la pelota en la región. Nacionalismos, uniones, diferencias, similitudes. «La Selección no funciona como unificador. Lo que Maradona sí permitía solucionar, de una manera muy eficaz,  como símbolo integrador desapareció. Y Messi no es argentino, no genera eso», explica Alabarces.

César Baez, representante de la empresa Hick, una inversora norteamericana que supo meter el hocico en el negocio del fútbol, dijo alguna vez en el periódico Tiempos del Mundo que América Latina tiene dos grandes religiones: la católica y el fútbol. Desde el 1 de julio, en Argentina se juega la Copa América, donde participan casi todos los países de la región.  Como desde los campos de juego ya no se entrega mucho, es una buena oportunidad para hablar con Pablo Alabarces, sociólogo, autor de más de siete libros dedicados al fútbol y la cultura popular, acerca de cómo se vive el fútbol en Latinoamérica. En el barrio de Flores, en su estudio, corremos todos los libros que aparecen sobre el escritorio para hacerle lugar a la pelota de fútbol y arrancar con la charla.

-Cada vez que se juega un Mundial o una Copa América parece instalarse un cierto nacionalismo en la sociedad a través del himno,  de dejar de lado la camiseta de cada equipo para unirse detrás de los colores de la Selección. ¿Lo ves así?

-A partir del inicio de esta Copa América se ven las publicidades que muestran a esto como un pueblo unido detrás de la camiseta de Messi. Es una falacia absoluta. Hay un solo caso, pero igual es muy bostero, que es la figura de Tévez, que podría parecer como una figura nacional. Messi no es argentino. Lo que Maradona sí permitía solucionar, de una manera muy eficaz, hasta 1994,  como símbolo integrador, desapareció.

-¿Entonces ya no ocurre más eso de que la selección funciona como unificador?

-En el caso argentino puede funcionar en casos en los que la dependencia de lo trival no sea tan fuerte. En Tucumán o Jujuy, por ejemplo. En zonas metropolitanas no funciona. La selección no funciona como unificador. En el resto del país lo que funciona es la expectación por ver a jugadores que nunca podrían ver. Todo esto es así hasta que suceden cosas muy importantes, como por ejemplo, una final con Brasil. Ahí sí el trivalismo se suspende. Porque es un clásico. Es un lugar común que los periodistas lo llamen como un partido aparte, pero en términos culturales sí lo es. Los hinchas en realidad le dan mucha menos bola a los mundiales, que lo que la televisión o Clarín le quieren dar. Hasta que llega un partido con Brasil o con Alemania, otro clásico, puede reaparecer la expectativa. Es falsa la idea que la selección une a todos.

-¿Y en el resto de los países de Latinoamérica ocurre algo similar?

En otros países de América Latina es distinto. Brasil, por ejemplo, es mucho más nacionalista en encuentros internacionales, aunque la división carioca- paulista- gaúcho es durísima. El último campeonato mundial que gana Brasil,en 2002, decían que era sólo gaúcho porque lo ganó Ronaldinho y Scolari, el técnico. Se jactaron de que eran ellos los vencedores. En Ecuador, en cambio, la división interna del país hace que los de la costa con el resto no se puedan ver en cuestiones deportivas. Se odian. La selección funciona como símbolo. Lo mismo en Costa Rica y México. No es obligatorio que una selección nacional supere la diferencia local o regional.

-Pero muchas veces sucede que en cualquier parte del mundo los países latinoamericanos se identifican por algún hito deportivo nacional.

-La vieja anécdota de que en cualquier lugar del mundo vos decís que sos argentino y te nombran a Maradona es factible que se esté debilitando. Después de todo hace quince años que nadie ve jugar a Maradona. Pero seguro que hoy decís Messi y es lo mismo, la puerta sigue abierta. Eso no significa que sea un puente. Sobre ese tipo de saber, de memoria compartida, no necesariamente construís una identidad cultural latinoamericana. Siempre son relatos que buscan la heroicidad argentina que se da a expensas de una derrota brasileña. El gran mito fundante del fútbol colombiano, ese 5 a 0 en el Monumental en 1993, es la gran victoria colombiana y la gran derrota argentina. Son juegos complementarios basados en que este es un juego competitivo. Entonces uno le tiene que ganar al otro.

-¿El fútbol, entonces, no funciona como un puente cultural entre los países de América Latina?

-No sé si el puente es la mejor metáfora, pero que arma relatos compartidos sin duda. El fútbol no es un puente cultural. El fútbol es una especie de función fática masculina. Función fática es, en el esquema de la comunicación de Jacobson, hacer contacto. Es algo universal. En términos sudamericanos esto implica una relación con memorias, tradiciones, relatos que son muy fuertes. Todos los latinoamericanos conocen las grandes historias de sus deportistas de la región. Con mayor o menor precisión, más conocidas las argentinas y brasileñas por una cuestión de éxito, pero en toda América Latina hay una lista de nombres que forman parte de la memoria de todos los masculinos. América Latina se habla de México para abajo, pero en este caso en todo América Central tiene más una cultural del béisbol, lo mismo que en gran parte en Venezuela- aunque ha crecido mucho el fútbol-. Todas esas historias, toda esa memoria te permite poder hablar de fútbol en cualquier lado de América Latina con cierta facilidad.

-¿No hay una unidad latinoamericana detrás de una pelota?

-Por definición la cultura futbolística se basa en la idea de oposición entre fracciones. Trivales o nacionales. Gimnasia- Estudiantes. Argentinos- Brasileños. Todos los que hemos tenido la experiencia de ver fútbol en países extranjeros de América Latina pasaba lo mismo, ese compartir del sentimiento futbolero que implica ganarle al otro. No hay posibilidad de pensar, lamentablemente, épicas comunes. Todos los latinoamericanos juntos contra todos los europeos. No existe eso. Por ejemplo, en un mundial en el cual los cuatro semifinalistas sean de Latinoamérica habrá que ver qué idea predomina: la de que grande el fútbol latinoamericano o la de la rivalidad.

-¿En otras regiones del mundo sucede algo similar? En Europa, por ejemplo.

-Tampoco es que en el caso Europeo sea todo de color de rosa, también se dan, en menor medida, todas estas cosas. Los ingleses se encuentran con los alemanes al grito de: “dos guerras mundiales, un campeonato de fútbol (two world war, one world cup)”. Cantan les ganamos dos guerras mundiales y un mundial de fútbol. Hay una lógica que tiene que ver con lo competitivo y lo deportivo que es una lógica de enfrentamiento. Uno siente que le tiene que ganar al otro. Eso aparece a nivel microterritorial, en el barrio contra otro barrio, pero también aparece a nivel nacional. Porque además no existe una forma de superarlo. Si lo trival pueda a veces, ya no es el caso de Argentina, solucionarse con lo nacional, lo nacional no tiene una instancia superior que lo solucione. No hay un partido América Latina vs Europa. En el paso de lo trival a lo nacional, en cambio, hay un momento en el cual se debieran suspender las diferencias locales para que haya una identidad nacional que la supere. Eso hace rato en la Argentina que está fracturado. Esto es que la Selección no se transforma en un símbolo Nacional. Más allá de lo que la publicidad diga.

-¿Es distinta esta cultura del aguante que existe en Argentina a la de otros países de la región?

-El fútbol tiene mucha autonomía respecto de los mundos sociales y culturales. Hay dos grandes modelos hinchísticos en América Latina. La torcida, la brasileña, que es más festiva. Y por otro lado, el modelo argentino, el del aguante. Más desgarrado, más pasional, más combativo. El modelo del aguante está teniendo bastante eco en América Latina. Se está reproduciendo en Chile, Colombia, México. Hay hasta asesoramiento rentado. No se puede hablar que hay cultura del aguante en esos países. Hay similtudes, que te enlazan con los hooliganes de Inglaterra, con eso de lo masculino. Esto es, el ser macho implica poner en juego el cuerpo y pelea es parte de ese rito de pasaje a la masculinidad. Te hacés hombre en la medida que te peleás. El caso de Argentina es una lógica muy compleja, muy desarrollada, muy extendida y muy legítima. No se puede decir lo mismo el resto de América Latina. Hay bastantes similitudes en Brasil, pero lo que no hay es la combinación con sectores políticos, policiales, etc.

«El futbolista es una mercancía»

Con Diego Latorre se puede hablar de fútbol. Ex delantero de Boca y la Selección, entre otros, ahora comenta para la cadena de deportes más vista en Latinoamérica. Igual, pese a estar en el centro de la escena, Gambetita se las ingenia para eludir todas las basuras del fútbol y analizarlas: «El futbolista es el último eslabón de la cadena: es una mercancía. Hay un aparto alrededor que te trata así: empresarios, padres, representantes. Es duro de aceptar, pero es así.»
En la cancha o en un estudio, con la pelota o con el micrófono, Diego Latorre nunca pasó desapercibido. Será por las gambetas sensacionales con las que alegraba al fútbol y será, también, porque desde los medios no gambetea nada, ni a nadie: habla de fútbol. Del juego, de sus características más intrínsecas, como la pelota, el deporte mismo, y también de su contexto social ineludible. Es por eso que “Gambetita” representa al sector del periodismo deportivo que  todavía resiste a las mediocridades generales y, desde allí, responde todas las preguntas.
-¿El fútbol te prepara para jugar en la vida, es decir, fuera de las canchas?
-Depende de la formación que cada uno tenga. El fútbol puede actuar como una escuela de vida. Evidentemente, el deporte posee algunas herramientas para poder pensar, además de jugar. El fútbol es un resumen de la sociedad en sus características competitivas, en la falta de compromiso de dirigentes. El fútbol, también, tiene aspectos que aportar a la vida como la sociabilización. Es una plataforma para pensar mejor muchos aspectos, siempre y cuando haya una inquietud porque el fútbol puede pasar y no dejarte o nada o, a partir del fútbol, podés pensar un poco mejor la realidad. En mi caso tuve la suerte de contar con mis padres que me dieron un gran interés por lo social, que se fue desarrollando con los años al poder capitalizar todas mis experiencias.
¿El sistema futbolístico habla del sistema social?
-Sí, el sistema es muy perverso. Generalmente los intereses particulares por los que se mueve el fútbol siempre enriquecen a los mismos. También destruyen a los mismos. Es un círculo muy vicioso en el que uno se encuentra atrapado y es muy difícil salir. Pero el futbolista es el último eslabón de esa cadena. El futbolista es una mercancía, que piensa como mercadería y que ve que las posibilidades de sobrevivir, en un país en donde nada está garantizado, como una cuestión individual. El hombre está sólo con sus recursos y su habilidad, sobrevive solo. Eso hace que uno tenga que escaparse de este contexto, armarse la valija y estar en Ezeiza lo más pronto que se pueda y, así, escapar de un sistema perverso donde hay gente muy enfurecida que canaliza las frustraciones en el fútbol. La sonrisa ya no existe, la credibilidad se ha perdido y la incertidumbre se ha adueñado del escenario. El resultado es que uno quiera apretar un botón e irse a otro lado, en donde además de jugar al fútbol y ganar dinero, uno la pase bien.
-¿Pensás que el sistema logró que el futbolista se piense como una mercancía?
-Obvio, claro, es así. Primero porque te tratan así y, luego, porque al tener habilidad y condiciones uno lo que busca es tratar de explotarlas. Es el único medio que tiene el futbolista para subsistir. Hay un aparto alrededor que te trata así: empresarios, padres, representantes. Es muy duro de aceptar. En el jugador hay daño psicológico a largo plazo que, dentro de su inconciente, no lo termina de aceptar o de darle forma. Hay un daño psicológico: te usan, y te dejás usar con fines económicos, porque te conviene. Pero queda una lastimadura en la cabeza cuando vas pensando la idea de “hoy soy útil, mañana soy un desperdicio”. Porque es un concepto humanamente trágico. El concepto “gano o pierdo”, “víctima o victimario”, “héroe villano”, es difícil de sostener mentalmente. Ahí uno tiene que tener una armadura social para tratar de jugar al fútbol, que es una tarea netamente lúdica. Independientemente del lugar que uno ocupe, uno tiene que estar despejado, con la cabeza libre, sino interfieren los intereses y sale un mal producto, como esta pasando ahora.
-¿Cómo puede escapar el futbolista, desde adentro, a ese concepto?
-No puede. El deporte, desde los primeros bocetos, se ha deshumanizado. Es irreversible. Nadie puede equivocarse ni patear mal la pelota. Perder esta penalizado, el que pierde no tiene ningún derecho y todas las obligaciones. Uno como unidad, desde adentro, no puede con todo eso. Entonces uno se entrega, dentro de sus posibilidades hace lo que puede, trata de acumular la mayor cantidad de dinero. No está mal, pero hay consecuencias. La moral, los sueños que uno tiene de chico, la pasión, terminar un partido y que no rompan nada, salir de la cancha libremente. Como si se hubiera perdido o ganado un juego, simplemente. Pero parece ser una época remota. No se si tiene vuelta atrás. Si no hay un mensaje profundo y claro, voluntad desde todos los lugares, vamos a ser empleados tristes, espectadores tristes, jugadores tristes, fútbol triste. Nada tiene mucho sentido de esa manera.
-¿Cuándo te diste cuenta de que el fútbol era así?
-Me hizo el click cuando me retiré de la escena. Cuando uno se aleja del lugar del hecho puede percibir mucho mejor lo que pasa, en cambio, cuando estás en el medio de la discusión también estás confundido. Cuando te retirás ves las cosas desde arriba, desde el costado, o desde abajo, pero no desde el mismo nivel. Y cuando lo entendés te provocan cosas, sensaciones, malestares, decepciones. En este futbol, en otros no, donde incluso uno puede disfrutar de lo que hace y lo que hizo. Estoy convencido de que muchos de los jugadores que se retiraron, lo he charlado con algunos, si tuviesen que rebobinar su carrera y apretar el play en este entorno y, así, entrar en la sistematización existente, no entrarían.
-Retirarse del fútbol es mucho más que eso. ¿Qué  otras cosas implica?
-Retirarme de fútbol no fue una meta voluntaria, sino, una fisiológica que viene desde afuera. Es un destino obligatorio. No se puede jugar para toda la vida. Desde mi lugar trato de pensar el fútbol. Porque hay un prejuicio que dice que no puede estar ligado un jugador, que procede generalmente de orígenes humildes y pobres, con el pensamiento. El tipo que jugó no tiene derecho a pensar, enseguida es señalado como filósofo, versero. Ese prejuicio es lamentable. El futbolista tiene orígenes humildes, generalmente, pero desde su lugar puede pensarlo y expresarlo. Hay una discriminación tapada en el medio en que me muevo, y en muchas sociedades que han escuchado muchas voces del discurso de que el ganador puede hablar y el perderor no. Me parece patético y en algún punto lo he sufrido.
-¿Por qué se desprecia razonar al fútbol? ¿Por qué se pierde eso?
-El periodismo deportivo tiene intereses económicos. Hay un costado comercial que evidentemente no se puede soslayar. Es muy demagógico y habla para muchos, entonces, hay una parte elemental que se pierde, como si estuviese implícito en el mensaje que hay que hacer un producto para que lo consuman, porque las leyes y el rating es así, y eso va a darme mucho prestigio, y así me verán muchos. Y como se lo que lo que digo tiene mucha presentación en la psiquis de la gente, mientras mas gente me escuche mas reputación voy a tener. Eso tiene consecuencias graves, ir atrás de eso no hace perder el foco de la cuestión, porque es muy parcial eso, aunque esa parcialidad sea el 20%. Entonces, el periodista ejecuta, entrevista, escribe, gestiona, conversa, piensa en base a lo que la gente quiere escuchar y si me escucha mucha gente mejor. Eso va a tomar un efecto boomergang, porque no se puede subestimar a la gente.  Todavía hay gente que cree que la credibilidad es un bien, un valor muy importante, para el que produce un mensaje, para el periodista. El periodismo es una carrera a largo plazo, y si bien la mayoría de los espacios están ocupados por el lobbyismos y el amiguismo, la gente no es estúpida. Hay un intento de crearla, pero no lo es. La gente sabe quién esta hablando, no hay que subestimarlo. No tiene nada que ver con el oficio ni con la vocación.
-¿Por qué hablar de fútbol o pensarlo no prende, no es marketinero?
-Hay que ver cuál es el concepto de éxito antes. Si significa aparentar o tener credibilidad y respeto. Respeto es un valor muy profundo, no está ligado con la cantidad de gente que me escucha, tiene que ver con la cantidad de gente que me cree, que me valora. Ahí cada uno saca sus conclusiones y hay que ver cuál es el objetivo del periodista. Si a mí hay dos tipos de cien que me creen es un logro, no que me escuchen cien. Porque a mí me pueden escuchar muchos porque trabajo en un medio masivo. Pero trabajar ahí no tiene nada que ver por como te juzgan lo que te escuchan.
-¿El periodismo es un resumen de la sociedad también?
-Yo estoy involucrado sin ser periodista, hablo en general. Conozco el medio, se cómo se manejan. Hoy se borra con el codo lo que ayer se escribió. Las convicciones las dicta la realidad mentirosa, la del momento, aquella que empaña la realidad general. Un caso puntual: cuando estaba Cappa en River, u otro, la culpa era del entrenador exclusivamente, por ser romántico, aventurero, soñador, por invitar a jugar un futbol que no coincidía con las urgencias de River, como si el descenso estuviera emparentado con una determinada forma de jugar. Entonces se dijo que Jota Jota era el salvador por ser del riñón del club, por entender la situación, por ser más conservador, que River necesitaba puntos, como si se fabricaran de alguna manera. Pero, cuando pierde Jota Jota se incluyó en el análisis la patética gestión empresarial, directiva y financiera de los últimos 20 años de la institución. Cappa no podía por incapaz, incompetente. En cambio, Jota Jota fue una víctima de la circunstancia de River, con sus errores bien marcados, pero el análisis involucró una herencia de hace 20 años, pero con el anterior no. Es todo muy oportunista, acomodadista, poner y sacar cosas según coincida o no con una forma de ver el fútbol. Eso me parece mugroso.
-¿Como periodista te viste obligado a tranzar con grandes medios que predican este mensaje miserable pero lo tuviste que aceptar como ley de juego?
-No, porque yo trato de elegir donde trabajo. Cuando arranqué no me fijaba tanto en esas cosas, hacía mis primeros pasos, y fue llenar un vacío después de dejar de jugar al fútbol. Trataba de ocupar mi tiempo en aire, opinando, debatiendo, concluyendo. Pero cuando me fui abriendo paso traté de ir eligiendo a mi grupo de trabajo, que sea compatible conmigo, que haya un respeto, una coherencia y un método de trabajo. Entonces, comento partidos y trato de no participar en programas que no me hacen bien. El tiempo libre, ahora, lo quiero ocupar en cosas que me hacen bien, sentirme pleno. No siento que haya traicionado mis convicciones, al contrario, pienso que las defiendo y las afirmo, sin tratar de imponerlas, pero buscando la manera de trabajar con gente que no solo es capaz sino que tenga una línea de conducta prolija.

Recomendación: un Gol de media cancha

Para los amantes del deporte y los libros, les acercamos la novedad editorial del último mes: Gol de media cancha. Conversaciones para disfrutar del deporte plenamente. Es el último ensayo de César Torres, doctor en Filosofía y Deporte. La invitación ya está hecha.
César Torres es doctor en Filosofía y Deporte de la Universidad de Pennsylvania. Es, también, un apasionado por el fútbol y la escritura. Acaba de publicar un nuevo libro: Gol de media cancha. Conversaciones para disfrutar el deporte plenamente, con prólogo de Facundo Sava y Ariel Scher y epílogo de Ezequiel Fernández Moores. “Como cualquier otra práctica social, el deporte puede analizarse desde la filosofía. No pensar filosóficamente el deporte es claudicar frente a la aspiración de lograr el mejor deporte posible.”, explica el autor a Nos.
El libro promueve la reflexión sobre el deporte que queremos y nos merecemos, y la función que el mismo debería ocupar en nuestras vidas. Además de evaluar su carácter, propósito y valor, el ensayo articula los principios éticos que deberían primar en la competencia deportiva. Los destinatarios son todos aquellos que se preguntan qué lugar debería ocupar el deporte en una vida satisfactoria, qué significa vivir el deporte satisfactoriamente o qué tipo de satisfacción emerge de una vida deportiva.
El autor busca retomar los valores fundantes del fútbol, que como deporte está ligado a la competencia, lo que implica que siembre habrá un ganador y un perdedor. Por eso, intenta dejar el resultadismo de lado e inclinarse por la estética. “Cuando uno tiene la posibilidad de hablar con hinchas del fútbol, descubre que el resultadismo tiene un peso importante pero que no es sólo lo que importa. El buen juego sigue interesando. Me parece, por ejemplo, que en la actualidad hay un reconocimiento al Barcelona, que activa un sistema de juego que eleva al fútbol en su mejor interpretación, que marca que la tendencia es hacia la excelencia. A su vez, veo que hay una crítica importante al mal nivel que tiene el fútbol argentino. No es algo que se pasa por alto”, comenta Torres.

«Tuve miedo de no poder seguir escribiendo»

Cuino Scornik hace una actividad mucho más que particular: le escribe algunas letras de canciones a Andrés Calamaro. Temas como Mil Horas o Estadio Azteca son de su autoría. Pero su historia es mucho más profunda. Acá, habla de sus adicciones y del temor que sintió cuando dejó las drogas.
Marcelo “el Cuino” Scornik abre las puertas de su nuevo departamento, presenta a su novia Guadalupe y de fondo no se escucha su disco Basta Cuino ni ninguna canción de las que escribía inmediatamente después de que Andrés Calamaro lanzara “Mirá lo que tengo”, como “Estadio Azteca”, “Mil horas”, “Clonazepán y circo”, “El Salmón” o “No me pidas que no sea un inconsciente”. Se escucha Let them talk –“gran título”-, el disco de Hugh Laure, el actor que representa a Doctor House. Cuino mira de reojo las tapas de las revistas Play Boy que dejó sobre cajas todavía no acomodadas de la mudanza y ofrece “un tecito de hierbas, un tecito común, café, Coca Light”.
Ya echado sobre su sillón, se reconoce no como un poeta o músico, sino como un “hacedor de canciones”, recuerda los primeros temas que escribió: “Nunca dejamos para después una canción que habíamos empezado. Mil horas’ fue la excepción, porque en realidad la estrofa no era tal como la conocemos hoy. Era más bien una especie de bolero muy lindo que se cambió mucho tiempo después en casa de los papás de Andrés. El estribillo sí se mantiene”.

¿Surgió por la guerra de Malvinas? ¿Es una apología a las drogas?
Era la época de Malvinas. En el momento de escribir la canción, no nos transmitimos eso. No sabíamos por qué la estábamos escribiendo. Eso no se hace. Te das cuenta después. Sí nos pegaba mucho a todos, y a nosotros mucho más porque teníamos compañeros de colegio o amigos con los que habíamos estado fumando un porro o tocando rock… No es una carta de un chico de las Malvinas, pero puede ser todo. El cohete en el pantalón puede ser el pito duro o puede ser un porro muy bueno. Hay muchas opciones. Podía estar esperando a una chica, a un transa, a un amigo. Bah, a un amigo no es tan común, porque a los 15 minutos los mandás a la concha de su hermana.
Solés decir que las drogas no te inspiran…
Me drogaba todo el tiempo, o sea que lo que hacía era drogado. Estar drogado era mi estado natural. No sé si me inspiraban. Calculo que no. No consumía para ponerme a escribir. Tampoco consumía para ponerme a coger. Ya estaba duro mucho antes. Dejé las drogas hace casi un año. Tenía mucho miedo sobre qué me iba a pasar a la hora de escribir. No me pasó nada malo. Quizás ahora no escriba con tanta frecuencia, pero en la vorágine, había mucho material de descarte. Lo que estoy escribiendo hoy en día es todo como para decir “Se imprime”.
¿La temática cambió?
Nunca hubo una temática. A mí me gusta mucho recurrir a una frase de Led Zeppelin: “The song remains the same”. La canción permanece igual. Yo creo que es así.
Ya estabas duro mucho antes, decías. ¿”Estadio Aztecacómo surgió?
No soy partidario de explicar canciones. Una canción tiene quizás un significado emisor y tantos significados receptores como gente que la escuche. Quizás cada uno la entienda de una manera diferente y todas están bien. Estadio Azteca es un rejunte de recuerdos y emociones. Tiene también algunas mentiras: no era niño cuando lo conocí. Era en el 76, cuando me fui después del golpe. Ya era todo un adolescente, aunque odio esa palabra.
¿Por qué?
Me parece un encasillamiento totalmente errado. Por suerte, uno puede adolescer o no toda la vida. Es tonto eso de “Es la edad”. Hay una edad para cada cosa. Yo sigo siendo adolescente, si es por eso. Todos los días tengo una edad distinta. A parte me comunico muy bien con los chicos jóvenes. Será la edad…
¿”Todos los días una edad distinta”?
Mirando el River-Lanús, estaba con un señor que también debía tener 51 años. Nos pusimos a recordar viejos equipos millonarios que un chico no podría recordar. Ahí tenía más de 50 años, pero después chateo con pibes y pibas en el facebook. Les puedo hablar de igual a igual. Supongo que también tendré edades intermedias.
¿Qué desencadenó tu exilio en el 76?
Una amenaza telefónica a la que, creo, le tendría que agradecer. Yo tenía 16 años, no era un combatiente armado, pero estaba en la Unión de Estudiantes Secundarios, la rama de los Montoneros. Militaba en el centro de estudiantes. Mi viejo venía del viejo partido socialista, cuando había uno solo. Había sido secretario de la Asociación Argentina de Psiquiatras. Era un tipo progre de la centroizquierda  antes de que monstruos como Lilita Carrió y Pino Solanas la ensuciaran. Mucho más ella que él, pero lo de Pino me duele porque antepuso su ego. Está facilitándole las cosas a Macri.  De todos modos, en una eventual segunda vuelta contra Macri, obvio que lo votaría. (de la negrita no pondría nada. ¿qué pensás?). Mi papá había revuelto cielo y tierra para encontrar a un gran amigo que se habían chupado. Cuando no querían que jodiera más, hicieron este llamado. Ahí nos fuimos. México, gran capítulo, gran lugar, grandes drogas.
¿Por qué gran capítulo?
La pasé muy bien, conocí lugares increíbles. En cuanto a paisajes… todo, excepto las mujeres, que no tienen el promedio calle de la Ciudad de Buenos Aires, o ni hablar de Rosario. Claro que también hay lindas mujeres, como en todos lados. La mujer es algo a lo que hay que venerar. También en México tomé drogas muy interesantes que no hay en otros lados. Acá se habla mucho del peyote porque leyeron a Carlos Castañeda, que le da mucho tinte científico. Yo le hubiera puesto “esta es la que yo flasheé. Conozco esos lugares, tomé Pulque con los chamanes, gente de la tierra de ahí. Él sintió lo que sintió, pero el peyote tiene mezcalina, los hongos tiene psilocibina. Acá tenemos el cucumelo, que crece en la caca del ganado, pero pega distinto. En México y, creo que en Guatemala, existen los hongos “derrumbes” porque son de tierra y crecen en quebradas súper empinadas, peligrosísimas, a donde solo los indios de ahí llegan. La psilocibina de tierra pega muy bien, pero yo tomé mi decisión de no consumir ningún tipo de sustancia. Pero me gusta cómo pega porque m e parece una droga muy sana. Me pasó una cosa muy curiosa recientemente que en un curso de respiración, cuando abrí los ojos, tuve la exacta sensación.
¿No te arrepentís de haber empezado?
No me arrepiento de nada, pero no lo volvería a hacer. Particularmente con la cocaína. Estoy en un programa, cuya posición no es la que estoy diciendo. Si yo dijera que la pasé muy mal, sería un boludo porque habría esperado treinta años para dejar de pasarla mal. La pasé muy bien muchas veces, pero puse muchas cosas en peligro: mi vida y la de gente muy querida que me rodea. No tengo muchas cosas que podría haber tenido, pero las tendré más adelante. Si me preguntan por la cocaína, yo les diría que es maravillosa, pero si me ponen en el mismo lugar y en el mismo momento en el que tomé mi primera raya, no la tomo. En cuanto al porro, no puedo decir que soy un militante activo, pero sí latente en las causas pro-despenalización. Mi decisión, sin embargo, es también dejar de fumar. Es interesante para mí, siempre hablo de mí, dejar de fumar marihuana. Hay quienes piensan que es mentira la división entre drogas duras y drogas blandas. Yo no sé si es mentira, lo que sé es que hay diferentes personas. No creo que sea como en cierta literatura tremendista que cada droga es un escalón para la siguiente. Para mí no fue así, pero para otra gente sí. Cuidado con todo, pero seguro y más que nada, dejen de tomar vino en cartón con pastillas.
¿A Calamaro cómo lo conociste?
En el colegio primario, tiene un año y medio menos que yo. Entre que yo cumplo años en abril y que él cumple en agosto, tiene dos más. Ahí le gusta decir que es mucho menor que yo. No eramos amigos, pero nuestros padres se conocían. Nos reencontramos en la vida en el 80 no recuerdo exactamente cómo, pero por una ex novia. Yo vivía en el departamento de una tía en el mismo edificio que los papás de Andrés. Aunque eran distintos cuerpos, yo podía ir a su casa sin salir a la calle. Como yo había caído preso, estaba un poco paranoico y ni quería que me viera nadie. Entonces, me acuerdo que iba hasta el subsuelo y me tomaba el edificio que me dejaba en la puerta de su casa. Desde ahí, nunca dejamos de vernos. Hacíamos algunas canciones, anteriores a las del establishment de la canción rockera, para grupos imaginarios como Los Lamidosos. El brigadier Lamidoso era uno de los hijos de puta de las Juntas. Otra banda era Los Kellys, por Guillermo Patricio.
En 2005 grabaste Basta Cuino con Cuino y sus amigos. ¿El próximo cuándo llega?
Se está por grabar, espero que esté en la calle en octubre o noviembre. Hay músicos a los que lo más difícil les resulta es hacer las canciones. Para mí es todo lo demás. En este disco no va a haber tantos invitados para cantar, excepto en dos canciones.
¿Por qué hubo tantos invitados y de tanto peso en Basta Cuino?
Me pareció que iba a estar bueno para hacer algo amplio creativamente, cosas distintas. Tenían que cantarlas artistas diferentes. Quizás también, yo no me tenía tanta fe para cantar todo un disco yo.  No es que ahora cante mucho mejor, pero me di cuenta que a la gente le gusta igual. Además, este disco es mucho más rockero.

La vida después de pisar la ESMA

Los actores de la película «Estela», que se está filmando en la ex Escuela Superior de Mecánica de la Armada, uno de los mayores centros de detención de la última dictadura militar, nos cuentan cómo conviven con actuar diariamente en el lugar donde la tortura y el infierno existieron de manera tremenda.
Casi susurrando, no sé si para no molestar en la filmación o por miedo de estar pisando por primera vez la ex Escuela Superior de Mecánica de la Armada, les pregunté a muchos de los que participaron en el rodaje de Estela, la recreación de la vida de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, qué sentían por estar grabando esa película ahí, por donde fueron secuestrados y torturados miles de desaparecidos, entre ellos, Laura Carlotto, hija de Estela.  A medida que me contaban sus sensaciones, la única razón por la que seguía hablando bajo era la primera.
Todos coinciden en el “impecable”, “increíble”, “genial”, “brillante”, “inmejorable” trabajo de Susú Pecoraro -Estela lo encaró por otro lado: le encantó porque la actriz la iba a hacer “más elegante aún”-, pero las sensaciones variaron.
Alejandro Awada, co-protagonista: “Primero, tuve la satisfacción enorme de participar en la recreación de parte de la vida de esa mujer maravillosa. Después, entrar en la ESMA fue estremecedor, doloroso y triste. Pero al mismo tiempo tuve mucha admiración por la gente que trabaja ahí porque logró transformar ese lugar de terror en vida. Lamentablemente no estuve en el momento en que Estela fue a visitar el rodaje”.
Inés Vera, directora de producción: “Nosotros podíamos emplazar la casa de Estela en este edificio dentro de la ESMA que nos cedió la UNESCO; en otro lugar hubiera sido mucho más complicado. El exterior de la casa se hizo en una de verdad. Grabar acá es muy fuerte. Los primeros días me era muy difícil pensar que se podían hacer estas cosas acá. Es muy emocionante darse cuenta de que se puede revertir así la Historia.  Ahora estoy acostumbrada. Es un predio maravilloso que te permite admirarlo, pero solo es posible si se lo resignifica. Estoy segura que mi vida no va a ser igual después de haber hecho esta película. Es increíble conocer a una persona que viva lo que vivió Estela y aún pueda dar amor como ella y además estar buscando a su nieto y 400 más. Es sublime, incomprensible”.
Araceli Farace, maquilladora: “Es muy interesante hacer esta película. No conocía su vida porque no tenía ningún acercamiento a las organizaciones de derechos humanos. Me parece una luchadora, una mujer maravillosa con mucho empuje. Trato de venir sin pensar a donde vengo para llegar con energía, bien predispuesta sin que me afecte el lugar. Pero sabemos lo que pasó acá, asique prefiero pensar que vengo a un set de filmación y listo”.
Silvio Rodríguez Molina, Director de Arte: “Estela nos dijo que nosotros estamos santificando acá. Está convencida de que haciendo laburo de derechos humanos, lugares tan tremendos como fue la ESMA se pueden convertir en otra cosa. Entenderla a ella me hizo cambiar la mirada. Mi primera semana fue muy técnica. Estuve haciendo desglose de lo que era la película, por lo que no me di tiempo para impresionarme ni conmoverme.  Después empezó a ser bastante impresionante estar acá por todo lo que sabemos de este lugar. A partir de la segunda, cuando ya tenía la parte técnica hecha, me resultó muy movilizante saber dónde estábamos, qué había pasado y cómo, sumado a todo lo que íbamos aprendiendo a medida que hacíamos la investigación. A la vez, al escuchar palabras de Estela y de otras abuelas, madres y familiares directos de gente que había estado privada de su libertad en este lugar y que la pasó muy mal, que entienden que este lugar hay que resignificarlo, entendí que no soy nadie para impresionarme o sentirme mal por estar acá. Entonces me lo tomé bien y contento de estar haciendo algo diferente que aporta para que la gente tome consciencia de lo que fueron las desapariciones. Ahora estoy cómodo”.
Nicolás Gil Lavedra, director: “Yo nací en el 83, pero crecí con los derechos humanos como tema cotidiano de charla en mi casa por mi papá (Ricardo, fiscal en el juicio a las Juntas y actual jefe del bloque radical en Diputados). Soy casi de la generación de los nietos, pero pensar en ellos me genera lo mismo que a cualquiera. Me preguntó qué me pasaría si me entero que no soy hijo de sino de otro. Por eso hicimos una ficción… aunque ambos puedan transmitir un mensaje genial, tiene más llegada que un documental. Nunca se sabe, pero ojalá podamos lograr una mínima porción de lo que alcanzó Montecristo,que hizo que se multipliquen los llamados de chicos buscando su identidad. Filmar acá esta película es una patada al hígado para los militares y es un gran emblema de la democracia”.