Archivo por meses: mayo 2011

El sentimiento no se remata

Comunicaciones es un club que lleva diez años al borde del abismo y meses al filo del remate. Por su ubicación en un pulmón de Buenos Aires es que muchos quieren quedarse con el club, olvidándose de los socios. La Legislatura de la Ciudad elabora un proyecto para frenar la desaparición y, sobre todo, que la Mutual de Camioneros se quede con lo que le pertenece a la institución.
El Club Comunicaciones está en el abismo. En quiebra desde el 2001 y a punto de rematarse. Los socios sufren, se desesperan. La Legislatura de la Ciudad, por unanimidad, quiere salvarlo ¿Íntegramente? No, planean pagar la deuda, restituirle su condición de club social y deportivo a la institución y quedarse con una porción del predio que se encuentra en plena Capital Federal (para construir un estadio público) a cambio de devolverlo a los socios. En la mesa de ofertantes también está la Mutual de Camioneros quien desea hacer un predio exclusivo para los afiliados, desapareciendo, de esta manera, la condición de club, la personería jurídica, los socios y, lo más triste, los colores de Comu.
Los 2800 socios la sufren desde hace años. A lo largo de una extensa historia, donde nunca hubo una elección, la dirigencia siempre estuvo integrada por directivos del Correo Argentino, quien subvencionaba y se iba adueñando poco a poco del club. Con una malversación indiscriminada de fondos por parte del correo, los números dijeron basta y el club se declaró en quiebra. A partir de allí innumerables actores, variables y destinos finales entran en acción.
Según la ley especial de quiebra para entidades deportivas, que estableció el Congreso de la Nación a partir de la quiebra de Racing, se dispone que las asociaciones que entran en banca rota tengan nueve años para intentar sanear al club. Claro que los socios no son quienes toman las decisiones en ese período ¿Quién entonces? El juez de la causa, Francisco D´alessandro, en el caso de Comu, quien elige a un triunvirato, compuesto de tres funcionarios judiciales por un período de tres años para sacar la institución a flote. Luego de los tres triunviratos, Comu recibió la chance de prolongar un año el último y más nefasto período de salvataje (2008-2011), cuya cara visible es Eduardo Finochietto.
Nada cambió.
El club siguió partido al medio.
Y el día D llegó. El Club desaparece o se remata. No hay otra. Por supuesto que la opción de que desapareciera y que el predio quede sin dueño es nula. Las 17 hectáreas que tiene el club sobre avenida San Martín y  Beiro son valiosísimas, un verdadero pulmón en la ciudad. Por eso, el remate es el cruel, calculador y frío destino. Allí están: Moyano y La Ciudad, luego de que Daniel Hadad  se bajara de la competencia, peleando por el espacio a precios insólitos. La deuda es de 11 millones de pesos. El predio fue tasado por el Estado en 168 millones de dólares. Quien pague el dinero de la deuda, cifra por demás insuficiente en relación al espacio que se vende, se queda con el club.
La legisladora del partido Solidaridad e Igualdad (SI), Delia Bisutti, y los legisladores Aníbal Ibarra (Frente Progresista y Popular) y Bruno Screnci (PRO) son quienes encabezan el proyecto para que la Ciudad banque la deuda. Bisutti describe la iniciativa: “El proyecto lo presentamos, inicialmente, junto a Ibarra. El bloque del PRO no estaba convencido, pero junto al apoyo de los socios logramos empezar a debatir un proyecto de ley que fue el que luego se votó en el cuerpo legislativo”. El proyecto al que se refiere la legisladora planteaba, originalmente, la paga de la deuda y la restitución integral del predio a los socios.  Pero “el PRO y el ejecutivo de la Ciudad plantearon que no tenía que intervenir la Legislatura, sin embargo a partir de la presentaciones de los sectores privados que surgieron y el reclamo de los socios se llegó a un acuerdo y el PRO se sumó a la iniciativa”, aclara la legisladora.
¿Cuál fue la condición para llegar a un acuerdo? Qué al pagar la deuda la Ciudad se quedara con 5 de las 17 hectáreas para hacer un estadio público. La negociación tenía el eje en hasta donde se les devolvería a los socios el club. El acuerdo llegó, Ibarra lo explica: “Una cosa es lo que uno considera que es lo mejor y otra es lo que es viable. No tuvimos los votos para lo mejor y, si no se aprobaba algo, el club se lo iba a quedar Moyano. De la manera que propuso el PRO por lo menos se pelea para que no se lo entreguen al gremio. Aunque con la legisladora Bisutti siempre hayamos consideramos que lo mejor era nuestro proyecto, no teníamos votos para aprobarlo, y si se aprobaba lo vetaba el ejecutivo”.
El papel que juega Screnci es crucial. Es la persona que puso el PRO, como representante del partido, en el proyecto de salvataje del club para defender y negociar la delgada línea de lo que se queda la Ciudad y lo que se devuelve a los socios. Socios que van por el mismo bando. Se abrazan, sin más salida, a ese proyecto. Sin importar los nombres y caras que haya detrás, ellos van a estar con quien sea que quiera que Comu siga de pie: tranzan. Así como también van a estar en contra de cualquiera que no pretenda que el espacio siga siendo de los socios: luchan.
La ONG, Todos por el Deporte, está metida en la causa. Ayuda, acerca propuestas, ofrece abogados, hace el enlace entre legisladores y socios. Su co-coordinador, César Francis, defiende “la personería jurídica del club, no sus instalaciones” porque “Moyano quiere terminar con el Club, con la entidad, no con la infraestructura”. Por otra parte, aclara que “quien compre el predio puede quedarse con la plaza en la Primera B Metropolitana”, entonces el moyanismo quiere “mantener las instalaciones y las actividades deportivas, pero la personería del club muere, ya no sería Comunicaciones, los socios no serían más los dueños”. Francis adjudica la tajada que quiere sacar la Ciudad al “gobierno de turno” al decir: “La impronta ideológica (del PRO) no permite que se le dé todo devuelta a los socios, es el mal menor”. Respecto a Moyano el abogado de la ONG considera que es “contradictorio” el discurso del gremialista con sus acciones: “Me hace ruido que una mutual ocupe el lugar que hubiera ocupado Haddad o Barrionuevo. Moyano termina actuando como alguien del mercado.  Me parece raro que un personaje del campo popular termine jugando de la vereda de enfrente. La mutual tranquilamente podría querer convivir con los socios en su propuesta, pero no lo hace. Eso llama la atención, indigna y enoja desde lo ideológico”.
Por último, más últimos que nunca, están ellos: los socios. Con sus contradicciones, con sus rivalidades, con sus broncas, con sus sospechas. No les queda otra que estar unidos, no importa quienes con quienes. El socio Roberto Ruiz, quien recorrió con NosDigital las desatendidas y desprolijas instalaciones del club, se autodenomina “el representante de los socios y los vecinos” y se adjudica la consigna de “No al camionero”, pero aclara que “el problema es contra la dirigencia sindical del gremio, no contra los trabajadores”. Repasa la historia del club antes de la quiebra: “Era un dictadura, no había elecciones. El que levantaba la voz era expulsado. El Correo Argentino siempre manejó el club a su antojo. Cuando terminó la subvención del correo al club (1997, cuando lo compra Franco Macri) lo que estaban robando quedó sin soporte y se vino todo abajo”.  Explica que “el club está divido en quintas”, sectores que son adjudicados a ciertos socios “que cobran un canon” por lo que se recauda en cada quinta. Advierte que “a Ibarra le interesó el proyecto solo cuando le convino”, que él mismo le tocó la puerta e Ibarra “nunca” lo atendió. Ruiz cuenta: “Recibí amenazas de todo tipo, de las diferentes quintas. Me rompieron el auto tres veces”.
Al recorrer el club señala las deficiencias. Una de ellas es que hay espacios subalquilados por el último triunvirato a empresas privadas. Un ejemplo es la zona de estacionamiento para socios donde hoy en día Ford y Chevrolet tienen un depósito para autos 0 KM. Ruiz no confía en algunos socios que dicen luchar por el club, sospecha que “cuando tuvieron que hacer algo y mover contactos que tenían en la AFA no lo hicieron” y ahora que están “en las últimas” aparecen. Pero está “desesperado” y se pone al lado de cualquiera para sacar adelante al club. Respecto a las divisiones Ruiz aclara: “Los muchachos de la barrabrava están conmigo ahora. Dentro Comunicaciones hay socios que juegan en contra. Son lacras, sinvergüenzas que lucran de ciertos sectores del club”. Ruiz afirma que cuando el club se reestablezca quiere “ser presidente y echar a todas las ratas que le fueron para atrás al club y terminar el pacto con todas las quintas”.
Otro socio que está involucrado en la situación del club es Ezequiel Segura, que también dejó su opinión, su sentimiento: “Todos los socios luchamos por el proyecto de la Ciudad”. Segura es dirigente voluntario del club, rechaza la existencia de quintas y desmiente que Ruiz sea el representante de los socios al decir: “Esto es un proceso plural y colectivo. No creo que Ruiz represente a la mayoría de los socios”. Ezequiel descarta que Comu esté siendo manipulado políticamente: “No existe la mínima intencionalidad política porque todo el arco legislativo lo aprobó y Comunicaciones no se identifica con ningún partido, solo con la institución. No es un tema político, es un tema social”. Respecto a la parte que se quedaría el Gobierno de la Ciudad, Segura considera que es “lógico que quieran quedarse con una parte” porque los socios no están esperando “una donación, una dádiva o un regalo”, mientras que Ruiz especula: “Ahora es el mal menor, cuando estemos seguros de que el club es de los socios iremos a recuperar esas cinco hectáreas”.
Sería imprudente no aclarar, o tal vez recordar, lo que muchos saben: Comunicaciones está afiliado a la AFA ¿Esto qué significa? Para algunos mucho, para otros nada. La asociación a la que nunca pareciera rozarle ninguna bala de ningún conflicto, también es un actor clave para entender como llegó Comu a la debacle total, y no solo eso, ya que, Comunicaciones no es un ente divido de la realidad social, es un caso particular que representa, necesariamente, falencias estructurales y generales. Francis, en la misma línea de pensamiento que la legisladora Bisutti, opina: “La AFA no es responsable de lo que pasó en el período de triunviratos, pero sí  es culpable de permitir el endeudamiento del club sin hacer nada, violando su reglamento de control”. Segura, vocal de Club Comunicaciones en la AFA, considera que la asociación “no tiene ninguna responsabilidad, sino que la culpa es de las gestiones de los dirigentes”, mientras que Roberto Ruiz recuerda: “Desde la AFA nunca nos dieron bola, siempre nos bicicletearon y permitieron que la deuda avance y no se detenga.  Como ente al que estamos afiliados deberían haber puesto personas para controlar”. “Yo he ido a la sede de la AFA y me echaron” agrega Ruiz.
Todos, absolutamente todos, coinciden en una cosa; piensan, sienten, sospechan y aseguran que el juez, quien tiene la última palabra en el caso, tiene favoritismo por la Mutual Camioneros. Envía guiños, facilita situaciones, legitima ofertas y deslegitima otras según de quien provenga. Ibarra dijo a Nos Digital: “Cuando vi al juez no tenía puesto el gorrito de los camioneros, pero lo debe tener en el escritorio”. Uno por uno de los entrevistados afirma que la causa no está siendo manejada con la imparcialidad debida. La diputada de la ciudad Bisutti denuncia que “la resolución del juez de no considerar la propuesta de la ciudad es muy arbitraria” y que “la situación es confusa”, ya que, D´alessandro consideró que la oferta que hacía la Ciudad era inaceptable “tergiversando la ley de quiebra” de clubes. Ruiz, Segura y Francis también reconocen “guiños e imparcialidad” de parte de el juez D´alessandro hacia la mutual.
Imposible no mencionar a Ernesto Finochietto, el líder del último triunvirato, como gran responsable de la actual situación del club. Según Delia Bisutti, es el propio Finochietto (fue designado por D´alessandro)  quien “explícito una posición proclive a que el predio se lo quede la mutual de camioneros”. Las pintadas por el barrio esclarecen el sentir del hincha: “Finochieto, andate ya”.  Ya se va, en pocos días todo llegará a su final. El problema ya no es que esté o no, el problema es lo que deja. Esa maldita deuda que se acrecienta. Esa deuda que la Ciudad, con sus imposiciones, quiere pagar.
El dato final es ilustrativo: el predio sale 168 millones de dólares, se remata a 11 millones de pesos; uno, Moyano, quiere poner 11 y llevárselo todo; otro, la Ciudad, quiere poner 12  y llevarse una parte. De estás cifras, nombres y propuestas saldrá aquel que tenga el poder de hacer lo que quiera con el predio. El último cantar lo tiene D´alessandro, lo que preocupa a socios y vecinos del barrio.
La fecha se acerca, la situación termina de definirse. Serán unos u otros. Las malarias ocasionadas ya no serán remontables, pero un nuevo Comunicaciones puede nacer. Sí, resucitar. Para que otra vez, y para siempre, vuelva a ser de los socios. Para que los amados colores, negro y amarillo, puedan ser propiedad privada solamente de un sentimiento y de una pasión.
De nadie más.

«Es un dolor que no podrá entender nadie»

La historia del Kily Peralta no es cualquier historia. De repente, un día, los médicos de Lanús descubrieron que tenía una afección cardíaca por la que debería abandonar el fútbol a los 28 años. A menos de un año de haber dejado la pelota, el exfutbolista cuenta cómo se arma un retiro cuando uno no tiene pensado retirarse. «Fueron todas cosas del destino que me cagaron», aclara.

Adrián Peralta, o el Kily, como lo conocen, soñaba con poder vivir toda la vida del deporte que tanto ama: del fútbol. Añoraba hacerse ídolo de todos los clubes a los que representaba y con poder tener la mejor de las despedidas dentro de la cancha, como piensa que la tendrá Palermo en junio próximo. Pero no podrá tenerla. Pero no llegará a poder seguir viviendo del fútbol. No por no tener aptitudes deportivas, no por no tener las ganas y la pasión necesarias para marcar historia en un club, sino por una cagada del destino, como él lo llama. Una enfermedad. Una anomalía cardiaca, una afección en el corazón, lo alejó en abril definitivamente del verde césped a la corta edad de 28 años.

Es la vida de un luchador de barrio humilde que la remó desde abajo para poder llegar a cumplir su sueño de jugar y brillar en primera que fue cortada por una circunstancia inesperada. Es la desazón de un pibe que todavía no entiende cómo no está jugando a la pelota con sus amigos, cómo no puede seguir disfrutando de los mates de las concentraciones. El Kily, apodo que le puso Sergio Dipi en Instituto por su parecido al famoso Kily González, todavía no comprende lo que le sucedió. “Me costó muchísimo llegar, la tuve que laburar siempre de abajo, arranqué a jugar en clubes del ascenso. Siempre luchar, escalar y pelear siempre, no merecía terminar mi carrera así. No lo comprendo, no lo entiendo, es complicado que termine así”.

En sus palabras se siente el dolor de la pérdida de algo amado. De la desgracia de no poder seguir disfrutando de pegarle a una pelotita, de festejar con sus compañeros. Todavía sigue esperando un milagro y que le detecten que puede seguir jugando al fútbol, pero sabe que las chances son muy escasas: “La primera vez que me lo detectan el problema, es cuando volví a Lanús después de haberme ido a préstamo a Huracán. Yo seguí jugando, casi ignorando y tratando de pensar que era algo que no podía pasarme, pero la desgracia pasó en la cuarta fecha, contra Gimnasia, cuando me dijeron que tenía que dejar de entrenar porque era peligroso seguir jugando”, afirma en forma pausada y lenta el volante ofensivo.

Fue un dolor emocional inmenso para él, pero no sentía dolores físicos. “Nunca me dolió nada, me decían que es una enfermedad que los síntomas se sienten antes, pero a mí no me dolía nada”, dice el Kily. Y agrega un dato más: generalmente esta enfermedad se detecta en plena etapa del desarrollo, a los 17, 18 años, pero a él le pasó a los 27. “Fueron todas cuestiones del destino que me cagaron, siento impotencia la verdad, pero también me dijeron que es poco frecuente pero que le puede llegar a pasar hasta a gente de 60 años”, dice el Kily.

En Lanús le hicieron todo tipo de estudios para verificar lo que le pasaba: resonancias, electro, ecoduplex y hasta un ADN, porque decían que era una enfermedad congénita. “A toda mi familia le salió bien, entonces tenía esperanza de que iba a salir todo bien. Después el estudio de España salió bien, pero me comunicaron que no podía seguir jugando, que si me seguía esforzando, las venitas del corazón, que son como un músculo, se iban a seguir alargando y eso llevaba a una muerte súbita”, dice como un especialista. Todo muy raro para él, que dice que tampoco lo llegó a entender del todo.

Durante todo ese momento, sintió que era una etapa de las más duras que debía atravesar. Por suerte para él, su familia, su nena, su mujer, sus amigos del fútbol, sus compañeros, los hinchas y hasta periodistas, estuvieron ahí para contenerlo.” Mucha gente cuando se enteró me mandó mensajes de afecto, de cariño. Me llamaron de todos los lados donde jugué. Con Agustín Pelletieri hice una amistad enorme, desde que me pasó esto me llama siempre y hasta vino a casa con Sebastián Blanco”, explica con orgullo. Y agrega: toda esa gente que se le acercó son los que quería él que se acerquen. “Creo que fui una buena persona en el fútbol y por eso recibí tantos llamados de gente de bien”.

El Kily nunca pierde la esperanza de volver a jugar y afirma que fue una decisión prematura la de decirle que dejara el fútbol. “Los cardiólogos que me vieron tampoco se la jugaron mucho, no quisieron que siguiera jugando por un miedo y por temor a que me pasara algo y que sufrieran consecuencias”, afirma con convicción, aunque rápidamente se retracta y le da la razón a los médicos: “a pesar de todo, es entendible esa postura”.

Aún hoy, le sigue costando la vida sin la rutina del futbolista. “Cuesta mucho. Sigue costando. El fútbol era un trabajo, me duele mucho haber perdido todo esto. Estoy todo el día en casa, se extraña las concentraciones, la pretemporada y tengo un dolor adentro que a lo mejor no lo va a entender nadie y me va a quedar para siempre, porque yo veo en la tele y me siento bien como para jugar, y no poder hacerlo me cuesta muchísimo”, menciona con bronca. Pero sabe que tiene revancha. Ahora está pensando la propuesta que le hizo Lanús de trabajar en las inferiores del club o de ayudante de campo, aunque desea previamente tener una preparación. “Quiero hacer el curso de técnico y estar preparado, no quiero ir y pasar vergüenza delante de un grupo, porque vos tenés que saber expresarte delante de un grupo, lo táctico lo puede aprender, pero de la expresión no es fácil”, afirma. Igualmente, sabe que mientras haga el curso de DT, puede ir adquiriendo experiencia como ayudante.

“Me gustaba el Lanús que teníamos con Luis (Zubeldía), el fútbol de Vélez de hoy. Todo lo que sea vistoso, me encanta, por eso por supuesto el Barcelona me fascina”, contesta sobre a lo que apuntaría cuando sea director técnico. “De afuera podés marcar muchos aciertos y virtudes que no podés desde adentro porque lo vivís con adrenalina, eso también es lo bueno del fútbol”, dice el Kily.

En su corta carrera, tuvo alegrías de todos los colores. Arrancó desde abajo en el Nacional B con Tristán Suárez durante tres años, logró convertirse en figura y ascender con Instituto de Córdoba, pudo jugar en una de las ligas más importantes del mundo como la española vistiendo la camiseta del Mallorca, pasó por Newell’s, por Huracán, pero sin dudas, su mayor explosión de felicidad deportiva la vivió jugando para su tan amado Lanús, ganando el campeonato de 2007.

“Fue impresionante. Se armó un grupo lindo, mucha gente de experiencia que sabían manejar al grupo – Bossio, Graieb, Maximiliano Velásquez, Pelletieri- y después con el apoyo de Ramón (Cabrero) y de Luis (Zubeldía) pudimos salir campeones. Fue inolvidable, mucha gente me dice que tengo que estar orgulloso porque hay muchos jugadores que no se retiran habiendo ganado un campeonato, o habiendo jugado en una liga tan importante como la de España, y yo lo pude hacer. Tienen razón y voy a estar agradecido toda la vida”, dice con la pasión de un hincha más y agrega que esa emoción se la quiere trasmitir a su hija cuando vaya creciendo.

Pero ese no fue su único título, también logró el ascenso con Instituto de Córdoba a Primera, jugando en un gran nivel, que lo hizo emigrar al Mallorca. “Desde chico veías en la tele siempre salir campeón a Boca, a River, pero pienso que uno de los logros más importantes que logramos con Lanús fue que empezaran a pensar al fútbol argentino como posible para otros equipos, demostramos un cambio de mentalidad”, dice Peralta. Y los datos le siguen la corriente: Después de Lanús, Banfield, Argentinos Juniors, Vélez, Estudiantes, fueron de los tantos que lograron dar la vuelta olímpica.

“Lo veo a Palermo retirarse como se va a retirar y me da una envidia terrible, porque así soñamos todos con despedirnos del fútbol”. Todavía no lo comprende ni lo va a comprender, pero sabe que el fútbol le va a dar una revancha. Le va a dar una segunda chance en el mismo verde césped en el que soñó que iba a dar una vuelta olímpica con Lanús en la Bombonera y la pudo dar, en el mismo terreno donde pudo convertir sus goles en Primera, podrá dirigir y añorar que otros chicos puedan cumplir los deseos que le faltaron concretar a él para que tengan en un futuro su despedida merecida.

La educación es la lucha

Por Julia E. Sturla

Desde muchos lugares escuchamos que la educación es un pilar fundamental para un país, pero… ¿Qué es la educación? ¿Qué es educar? ¿Para qué educamos o nos educamos? ¿Quiénes deben/pueden educarse? ¿Para qué modelo de país se educa? Las respuestas pueden ser variadas, pero lo cierto es que hay algunas que nos son inculcadas desde pequeños. Cuando en la escuela primaria cada 11 de septiembre rememoran a Sarmiento –imagen que no falta dentro del grupo de los próceres destacados de nuestra historia- cuentan que fue el padre de la educación, quien decía “Hay que educar al soberano”. Sin embargo, lo que no cuentan es como continuaba esa frase: “para que no vote al tirano.” “El tirano” eran quienes pensaban un país plural y disentían con la visión centralista y europeísta de Sarmiento.

Lo antedicho expresa una característica fundamental de la educación, a saber, que es política en sí misma; toda intención de educar tiene una intención político-ideológica detrás. Justamente, el problema es a qué intención responde. En este sentido, el educar implica debate, discusión y diferentes pensamientos. Y de aquí se desprende otro aspecto fundamental. La educación no es una simple transmisión de un conocimiento desde el profesor-que-sabe al alumno-tabla rasa; el aprendizaje -como resultado esperado de la enseñanza- no es una respuesta mecánica ante un estímulo. Lo que debería haber en esta actividad es una relación dialéctica entre el docente y el estudiante, mediado por un saber, en la que ambos actores tengan un papel activo.

De ese modo, es necesario pensar qué rol cumple el docente. Si bien muchas veces las condiciones presionan para que funcione como una máquina, no lo es. Su importancia radica en otorgar las herramientas necesarias para que el alumno pueda construir algo con el conocimiento, aprenda a pensar ese conocimiento. Sin embargo, las condiciones políticas, económicas y sociales hacen que esa situación ideal encuentre obstáculos por todos lados. Obstáculos en las escuelas sin agua, sin gas en invierno, sin los materiales y tecnologías básicas, situación bien conocida. Pero la peor ausencia en las aulas es la que se da como consecuencia de esas trabas, la ausencia de los mismos chicos y docentes. Chicos que deben trabajar, que no poseen los elementos básicos para asistir, que no tiene apoyo familiar y social respecto de la importancia de la educación; docentes ad-honorem o con un sueldo mínimo que se ven obligados a pasar sus horas en la calle para luchar por la mejora de su situación. Un círculo vicioso.

Luchar. En tanto política, la educación implica lucha constante contra ese círculo vicioso que no es para nada inocente, sino que responde a intereses específicos que se contradicen con un pueblo realmente educado. El verdadero “padre del aula” es cada docente que día a día pone su granito de arena para lograr que esa situación ideal se haga realidad y que, así, la población pueda educarse no solamente para no votar a un tirano, sino para que pueda construir una sociedad más justa.

“Por ver grande a la Patria tu luchaste con la espada, con la pluma y la palabra” dice el himno al que llaman padre de la educación, patria y educación en las que no cabían los pueblos originarios ni los gauchos, “barbarie” contra la cual Sarmiento luchó con la espada, la pluma y la palabra. Sarmiento no está presente, pero sí quienes siguen teniendo el interés en que solamente algunos “civilizados” puedan educarse.

Colaboración de Julia E. Sturla para Nos. De 23 años, estudia fotografía y está pronta su concreción de la licenciatura de Historia en la Universidad de Buenos Aires.

Castelli y los cangrejos: Una reflexión a doscientos años de la Proclama de Tiahuanaco

Por Analía Godoy

Hay quienes dicen que de tanto mirar para atrás los historiadores terminan creyendo para atrás. Contra esto se podría proponer que el peso del pasado sobre las circunstancias presentes es tan grande que se convierte, como lo señalaba Karl Marx, en lo que limita y condiciona la forma en la cual podemos actuar. Esto hace sumamente difícil no tentarse de ir como el cangrejo, pretendiendo avanzar a la vez que retrocedemos y más difícil aún creer hacia delante sin mirar al pasado, porque es éste el que abre las posibilidades objetivas de transformación de la realidad. Algo de potencial revolucionario debe tener la historia para que no hace tanto algunos hayan pretendido clausurarla para siempre afirmando vanamente que había llegado a su fin.

Mientras retrocedemos proyectando avanzar, podemos poner la vista en el primer intento de transformación de las sociedades americanas independientes: el que Juan José Castelli llevó adelante en el Alto Perú, actual Bolivia, en el primer aniversario de la Revolución de Mayo, o sea el 25 de mayo de 1811. Castelli, vocal de la primera Junta de gobierno del Río de La Plata, había llegado al Alto Perú con la expedición del Ejército del Norte teniendo por fin terminar con la resistencia realista, pero su presencia, convirtió al ejército en un instrumento de la tendencia más radical dentro de la Junta de Buenos Aires, constituida por Mariano Moreno, Manuel Belgrano y él mismo.

No son fruto de la casualidad, entonces, las medidas que proclamó en Tiahuanaco. En efecto, el radicalismo de este grupo consistía no solo en la pretensión de constituir un gobierno independiente basado en la soberanía popular sino en poner como precondición una profunda reforma social. En esto se diferenciaban de las aristocracias locales, que querían sacudirse la dominación colonial pero manteniendo inalterada la estructura social basada en la mita y el tributo indígena. Castelli, Belgrano y Moreno partían de la noción de que erigir un Estado independiente con un pueblo soberano era incompatible con el mantenimiento de las relaciones sociales serviles. Era necesario hacer de los indígenas mitayos, ciudadanos libres e iguales de los nuevos Estados.

El antagonismo entre estas ideas radicales y los intereses de las aristocracias locales estalló en el Alto Perú, ya que era allí donde los métodos de coerción sobre la mano de obra indígena constituían la base de la economía virreinal. Fue en este contexto que Castelli proclamó unas medidas que suponían un profundo giro en la sociedad altoperuana: no solo el fin del tributo, también el reparto de las tierras y del ganado confiscado a los realistas y sobre todo, la plena igualdad de los indígenas. En las ruinas de Tiahuanaco declaró que “siendo los indios iguales a todas las demás clases en presencia de la ley deberán los gobernadores intendentes con sus colegas(…)dedicarse con preferencia a informar de las medidas inmediatas o provisionales que puedan adoptarse para reformar los abusos introducidos en perjuicio de los indios, aunque sean con el título de culto divino promoviendo su beneficio en todos los ramos y con particularidad sobre repartimiento de tierras, establecimiento de escuelas en sus pueblos y exención de cargas o imposición indebidas”.

Pero la oligarquía local cuya permanencia como clase dominante descansaba sobre la servidumbre indígena no estaba de ninguna manera dispuesta a aceptar estas medidas, con lo cual rompió definitivamente con la Junta de Buenos Aires volcándose al bando realista y atando su destino a la metrópoli española.

Cuando el Ejército del Norte fue derrotado y se replegó en Salta quedaron sin efecto las medidas igualitarias. No obstante, estos hechos dejaron una impronta sobre los procesos de independencia: mostraron que era irrealizable la pretensión de los grupos dominantes de romper el pacto colonial sin modificar profundamente la estructura económico-social que la dominación colonial mantenía y aseguraba. En adelante la constitución de los nuevos Estados independientes quedó asociada a la supresión de las relaciones serviles que habían caracterizado a la sociedad colonial.

Sería en vano mirar hacia atrás solamente para lustrar el bronce de los próceres. Por el contrario, retomar y analizar el proyecto de transformación social del grupo radical de la Revolución de Mayo al que Castelli pertenecía, nos sirve para interpelar al presente. Preguntarse por ejemplo, si su proyecto de constitución de un pueblo soberano para el cual eran fundamentales la libertad y la igualdad para todos los americanos, se completó con el fin de la servidumbre indígena. Cuestionarse si el tributo indígena y la discriminación institucionalizada que los Estados nacionales suprimieron no han sido reemplazadas a lo largo de estos dos siglos por otras formas de explotación, quizá aún más salvajes y por nuevas formas de discriminación que a fuerza de igualaciones, invisibilizaron a los indígenas. Mirando hacia atrás, pero creyendo hacia delante podríamos pensar que la constitución de este pueblo soberano, de ciudadanos americanos libres con plenos derechos e iguales, sigue siendo, doscientos años después, una cuenta pendiente.

Colaboración exclusiva de Analía Godoy para Nos. A quien, con 21 años, ya se le acaba el tiempo como estudiante de grado de Historia de la Universidad de Buenos Aires.

¿Sabés qué sabe Telerman?

Bien curiosos, lo fuimos a buscar. El ex jefe de Gobierno Jorge Telerman busca volver a Bolívar 1 sin alianzas electorales. Ni Proyecto Sur, ni, definitivamente, De Narváez, ni su aliada en 2007 Elisa Carrió, ni Duhalde, de quien fue asesor de campaña en el ´99. Da su posición respecto de la crisis habitacional, define a los trapitos y a la prostitución como síntomas de la marginalidad y cree que Cuba es un sistema político extemporáneo al que le desea que alcance mayor libertad.

Jorge Telerman, peronista, ex jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires asumido después del juicio político a Aníbal Ibarra, tuvo un año y medio de gestión y se postuló para retener el puesto en 2007. Quedó tercero detrás de Macri y Filmus. Hoy estos dos candidatos se relanzan y él también. Pese a ser conocido mayoritariamente en Capital, según las encuestas, no conservaría ese tercer puesto.

“Nosotros vamos a presentarnos por nuestra cuenta como hicimos en el 2007”, dice Telerman y deja en el olvido a su entonces aliada Elisa Carrió. “Es lógico que en los días antes del cierre haya agitación, charla y esas cosas”, explica en el último día en que se pueden presentar alianzas para la alcanzar la Jefatura de Gobierno, el mismo día que Clarín publicó que todavía era posible acercamiento de Telerman a Proyecto Sur y hasta “informaba”: “(Telerman) Descarta por ahora una alianza con denarvaístas”. Él contesta: “No por ahora, antes, hoy y mañana. Son otro espacio y, además, De Narváez no tiene representantes en Capital”.

-¿Cómo se informa?

Por distintos lugares: diarios, internet, taxistas y me llegan los clippings.

-¿Qué diarios?

Todos.

-¿Cuáles son todos los diarios?

Clarín, La Nación, Página y a veces Tiempo Argentino.

-¿Por internet qué lee?

Los diarios internacionales. New York Times casi todos los días.

-Avocándonos más a la Ciudad. ¿Cree que la crisis habitacional es un problema macrista?

El problema habitacional surge por la decadencia de una dirigencia que por 40, 50 años no pensó cómo redistribuir mejor la población en todo el territorio nacional y permitió que se concentrara en el área metropolitana. El problema es que no la pensó nada, pero es anterior a él y exterior a la Ciudad de Buenos Aires.

-¿Y en su gestión cabe alguna responsabilidad?

Sin duda. Fue una gestión corta, de un año y medio, pero la construcción de viviendas en ese momento fue mejor que en estos 4 años. De de todas maneras no es suficiente para una crisis habitacional. Hace falta un plan de viviendas, un sistema de créditos en la Argentina que tampoco resulta exclusivo de la Ciudad, acceso a la vivienda para los sectores medios para que les sea fácil alcanzarlo, pero además una política de mediano y largo plazo y estratégica de promoción de ciudades del interior.


-¿Cómo solucionaría el problema trapitos?

Los trapitos en sí no son un problema. Hay un problema de desocupación, de marginalidad. No es correcto plantear que el problema es la manifestación de la marginalidad. Hacer una campaña contra los trapitos, como hizo Macri, es ingenua. El problema es de qué manera el Estado genera una política de inclusión social. Es un error conceptual pensar que se puede resolver prohibiéndolos y no regulándolos, dándoles un orden, un chaleco, pero no resolvemos el problema de fondo.

-¿Qué haría con la prostitución?

Legalizar la prostitución es un tema complejo. Nunca me lo he puesto a pensar porque son discusiones de índole federal. Erradicar la prostitución es una fantasía que muchos políticos dicen para la galería. Es un oficio que ha existido siempre porque tiene que ver con la condición humana. La preocupación del Estado tiene que ser educar bien a la sociedad, impedir la trata de blancas y el comercio sexual de los proxenetas. La prostitución es también un síntoma y no una enfermedad.

-¿De qué sería el síntoma?

De la marginalidad, en muchos casos, y de la existencia de un mercado y un comercio sexual, de proxenetas, de mafias… Allí debe apuntar una política estatal seria. Todo lo demás que se haga será demagógico. Hay que ir contra el crimen organizado y educar.

-¿Qué opina de que los ciudadanos puedan denunciar infracciones de tránsito?

Ése es otro dislate de Macri porque la preservación del orden es una herramienta indelegable del Estado. Hay que hacer campaña de educación y penalización por parte del Estado y no de los vecinos. Una cosa es convocar a la participación ciudadana; otra es darles la responsabilidad de combatir faltas. Eso es una deserción del Estado.

-En 1999 fue asesor de Duhalde. ¿No lo considera de derecha?

El peronismo siempre fue así. En él coexisten sectores muy distintos, opuestos, pero no antagónicos. Hoy no se resuelve con tanta tensión y violencia como en los 70. La sociedad entera cambió. El peronismo no encaja del todo bien en la estructura clásica de los partidos que se pueden dividir en izquierda o derecha. No sé si definirlo a Duhalde como de derecha o no. Sobre todo porque cuando le tocó gobernar era un momento de crisis de solución del país. Le tocaba decidir qué hacer en un momento crucial de la Argentina. Después, de todas maneras, yo estoy muy alejado de algunas de sus posturas.

-¿Cómo cuáles?

Como acercarse al macrismo.

-En 1998 y 1999 fue embajador en Cuba. ¿Qué impresión política le dejó?

Contradictoria: es un lugar que amo, un país y un pueblo que me resultan adorables. Pero el sistema político debe cambiarse, ya no se puede sostener en el mundo. La dirigencia misma es muy cálida, por más que yo sea muy crítico de un régimen político que hoy uno podría evaluar de manera diferente en los 50, los 60, los 70. Desde hace un par de décadas, como mínimo, ha quedado extemporáneo y no adecuado a cómo hoy creo que debe organizarse una sociedad: con igualdad, sin duda, pero también con libre expresión, agremiación y multipartidismo. Lo que les deseo a los cubanos es que rápidamente ellos, y no desde afuera, encuentren la forma de ir organizándose para tener ese derecho que debería ser inalienable que es la libertad.

-¿Y qué le parece lo que hoy llaman Socialismo del siglo XXI?

Está en definición. Hoy hay una agenda que incluye otras cosas y que está en definición, aunque hay aspectos que no cambian en lo que diferencia a la izquierda y la derecha. Yo creo en la necesidad de un Estado que regule y no en que actúe el mercado. Lo que sigue existiendo es la sensibilidad de izquierda o de derecha, que puede cambiar de nombre, pero significa lo mismo.

¿Todo piola? Pregunta y perfora

Una revista de cultura marginal quiere copar el centro. Con la figura de Camilo Blajaquis, su nombre y su poesía, ¿Todo piola? interroga al poder, pero también a la clase media y a la baja. Basta de moralidad y a buscar soluciones humanas.

En la Casona de Flores algo están haciendo…

Un hombre arreglando las plantas, otros pintando la entrada, olor a chori… De espaldas a una ventana enrejada están González -Camilo Blajaquis-, Mario Santucho, Martín «Rata» Vega y más compañeros del colectivo ¿Todo Piola? que formó la revista homónima para darle voz a presos, sociólogos, villeros, y a quien fuera. Están sentados frente al público que asistió, pese a la lluvia, a ver y participar de la presentación del décimo número de este medio libre (y libre de verdad) que bimestralmente analiza un tema en particular, como el lenguaje, en su octava edición; la política, en el siguiente; y la baja en la edad de imputabilidad y la identidad, en el último. Ignacio Gago, Patricio «Merok» Montesano, Matías Stancovich, Kelo Stancovich, Gabriel Storino, Ale Hidalgo, Natalia Osorio Portolés, Sebastián Vricella, Sergio Samujluk y Martín Céspedes, distribuidos en la sala, completan el bondi.

¿Todo Piola? tuvo sus primeros cuatro números desde adentro de la cárcel y clandestinos. “Eran fotocopias, medio precarias, pero fue importante que nacieran. El aparato institucional, los psicólogos y los asistentes sociales no sabían que salía, y no podían saberlo”, cuenta Camilo después de presentar la revista a los desconocidos.

El slogan es “una revista de cultura marginal”. Camilo: “Es cultura marginal porque todo piola nació en la cárcel, a donde van los marginados. No hace falta ser marginado para escribir acá, pero el que lo sea, tiene un lugar privilegiado. Todos los números escribe alguien de barrio o de un penal. La verdad que yo me muevo, busco gente. Les propongo a los pibes que se animen para que sepan que tienen un espacio. Les gusta que nuestro objetivo sea resistir, crear, innovar, perforar… Perforar el hígado de la hipocresía. Está dirigida a toda clase de público, no es excluyente”.

La discusión

«Nos obligan a ser grandes», titula la editorial, y propone la base de la revista: «Nuestro objetivo es la reflexión profunda permanente, desprendernos de lo superficial y vencer al caretaje reinante. Tamos fuertes como una roca y no somos impacientes, sabemos que las rupturas llevan tiempo y nada más desafiante que reformar el entendimiento». La idea es discutir sobre bajar o no la edad de imputabilidad «desprendiéndonos de la tibieza y lo correcto, ya que de eso apestan los textos que se vienen escribiendo últimamente en varios medios de comunicación, tanto progres como derechosos». Camilo, que firma la nota, analiza: «cada vez acorta más los tiempos de libertad y nos roba la vida, por eso castiga a los jóvenes y pretende encerrarlos para que nadie los valore como niños y sean mirados como tipos grandes que puedan ser incorporados no sólo al mundo legal del sistema judicial sino también al mundo laboral mismo».

Ezequiel, uno de los tantos pibes que, preso, sufrió la represión carcelaria, les escribió una carta para difundir los hábitos policiales que en una nota del último número satiriza: Los 24 de diciembre, llamar a la familia es un sueño; reclamar derechos implica recibir palazos, escopetazos y más encerramiento. Un 5 de enero, les prenden la calefacción.

Se abre el debate: «¿sirve de algo bajar la edad de imputabilidad?», pregunta el micrófono. “¡Violencia es mentir!”, responden. “¿Quién miente? ¿Sólo los de arriba? Estaría bueno pensar que nosotros somos parte de la mentira. ¿Nosotros pensamos qué nos corresponde en esto?”.

Un hombre, Alberto Valente, se levanta y cuenta que escribió una carta a los medios para interpelarlos sobre la inseguridad:

La inseguridad de los pibes chorros

Como siempre, o casi, en nuestro país trabajamos sobre los efectos y no sobre las causas. Aumentar las penas, el número de policías, tener circuitos cerrados, vivir con alarmas, con rejas, en barrios cerrados y countries que nos protejan. Y sobre todo, bajar la edad de imputabilidad.

¿A nadie se le ocurrió pensar cómo es la fábrica de los pibes chorros? ¿Cómo vivieron? ¿Tuvieron hambre, no solo biológica sino afectiva? Muchos cómos sin respuestas. ¿O será que a nosotros, los que nos movemos en el mundo del consumo, no nos interesa?

A los 6 o 7 años se empiezan a familiarizar con las armas y las drogas. De allí a delinquir, un paso. ¿Habrá alguna posibilidad de cambio? ¿Será el arte al trabajar sobre la inteligencia emocional un camino? Veamos la experiencia de Claudio Spectar en la formación de coros y orquestas, o la de Camilo Blajaquis en el área de la poesía. En la presentación de su libro La venganza del cordero atado, junto a otros tres poetas, quien más vendió fue Camilo.

¿No será que nuestros pibes chorros son nuestros cachorros humanos a quienes hemos abandonado? ¿No habrá llegado el momento de invertir el dinero provocando la inundación del arte a través de una epidemia solidaria? Hago aquí el llamado a artistas y representantes a invadir con talleres de arte las calles de las villas, para rescatar a nuestros cachorros de esos caminos dañinos y dolorosos donde todos resultamos víctimas. Todos estamos inseguros, todos… comenzando por nuestros chicos. Aseguremos a nuestros pibes. Ellos son artistas en potencia. Llevemos sus vidas a la máxima opción: el arte.

A Mario, el del apellido subversivo, no le cabe: «¿Por qué no desmoralizar el problema de la pobreza y de los pibes para salir de los valores sociales tal como circulan para desarmar las jerarquías sociales, tanto como para ejercer poder o como cuando permanecen en un tono más victimizante”. Camilo toma la posta: “No publicamos cualquier texto. Si bien le damos espacio primordial a los de los barrios, o los presos, no es por solidaridad y golpe bajo. Vamos por la antimoralidad. Yo fui pibe chorro, pero no salí porque dije: “yo tengo que dejar de ser malo, hacer las cosas bien y remediarme. Hay que proponerse que ningún pibe sea chorro y, además de llevar la bandera, meterse en un barrio y lograrlo”. ¿Todo Piola? tiró esta piedra, ahora, a hacernos cargo.

Alta tensión

La historia no parece real. Vecinos de Berazatagui fueron brutalmente reprimidos tras oponerse a la construcción de una subestación de Edesur que generaría contaminación electromagnética. Pero no quedó en eso. Tras la manifestación los empezaron a filmar, a sacar fotos, a pedirles los documentos cada vez que entran o salen del barrio. “Es volver a las épocas más oscuras de la dictadura”, dicen los vecinos.

El pueblo no cambió de idea: ni antes pudieron, menos ahora. No, ni aunque sigan ahí reconvirtiéndose (nótese: reconvirtiendo, no resurgiendo) en los difícilmente penetrables pasillos de una intendencia de barones o en las cuevas más jurásicas de las comisarias bonaerenses. Pero están y cuando pueden se les salen los límites éticos que nunca tuvieron. Y ahí son, vuelven, se quitan la máscara, con (sin) un Luciano, con (sin) un Jorge Julio, con Ferreyra. En Berazategui están dando cátedra, reprimiendo a los vecinos que se oponen a una subestación de Edesur que generaría contaminación electromagnética (cáncer) a los ciudadanos de las casas y escuelas cercanas. Pero con ellos van a otro nivel, el de la cotidianeidad represiva, el de la individualización, el de Reorganización; van lejos y atrás, al pasado: los tienen vigilados fuera de las casas, en las asambleas; los marcan, les sacan fotos, les piden datos, los filman, los siguen; les piden los documentos, los hostigan y, quizá huelga decirlo, los reprimen. “El barrio está militarizado”, cuenta la vecina Isabel Palacios y resuelve: “Lamentablemente nos hacen acordar la época más oscura de la dictadura”.
El lunes 16 de este mes fue la apuesta más fuerte: desde Berazategui, esquina 145 y 21 hasta la 9 de Julio y Avenida de Mayo en Capital Federal, cortando hasta que los escuchen. Y allí, esperándolos, entre las dos avenidas porteñas, la figurita repetida: un operativo desmesurado para una manifestación integrada en su mayor parte por adolescentes, vecinos de la subestación y estudiantes secundarios de Berazategui: varios patrulleros, efectivos antimotines, policías federales, un camión cisterna y varias camionetas de brigada.
¿Pero qué es lo que piden estos vecinos desde hace seis años? ¿Por qué se movilizaron hasta Capital y no hasta la intendencia de su ciudad?
Empezó en 2005, cuando algunos notaron que habían instalado un cableado que no estaba. ¿Quién se inquieta por unos cables? Nadie o los pocos que saben que eran de alta tensión y que, mirando atentamente, se veía hacía donde conducían, al terreno que está en la intersección de la 145 y 21.
Después se supo, era para la construcción de una subestación de la empresa Edesur, esto es: una planta de alta tensión (132mil voltios). Una central de esta potencia genera inevitablemente un campo electromagnético nocivo. Con un poco de previsión, una planta de ese estilo no debería haberse emplazado en pleno barrio residencial. Y así lo entendió el por entonces intendente de Berazategui, Juan José Mussi, cuando se reunió con los vecinos y les dijo (les firmó en realidad) comprometerse con el repudio a la construcción en ese lugar. Fue más lejos aún: si la justicia no permitía la construcción, quedaría en manos del Ejecutivo, o sea Mussi, levantar o bajar el pulgar. Y él firmó que lo iba a bajar.
Es que si: el medio ambiente y la salud de los vecinos. Actuó ética y correctamente. No creamos que fue porque se acercaban las elecciones. No. No vamos a dejar ese espacio de duda, pero algo olía mal. Después se pudrió.
Efectivamente, la Justicia, representada por el Juzgado Federal Nro. 2 de La Plata, falló en contra de la construcción y, amparado por este fallo, por decreto 785/05 de la Municipalidad (entiéndase, Mussi) las obras se daban por suspendidas. A un paso de canceladas, solo podía revertirse presentándose un estudio en el que, quitando el vocabulario científico, diga que no contamina. Y de esto nadie tenía dudas. Contaminaba. Lo sabe Edesur y Mussi, pero lo saben los vecinos. Lo saben porque también en Ezpeleta instalaron una. Para no agobiar en frases ampulosas, nos atenemos a dos cifras:
140 muertos,
117 actualmente con cáncer.
Los vecinos de Ezpeleta hicieron un mapa de los casos: Edesur creerá que es casualidad que sea en las cercanías de la subestación.
Parecía que en Berazategui tenían todas las de ganar por la salud. Pero se les dio vuelta el comodín, el intendente Mussi se olvidó de su firma y empezó a considerar como inocua a la planta. Raro.
Otra cuestión de por si interesante: los estudios. Los vecinos manejan un volumen de informes académicos y científicos que sustentan la obviedad de la contaminación, pero todos, lógicamente, de otros lugares donde ya funcionan las plantas. Quizá sea ignorado el caso empírico de Ezpeleta (digo: el simple hecho de los vecinos con cáncer) porque el poder exige (y voy más lejos: necesita) estas formalidades, los papers, el sustento burócrata. Y los vecinos tenían unos y ellos nada. Pero lo consiguieron. La Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de La Plata generó un informe de impacto -al que NOS no pudo acceder- que –según explica Adriana, una vecina-  resume que no había certezas de que no fueran inocuas para la salud las radiaciones, pero esto por un simple hecho: el estudio se hizo con la planta sin funcionar. “Nosotros nos basamos en estudios ambientales internacionales donde si hay subestaciones en funcionamiento”, explica la misma vecina y concluye: “Lo que pedimos es un estudio ambiental serio, ¿por qué en los alrededores de la planta de Ezpeleta hay tantos casos de cáncer? Lo que hacemos es ampararnos en el recurso precautorio: si no hay certeza, lo que hay que privilegiar es la salud”.
Volvemos a Mussi. Se cagó en los vecinos, se contradijo: se desdijo. Dio el OK para empezar la obra. Los vecinos no estaban dispuestos a darse por vencido y resignarse de que algunos se enfermen, mueran, total, falta energía (si, es uno de los argumentos del municipio). Con el sí oficial, Edesur pone manos a la obra. ¿Y estos murales contra la subestación? ¿Y estos tipos que no nos dejan laburar tranquilos? A cada cosa, su solución:
Para lo primero, destruir las expresiones artísticas. Chau murales. Este terreno es mío.
Para la segunda, reprimir.
Bien sabemos que Edesur no maneja la policía. Ni es la que ordena reprimir.
Esto nos lleva al señor intendente Juán José Mussi. Una pequeña reseña:
Un pejotista de pura cepa. En 1973 hizo su primera candidatura a senador provincial y en 1987 fue por primera vez Jefe Comunal de Berazategui. En 1991, con el comienzo del menemismo y en pleno funcionamiento del aparato que hoy llamamos “duhaldista”, fue reelecto. Justamente, hablando del Cabezón, éste lo convocó como ministro de Salud bonaerense.
Si, Mussi es doctor.
El nuevo milenio lo vio convertirse en el secretario del PJ provincial y estuvo, luego de la crisis, sentado en la Secretaría de Estado de Duhalde hasta los primeros meses del gobierno de Néstor Kirchner.
En 2003 volvió al ruedo y fue electo nuevamente intendente y reelecto en las elecciones de 2009.
Hoy el intendente interino es su hijo, el abogado Juan Patricio Mussi porque su padre fue designado por Cristina Fernández de Kirchner en diciembre de 2010 para reemplazar a Homero Bibiloni en la Secretaria de Medio Ambiente de la Nación (repito: Medio Ambiente).
La lucha de los vecinos no se detuvo nunca desde la represión de 2005. La profundizaron. Lograron que no se siga construyendo la subestación y conformaron una organización basada en asambleas vecinales. Sin embargo estaba latente la decisión. Y el climax llegó el pasado 2 de mayo.
Se falló a favor de Edesur, ese fue el detonante. Los vecinos sabían que era inminente la llegada de los obreros para seguir la construcción, así que acamparon, vigilando a toda hora el ingreso. A las 3:30 del 2 de mayo un operativo de 150 (ciento cincuenta) oficiales reprimieron violentamente a los acampantes para liberar la zona y dejar a Edesur trabajar en paz.
Vuelvo a repetir: Edesur no es quien da la orden. Ni los síes.
Decir que hubo 16 heridos y que quitaron cámaras y celulares con los que se filmaba es poco teniendo en cuenta lo que después vino. Mejor sería que lo cuente Adriana, que allí vive:
“El barrio está militarizado. Hay efectivos de la bonaerense, prefectura y gendarmería. Hay un vallado de tres cuadras a la redonda de la obra en donde te piden los documentos para pasar. No se podía circular. Cuando salíamos de las asambleas nos vigilaban y nos seguían civiles sin identificar. Nos amenazaban con cagarnos a palos”.
Cuando Isabel, la otra vecina, dijo que se acordaba de las peores épocas de la dictadura, no estuvo errada.
Por todo esto –todo, la subestación, la represión salvaje, la militarización del barrio-  marcharon a Capital acompañados por movimientos políticos que rara vez se ven juntos: desde la ORT (Organización de Trabajadores Radicales) hasta el Movimiento Teresa Rodriguez pasando por el Partido Obrero y Proyecto Sur. El doctor Mussi padre, desde su hipócrita secretaría, miraba preocupado las imágenes por la tele.

Brujería en África: espacio para la violencia, el abuso y la extorsión

La Internacional

Fenómenos propios de la Edad Media se reproducen en los albores de la globalización del siglo XXI en los suburbios del planeta. La vergüenza de la explotación económica a partir de coacciones religiosas

“A la hechicera, no la dejarás con vida”

Éxodo 22:17

Estudios sobre 18 países diferentes del África muestran que un 55% de la población cree en la brujería[1]. En Ghana, un tercio de los habitantes considera que el SIDA es transmitido por “agentes del mal” y no por causas biológicas.[2]

Durante el 2009, 50 albinos –aquellos que sufren un desorden genético por lo que no tienen pigmentación en piel, cabello y ojos- fueron asesinados y descuartizados, siendo vendidas sus partes al mercado negro, donde adquieren un valor muy alto debido a que se suponen contienen poderes mágicos que pueden ser usadas para la magia y curación. En el 2004, en el estado de Edo, Nigeria, aproximadamente 24 mujeres fueron linchadas acusadas de brujas, la misma suerte corrieron otras tres en Cabo del Este, Sudáfrica, solo tres años más tarde. Y así la lista continúa, niños, niñas y mujeres son continuamente acosados o asesinados por una simple denuncia; un comportamiento que la sociedad o las iglesias consideran anómalas ya es más que suficiente para levantar desde sospechas hasta la ira de la propia comunidad.

Sin embargo, parece inexplicable que habiendo transitado un decenio del siglo XXI aún persistan prácticas tan horrendas, comportamientos tan irracionales. Pero pasa, y, ¿por qué? En un estudio realizado hace casi diez años atrás por el Instituto Nacional del Niño (INAC) del gobierno de Angola junto con la UNICEF, describió que la violencia contra los llamados brujos –donde predominan los menores de edad- es una manifestación de la crisis: pobreza, anarquía gubernamental, rápida urbanización, la extrema violencia y el cambio en las relaciones de jóvenes y adultos a causa de 27 años de guerra civil que asolaron esas tierras. Pero a esto se le debe sumar la desolación que generan en los pueblos la marginalidad, condiciones de vida infrahumanas, constantes penurias familiares y falta de un futuro prometedor que permite responsabilizar a los sectores más vulnerables de toda esta situación. No es raro encontrar que estos considerados “brujos” o “poseídos” sean chicos rebeldes, inquietos o directamente que sufran de desórdenes mentales, malformaciones físicas; etc.

También la variable económica está presente: es normal que curas y pastores sean los que señalen públicamente en las iglesias a determinadas personas por “brujería”. Más que cuestión de fe, es un tema de dinero. Los familiares de los condenados inmediatamente deben entregar a la víctima de esta posesión demoníaca a la misma iglesia juzgadora para que lo exorcicen. Pero claro está, el trabajo divino de purificación de las almas y los cuerpos no es gratis: deben pagar onerosas sumas mensuales, de modo contrario, el cura o pastor denegará sus servicios y el brujo será devuelto a la comunidad que verá en él una profunda amenaza. No es raro que más de la mitad de los 200 casos por brujería en los últimos tiempos hayan involucrado a iglesias, generalmente protestantes, escisiones de organizaciones a veces mundiales que deciden recorrer su propio camino.

Así día a día se dan las muertes, día a día niños y niñas tienen que sufrir innumerables abusos en los “centros de tratamiento”, donde sobre sus cuerpos deben tolerar un sinfín de torturas, desde cortaduras hasta ser rociados los ojos con picantes. Los Estados aún no se comprometen.


[1] Radford, Benjamín, http://www.livescience.com/8515-belief-witchcraft-widespread-africa.htmlFecha de Consulta: 18/5/2011

[2] http://www.afrol.com/es/articulos/35777 Fecha de Consulta: 18/5/2011

 

«No hay que aceptar las injusticias del fútbol»

Pepe Romero es el entrenador que más tiempo lleva dirigiendo en un club de Primera divisón. Enojado con las histerias de la pelota, con el resultado como único paradigma de vida y con la prensa amarilla que busca vender a través de Ortega y de Fabbiani, el entrenador de All Boys se sienta a discutir lo que no se discute y explica su admiración por Menotti, en una charla en pleno Tapiales.
El hombre es sencillo. En el medio del frío de una mañana nublada atiende a todos con el debido tiempo. Responde las preguntas de todos los medios con una amabilidad que sacaría de contexto a cualquiera. Se trata del entrenamiento de All Boys, se trata de José Santos Romero, de Pepe. Un entrenador que mantiene su puesto hace 4 años, toda una proeza en este fútbol. Las turbulencias que tuvo su equipo en este campeonato no pueden con él, con su forma de ser. El promedio al cuello, la absurda mediatización de los problemas de Ortega o de Fabbiani, la manija que se le dio a la lesión de Gio Moreno ante su equipo. Serían todas causas justas para que esa mañana casi lluviosa hubiese sido un frenesí, una histeria, una dramatización descontrolada de las cosas. Una tormenta. Pero con Pepe no sucede. Antes de que todo eso suceda corta la tensión con una palabra, con el gesto amigable, con la sonrisa cercana. Deja de lado todos los problemas y cuenta, con los ojos brillosos, anécdotas conmovedoras: “Todavía no pude volver a vivir algo como lo que pasó en el Gigante de Arroyito. Lluvia, garra, un 0-3, el ascenso. Las dos hinchadas nos aplaudían a nosotros. Era un teatro”. Se conmueve. Cuenta profunda y risueñamente otras experiencias pero frunce el ceño, siempre tranquilo, al responder las preguntas que “buscan temas profundos y lindos de afrontar”:
Pepe, ya pasaron cuatro años, ¿cómo hiciste?
Siempre aposté a lo que hice toda mi vida: al fútbol. Me manejé casi siempre con divisiones inferiores y cuando se entrena las juveniles hay que ponerle mucha pasión y no pensar en la remuneración ni en el dinero. Cuando trabajás con adolescentes las problemáticas son mayores y  en base a esa experiencia fui entendiendo todos esos temas, escuchando, aprendiendo, equivocándome. Todas esas experiencias hicieron que cuando me toco dirigir un plantel profesional esté mejor preparado. Por ahí esta la causal. Luego, por supuesto, se conjugan otras cosas como lo futbolístico o poder tener un sentimiento por la idea que uno quiere y que el jugador pueda ejecutarla.
¿Por qué sos una excepción?
Sucede más que nada por los resultados. Es un juego que se maneja siempre con puntos. Lamentablemente, nos ha pasado a todos, perdés tres partidos y te sacan del puesto. Creo que ahora se esta manteniendo un poquito la filosofía de dar continuidad al director técnico. Hay algunos técnicos que están durando en sus contratos. Eso hace que el dirigente piense un poquito en lo que venía haciendo. Es normal que te saquen del puesto. Hoy la gente y los dirigentes evalúan solamente el resultado. No lo hacen por tu trabajo, sino por los números. Eso es difícil de sostener, pero hay que seguir, confiar en uno y luchar para demostrar que las cosas pueden ser diferentes.
¿Es justo qué se maneje todo por el resultado?, ¿es una ley de juego?
No. Es una injusticia y hay que luchar contra eso. He visto técnicos que han trabajado muy bien, mismo en All Boys. Pero como no se daba todo rápido, tenían que irse. El resultado es algo más dentro de lo que uno puede llegar a hacer en el fútbol. Uno trabaja para que el jugador progrese, encontrar un funcionamiento, darle una identidad. Pero el resultado pasa por otro lado y a veces jugás bien y no ganás. Parece increíble, pero eso te puede dejar fuera de un puesto de trabajo. Hay que tener una convicción consolidada sobre cómo jugar y sobre qué lograr con tus jugadores. A partir de ahí ocuparse de si los resultados acompañan, pero sin cambiar tus convicciones. Si el equipo no gana por varios partidos, no estará jugando bien. No es un problema de resultado. Hay que buscar la forma de cambiar el resultado jugando bien. Ahí cambia la opinión. Logrando que cuando se gane ya no se piense solo en que se ganó, sino que se valore que el buen juego que fue la causa. Eso dará los resultados que uno quiere. De la otra manera el resultado no se dará. No se puede.
En tus ideas futbolísticas, ¿qué te aporto César Menotti?
Menotti es lo que uno quiere seguir. No me puedo comparar con él. Ha demostrado que fue uno de los técnicos más valientes que hubo en el aspecto del juego, de programar un equipo dentro de la cancha, ha sido un hombre que tuvo convicciones y no las cambió por más que tuvo una presión enorme de todos lados. Si yo en All Boys siento presión por algún directivo, jugador o hincha, me imagino que él dirigiendo una selección o lo que dirigió Menotti tuvo muchas más presiones. A pesar de eso, no cambió  sus convicciones. Eso es fundamental y hay que valorarlo. Siempre valoró la profesión, defendió al futbolista y al entrenador como trabajador, haciendo cumplir los contratos a raja tabla. Lo que dice Menotti, se ve en la cancha, no es otra cosa. Muchas veces hay técnicos que dicen que van a jugar de un modo y después vos ves el equipo y notas que algo está confundido: el equipo o el entrenador. Menotti siempre expresó una táctica y un estilo, y sus equipos lo respetaron. Intentó hacerlo, ganó y perdió, pero hacer eso es valorar el espectáculo y al hincha, a la gente.
¿Hay muchos técnicos qué hablan sobre el menottismo y después se van para atrás?
Sí, hay. Es más, yo muchas veces he cambiado tácticas por diversas razones, porque el jugador no lo comprende o porque te apabullan los resultados. Lo he hecho. No se si está tan mal, porque siempre el DT debe buscar variantes. Lo de morir con la mía, no lo entiendo. Roza el fanatismo por lo que uno hace. Un técnico tiene que ser amplio, entender todo. Pero hay que ser concientes de que siempre se puede jugar bien al futbol. Los cambios pueden ser positivos si no se resigna la pelota y si no son cambios bruscos.
¿Por eso te dolió qué se haya hablado de un equipo violento en la primera fecha?
No lo tomé bien. No comparto. Siempre he tratado de que los jugadores hagan todo desde lo futbolístico, que tenga un pensamiento de buen juego. No que sea una lucha encarnecida que se haga una guerra. Siempre trato de expresarle al jugador lo que siento y lo que quiero que hagan el la cancha. Lo que debo pedirle es que sea honesto y que no sea malintencionado. Que exprese su futbol como él sabe. Eso a mí me alcanza. De ahí a que le digan mala leche, como salió en un medio deportivo, hay  mala intención.
¿A qué se debe el ensañamiento de los medios deportivos?
Buscan detalles donde puedan enfocar los problemas hacia el entrenador o algún jugador que ha cometido una falla. Eso lo potencian enormemente. A mi me pasa esto ahora con Fabbiani y Ortega. Jugadores que vienen de equipos grandes. Yo conozco las situaciones de ellos, no es que vinieron porque quisieron venir ellos. Siempre digo: “¿Ustedes piensas que si Ortega o Fabbiani estuvieran bien estarían acá?” No, estarían en River o en un club mucho más grande de Europa. Lo que pasa es que como nosotros sabemos todos los problemas que traen recayeron acá. Nosotros quisimos que vinieran sabiendo de los problemas. Entonces no tenemos que alterarnos cuando Ortega falta al entrenamiento o si a Fabbiani lo vieron en Esperanto. Toda la vida hicieron eso, entonces, si lo aceptamos tenemos que saber manejarlo pero no estar dándole palos todos los días por si no vinieron a la practica. Eso es mala intención del periodista. Ellos saben estas cosas y están esperando a que pisen el palito para caerle con toda la maza. Estoy en contra de eso. Uno tiene que tener criterio y evaluar lo que sucede en el grupo y en el entrenamiento.
¿Esa mala intención es para los que no priorizan el resultado o para cualquiera que pise el palito?
El ensañamiento es contra lo que vende. Lo hacen con ciertos jugadores o técnicos. Si a Fabbiani lo ven en el boliche una o dos veces se arma lío. Pero Fabbiani solo no va al boliche, los jugadores salen todos hoy en día. Salen a divertirse, porque tienen la edad. Pueden disfrutar de su dinero y su fama una noche. Es algo normal si lo hace ordenadamente. Siempre se nombra a los mismos. Ortega falta a un entrenamiento y se lo nombra, nosotros hemos tenido otros casos de ausencia en el grupo y nunca salieron a relucir. Así debe pasar en todos los entrenamientos. Son jugadores que por su apellido venden. Ese es el tema: venden.
La mañana sigue nublada, el frío se agudiza. Las personas pasan y lo saludan. Es increíble, por momentos, con la tranquilidad que se expresa. Habla con una sencillez que muerde lo cotidiano. Las palabras están al nivel del piso. Se trata de un deporte y él lo explica.
Tenés un discurso muy terrenal del fútbol, ¿por qué se pone en un plano de vida o muerte al fútbol?
Pasan dos cosas. Yo he pasado por muchas situaciones y nunca tuve ambición de poder. Entiendo que el dinero es importante, pero no es lo único. En el fútbol hoy en día se mira mucho el aspecto económico, hay mucha plata en juego y eso lo hace de vida o muerte, como dicen algunos. También creo que la sociedad entró en un momento en donde se genera violencia sin razón, entonces el ganar o ganar está latente, sino rompemos todo o lastimamos a alguien. Hace poco tuvimos la terminación de un partido por Copa Libertadores que fue una vergüenza. La ambición de poder y del dinero y la violencia que existe hace que el fútbol cada vez sea más dramatizado. Yo trato de manejarme como en la vida, con tranquilidad. Tomando al fútbol, como lo que fue durante toda mi vida, una pasión. Un deporte que me dio siempre alegría. Por eso uno siempre busca la tranquilidad, siempre hablando con el jugador directamente. Sin mentir, dejando todo al descubrimiento. Que sepa entender si me equivoco, pero que entienda que esto es una carrera, no la carrera de la muerte
Los valores que pregonás, ¿son difíciles de explicárselos a profesionales mayores?
Claro, es mucho más difícil. Seguro que ese cambio debe estar en las inferiores. Cuando estuve allí, creo haber dejado algo en los futbolistas. Ellos me lo hacen sentir, recordando conceptos que yo les enseñé. Eso es muy lindo y bueno. Respecto a lo profesional es muy distinto. Imaginá a un jugador como Ortega, como para poner un ejemplo, que a los 17 años jugo un Mundial, escucharme a mí transmitir un concepto de valores quizás él lo toma de otra manera. Pensará, quizás, “y este de donde salió, de que está hablando”. No sé. No sé lo que pensarán los jugadores cuando me escuchan. Yo tengo la obligación de decírselo. Ya sea a Ortega o a cualquiera, si estás conmigo un mes, seis o un año, lo que sea, vas a saber que yo pienso de una manera. Yo no voy a cambiar en ese aspecto. Yo quiero hacer entender cómo es uno y lo que quiero del fútbol. Después si él lo quiere tomar, lo toma y, sino, lo dejará por el camino.
¿Cómo se lucha, desde adentro, contra la injusticia del fútbol?
Se lucha trabajando y jugando bien. El fútbol es simple.
Es simple, es Pepe.

Debate por las últimas decisiones de la AFA

La decisión de la AFA de quitarle la quinta amarilla al delantero de Racing, Teófilo Gutiérrez, que le permitió jugar en la derrota de su equipo ante River por la duodécima fecha, sumado a la decisión del mismo tribunal de sacarle una de las dos amarillas que le valieron la expulsión en un encuentro ante Gimnasia de la Plata al volante de Tigre, Martín Galmarini, abrieron la polémica. Un equipo de comunicadores, de periodistas, de colegas, responden ante estas inquietudes que generó el caso de Teo Gutiérrez.  

 
¿Está bien que la AFA pase por encima de las decisiones arbitrales?
Hernán Castillo, de Radio la Red.
 Estoy en desacuerdo con que la AFA pueda revertir los fallos que dictan los árbitros en los partidos principalmente porque favorecería a que se pierda la esencia del juego. Me parece que los únicos casos en los que puede ser necesario la implementación de un elemento externo para ayudar a los árbitros, es en los que no queda claro si la pelota traspasa o no la línea de gol. Eso puede revertirse mediante el uso de un chip en la pelota o el uso de un árbitro encargado de eso- como sucede en algunos partidos en Europa.
El caso puntual de Teófilo Gutiérrez es un asunto netamente de interpretación, no me parece que sea comparable con la amarilla que le sacaron a Martín Galmarini. La mano del jugador de Tigre no existió. Para mí es más comparable con la mano de Funes Mori, delantero de River, en un partido en la cancha de River contra Godoy Cruz. En ese caso y en el de Galmarini, no fue mano, pero pareció. El caso de Teo es pura interpretación porque para Pompei pudo haber sido penal, me parece pésimo que intervenga la “justicia” por sobre la mirada del árbitro.
Nahuel Lanzillotta, del programa La Cicloneta
Creo que estos casos están volviendo a abrir un tema profundo que es el de la tecnología en el fútbol. Para algunos deportes sí está bien implementado porque está bien regularizado en qué momento se puede reclamar. El deportista (por ejemplo en el tenis con el ojo de halcón) o el árbitro (en el caso del Rugby por ejemplo) pueden hacer un pedido en el mismo momento en que ocurre el llamado incidente o jugada dudosa, para que ese fallo no influya en el resultado final del partido,
Yo no comparto de la idea que está empezando a llevar adelante la AFA. En el caso puntual de Teófilo Gutiérrez no estoy para nada de acuerdo, porque encima me parece que es una falta de respeto, porque también se podría actuar de oficio y sacarle la roja directamente por la brutal patada que pegó cuando estaba terminando el partido. No se está midiendo el asunto de una manera profunda, me parece que no es serio. Lo de ahora es payasezco. Son cosas que hasta influyen en la semana de los jugadores, de los técnicos, porque por ejemplo en el caso puntual del delantero de Racing se hizo toda una novela de varios días para saber si jugaba o no. El fútbol ya no es como antes. Ahora tenés cámaras por todos lados. Los periodistas, la gente, todos pueden ver la jugada desde cualquier ámbito. El árbitro queda en desventaja ante eso. Él está sólo en eso. Se puede equivocar o no. Es una situación que expone mucho a los árbitros, es el único que termina en desventaja en esos casos. No me parece que se puedan revertir esas situaciones porque también van a generar que empiecen a llegar a AFA una catarata de pedidos de clubes para que les reviertan fallos.    
Lo que sí estoy de acuerdo es en implementar la tecnología durante el partido. Que sea un apoyo para el árbitro, pero que lo pueda usar solamente en ese momento. Y no después, pero dejando en claro qué jugadas se puede reclamar y cuáles no.
Guillermo Blanco, director de DeporTea
Yo creo que sienta un precedente que es ni más ni menos la consecuencia de que el caño se rompe por el lugar más impensado teniendo en cuenta la confusión dirigencial y de la misma comunidad deportiva. Es una confusión de la sociedad que se traslada a esto que estamos viviendo de una manera confusa, no homogénea y con algunos antecedentes de algunos países de los que en general han sabido cortarlos a tiempo.
Yo recuerdo estar viviendo en Nápoles y acompañar a Maradona a Milán a hacer un descargo al tribunal de disciplina, después de que lo expulsaran por darle un cabezazo terrible a un jugador del Udinese. El abogado del Nápoli le había dicho a Diego que hiciera su descargo – cosa que era real- diciendo que él reaccionó por una patada que un jugador rival le dio en la rodilla lesionada de Maradona- sabiendo que él estaba mal en esa pierna. Diego reaccionó, le pegó un cabezazo y lo echaron. Ahora bien, lo echaron, pero después no lo suspendieron. Algo parecido a lo que está pasando acá. Pero eso allá se frenó.
Lo mejor que puede pasar acá es que se frene de nuevo y que este tipo de decisiones y que se vuelva a confiar en el árbitro porque el problema de fondo es denunciar por parte de la dirigencia una desconfiancia arbitral que baja de la propia hinchada deportiva. Hoy la sociedad vive una etapa de desconfianza que lleva a este tipo de anécdotas.
Hay que volver a foja cero porque sino el fútbol que ya está degenerando y que no está teniendo nada de lúdico, nada del juego del que nació. Se está transformando en una excusa para un negocio para canalizar carencias individuales y colectivas de la sociedad y lo que menos importa es el juego en sí y reconocer el error humano que siempre ha estado presente en cada uno de los componentes y sobretodo en el árbitro. Desacreditar al árbitro es entrar en la posibilidad de empezar a gestar otro juego muy distinto al que es fútbol históricamente. El reglamento del fútbol es sagrado, es de los que menos ha cambiado y por algo es.
 Si se empieza a toquetear es como empezar a toquetear a una mujer impura, y a partir de ahí se empieza a degenerar todo.
Sebastián Larocca, director de Pasión Futsal y redactor de Tiempo Argentino 
No estoy de acuerdo con que el Tribunal de Disciplina de la AFA modifique una decisión reglamentaria del árbitro esté equivocado o no. Porque a partir de eso pueden llover una serie de quejas y cuestionamientos a los jueces. Ahora si lo quieren reglamentar, que lo hagan con todas las decisiones, no sólo con las tarjetas. Que apliquen la tecnología al fútbol y decidan ciertos aspectos del juego al instante, como se hace en el Rugby y en el Tenis.
 
Tato Aguilera, cronista de Boca Juniors para TyC Sports
Para mí está mal que la AFA intervenga en la quita de tarjetas a jugadores. Se desvirtúa el juego, el caso de Teófilo Gutiérrez va a sentar un precedente y con este caso todos los clubes van a querer tener el derecho- fecha tras fecha-  de reclamar, discutir y cambiar la decisión del árbitro. Igualmente me parece mucho peor que un árbitro cambie su informe. También me parece que hay que rescatar que son muy diferentes el caso Galmarini del caso Gutiérrez. El caso del jugador de Tigre es más discutido porque es más difícil para el árbitro visualizar bien si el jugador toca o no toca la pelota con la mano, pero en el del jugador de Racing no es bueno para el deporte porque se desacredita al árbitro.
La tecnología en el momento, para casos de saber si una pelota ingresa o no, me parece muy bien, pero que se genere toda una discusión en la semana, que pueda haber tanta interpretación en base a esto no me parece bien.
Román Iucht, periodista de Canchallena, un caño, playboy y conductor de Tirando Paredes, en Radio Continental
Creo que la idea no es mala en tanto el fondo de la discusión, el problema es la forma. Me parece que en el caso de Martín Galmarini se trata de algo objetivo. Él es expulsado porque el árbitro entiende que toca la pelota con la mano intencionalmente. La TV y las cámaras demuestran que la pelota no le pega en la mano y no hay nada para discutir, es un hecho objetivo. El caso de Téofilo Gutiérrez  es una jugada de apreciación, es un hecho subjetivo. Yo creo que fue penal y que estuvo mal el árbitro, el fútbol en general, como juego, tiene que aceptar el error como parte del mismo. Para mí es necesario que hay que convivir con el error. Es parte del juego. No verlo es negar la existencia del juego. Me parece que en una jugada de apreciación es mucho más fino y más complicado modificar un fallo del árbitro.
Por ejemplo si tres personas ven un choque, las tres van a decir el auto negro chocó al rojo. Pero seguramente las versiones de los testigos van a ser diferentes, van a agregar o sacar detalles que tienen que ver con la apreciación, con la subjetividad.
Me parece que lo que se hizo a partir de Galmarini no estuvo mal, pero lo que se hizo a partir de Gutiérrez no está bien. Va a generar un sinfín de protestas y es un viaje de ida, una vez que arranca esto no termina. A Gimnasia le echaron a Masuero por una mano que puede considerarse dudosa. Seguramente el club de la plata va a empezar a protestar, en base a lo que ya pasó con estos casos. Si no hubo mano, es igual al caso de Galmarini, se le puede sacar la sanción pero no el resultado: el penal. Pero no es para nada comparable con el caso del delantero de Racing. A la de Gutiérrez si se discute por sacarle la amarilla se podrían preguntar porque no lo echan por la patada brutal que pega después.
Si la tecnología va a ayudar para sacar, también lo puede hacer para poner. No me parece acertada la decisión de sacarle la tarjeta a Teófilo porque se está lesionando la autoridad del árbitro que tiene que cobrar en el momento lo que ve porque si el tribunal  considera que se equivocó, tiene el poder necesario para hacer su tarea en ese caso: pararlo y que no dirija a la semana siguiente.    
Matías Bustos Milla, de Clarín 
La AFA decide quienes conforman el Tribunal de Disciplina y el Colegio de Árbitros, estos juzgan los fallos de los árbitros que se formaron en la Escuela, la cual también depende de AFA, formada por los representantes de los clubes, quienes juegan en los torneos de AFA. El círculo cierra perfecto, salvo por algo: las decisiones las toma unilateralmente Julio Grondona. El tema de Teo Gutiérrez es apenas una partícula suelta en un sistema que, pese a contar con todas las piezas, no funciona aceitado. Si se va a inmiscuir la tecnología y las actuaciones de oficio en el fútbol local, entonces debería legislarse y reglamentarse primero en qué casos puede ser aplicada, qué decisiones se podrán refutar y sobre todo, qué pasará con los árbitros. La AFA tiene el poder de interceder, el tribunal deberá medir todo con la misma vara, los árbitros tienen que exigir respaldo y los clubes, animarse de una vez a ser escuchados.
Sebastián Varela del Río, Zonales de Clarín 
 Estoy de acuerdo con la metodología. Es un avance reglamentario. Pienso que lo incorrecto es que se implemente de un día para el otro y sin reglas claras. Tales cambios, importantes para el desarrollo de un torneo, debieran hacerse por medio de planteamientos e ideas previas. Habría que formar un tribunal independiente con ex árbitros y ex jugadores para determinar la quita de sanciones reglamentarias. Sin embargo, en la AFA se maneja el criterio de que lo que se le ocurre a Grondona. Entonces se generan desacuerdos y lugares poco claros.
Juanky Jurado, FoxSports 
 “Hay casos y casos. Los que tengan que ver con casos que no afecten la tabla de posiciones me parece que están bien. No me parece que estuvo mal. Lo que sí, estoy en contra de que no le hayan puesto una expulsión luego, teniendo en cuenta que hizo una falta grave y no fue sancionado.
Es un tema realmente complicado porque el problema está en la metodología que se va a usar. Hay miles de casos de malas sanciones y habría que establecer de qué manera piensan sancionar. Porque si, en definitiva, se aplican, se tendrían que revisar casos muy graves y Huracán tendría que haber salido campeón contra Vélez por la falta de Larrivey a Monzón. Es algo complejo.
Salvo que se ponga un veedor o un árbitro que analice cosa por cosa en el momento y que al final del partido determine qué va a pasar, me parece una locura lo que se está haciendo. 
Me parece que lo que sí debería hacer la AFA es un recambio en los árbitros, ya que algunos siguen con una vieja escuela que demuestra ya no funcionar más. Hay que hacer modificaciones más de fondo.