Archivo por meses: septiembre 2010

La lucha y el vacío Permanentes

Por la Sección Sociedad

Mujeres creando. Creando conciencia. Generando poder popular. Hombres también, claro. Porque si es poder popular, es un poder de todos. Para Todos. Para Siempre. En un número de Nos dedicado íntegramente a la mujer, y sus diversas luchas, permanentes, dos hombres son protagonistas de esta nota Editorial. Pablo Pimentel es el titular de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza. La batalla de este militante social es Permanente. No claudica. Ni antes. Ni ahora, luego de haber sido amenazado de muerte en Ciudad Evita, su lugar en el mundo, por defender los derechos humanos de cientos de personas que viven en el barrio Tierra y Libertad. Tierras olvidadas, recinto lleno de vida, de sueños, se construido en base al esfuerzo de los vecinos, víctimas constantes de las amenazas de desalojo por parte de la Municipalidad de La Matanza. Por la Tierra, su tierra, ellos buscan la Libertad.

Por su Tierra, por su Libertad y la de sus prójimos, Jorge Julio López militaba en sus años de juventud soñando un futuro mejor,un mundo para todos. Lo detuvieron, lo desaparecieron, lo torturaron. Le cagaron la vida. Hace cuatro años, lo volvieron a desaparecer. Duele la injusticia. La impunidad que camina sin ruborizarse por la calle. La calle, esa que se llena de vacío cuando se recuerda a Jorge Julio López. La calle, esa que tendrá un vacío Permanente.

Ella es mujer, ellas son las mujeres

Ella decidió abortar. Lo hizo en un lugar clandestino de La Matanza, en la Provincia de Buenos Aires.  Lo hizo en condiciones insalubres, sin seguro de continuar su vida. La Matanza la padecen las mujeres, sin educación sexual para conocer. Sin pastillas anticonceptivas para no abortar. Sin la ley que proclame el aborto legal, para no morir.


A ella las dos líneas del Evatest la dejaron perdida. Desde los 16 empezó a tener relaciones sexuales con su único y actual novio, pero nunca se cuidó. Nunca. Y pasó. “Tenía ese no sé qué de que no iba a pasar”, explica E. A., que es ella, EllA, voz de tantas ellas. La pareja no tuvo educación sexual en el colegio al que asistió. “Una vez vinieron a dar una charla de Johnson-Johnson pero lo que aprendías era lo que trasmitían amigos en charlas”, manifiesta ella, a más de un año de haber abortado clandestinamente.
Ella empezaba el Ciclo Básico Común de Psicología en la Universidad de Buenos Aires. Su novio estudiaba Arquitectura en la misma facultad. Ninguno trabajaba y los dos vivían con sus respectivos padres. Una mañana, ella comprendió que en su cuerpo, la vida se multiplicaba en dos. A los 18, ella confirmó que tenía un embarazo de un mes y que no sentía tenerlo: “No podía, mis viejos no se iban a bancar mantenernos y yo no iba a soportar el día a día cargando con la culpa, dejando la carrera y cambiando totalmente mi proyecto de vida”. Ella decidió abortar, como el medio millón de mujeres que lo hacen por año en Argentina y las 46 millones que lo deciden en todo el mundo. Pero ¿dónde? ¿y cómo?…
Ella tenía una amiga, que conocía a una amiga que a su vez tenía un conocido que sabía de alguien que abortaba. “Así se manejan los abortos clandestinos, a través de contactos”, asegura. La Matanza fue el lugar de encuentro con él, que por 600 pesos le aseguraba la interrupción del embarazo. Lo que él no podía asegurarle era las condiciones médicas y de higiene necesarias. No podía asegurarle la vida. Los abortos inseguros, realizados en condiciones precarias, se basan en métodos escalofriantes: utilización de agujas o sondas, combinación de hierbas o medicamentos. El resultado es mortal: 400 mujeres mueren al año por abortos mal practicados, que constituye la primera causa de muerte materna en Argentina. Las mujeres que acceden a estas prácticas son las que menos educación sexual han recibido. Las más castigadas por la desidia de un Estado ausente en el mejor de los casos. Y asesino en el peor de las circunstancias.
Ella no tenía conocidos que supieran de estas clínicas y los días pasaban, atípicos, de a par. Comenzó a recorrer hospitales preguntando si podrían intervenirla, ofreciendo hasta diez mil pesos. Nadie accedía, la ley era clara: el aborto es ilegal siempre, pero es no punible si es para salvar la vida o la salud de la mujer o si el embarazo se concibió como consecuencia de una violación (si la mujer es “idiota o demente” se requiere consentimiento de su representante legal).
A través de Internet, ella consiguió un contacto que vendía Oxaprost, para realizar un tratamiento abortivo con pastillas. Cada píldora contiene Misoprostol (200 miligramos), que provoca contracciones urinarias, y Diclofenac (cincuenta miligramos), para calmar el dolor.
Ella, acorde al prospecto, ingirió cuatro pildoras (800 miligramos en total de Misoprostol) sublinguales y cuatro píldoras de la misma dosis intravaginales. A las tres horas tomó otras cuatro pastillas sublinguales. A las cuatro horas de la primera toma, comenzó a marearse, tuvo nauseas y la vagina comenzó a sangrarle: el aborto había comenzado. Tres horas más tarde tomó las últimas cuatro píldoras sublinguales, sólo restaba esperar y aguantar el dolor insoportable.
“Ya está”, recuerda que dijo ella al darse cuenta que lo peor había pasado. El aumento de la pérdida de sangre, revelaba que el aborto había sido un éxito. No todas las interrupciones de embarazo terminan en final feliz. En múltiples abortos las pastillas utilizadas son truchas o tomadas después de las nueve semanas de embarazo, límite en el que las pastillas ya no hacen efecto, o la mujer es alérgica al Misoprostol o por falla del tratamiento.
En América Latina se practican anualmente casi cuatro millones de abortos inseguros en los que mueren 370 de cada mil mujeres. Y por más que los sectores más humildes sean los más vulnerables, en Argentina el quince por ciento de los abortos corresponde a la clase media, como el caso de ella. Dos tercios de los abortos de Latinoamérica se lo realizan mujeres de entre 15 a 30 años, siendo la franja entre los 15 y los 19 la más vulnerable de todas, debido a los riesgos post interrupción.
Las mujeres al no poder decidir si continuar o no un embarazo de manera legal y protegidas por el Estado recurren a métodos clandestinos, a prácticas precarias que factiblemente dejen secuelas, como lesiones en el útero e infecciones mortales. En Argentina, el aborto es la principal causa de muerte materna y quienes luchan por conseguir la libertad de elección de la mujer no bregan por inducir más abortos sino reducir la muerte de mujeres.
Actualmente, se espera que entre en debate un proyecto enviado por distintos bloques políticos para despenalizar el aborto durante las primeras doce semanas del proceso gestacional y, además, obligar al Estado a hacerse responsable de proveer los servicios de salud apropiados, para evitar las muertes maternas y la cantidad de abortos.
(Ella es la reconstrucción de un caso de una joven que prefirió resguardar su identidad, pero no nos privó de la información sobre su experiencia en la interrupción del embarazo. Hoy cursa la carrera de Psicología en la Universidad de Buenos Aires y continúa viviendo con sus padres).

No son crímenes pasionales, son femicidios

En el primer semestre del año, 126 mujeres fueron asesinadas por la violencia de género. En 2008 hubo 207 víctimas fatales, y en 2009 la cifra ascendió a 231. La violencia se acrecienta. La desidia de un Estado ausente, también.

Mirta Alejandra Arias tenía 37 años y vivía en la localidad cordobesa de Sacchi. Era madre de cinco hijos de 18, 17, 15, 11 y 5 años. Hace ya unos años, estos niños se quedaron sin mamá. Rolando Gaitán Juncos era su pareja. La obligaba a vestirse mal para que nadie la mirara. No le permitía que se encontrara con amigas. La golpeaba hasta dejarla con moretones en la cara y en las manos. Mirta no contó con protección para poder frenarlo.
El lunes 16 de marzo del 2008 Juncos la asesinó en un descampado. El hombre la golpeó en la cara con un bloque de cemento y cuando volvió les dijo a sus hijos: “No la llamen más porque la maté”. Antes de irse, secuestró a Sofía, la hija más chica de Mirta. Después de cinco días de búsqueda el cuerpo de la niña fue encontrado en un pozo de cuarenta metros de profundidad en el que habría sido arrojada viva.
Este relato tiene a Mirta como protagonista. Pero su nombre podría ser Verónica, Noelia, Sandra, María o el de cualquier víctima mortal por causa de violencia y mal trato doméstico. En Argentina casi el 80% de las veces los homicidios son cometidos por hombres contra mujeres. En el primer semestre del año, 126 mujeres fueron asesinadas. En 2008 hubo 207 victimas fatales, y en 2009 la cifra ascendió a 231. Los números se acrecientan. La desidia del Estado también. Y de los medios de comunicación, desinformantes cuando eufemisan aduciendo “crímenes pasionales”.
Pero,  ¿de que pasión hablan?.
Por pasión, culturalmente, entendemos un marcado sentimiento o entusiasmo por ciertas prácticas o disciplinas. Mediante el lenguaje organizamos nuestra realidad interna, pensamientos y sentimientos. “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, dijo alguna vez Ludwig Wittgenstein, filósofo austriaco conocido por sus aportes en materia lingüística. De esta forma queda en evidencia que cuando se acepta esta terminología para hacer referencia al homicidio se está soslayando una práctica aberrante.
Mientras tanto las organizaciones feministas continúan en la lucha por la igualdad y sostienen que este es el lenguaje del patriarcado. La violencia de género y los eufemismos con los cuales se disfraza, oculta, pervierte, no tienen otro objetivo que el control. Nuria Varela, escritora idónea en la violencia de género, en su libro Feminismo para principiantes, asegura que “no es una violencia pasional, ni sentimental, ni genética, ni natural. La violencia de género es la máxima expresión del poder que los varones tienen o pretenden tener sobre las mujeres”. La periodista Zula Lucero, reafirma el concepto: “El patriarcado, desde el comienzo nos ha oprimido y a determinado roles claros dentro de la sociedad: madres, esposas, cuidadoras, putas, consumidoras etc. y dentro de estos roles ha construido estereotipos: madre abnegada, la puta en la cama, la puta de la esquina, la esposa fiel, la esposa sumisa, entre otros. Los medios han colaborado para reforzar estos roles/estereotipos construyendo una realidad social, donde nosotras las mujeres no formamos parte de la agenda de los temas importantes, salvo, claro, desde una mirada patriarcal”.
En marzo del año pasado se sancionó en el Congreso la Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres. Tal como lo prevé su primer artículo, la ley tiene como objeto trabajar para erradicar la violencia contra las mujeres en el ámbito familiar y las relaciones interpersonales y brindar asistencia integral a las víctimas. La nueva norma propone crear una línea telefónica nacional para denunciar y pedir ayuda frente a la violencia doméstica, la creación de refugios para que las víctimas puedan salir del encierro, la prioridad para recibir créditos y empoderar a las mujeres que buscan salir de situaciones de vulnerabilidad, entre otras medidas. Y también avanza en enmarcar la violencia institucional, obstétrica, mediática y sexual y reproductiva contra las mujeres.
A pesar de esto, no hay una política nacional que prevenga, erradique y sancione este flagelo. La autora del proyecto, Marita Perceval, admite que se necesitan protocolos de atención unificados a las víctimas para que la revictimización no sea pan cotidiano para las mujeres. “Muchas veces el trayecto entre el lugar donde la mujer hace la denuncia y el trabajo o la casa es la autopista de la muerte”.

Ser prostituyentes es ser puto

El prostituyente, ese ser que paga por tener relaciones con una mujer cual objeto de mercancía, no está sometido a una condena social como sí la puta. María Galindo, del movimiento colectivo feminista Mujeres Creando, explica: «La prostitución es un pendiente de todos los sistemas políticos e ideologías de cambio social. La sociedad patriarcal reconoce el derecho de prostituir como un privilegio masculino y el hecho de prostituirse como una culpa femenina». Y sentencia al prostituyente: «Es el sujeto el que tiene que ponerse en cuestión a sí mismo, como lo hace la puta».

Ellos prostituyen y eso está bien, yo me prostituyo y eso está mal.
Con esa frase, María Galindo y Sonia Sánchez titulan uno de los capítulos de su libro Ninguna mujer nace para puta que pone en jaque al prostituyente. ¿Qué rol ocupa dentro del circuito de la prostitución? ¿Por qué no cae sobre él la misma condena que sobre las putas? ¿Está bien prostituir un cuerpo? Éstas son algunas de las preguntas que se hacen, que nos hacen, y que desde Nos interesa refrescar.
María Galindo se define boliviana y feminista; integra el colectivo Mujeres Creando que desde hace 20 años se dedica a “construir un espacio heterogéneo de indias, putas y lesbianas, juntas, revueltas y hermanadas”, según ella misma. Otras voces dicen que se dedica a armar quilombo.
En las calles de Bolivia, María y sus hermanas salen a interpelar a esa sociedad machista. En pleno centro, llegaron a pintarles el miembro a hombres desnudos. Las reacciones incluyeron de todo menos aplausos. La actividad lanzó la pregunta a esos machos que, finalmente, lograron que la policía llevara detenidas a las activistas femeninas: ¿qué dirías, vos, hombre y boliviano, si acá en vez de machos desnudos, hubiese mujeres?
Otras frases, pintarrajeadas a lo largo y ancho de La Paz, rezan:
De hacerte la cama, de hacerte la cena, se me fueron las ganas de hacerte el amor

El príncipe azul no existe, el macho violento sí

No quiero ser la mujer de tu vida, quiero ser la de la mía

No hay nada más parecido a un machista de izquierda, que un machista de derecha

Desobediencia, por tu culpa voy a ser feliz

María nos regala estas respuestas, que no cesan de preguntar.
¿Por qué existe ese vacío de discusión en torno al prostituyente? ¿Qué historicidad le da cabida a no condenarlo y sí a las prostitutas?
Es un vacío que tiene mucho que ver con el hecho de que la prostitución es un pendiente de todos los sistemas políticos e ideologías de cambio social, porque todos tienen un componente patriarcal y una lógica patriarcal que no se ha superado y que no se rompe por ningún lado. La sociedad patriarcal reconoce desde “la cultura” el derecho de prostituir como un privilegio masculino, y el hecho de prostituirse como una culpa femenina.
¿Qué rasgos se desprenden de esa concepción “patriarcal”?
Esta conexión tiene varias capas políticas, que derivan sobre el concepto del cuerpo de la mujer como objeto de intercambio en una sociedad. Es que el tema de la prostitución no puede ser recortado y aislado del análisis del conjunto de relaciones sociales en una sociedad. No es un tema aparte el de las putas, tiene el poder de poner en cuestión muchas cosas al mismo tiempo.

¿Cuáles?
El consumo de la prostitución es una relación prostituyente-prostituta, que tiene el poder además de dibujar la relación varón-mujer en una determinada sociedad. No es una relación directa prostituyente-prostituta, sino que es un contrato prostituyente-proxeneta, igual que todos los contratos sexuales en la sociedad patriarcal son contratos entre hombres sobre el intercambio de los cuerpos, la fuerza de trabajo y la vida de las mujeres. La interlocución y el poder es hombre-hombre y no hombre-mujer, la mujer es la mercancía no la interlocutora, ni la contraparte.
¿Y ese hombre, entonces, cómo se define?
La sociedad patriarcal le permite transitar de prostituyente a padre, a marido, a hermano con permisividad, con impunidad y, muchas veces, con cinismo; esto no significa que el prostituyente salga sin marcas de una relación de consumo del cuerpo de “la otra”.
El prostituyente no sale intacto del consumo de prostitución. Su cuerpo ha pasado por un proceso también. Un proceso que no es racional, por eso no es suficiente el justificativo social que cotidianamente recibe para consumir prostitución. Sabe que el vínculo de consumo que crea es un vínculo degradante y por eso necesita él mismo legitimarlo.
María nos deja pensando.
¿Existe, entonces, un prototipo de prostituyente?
La pintada sobre la pared habla que no:
No hay nada más parecido a un machista de izquierda, que un machista de derecha..
El 18 de octubre de 2004, el sociólogo francés Saïd Bouamama presentó una investigación sobre los prostituyentes, que originó una encuesta de opinión pública que incluyó 150.000 cuestionarios – envíados vía correo postal e Internet-, de los cuales fueron respondidos 13.000.
El psicoanalista Juan Carlos Volnovich, autor del libro Ir de putas que ensaya un análisis psicológico del prostituyente, comenta sobre la encuesta: “Dato significativo fue el reconocimiento que, más allá de la diversidad de respuestas contenidas en los 13.000 cuestionarios, las concepciones que sostienen las mujeres se superponen con la de los varones. Es probable que las mujeres reconozcan más enfáticamente el carácter inaceptable de la prostitución, que la condenen más severamente que los varones, pero ambos (varones y mujeres) coinciden en que la prostitución es una fatalidad inevitable y una necesidad ineludible de los varones”.
Dato no-menor. El machismo, también entre las mujeres.
La encuesta concluyó que la mayoría de los prostituyentes hombres tienen edad entre 35 y 50 años y viven en pareja. Entre ellos, el 55% tenía uno o más hijos. El análisis de esos escalofriantes datos esgrimió cinco prototipos de prostituyentes:

  • Los prostituyenes que justifican su afición a las prostitutas acusando abstinencia sexual y soledad afectiva.
  • La segunda excusa, según porcentaje, acusa a la “desconfianza, el temor y el odio” que le inspiran las mujeres. Volnovich apunta: “Es interesante observar que en éste nivel se agrupan los varones que culpan a la sociedad por el protagonismo y el poder que las mujeres están logrando. Son varones que responsabilizan al feminismo por la pérdida de los valores tradicionales al tiempo que añoran las épocas en que los hombres dominaban y ellas se sometían delicada y dulcemente a sus deseos”.
  • Una tercera categoría lo explica porque sus mujeres los someten a una vida sexual insatisfactoria; la salvedad – para qué aclarar, si oscurece- habla de “un vínculo sensual donde nada de lo cariñoso está presente. Esto es, una relación en la que la corriente erótica no ha de verse sacrificada en su totalidad a raíz de su proximidad con la corriente cariñosa”. Sería el consumo del cuerpo como mercancía pura.
  • El 43% de los entrevistados adhirió a la postura de “pagar para ahorrarse los problemas de las relaciones afectivas”, es decir, cumplir con el imperativo de una sexualidad sin el compromiso afectivo.
  • La quinta categoría reúne a los adictos sexuales.

Como se desprende, la tipología está construida sobre las fundamentaciones que dan esos prostituyentes. Que son europeos, lo cual puede que signifique una diferencia en el marco de la prostitución en Latinoamérica.
En todo caso, nos quedamos pensando.
María y la encuesta no son respuestas a las preguntas antes formuladas.
En todo caso, dirá Galindo:
“No vamos a asumir el papel de educadoras, no vamos a asumir eso como nuestra tarea política, justo porque partimos de un hecho fundamental: es el sujeto quien tiene que ser capaz de ponerse en cuestión a sí mismo, como lo hace la puta”.

Si Dios fuera una mujer, desnuda y en lo oscuro

Dos poemas dedicados a la mujer, por Mario Benedetti.  ¿Y si Dios fuera mujer?,  desnuda y en lo oscuro, qué lindo escándalo sería, para el corazón un despilfarro, qué venturosa, vocación para las manos, espléndida, una gloria no ser inocente, imposible, para los labios casi un destino, prodigiosa blasfemia.

SI DIOS FUERA UNA MUJER

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.


UNA MUJER DESNUDA Y EN LO OSCURO

Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.

La mujer y el cambio

Por la redacción de Historia de Nos Digital

Atada desde indecibles milenios a un rol inferior, al del género masculino. Ligada al trabajo doméstico por la división sexual del trabajo. Ocultada de la vida pública, delegando esa tarea al jefe de familia, al hombre. Este proceso, lejos de acabarse, mutó hacia nuevas formas, como todo lo que sucede al ser humano en la historia. A cada paso, la sociedad cambia, pero a cada cambio, ¿se augura un mundo mejor? De modo global, desde la separación entre productores y no productores, lo últimos apropiándose del trabajo de los primeros –para algún desprevenido, a esto es a lo que se llama explotación-, allá hace aproximadamente cinco mil años con la división del campo y la ciudad en la Mesopotamia, el destino general de la humanidad ha estado marcado por diversos modos de explotación.

Entonces, con un poco de atención, podemos ver que la mujer ha padecido, y hasta hoy padece, de una doble explotación, tal como lo marcara el filósofo Federic Engels: por un lado, explotada por el sistema, y por el otro, explotada por el hombre.

Todo esto podrá sonar muy teórico, hasta abstracto e irreal; sin embargo, sucede ante nuestros ojos, día a día, sin que tal vez nos percatemos. Veamos: en el mundo, el 70% de los pobres son mujeres. A su vez realizan el 65% del trabajo, pero recibiendo apenas el 5% de la riqueza generada. A lo que se le debe sumar que el 70% de los contratos temporales están ocupados por mujeres que trabajan mayoritariamente en los sectores más precarizados de la economía percibiendo una paga aproximadamente 30% más baja que los varones por el mismo trabajo[1].

Ahora, bajemos un poco y miremos a nuestro continente: Latinoamérica. Los últimos datos se pueden obtener de un estudio realizado a fines del año pasado, según el bendito y poco querido Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Según éste, la mujer percibe un salario menor, por el mismo trabajo que su congénere, de entre un 17% y un 18%[2]. En la Argentina, esa cifra desciende al 14,2%, y en el trabajo informal, a 18,2%. Y por su lado Brasil, es quien posee la mayor disparidad alcanzando a casi el 30%[3].

Natural sería pensar que tales diferencias son características de los países subdesarrollados. Pero, veamos ahora que sucede en países como España y Suecia, países del llamado “Primer Mundo”. En la península ibérica, según la empresa de trabajo temporal Manpower, el género femenino cobra un 34,7% menos[4]… ¡dos veces más que en la cifra para América latina! En el segundo caso, el del primer país en aprobar una ley contra la discriminación de género en el mundo del trabajo, hace treinta años, mantiene una diferencia del 18%, según datos oficiales suecos[5].

La conclusión que podríamos sacar de todas estas estadísticas es que, inclusive en el 2010, la mujer debe seguir luchando para lograr la igualdad en el ámbito económico. Con esto, no querría ignorar en absoluto los siglos de lucha de incansables políticos y políticas, de trabajadoras o amas de casa por la causa femenina. Ese feminismo que apareciera en el siglo XIX en los círculos socialistas, como necesidad de debate y acción: Eleanor Aveling, Paul Lafargue y hasta los mismísimos Marx y Engels pusieron en escena esta problemática milenaria. Más tarde lo continuarían personajes como Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontai y Nadezhada Krupskaya.

Sería la Revolución Rusa durante la década del 20 –es decir, antes de la consumación del poder estalinista por sobre el bolchevique- quien impulsó las reformas para alcanzar este viejo anhelo de igualdad, legalizando el aborto gratuito y universal, junto con largas campañas por la liberación de la mujer del lecho doméstico[6].

Ya en los 60’ y 70’, otro impulso sería dado junto con la Revolución Sexual y el auge del feminismo, no solo ya en como movimiento político, sino como eje de análisis para las ciencias sociales.

Para concluir, me será necesario parafrasear a Vladimir Lenin, quien diría que la liberación del ser humano de la explotación, nunca sería total si la mujer, primero que nada no se liberara del yugo patriarcal.

Entonces, frente a lo visto en estas líneas, ¿es insensato pensar que el fin de la desigualdad de género solo llegará una vez que ya no haya más desigualdad entre los mismos hombres?

 


[1] Fuente: Centro de Estudios para el Cambio Social (CECSO): http://cecsodeargentina.wordpress.com/2010/08/09/mujeres-trabajadoras/
[2] Si tomamos en cuenta lo analizado por la Confederación Sindical Internacional, esta brecha ascendería a al 26%…
[3] Fuente: Clarín: http://articulos.empleos.clarin.com/?p=2350
[4] Fuente: Eroski consumer: http://www.consumer.es/web/es/economia_domestica/2005/01/24/115621.php
[5] Fuente: http://www.sweden.se: http://www.sweden.se/sp/Inicio/Trabajar-vivir/Igualdad-de-oportunidades-/-Cuesta-arriba-en-las-diferencias-salariales/
[6] Es irónico ver como hace 90 años los revolucionarios rusos se propusieron tomar estas medidas, las cuales hoy recién se están discutiendo como válidas a lo largo y a lo ancho del mundo. Otro ejemplo, es el de los derechos a los homosexuales, tan en boga hoy en nuestro país.

Ir y venir

Ida y vuelta es comunicar, no se trata de la simpleza de expulsar y expulsar. Es ir y venir. Integrar. En el número anterior, abrimos las puertas y las persianas para tomar las ideas de una resignificación que se hacía necesaria. La propuesta de “¿Qué es ser puto?” se asentó bien. Tomó forma, y por diferentes vías fuimos recibiendo los aportes de muchos lectores.
Escribir, analizar y contar lo hacemos nosotros sólo por algunas circunstancias, la capacidad no es de unos pocos excepcionales, se trata de que cuando se encuentra con la posibilidad hay una respuesta del otro lado. Original, comprometida y convincente.
El plan de resignificación se abrió con las opiniones de periodistas, actores y conductores reconocidos, tan solo como una excusa para escucharte a vos. Tenías bastante para decir y ofrecer.
NOS es una revista en busca, entre otras cosas, de encontrarse y de refundarse constantemente. Y al ritmo de los avances de la tecnología, donde el contacto se vuelve cada vez más efímero pero más rápido, intentamos en este ida y vuelta encontrar espacios desde donde aprovechar el ritmo cybernético y compartir, y compartir con ustedes.
El problema somos nosotros como sociedad, está claro. Aún así el resultado aquí recibido es una señal que alienta y defiende. Esto no termina acá: A vivir lo que decimos.

La pregunta de todos los días ¿Y LUCIANO?

Luciano Nahuel Arruga fue visto por última vez en enero de 2009. A un año y ocho meses de su desaparición, aún no hay respuestas. Los policías involucrados en la causa continúan en sus cargos y figuran como testigos en este papelón que protagoniza la Justicia.


La fiscal Cecilia Cejas, hace aproximadamente cuarenta días le pidió al juez Gustavo Banco, a cargo de la causa Arruga, que se declare “incompetente”. La fiscal, al igual que la familia de Luciano y sus abogados, quiere que haya un cambio de carátula. Consideran que es un delito federal o de “desaparición forzada de persona”. Hoy la causa está caratulada como “averiguación de paradero”. De esta forma, a Luciano aún se lo busca como si se hubiese escapado de la casa. Rechazando el pedido por parte de la fiscal, el juez contestó que se declara “competente”. A esto se sumó que el pedido de los abogados Damián Piraino y Juan Manuel Combi, quienes habían presentado 50 carillas con ocho puntos con sospechas y tentativas de investigación, fue ignorado por el juez. En el escrito que afirma su “competencia” no contesta ninguno de los ocho puntos. Sólo se atiene a responder cuestiones de forma, no de fondo, sin explicar por qué no están detenidos los dos policías que estuvieron en el móvil con Luciano, luego de que las pericias determinaran que el joven estuvo en el patrullero que, fuera de la zona de patrullaje, esa noche merodeó un descampado: El mismo descampado en el que se comprobaron rastros de Luciano.
La justicia no da respuestas. Mientras tanto los ocho policías involucrados en la causa figuran como testigos. Son los mismos ocho policías que tiempo atrás fueron desplazados por Carlos Stornelli, el entonces ministro de Seguridad bonaerense, y reincorporados días más tarde sin dar explicación alguna. Son los ocho policías que estaban en la comisaría de Lomas del Mirador la noche de la desaparición. El juez se expidió con los hechos, y los policías siguen todos en actividad.
Si se declaraba la incompetencia, la causa se sorteaba a un juzgado federal. Este juzgado analizaba si amerita que entre, y si se acepta, automáticamente tienen que cambiar la carátula porque esa órbita no admite una “averiguación de paradero”. Es lo que pasó con el caso por la desaparición de Jorge Julio López. Por eso los abogados de la familia Arruga entendían que podía haber un cambio de carátula si había un cambio de fuero, cosa que el juez rechazó.
La familia argumenta que existe una desaparición forzada de una persona a manos de una institución, que es el Estado provincial, por lo que el delito podría tipificarse de “lesa humanidad”. Sin embargo, los responsables están libres. “Los responsables están entre esos 8, y para saberlo necesitan que hablen. Para que hablen debe haber un rigor de la ley, en este caso la detención. Cualquier otra persona que estuviera investigada por un hecho así, que no tuviera que ver con la institución policial, estaría presa desde el primer momento. Por eso tenemos el 80% de presos de la provincia de Buenos Aires, de los cuales el 70 es pobre, y se los detiene y quizá luego de 5 años se dice si son culpables o no”, aseguró uno de los abogados de la familia Arruga, Juan Manuel Combi, y agregó: “Nosotros sostenemos que esto se trata de un delito federal, y por eso Banco no es competente porque quien sí lo es el juez federal de Morón. En eso citamos la jurisprudencia del caso López, y otras jurisprudencias que no tienen que ver con desapariciones pero sí con hechos de envergadura nacional. Nosotros habíamos solicitado medidas. Entre eso estaba la solicitud de indagatoria a los policías que estaban en la causa, y otras medidas que investiguen los delitos que nosotros entendemos se cometen en la causa, más allá de la desaparición forzada de Luciano”.

Con la voz llena de bronca por la impotencia que deriva de la impunidad enquistada, Combi enfatizó sobre los ocho delitos que denunció la querella: “Coacciones agravadas, incumplimiento de deberes de funcionarios públicos, supresión de documentos públicos (por la adulteración de los libros policiales), amenazas posteriores, apremios ilegales que existieron en la comisaría de Lomas del Mirador. A esa solicitud nuestra lo que hizo la fiscal es declarar la incompetencia del juez Banco, que la rechazó y se declaró competente para llevar adelante la causa. Esa medida la apelamos, y además pedimos que se investiguen las medidas que solicitamos, a las cuales no dio respuesta. Si vos sostenés que no son delitos de orden federal y que sos competente para investigarlos, tomá alguna medida”.
La defensa de la familia Arruga cree que la investigación debe darse sobre un cuerpo desaparecido y la participación del Estado, a través de la policía y el Ministerio de seguridad. Desde esa hipótesis, Combi pide el cambio de carátula. “Nosotros no podemos trabajar ahora en buscar a Luciano en una morgue, porque es perder el tiempo. Esas son cosas que van saliendo de la fiscalía y nosotros le ponemos el freno. Todos sabemos que no puede estar guardado por una banda de secuestradores. Acá tiene que haber una participación de una maquinaria que trabaja con cierto grado de logística. Llegar a sostener que Luciano Arruga se encuentra perdido, es más para una película de Olmedo que otra cosa. Esta causa es pública. Si Luciano se perdió, ¿nadie lo vio? Perdido no está. Está desaparecido. Y para desaparecer una persona un año y ocho meses nosotros sostenemos que es necesaria una maquinaria. Si la policía es la encargada de la protección general de la comunidad. Si un chico desaparece en un radio y una jurisdicción se tiene que investigar qué papel estaba cumpliendo el personal preventor”. De la investigación que se hizo sobre este personal los abogados entienden que hay elementos probatorios como para investigar. Entre ellos, no tener los libros de entrada en debida forma y los rastrillajes hechos con perros que dieron positivo acerca de la presencia de Luciano.
“Hay pruebas. No es lo mismo buscar un pibe que atacar un delito. Porque cuando se averigua un paradero, se busca a un pibe que se fue de la casa, que deliró; ahora se busca a un desaparecido por la policía, se ataca una metodología, una institución y un delito”, reflexionó Combi, y concluyó: “Ya tenemos una experiencia con esto, de otros casos. El problema de los NN es viejo. Acá puede haber un cuerpo enterrado durante 2 o 3 meses y nadie hace nada. Y son nuestros pibes, son nuestros hijos, ése es el problema. Son los desaparecidos de hoy”.


Nos, los excluidos

Los artículos económicos  de los suplementos  de los diarios argentinos son inentendibles para la mayoría de los ciudadanos. Hablan de la Bolsa, aunque nunca de las bolsas con las que se compra en el supermercado. Especulan sobre los Mercados, pero jamás hacen referencia a los mercados donde se compra la leche.

El incluido emerge de su cama, se acomoda los pantalones, calcula las milésimas de segundos más efectivas y más productivas para tragarse unas tostadas y se acerca a la puerta para levantar del suelo una suerte de periódico rosado y amarillento, que exhibe entre subtítulos agigantados algo como “Lo mejor para su negocios”. El incluido, el mismo de la oración anterior, se vuelve a acomodar los pantalones, se sienta en la mesa del desayuno y despliega una cuadrícula de códigos y nomenclaturas inentendibles que se sumergen debajo de un título curioso que dice: “La economía hoy”. Lo mira, lo examina, lo calcula. Lo entiende.
El excluido también se despierta, también se acomoda los pantalones, pero, sin correr las mismas suertes que el otro desagradable, sale corriendo hacia la esquina de su casa, esquivando las escarchas y las nevadas improvisadas del invierno porteño, para llegar al puesto de diarios. Compra, siguiendo todas las tradiciones de sus antepasados, el mismo periódico todos los días y empieza a ojearlo hasta llegar a la sección de economía en donde el título dice: “Cayó el Merval y se prevé una baja en el consumo”. Lo mira, lo examina, lo calcula. Definitivamente, no lo entiende y pasa las hojas.
El consumo de los artículos económicos de muchos de los suplementos más conocidos de los diarios argentinos y mundiales brilla día tras día por su inexistencia. Las secciones de economía de los periódicos no funcionan como guías del quehacer cotidiano del dinero y del consumo. Hablan un lenguaje raro, inentendible, inexplicable y de difícil acceso para la mayoría de los ciudadanos, cuya costumbre les ha hecho pensar que es la plena ignorancia propia la que genera esa falta de entendimiento. Pero no: hay razones bastantes más profundas que eso.
El periodismo económico y, por lo tanto, sus lecturas, circulan en base a una discusión científica previa que se disputa el verdadero significado y el campo central de acción de la economía. La definición mas clásica de esta ciencia es de Lionel Robbins, un catedrático de las más altas élites universitarias inglesas, quién dijo que «la economía es la ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios escasos que tienen usos alternativos”. Desde esa afirmación es que se construyen día tras día las lógicas de este sistema. Según Joaquín Guzmán Cuevas, un economista de la Universidad de Sevilla, la explicación de Robbins es una visión netamente técnica, y no social. “La economía es el estudio de las condiciones bajo las cuales se puede maximizar el bienestar de una comunidad, y la elección de las acciones necesarias para llevarlo a cabo”, afirma Cuevas, aclarando las diferencias centrales que hay entre estas dos visiones de la ciencia.

La primera de las definiciones es la que gana los espacios centrales en la construcción de este mundo, que dispone en sus ejes centrales una repartija de las cosas dotadas, casi sin discreciones, de una disparidad muy grande entre sus protagonistas. En esa relación de conductas humanas y medios escasos, las crónicas de las suertes marcan segundo tras segundo sus propios veredictos: unos entran, unos salen, unos ganan, unos pierden, unos comen, otros no. Los relatos periodísticos sobre la economía están armados con la misma lógica que este mundo. Las palabras son entendibles para unos pocos porque, al fin y al cabo, son los que forman parte de esas élites capaces de asumir y de analizar si lo que sale en las páginas les afecta o no.
La concepción de que la economía es una ciencia matemática y no una social se ejemplifica todos los días en los diarios. Las páginas relatan sobre una suerte de números que, a primeras vistas, bien podrían disimularse como la lista interminable de un juego de lotería. Hablan de la bolsa, y no precisamente de las bolsas con las que se va al supermercado a comprar, especulan sobre los mercados, y no esencialmente de los mercados donde se compra la leche. Escriben, entonces, sobre sus mundos de ficción.
El excluido lee “paridad”, “YTM”, “Oustanding” y abandona la lectura en su desconocimiento y pasa las hojas para llegar, definitivamente, a otra sección. No entiende ninguna de esas palabras y esas infinitas sucesiones de números inexplicables.
Distinto, el incluido observa las mismas cosas, las entiende, las asume, cierra el diario, y se va a trabajar sabiendo que sabe todo lo necesario para seguir expandiendo sus negociosy reproduciendo el mismo sistema que la carta matutina le marcó.

¿Qué es ser puto?

Desde Nos entendemos que es necesario continuar con esta propuesta de resignificar la palabra Puto, con el objetivo de seguir poniendo de relieve al monstruo de la discriminación, y mostrar varias de las opiniones de los lectores.  La discusión por la igualdad de los homosexuales es la discusión por esa diferencia. Al celebrar la flamante ley, asumimos que todos, Todos, somos y elegimos distinto. Al decir Puto, también podés elegir.  Contra la discriminación, enviá la resignificación de la palabra a : queesserputo@hotmail.com


El primer debate propuesto por Nos dejó una inquietud: ¿Puto es el homosexual o es una mala persona?
¿Las dos?
Bruno Rossi escribió para Nos:
“No es nada más que otra de las tantas características que hacen a una persona. Algunos son putos, otros no. Nada más para debatir”.
Fran Maresa eligió rematar:
“Puto = gente jodida”.
Para la RAE no es Puto el homosexual, sino quien se prostituye. Aquí acaba el debate formal. Pero se abre otro vericueto: al decir Puto a un homosexual, suponemos esa prostitución (al menos para la RAE). De nuevo, insultamos.
(Podría pensarse, también, que la prostitución no es un acto indigno y degradante; entonces, no es insulto).
Aquí proponemos una génesis: como insulto, Puta – en femenino- sí tiene un uso más discriminatorio que para definir una condición sexual. De hecho: a las mujeres que gustan del mismo sexo, las llamamos “lesbianas”, no Putas.
¿Y qué son, entonces, las Putas?
Sí: el asocie perpetuo es con la prostitución.
Entonces: la acepción y relación de Puto con la homosexualidad, viene de aquí, sería “quien se hace coger por un hombre”. También derivan otras acepciones: hijo de Puta, lo que es, hijo de cualquiera, hijo huérfano de padre.
El diccionario también acepta Puto como persona maliciosa y despreciable. En este sentido nos dirigimos: ¿Es Puto ya un vocablo singular y separado de su relación con la homosexualidad?
Así, poco importa qué diga el diccionario: son palabras argentas, con resignificaciones propias y singulares según el contexto.
Al hablar de Puto, indistintamente podemos asociar: cobardía, homosexualidad, suerte, molestia, dificultad, fragilidad, debilidad, orgullo…
Belén García, convocada por Nos, comentó al respecto:
“Obvio que el referente en el esquema comunicativo le da sentido a cualquier mensaje. Se enseña en sexto grado. Pero los chicos de Nos plantean deshacer el prejuicio, y para hacerlo, creo que hay que correrse de esa cosa progre de “te digo Puto pero con cariño”. La revista no plantea el debate en ese marco referencial, me parece. Si no entendí mal, a eso se refiere la convocatoria. A analizar la frase en su sentido jodido… No está bueno faltar el respeto, trivializando o subestimando el fuerte contenido discriminatorio de la palabra”.
Sí y no.
La intención y no el contexto determina la acepción que usemos. Pero, como dice Belén, tampoco es cuestión de menospreciar el origen y valor de las palabras.

Ése es el debate que propone Ari Smok, al decir:
“En la ultima Barcelona ponen una foto de Videla y dice día del hijo de puta, en referencia a su cumpleaños.
En este caso para Barcelona es peor ser puta que ser un asesino”.
Aquí, Barcelona quiso decir: “Día de la mala persona”. Pero, estrictamente hablando, usó Puta como un insulto.
¿En qué vereda nos paramos, entonces?
Incluso la invención de palabras no cesa… ¿Es de esperar, entonces, que los vocablos se anclen en una definición, en “su” definición?
¿Quién dicta la norma?
¿La RAE?
En España, el asocie directo de Puto refiere a algo estupendo y de buen gusto: “Esta pizza está de puta madre”.
La RAE incorpora palabras cada año, e incluso acepciones de las que ya existen. Los hablantes, entonces, toman la posta.
¿Pero a quién le importa el diccionario?
Juan Scalise opinó para Nos:
“Hoy en día, tratar de buscarle un sólo significado a la palabra puto creo que sería algo vacío, incompleto; ya que en sus mil facetas, infinitas posibilidades la palabra puede englobar un sin fin de connotaciones discriminatorias o no. No me parece mal analizar cada una de ellas, si justamente la idea de la convocatoria es abstraerse de la discriminación a la que la palabra puto nos lleva y poder resignificarla. Creo yo, que si no se lo hace desde todos sus significados, es desmerecer a la palabra, dejar el trabajo inconcluso”.
Quizá los insultos no deban tomarse al pie de la letra: son reacciones o pulsiones que carecen de sentido gramatical: sólo buscan una reacción.
Bien podemos decir Puto en el mismo sentido de Cagón, y no estamos, aquí, haciendo un rastrillaje de por qué Cagón se utiliza como insulto.
Pero sí vale la pena preguntarse:
¿Qué es ser un “Negro”, por ejemplo?
Alejandro Pairone ensayó su respuesta:
“La palabra en si misma no discrimina ni descalifica; en todo caso lo hace el  sentido que se le de en su contexto. Incluso hasta son pasible de resignificaciones para apropiarse del término pero con otro sentido. Así fue con «cabecitas negra”, “indígenas”…”. s», «indìgenas» u otras palabras originalmente descalificadoras
Pero los insultos no son porque-sí.
Por un lado, son producto natural de la dinámica del habla. Los insultos se renuevan tanto más que otras palabras.
Hoy es ofensivo hasta que te digan “gato”.
Gato es a quien se cogen dentro del calabozo. La jerga carcelaria es uno de los semilleros de insultos más relevantes aquí en Argentina. Y el caso de Gato, se mueve igual que en el de Puto.
Pero Gato, cotidianamente, no es el homosexual sino el “gil”, el “boludo”. Las acepciones se desvían… Y aquí es donde entra el juego de las moralidades.
Puede que hoy digamos Puto y no en referencia a la homosexualidad. En todo caso, es producto de una historia que marginó a las prostitutas y condenó la diferencia. Es la historia que prohibió el matrimonio entre personas del mismo sexo.
La discusión por la igualdad de los homosexuales es la discusión por esa diferencia. Al celebrar la flamante ley, asumimos que todos, Todos, somos y elegimos distinto.
Al decir Puto, también podés elegir.