Archivo por meses: junio 2010

Transformar desde la música, Alerta Pachuca

Una banda chica en trayectoria pero grande en el peso que tiene. Con un público variado y ya definido, estos siete locos demuestran su amor por la música en una mezcla exquisita de ritmos latinoamericanos.
“Si bien nos sentimos muy argentinos, creemos que América, desde el río grande para abajo, es una sola. Y eso es lo que intentamos reflejar con la música”. Alerta Pachuca  es una banda conformada por siete jóvenes que transmiten la unión sudamericana en sus letras, haciendo un recorrido por todos los ritmos latinos. Se formaron hace poco más de dos años – en un viaje a San Pedro- y, con mucha fuerza de voluntad, ya lograron grabar un disco.
“Existe una búsqueda de identidad musical que se va logrando con el paso del tiempo”, comenta Gabriel Golzman, quien junto a su compañero Juan Lucchesi comenzaron el grupo. “Hacemos música de diferentes estilos, que intenta ser popular y experimental al mismo tiempo”, continúa Gabriel. En sus canciones exploran ritmos movidos, pasando por la salsa, la rumba, el candombe, la cumbia y el son cubano, con la ayuda de una amplia cantidad de instrumentos como el charango, la trompeta, guitarras acústicas, quena, bajo eléctrico, teclado y acordeón, entre otros. “Todas las canciones que tocamos son nuestras. Tenemos más instrumentos que músicos, y eso lo vamos manejando depende el tema que tocamos”, confiesa Juan, el mayor compositor del clan y creador, junto a Mauricio Ermann de una escuelita llamada “Espacio Pachuca”, donde dictan clases de música para chicos.
“Hacemos una mezcla de muchos géneros sin atarnos a nada y eso nos permite divertirnos”, se aventura Malena Caporaletti, quien junto a Juan, Gabriel, Mauricio, Martin Golzman, Santiago Rebottaro y Miguel Villaveiran, conforman este extraordinario conjunto que reside en el barrio de Parque Chas.
Alerta Pachuca, a pesar de ser una banda ya conformada, sigue ofreciendo shows callejeros, y se publicitan –con la ayuda de su representante Agustín Schapchuk- a través de volantes y su página de Internet – www.alertapachuca.com.ar -.
La singularidad de su nombre refiere, sin duda, a la originalidad de la banda. “Buscábamos un nombre amigable. Nos gustaba la palabra Pachuca por la musicalidad que tiene y decidimos buscarle algo que la precede y que quede bien”, asegura Martín; quien luego admite que su elección se debió también a una anécdota del grupo: “un día estábamos jugando a la Play Station, donde existe un equipo llamado Pachuca – por la ciudad mexicana- y nos llamó mucho la atención porque todos sus jugadores eran pelados”.
Sin embargo, la personalidad de estos siete locos no sólo se transmite a través de sus provocativas canciones, sino que tienen la habilidad de convertir sus conciertos en una verdadera fiesta; donde la formalidad entre la banda y el público desaparece y se transforma en una ida y vuelta de complicidad y entusiasmo. Con total seguridad se podría decir que este grupo alienta y fortalece la transformación musical, al innovar el concepto de banda. Y como dice una de sus canciones: ¡Viva la revolución!
 
Para poder escuchar la banda y estar al tanto de las novedades:
www.alertapachuca.com.ar
www.myspace.com/guaiamestiza

Las raíces a través del arte

El arte es uno de los vehículos principales de la cultura: canto,  poesía, danza; se desprende una forma de ver al mundo. Se trasmite un legado. Pero en culturas despreciadas y ocultadas, como la de los pueblos originarios de América, el arte toma una nueva cara, es reclamo, protesta, quien ayuda a mantenerlas vivas, en circulación.
«Sí, no fueron derrotados para siempre. Resistieron con la palabra. Cantan todavía», Osvaldo Bayer (Prologo del libro Kallfv Mapu). 
“Somos gente de la tierra”
 Desde niña, Beatriz Pichi Malen, cantó. Tenía problemas en la garganta, a veces le subía la fiebre y le dolía tanto que su madre, una mujer mapuche que desconfiaba profundamente de la medicina occidental, debía llevarla al médico. Cuando los dolores pasaban, Beatriz volvía a cantar.
Ya de adolescente estaba acostumbrada a su enfermedad, le habían ofrecido operarla pero su madre, con simpleza ancestral, dijo “¿Cortarle el cuerpo? Si ella nació con todo” y huyó despavorida. Beatriz, que nació en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, en una comunidad Mapuche, poco conocía de su cultura. Ante sus incesantes preguntas, la madre respondía “los mapuches son como somos nosotros”. Pero a ella la explicación no le alcanzaba, quería saber “cómo eran esos Mapuches de antes”. Y, como el que busca encuentra, un día chocó con los cantos.
“En nuestra cultura creemos que todos llegamos a Ragi Mapu (tierra del medio) con una labor pendiente, mientras uno busca concretarse como persona va conociendo y se va dando cuenta a qué vino. Yo tuve la suerte de saberlo por mi enfermedad de garganta”, dice Beatriz. “Me habían arrebatado mi acervo cultural, mi memoria, entonces el canto mapuche se colocó en mi garganta, de manera inusual porque no sabía el idioma, pero aprendiendo, cantando, me curé”. Ella dice que no quiere contar fantasías ni mística, pero sabe que las Newen (las fuerzas) son muy celosas y que si uno no las desarrolla, lo enferman. Lo comprobó hablando con las Machis, encargadas de curar en las comunidades, que comenzaron a serlo de grandes, también enfermaban. Ella en su búsqueda, fue señalada por los cantos, y con la ayuda de una joven que se apiadó de su ignorancia descubrió su idioma, su lengua.
Lo lleva como un legado, aunque nadie le dijo que debía representar a su comunidad, asumió el compromiso. “Es una responsabilidad tremenda, pero uno no puede echarse atrás. Como todos los animales, hasta como el agua, se tiene que seguir el curso cuando se encuentra un camino”, dice Beatriz. Y así viaja de punta a punta por el mundo, atravesando montañas y mares, y se pregunta, sólo a veces, ¿Cómo personas tan lejos de su cultura, que no hablan ni español, podrán comprender lo que ella canta en Mapuche? Pero la duda dura poco, cuando abre la boca y el canto se presenta, se impone en el ambiente, de forma genuina. Y no hace falta explicaciones, no importa dónde esté, los cantos se defienden solos. “Lo más reconfortante, para mí, sigue siendo cantarle al público mapuche. Porque es un desafío, hacerlos vibrar con lo propio”, agrega.
En una de sus travesuras, como le gusta llamar a sus proyectos, pensó en una mujer toba, una quechua, una colla y una mapuche. Las imaginó celebrando, en agosto, cuando las lluvias pasan y el suelo se prepara para recibir semillas. Pensó “qué bonito sería sembrar junto a ellas canciones de nuestras lenguas”. Y nació el CD “Cuatro mujeres”, donde a pesar de ser diferentes culturas se sienten unidas por la misma raíz: la tierra.
 
Antiguos Dueños de las Flechas
 En el 2001 Tonolec viajó a dar un recital a España. En ese entonces, se llamaban Laboratorio Wav, y habían ganado un concurso de MTV Latinoamérica, haciendo música pop-electrónica. Allí compartieron escenario con Amaral, Julieta Venegas, Aterciopelados y María Gabriela Epumer. En el fervor del viaje sintieron que la música que hacían no los representaba como artistas argentinos. “Le faltaba color local, ese sabor de la tierra a la que uno pertenece”, explica Charo Bogarín, cantante y compositora del dúo.
En crisis volvieron a sus pagos, el Chaco, y se volcaron a pensar cómo darle ese color, sin perder como herramienta musical a la electrónica. “Y ahí estaba la música toba. De raíz. De los pueblos originarios. Un canto colectivo, de carácter, que nos conmovió hasta la última fibra”, cuenta Charo. Junto a los Tobas, comenzaron a transitar el largo camino del aprendizaje. Conocieron los sonidos del canto, su idioma, sus bailes. Con ojos nuevos vieron al mundo, que se abría ante ellos más armonioso y se comprometieron a escucharlo. “La música toba tiene un sentido muy profundo de comunión y hermandad con todo lo que los rodea”, dice Diego Pérez, quien pone música y logra templar a la voz indomable de Charo. Dicen que los Tobas les enseñaron el valor del silencio.
Orgullosos, como Beatriz, viajan mostrando su fusión pero también dando puntas de una cultura ignorada. “Hay una gran curiosidad adentro y afuera por conocer sobre las raíces culturales de cada país, de cada continente. Las veces que viajamos al exterior, encontramos mucho interés y, por sobre todo, respeto del público. Nos manifiestan al final de nuestros recitales que quieren saber más sobre los Tobas”, cuenta Charo y agrega que se sienten privilegiados de ser mensajeros y difusores de una cultura ancestral. “Esto tiene su peso y lo tomamos con absoluta responsabilidad”.
Y es que sienten que es responsabilidad de todos cuidar “los pequeños grandes tesoros de nuestra tierra”. “Nuestro granito de arena como artistas es revalorizar esta cultura, como símbolo de múltiples etnias aborígenes que tenemos dentro de Argentina, y con ellos difundir a través de nuestros cantos, su lenguaje”, dice Charo. “Porque toda cultura perdura a través de su idioma, y esto es así, a través de su lengua viva”.
 Ese pueblo azul
 Nestor Barron estaba harto de oír esa moda de hablar bien de las culturas originarias. Harto de no ver algo concreto. Harto de esos hombres de letras que con una postura “políticamente correcta” teorizan con pinzas y las analizan bajo lupa. Harto, convenció a su editor de que debían traer al mundo real un objeto concreto. “Un libro –planteó-, que aún sigue siendo el soporte de información más confiable y duradero con que se cuenta. Un objeto que el poeta puede llevar encima y mostrar aunque esté en medio de un camino desierto y sin mediar electricidad ni máquinas”.
Y recopilando nació Kallfv Mapu o Tierra Azul, una antología de poesía mapuche.
Los pasajes de libro son como trampolines, que disparan al lector hacia un mundo cercano pero desconocido. “Con ellos viven las piedras, los colores, los arroyos; nos hablan los árboles, los ojos de la naturaleza viva en la noche; nos traducen los cantos de los pájaros que son distintos hora tras hora, y también las palabras del viento al pasar por la tierra azul… El Sur”, dice Osvaldo Bayer en el prólogo del libro. Y es que en sus palabras, los mapuches, nombran lo sagrado y lo intangible, la naturaleza y su geografía.
Kallfv Mapu fue pensado para cruzar las barreras del ámbito específico de las culturas originarias, su creador quería verlo en cualquier librería, para que pueda acceder a él un público amplio. “Y la recepción de la antología fue muy buena en general. La gente se mostró muy entusiasmada con la posibilidad de leer a estos poetas”, dice Nestor. Y agrega, que él no seleccionó los poemas sino que convocó a los poetas, que decidieron qué trabajos los representaban.
Para mantener vivas a las culturas reprimidas, Nestor cree que, “el arte es el único vehículo confiable y efectivo”. “La poesía es astuta –dice- sabe filtrarse en cualquier hueco y encuentra siempre una manera de hacerse oír”. Cuenta que los poetas mapuches siempre fueron ignorados por los medios gráficos y audiovisuales, que les niegan el espacio, pero ellos comprendieron que había una grieta en el sistema oficial, que es Internet. Y allí nadie puede censúralos o callarlos. “Hoy algunos de estos poetas son invitados a los lugares más lejanos –China o Australia, por dar ejemplos- para que lleven su voz y su cultura, y esto fue posible gracias a su insistencia y al uso de un medio supuestamente ajeno a la cultura originaria”, agrega.
 
La palabra que te nombra
 Estos artistas concuerdan en que tiene mucha importancia poder plasmar al arte desde distintos idiomas ancestrales. Que sólo con su circulación pueden vivir las culturas.
Beatriz Pichi Malen entiende que el idioma es central porque verbaliza la construcción del pensamiento: “Si uno puede a través de la boca, desde un sonido, dar cuenta de ese mundo que conoce, pasa a ser vital, porque si hablamos un idioma ajeno se pierden cosas: la geografía se impone fuertemente, porque nombramos lo que vemos, lo que sentimos. Nuestro pueblo le habla el agua, las piedras, las raíces, los animales, lo intangible”.
Nestor agrega que somos, mal que nos pese, sólo lenguaje. Somos la manera que nombramos nuestro universo. Y esto está aún más claro en culturas como la mapuche, en la que el ser humano no es dueño de la tierra sino que pertenece a ella; de hecho, la palabra con que nombran su lengua, mapudungu, significa literalmente “habla de la tierra”: es la tierra la que da existencia a la palabra y por lo tanto al ser humano. “Se entiende así la lucha actual de los mapuches por recuperar su espacio geográfico: sin territorio no hay lengua. No se trata de un lugar para vivir: se trata de la vida misma. Sin tierra no hay idioma, sin idioma no hay mapuches”, reflexiona.
Y el arte acompaña la lucha, “el canto es pretexto para sacarnos la angustia o regocijarnos con alegría, es también un reclamo porque somos gente de la tierra pero SIN tierra. Una cultura que se quiso ocultar, hacer desaparecer. Pero estamos asomando tímidamente, y construimos desde el pasado pero también del futuro. Porque en el hoy construimos el mañana. El canto está en todos lados, es un derecho. Podemos hablar y podemos cantar”, explica Beatriz. Y Charo suma que lenguaje es, también, una herramienta de poder.
Tulio Cañumil, profesor de mapuche en la Universidad de Buenos Aires resalta que en esta lucha no hay que perder de vista la esencia de su lengua. “No hay que vaciarla de contenido, en simples traducciones, hay que entender cómo se piensa a partir de ella y de ahí crear”.
“Si hay algo que tenga sentido y efectividad para iniciar cualquier camino de encuentros, eso es el arte -finaliza Nestor- cada persona es, inevitablemente, la cultura que la formó. El intercambio abierto y sin forzadas identificaciones entre personas y culturas –eso es arte- es quizá la única posibilidad de encuentro y unión”.

Salmo

Waranka, Meli Pataka, Ailla Mari Epu

Turpu ngünel

Trokiñchenofel iñchiñ

Welu langümngekiñ

Küruz ñi duam meu.

 

SALMO 1492

Nunca fuimos

El pueblo señalado

Pero nos matan

En señal de la Cruz.

GRACIELA HUINAO

Cómo se produce el milagro

Ambientado con una luz cruda que va ganando intensidad, “El Milagro” es una interpelación al absurdo, a la fugacidad, a la superposición de información y la virtualidad. Desde el humor, que no impide instantes intensos y dramáticos, se enfrenta a distintos momentos y modos de estar presente.  Pero sobre todo, es un debate sobre la vida en común y la relación con los otros.
Guilherme Morais llegó a Argentina desde Brasil, y aterrizó en el Centro Cultural de la Cooperación a través de un festival de danza independiente. Allí se cruzó con Gabily Anadón que dirigía un taller de investigación escénica. La curiosidad y el interés del bailarín brasilero lo acercaron al proyecto y finalmente se incorporó al equipo de trabajo. Recuerda que en los primeros momentos había en el grupo, sobre todo en aquellos con una formación específica de danza, bastante incertidumbre, y costaba imaginar el desarrollo de este taller de danza y política. “Al principio no bailábamos, teníamos encuentros con filósofos, sociólogos, mucho material de lectura y audiovisual. Era mucha información. De hecho, el nombre de la obra tiene que ver con eso, parecía que necesitábamos un milagro para poder integrar todo el material” confiesa Morais. Fue un camino que requirió tener presente que más allá de ser un bailarín, todos son personas involucradas en una sociedad.  Atravesadas por una vida cotidiana. Entre los artistas hay brasileros, argentinos, venezolanos y cubanos. Cada uno con su aporte particular, pero con un escenario indiscutible: Latinoamérica.
Entrar en la sala, más allá del rol a asumir, implica entrar en juego y aceptar el caos. Tiene un papel central la idea de fugacidad, la presencia de elementos que no llegan a ser y que se transforman en otras. Superposiciones de cosas que ocurren en un mismo instante, y otros momentos en los que pareciera no pasar nada, pero que en realidad es el vacío o la quietud que están teniendo lugar. “Se da una fuerte manipulación de la atención, porque creemos que la vida es así, te parás en una esquina de Av. Corrientes  y hay mil cosas alrededor tuyo y de repente te detenés en una única información, rápidamente pasas a otra, y de pronto te encerrás en tu mundo, luego otros focos, de pronto mil focos” reflexiona Morais.
“Manifiesto Coca-Cola” se llama el texto de una de las escenas, que consta de frases cliché que son lanzadas por los intérpretes mientras juegan al fútbol. “Tiene que ver con las contradicciones que tenemos todos dentro y sobre un modo de hacerse cargo de las cosas muy hipócrita, del estilo de `salvemos al mundo del calentamiento global´” dice Morais, autor de las líneas. Otra escena fuerte, que hace transitar al público por emociones contrapuestas en un lapso corto de tiempo, es la del Increíble Hulk. En un principio se escuchan risas, hasta que el silencio se va a apoderando de la situación, por el atroz reflejo de la violencia que nos acosa en las relaciones cotidianas.
El cuestionamiento disparador era el de ellos como artistas en el escenario. Rechazaban la idea de ser poseedores de una información que el público debía recibir. El objetivo era de ruptura, con las jerarquías escénicas, con el rol del público, con la estructura de una obra. “No queríamos bajar una determinada línea o representar algo acabado, no queríamos transmitir información, queríamos compartir sensaciones” afirma Morais. Pero el objetivo no era inicialmente crear un espectáculo, fue un proceso paulatino en que el trabajo fue cobrando un sentido (o varios) hasta llegar al escenario por decantación. “No nos proponíamos hacer una cosa distinta, súper radical. Ni tampoco queríamos que fuese un laburo que necesitara una charla posterior para explicarlo. Queríamos provocar algo en la gente, que no pudiesen abandonar la sala sintiéndose indiferentes. Porque nosotros mismos como intérpretes estamos presentes en cada momento de la obra a full, y nos vamos con mucha energía, queriendo más” confiesa Morais.
El jueves 17 de junio se desarrolló su última función en la  Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación, pero con el incentivo de ProTeatro, ya están en busca de un nuevo destino. El primer jueves de mayo cuando se estrenó “El Milagro” el público enmudeció por el impacto.  La prensa tardó en alzar la voz, pero los creadores estaban conformes, con la sensación de haber transitado una experiencia muy fuerte. A la semana siguiente, la historia fue otra. El público con cada función que pasa se anima a más y se involucra en el devenir de las escenas, y los intérpretes, relajados, dejan que florezca con intensidad la esencia del trabajo hecho. Las respuestas fueron muy positivas, como la de un maestro de danza que salió muy conmovido y les escribió que no podía hacerles una devolución, porque sentía que como público era tan responsable de la obra como ellos. Objetivo cumplido.
Creadores: Leandro Valle (Brasil); Lucía Lacabana (Venezuela); Guilherme Morais (Brasil); Santiago Dragani (Argentina); José Antonio Más Morales (Cuba)
Directora y creadora: Gabily Anadón (Argentina)
Cantante: Julieta Rosso (Argentina)
Para estar al tanto de los nuevos destinos de la obra y ver videos relacionados:
www.centrocultural.coop/videos/el-milagro.html
www.elmilagrolapieza.blogspot.com

El grito de las periferias

Aunque estemos en tiempos de algarabía Mundial, ¡las pelotas qué el show debe continuar! Paremos la mano, que hace un año en Honduras las Fuerzas Armadas se alineaban al Congreso e instrumentaban un golpe militar. Como siempre, las consecuencias fueron, son y serán fatídicas. La violencia injustificada con que se ideó primero, y se ejecutó después no hizo otra cosa que sembrar espinas en una tierra fértil para asegurar los derechos de todos los humanos. Paremos la pelota, en plena Copa del Mundo, que Honduras está ensangrentada, censurada, agrietada por las esquirlas que no desaparecerán rápido, sobre todo, porque los gobernantes de turno, afines al golpe de Estado, prefieren este Estado de las cosas.
Paremos la bocha, aunque Argentina dé síntomas que puede seguir en carrera en Sudáfrica, porque a miles de kilómetros del continente negro, los síntomas son negativos. Haití está en coma, desde siempre, y ahora, más que nunca. A casi seis meses del terremoto, que mató a más de 700 mil personas y dejó en las calles, a la intemperie, a casi un millón, la situación se agrava a diario. La comida no alcanza, las condiciones de vida son inhumanas para gran parte de la población y la ayuda internacional continúa brillando por su ausencia. Consecuente con el Premio Nobel de la Paz recibido, Barack Obama prefirió enviar fuerzas de seguridad para contrarrestar tanta angustia y necesidad.
En las elecciones presidenciales en Colombia, Juan Manuel Santos, el delfín del actual presidente Álvaro Uribe, se impuso y asumirá la gobernación. Dime lo que piensas y te diré quién eres: «Al presidente Piñera lo conozco desde hace años y le tengo una gran admiración». Piñera es la misma persona que defendió en múltiples oportunidades a Augusto Pinochet, uno de los mayores genocidas de la historia de la humanidad, conductor de la cruenta dictadura que azotó a Chile entre 1973 y 1990. “La verdad es que el hecho de haber trabajado para un gobierno, incluyendo el gobierno militar no es pecado, ni es delito», dijo Piñera. Cuando Pinochet fue encarcelado en 1998, Piñera habló en su defensa: «Los Pinochet merecen toda nuestra solidaridad, la familia está viviendo momentos muy difíciles», vociferó hace más de diez años.
África, hoy iluminada por los flashes alimentados por el negocio del fútbol. Latinoamérica, hoy olvidada por las cámaras que sólo enfocan el sur del salvaje continente. Ambos, vastos territorios opacados por las sombras de las luces apuntando al dinero concentrado. En las periferias del mundo, el grito es uno solo: «Las pelotas, el show no debe continuar».

No me quieras porque gané

Marcelo Bielsa es un paradigma para aquellos que, todavía, aplauden con placer el fútbol ofensivo. Ojos Rojos, un documental chileno, analiza su aparición en Chile y cómo es que el técnico se supo ganar el cariño de toda una población, que hoy pone todas las fichas en él.

Marcelo Bielsa sostiene en su mano derecha una estaca. La tiene que clavar en el lugar predeterminado de la cancha, en pleno entrenamiento de la selección chilena. Empieza a caminar. Marca los pasos, hunde sus zapatillas en el césped, traza el recorrido. La coloca y la extrae, una y otra vez, ofuscado por no hallar el sitio indicado. La escena, de casi un minuto, hasta que incrusta la vara, es una de las imperdibles de Ojos rojos, documental reciente sobre el recorrido de Chile en las Eliminatorias para Alemania 2006 y Sudáfrica 2010. Denota detallismo, búsqueda de la perfección y la linda locura futbolera de Bielsa.
Los directores Juan Ignacio Sabatini, Juan Pablo Sallato e Ismael Larraín captaron esa secuencia en la exclusiva práctica a la que el Loco les permitió ingresar. Instantes de intimidad y puro fútbol, como la única vez que entró una cámara al vestuario, en los festejos de la clasificación a Sudáfrica, en Medellín ante Colombia, no sin la mirada rocosa pero tierna del DT. Ojos rojos, estrenado el 6 de mayo pasado, es un boom del otro lado de la cordillera. En cuatro días se convirtió en el documental más visto en la historia del país, por encima de Salvador Allende, de Patricio Guzmán. Se trata de un film que cuenta mediante la pelota la relación triunfo-derrota de la sociedad chilena, no exenta de nacionalismos y volteretas emocionales.

El registro de los ejercicios en la práctica con las palabras en off del rosarino extraídas de las conferencias de prensa es un acierto de la película. “No me quieras porque gané; necesito que me quieras para ganar”. El trío director se presentó ante Bielsa cuando tomó la selección para comentarle la idea del trabajo, iniciado en 2003. De sus bocas salió la palabra “intimidad”, y el Loco los sacó carpiendo. Pero, a fuerza de sensibilidad, lograron su empatía. Bielsa valoró el proyecto y piensa utilizar la cinta para motivar a sus jugadores en la Copa del Mundo, a lo Pep Guardiola en el Barcelona.

“Buscamos, a través de los matices que nos da el fútbol, como la observación de la reacción frente a la derrota y a la victoria, una pequeña reflexión de parte del espectador, de cómo nos comportamos, para que cada uno saque sus conclusiones”, coinciden Sabatini, Sallato y Larraín, quienes frente al tropiezo de la Roja para Alemania 2006 decidieron darle un giro a la aventura y filmar hasta una clasificación, que fue la siguiente. Así, entrevistaron a personalidades, como al escritor Eduardo Galeano, a Evo Morales -quien confiesa que llegó a ser presidente de Bolivia gracias al fútbol- y a taxistas de América Latina (el argentino, divertidísimo, disecciona los estilos de juego de Basile y Bielsa). También incluyeron la historia de Sergio Riquelme, un humilde reportero radial que hace lo imposible para contarle a su pueblo del Sur el andar de la selección. Un personaje de un cuento de Fontanarrosa, que tras la caída de local ante Brasil fue el único que en la conferencia destaca que, a pesar del 0-3, el planteo fue sólido, ante los colegas de los medios poderosos. “Vive al margen del circo mediático que cubre al fútbol”, suma Sabatini.

La película se estrenó también en México, principal refugio de exiliados durante la dictadura de Pinochet. Lo recaudado sirvió de ayuda para los damnificados del terremoto que jaqueó a Chile. Existe la posibilidad de que arribe a la Argentina. La prensa trasandina recordó que Bielsa es un documental en sí mismo. En parte, lo tiene. El periodista Christian Rémoli, con su productora Koala, rastreó testimonios de las adyacencias del DT en Bielsa, el hombre de la máscara de hierro. No es entrevistado él, igual que en Ojos rojos. Pero es un buen retrato, que se ve puede ver en YouTube.

Chile vive ahora sumido en un clima de gran esperanza. Y triunfalismo. Aumentó la oferta de plasmas, las encuestas lo dan como ganador de su grupo -España, Suiza y Honduras- por amplio margen, proponen nacionalizar y santificar a Bielsa, Diputados liberó a los trabajadores en los horarios de los partidos, y más. Se asemeja a la Colombia previa a Estados Unidos ´94, que luego asesinó al defensor Andrés Escobar, autor del gol en contra de la eliminación.

“¿Y qué pasará si se pierde? De acuerdo a la experiencia, pedir la cabeza del entrenador, del Santo Bielsa, puede ser poco”, escribió un hincha en el diario ciudadano El Morrocotudo. “Un día Bielsa va a ser el mejor entrenador que hemos tenido; después lo vamos a crucificar”, adelanta otro, en los primeros tramos de la película y de Marcelo técnico. ¿Cómo reaccionará entonces Chile si se topa con una frustración en un fútbol dominado por el exitismo? “Ojos rojos sabe mejor que nadie que la historia es cíclica, que ahora se está arriba y se volverá a estar abajo. Que habrá que saber caer, y volver a aceptarse tal cual somos, jugando como nunca y perdiendo como siempre”, aporta Sebastián Kohan, uno de sus productores. “Deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito -dice Bielsa como apertura del film- es una excepción, y que los seres humanos sólo de vez en cuando triunfan”.

Camisetas latinoamericanas


El Mundial de Sudáfrica despierta una novedad importante: son 34 los jugadores que se ponen una camiseta distinta a la de su lugar de nacimiento y, de esos, seis son latinoamericanos. ¿Cómo reciben los hinchas paraguayos la incorporación de Lucas Barrios a su selección?, ¿cómo ve la prensa la llegada de Néstor Ortigoza y de Jonathan Santana a Paraguay?


Las uniones entre los pueblos latinoamericanos no se reducen sólo a aspectos económicos, políticos o culturales, sino que también los motivos deportivos se hacen ver y escuchar constantemente. Año tras año, los casos de futbolistas nacionalizados son más reiterados y las causas más diversas. El Mundial de Sudáfrica muestra una nueva escena, que se vuelve escusa para el análisis: 34 futbolistas se ponen camisetas diferentes a las de su país de origen.
Son seis lo que nacieron en un país latinoamericano y representan a otro a país hermano. Ellos son: Jonathan Santana, Néstor Ortigoza y Lucas Barrios nacidos en Argentina y representando a Paraguay; Guillermo Franco nacido también en Argentina y jugando para México; y, por último, en Chile, se encuentran Matías Fernández, argentino de nacimiento, y Jorge Valdivia nacido en la República de Venezuela. La FIFA, en su reglamento oficial, dictamina que para que un jugador tenga “relación manifiesta” con una nación y pueda jugar para esos colores el deportista debe: haber nacido en el territorio de ese país, que hayan nacido los padres del futbolista en dicha nación,  que haya nacido alguno de los abuelos del jugador o que haya vivido por lo menos dos años allí. Siempre y cuando el jugador no haya jugado para otra selección anteriormente, cumpliendo cualesquiera de esas cuatro condiciones puede jugar. Bajo esta reglamentación Paraguay presenta tres futbolistas nacionalizados: Lucas Barrios (madre paraguaya), Néstor Ortigoza (padre paraguayo) y Jonathan Santana (madre paraguaya). A estos tres hay que sumarle a Gerardo Martino, nacido en Rosarino y director técnico del equipo.
Sin dudas, la relación entre Paraguay y Argentina excede de manera evidente los temas futbolísticos, pero estos son los que en el actual mundial se escuchan con más fuerza.  Un periodista paraguayo, Miguel Ángel Cáceres, le contó a NOS cómo trata el pueblo y la prensa a estos tres futbolistas: “Lógicamente la opción de nacionalidad asumida  pasa a generar antes que comentarios, incertidumbre.  Santana ya tenía lo suyo jugando en las eliminatorias y por eso pasó a ser un referente más entre los seleccionados del  Martino, luego vino lo de Ortigoza, que en su primer partido, directo en eliminatorias, dejó una muy buena imagen y fue ganando cariño con su nivel en Argentinos Juniors y aun más con el campeonato ganado. Ahora, lo de Lucas Barrios, lo primero en asumirse fue que venía en lugar de Salvador Cabañas- ídolo paraguayo que no puede disputar la copa mundial por el balazo que recibió en su cabeza a fin del año pasado-  y lo que generó fue incertidumbre y comentarios varios, pero luego de su gran actuación en los amistosos previos al mundial los comentarios fueron todos positivos. A partir de esto,  la predilección sobre los nacionalizados es: Lucas, Jonathan y Néstor, en ese orden. Con respecto a los medios las situaciones son diferentes, pues uno como parte de esta actividad tiene conocimiento cómo anda tal o cual jugador. Pero no se puede negar que se ha generado todo tipo de comentarios sobre estos. Pero las respuestas las dieron jugando los afectados Pero hay que verlos en el mundial, ahí va a estar la última palabra”. La situación en Paraguay no es diferente a la de Argentina, culturas y pueblos hermanos que tienden al resultado para efectuar la última palabra. Sin embargo, los futbolistas se sienten felices de defender la camiseta guaraní en un mundial. Lucas Barrios, sin querer vender humo, declaró reiteradas veces “Me siento orgulloso de vestir esta camiseta, yo me siento paraguayo. Yo no puedo prometer goles, pero si mucho sacrificio por la bandera” Es una sola bandera que flamea en lo alto de Sudáfrica, es la bandera latinoamericana que representan 7 equipos: Argentina, Brasil, Chile, Honduras, México, Paraguay y Uruguay. Por su parte, Néstor Ortigoza, afirmó: “Estoy orgulloso de defender la camiseta de Paraguay, no me canso de decirlo, y voy a dar lo mejor de mí en la selección. Estoy muy contento de poder estar en un mundial.” Lenguas maliciosas podrán decir que juegan para Paraguay porque no tienen chances en Argentina, podrán decir también que la opción de nacionalizarse es un plan B para jugar un mundial pero lo cierto es que la camiseta la tienen bien puesta y sin especulación alguna dijeron: “Si, quiero jugar en Paraguay, defender a estos colores y a esta bandera”. Santana  resume el sentimiento: “no me arrepiente en absoluto de la decisión de representar a Paraguay pues siempre la afición me ha hecho sentir un paraguayo más”. Ser un paraguayo más, ser un argentino más, es lo mismo que ser un latinoamericano más.
Otro de los casos que grafica la unión  de Latinoamérica es Marcelo Bielsa, director técnico de Chile, quien lejos de alimentar  la estúpida y supuesta rivalidad que hay entre argentinos y chilenos apoyó al país vecino no sólo en lo deportivo, sino elogiando su estructura de país: “Si bien no tengo una vida social amplia, acá me siento reconocido. Doy la gratitud a la gente en general y al pueblo en particular. Yo creí que el fútbol chileno estaba por debajo de lo que encontré en mi estada acá. El fútbol responde al crecimiento de todas las instituciones, pues todas tienen proyectos de desarrollo serio, realizable. Respeto mucho el país que ustedes han construido». Detrás del elogio está el respeto, pilar fundamental de una unión tan existente como necesitada de un crecimiento aún más profundo y significativo.
Está claro que en el deporte puede haber diferencias en un resultado, en una copa, en un gol, pero las diferencias que diferencian no existen, porque somos un único pueblo hermanado por la gente, por Latinoamérica unida.

El machete

De Nicolás Correa

Toma el machete y se agazapa. La tarde entera esperando. No son animales, son hombres. Se han escondido allí y aguarda por ellos. Palpa el mango del machete con fuerza. Abre y cierra la mano. El filo da al suelo. Es un filo grueso que no brilla.
Ese machete estuvo en el rancho desde que él tiene conciencia. Nadie le ha dicho de dónde salió pero ahí estaba. En la selva es útil y también en la noche. Nunca han faltado amenazas contra sus hermanas o contra la madre. Por eso es útil.
Escucha unos murmullos y se acuesta en el suelo. La hierba está fresca. Ahora no puede ver tan bien como antes. Lo tapan los yuyos que se vuelven más espesos cerca de la tierra. Se levanta con cuidado y espera agazapado.
Uno de los hombres se acerca a la puerta. Mira como si supiera que algo los está vigilando. Adentro de la casilla se escucha el griterío, deduce que son varios. El hombre mira hacia los yuyos y escupe en la tierra. En su rancho él riega la tierra.
La cara del hombre es la cara que los había visitado en la mañana. Horas atrás. El recuerdo de esos rasgos parece imborrable.
Había masticado rabia mirando a su madre, mirando a su hermana. Masticó duro la impotencia de ser un muchacho de trece años. Masticó la fuerza de algunos hombres sobre otros.

Ellos habían llegado una madrugada mientras su madre terminaba de lavar. La tomaron por la espalda y con una pistola la metieron en el rancho. Luego se despertaron las hermanas. Tres mujeres, contando a la madre. Escuchó el griterío de los hombres y salió de la piecita. Uno de ellos le pegó con la culata de la pistola.
La situación era confusa. Los gritos de su madre pidiéndole que no mire, que se vaya a jugar al monte. Los gritos de sus hermanas pidiéndole que se vaya bien lejos. Que se tape los ojos. Eran muchas imágenes y demasiados gritos. En el monte se había acostumbrado a la tranquilidad.
Cuando se despertó estaba en la piecita, amarrado. El sol ya había despuntado. Salió arrastrándose hasta al comedor. Su madre estaba tirada en el suelo y sus hermanas alrededor de ella. Al verlo atado, la menor corrió a soltarlo. A su madre los golpes en el cuerpo le impedían moverse. Sus hermanas también tenían marcas en el rostro, en las piernas y en todo el cuerpo pero la juventud les permitía resistir un poco ciertos dolores físicos. Rosas fue hasta el pozo en busca de agua.
Afuera el sol estaba apretando y sintió que nunca más iba a olvidarlo, estaba arrasando la mañana con prepotencia. Era el calor viniendo del monte y pegándose en el cuerpo. Regresó con el agua. Tomó un trapo viejo y lo pasó por el rostro magullado de su madre. Continuó con la espalda y después las piernas. La recostó en la cama y siguió el mismo proceso con sus hermanas.
Al cabo de dos días la madre estaba recuperada. Sus hermanas todavía temían salir de la casilla. En la noche, mientras todos dormían, en medio de la noche cuando los pájaros nocturnos llamaban, ellas se despertaron gritando y él corrió a la piecita para ver qué sucedía. La madre trataba de calmarlas. Sus hermanas lo vieron entrar y reconocieron su rostro. Rosas se sentó en la puerta de la pieza con una frazada y ellas durmieron.
A media tarde, después de haber regado la tierra, él se sentó a descansar a la sombra del cedro. Entre el paisaje espeso y el color rojizo del camino divisó dos hombres a caballo. Hacía demasiado calor. Rosas no tenía cerca el machete y se desesperó. Levantó la cabeza y ellos ya estaban a unos metros. La respiración se trabó en su pecho y sintió que algo le apretaba el cuello.
—¿Está tu mamá, guanaco?— preguntó el que estaba en el caballo blanco— Decile que salga…
Él lo midió a distancia. El hombre tenía un lindo caballo. Su madre salió al escuchar las voces. También sus hermanas, que se quedaron en la puerta de la casillita. El del caballo blanco hizo señas a la madre para que se acercara. La mujer caminó descalza por la tierra que él había regado. El tipo dijo algo. Nadie escuchó pero la madre terminó agachando la cabeza y volvió con el paso cansino a la casilla. Entró y los dos hombres se fueron. Rosas no se metió adentro hasta que se perdieron.
Desde la piecita de sus hermanas llegaba el llanto.
Antes de que caiga la noche su madre agarró el único alazán que tenían, cargó a la mayor de las hermanas y salió. Dos horas después regresó cabalgando sola y en la oscuridad. Fue la primera vez que la vio llorar. Rosas le preguntó por qué lloraba y ella dijo que había perdido una hija para no perder todos sus hijos. Se calló y se metió en la piecita.
En la mañana del sábado, mientras él se levantaba, vio venir dos caballos por la ventana. Eran los hombres que los habían visitado tres días atrás. El caballo blanco brillaba bajo el rayo del sol. Tomó el machete y lo escondió detrás de su pierna. Su madre salió corriendo del rancho. En el caballo blanco venía la mayor.
—Es joven pero no sirve pa` mierda— dijo el tipo tirando a la muchacha del caballo—A la noche tráeme la otra a la casilla. Vamo` a ver si esa sirve pa` algo…
Los hombres salieron al galope. Antes de que se perdieran en el camino, Rosas agarró el alazán. Cabalgó despacio pero sin perder pisada, siguiendo las figuras que se mezclaban con el color rojizo de la tierra. Monte arriba los hombres se abrieron del sendero y tomaron hacia el río. La selva cerraba el paso y achicaba el paisaje. Dejaron los caballos y se bajaron. Caminaron unos metros hasta una casilla. Él los acompañó con la mirada. Los vio entrar pero se fue cerca del río donde había un espacio abierto para que el alazán pastara. El resto del camino hacia la casilla lo hizo a pie.
Esa es la cara que los había visitado en la mañana. Horas atrás. Esos son los rasgos que no puede sacarse de la mente.
Él está esperando en el yuyaje. Aprieta el machete contra la pierna y siente la humedad del mango. Es la transpiración. Adentro de la casilla se escuchan movimientos. Son los hombres, que ahora están jugando a las cartas. Mastica todas esas imágenes que llegan repitiéndose una a una. Mastica los ruiditos de los pájaros nocturnos moviéndose en los pastizales. Mastica los zumbidos de los mosquitos y el murmullo del río y el chillido de las arañas. Mastica la selva encerrándolo en la oscuridad de la noche. Mastica la rabia en el puño del machete y la debilidad de los trece años.
El tipo está apoyado en puerta de la casilla. Avanza unos metros hacia el camino esperando algo. Está impaciente. Prende un cigarro y lo chupa con ganas. Patea la tierra. Sale otro hombre de la casilla.
—Tengo ganas de culiar— dice mientras con la mano hace un gesto pidiéndole un cigarro.
Ambos fuman y miran el fondo del oscuro paisaje.
Es una noche sin luz. No hay luna. El hombre que había salido último vuelve a la casilla. El otro se queda parado chupando el cigarro. Rosas aprieta el machete y siente la humedad del mango. Se seca la mano en el pantalón y también seca el mango con este. Rodea al hombre entre los yuyos moviéndose con lentitud. Cuando están en la misma línea avanza despacio hacia él. El barullo de la selva no deja distinguir sus pasos. Casi frente él se abalanza. El hombre lo escucha venir y reacciona tarde. El machete se incrusta en la garganta. La sangre estalla en la tierra. Saca el machete de la garganta y lo ensarta en el estómago. El machete no tiene punta y entra con mucho esfuerzo.
El caballo blanco que está amarrado a un poste, se inquieta al escuchar desplomarse  el cuerpo del hombre en la tierra. Rosas se acerca al caballo y le corta una de las patas delanteras. Al machete le cuesta atravesar la carne del caballo pero con un empujón desde el brazo termina su cometido. La bestia relincha desenfrenada y tira de la cuerda. Antes de que salgan los otros hombres le corta la otra pata y huye hacia la selva. El animal cae emitiendo algunos quejidos entrecortados. Se revuelca de dolor y los otros caballos se enloquecen. Los hombres lo siguen unos metros, pero entre el alcohol y la oscuridad abandonan la persecución.
Rosas corre agitado y la vista se le nubla. Encuentra el río y camina hasta encontrar su alazán. Sube y sale al galope bordeando el río. El machete está caliente. Es la sangre del hombre y la sangre del caballo.
Rosas siente el cansancio pero se ha sacado de encima esa sensación que hace unos días lo molestaba. Ahora la sensación del machete enterrándose en el cuero y el calor de la sangre en la mano parecen ocuparlo todo.
Cuando llega al rancho la madre está sentada en la puerta. Deja el alazán y ella sólo lo observa. Entra en la casilla y mira la pieza de sus hermanas. Ambas están dormidas. La madre sigue en la puerta y él mirando a sus dos hermanas. Sale.
—Van a venir, hijo— dice la mujer mientras con una varita dibuja en la tierra— Van a venir…
—Hay que regar mamá. La tierra esta seca— comenta Rosas— Hay que buscar agua y regar un poco— repite.
Deja el machete en la tierra, a la sombra del cedrón. Agarra unos baldes y sale hacia el pozo. Cuando se da vuelta la madre está tocando el machete. Ella corre hacia él.
—Dejá que yo vaya a buscar el agua— ordena la mujer— Vos quedate con tus hermanas, hijo.
Rosas no dice nada y vuelve con el machete en la mano.
Nicolás Correa es un escritor nacido en 1983 a punto de terminar su licenciatura en Letras en la UBA. Con tres libros ya editados y uno en camino, es director de la revista literaria y de interés cultural Gatillo y coordinador del Grupo Interdisciplinario CRUCE. Realiza correcciones teatrales y administra el blog: www.engranajesdesangre.blogspot.com. También cumple como productor general del teatro El Cubo: www.cuboabasto.com.ar

De cuando la riqueza condenó a Chile

El salitre se vende bien. Los obreros salitreros mal viven. El siglo XIX terminaba y el país trasandino buscaba una modernización sobre la base de una explotación agotadora. El desierto fue testigo, primero de una bonanza para pocos, y del desmantelamiento después. Viajamos al Norte chileno para vivir el pasado y contarlo.
El “Oro Blanco” resplandece a lo largo de toda la Pampa. Bien al norte de Chile, en las provincias de Tarapacá y Antofagasta, el territorio en disputa durante la Guerra del Pacífico contra Bolivia y Perú –también conocida como Guerra del Salitre- y uno de los trofeos de guerra más valioso para los chilenos, se concentra la mayor cantidad de yacimientos salitreros. El “Oro Blanco” corre a raudales hacia fines del siglo XIX. El salitre, esa mezcla de nitrato de sodio y nitrato de potasio que da lugar a la fabricación de dinamita, vidrios, gases, ácidos y medicinas, es la base de la economía chilena. Pero no de la economía de los chilenos: la explotación del salitre está en manos de ingleses, alemanes y yanquis, como casi todo en Latinoamérica.
Los pueblos que rodean a las oficinas salitreras están regados por las pompas y las comodidades que les regala la tierra, gracias a la explotación del salitre. Los teatros, los hospitales, las piletas y las salas de baile son hasta más lujosos que los de Santiago. Y los destacados artistas que llegan desde Europa pasan antes por Iquique, el mayor puerto de salitre en América, que por la capital, para entretener a los propietarios de las compañías de extracción y sus cortes. El dinero corre enla Pampa gracias al salitre; corre y parece que nunca se acabará. Los obreros en las oficinas están para eso: para que nunca en Iquique deje de sonar la ópera europea en los palacetes diseñados por arquitectos británicos. Para costear esos lujos, los trabajadores son sometidos a condiciones inhumanas de trabajo. En forma casi cruel: rodeados de un polvo asfixiante y cegados; con un calor abrazador y sin seguridad para el empleo. En las oficinas, el pago es en fichas, allí no se remunera con dinero y el valor nominal de las fichas es muy inferior al que corresponde. Los trabajadores no tienen domingos para ir a disfrutar de las bondades del pueblo; su vida es en el salitre.
En cada oficina hay casi trescientos obreros. Las actividades que ejecutan se dividen en dos categorías: la extracción y la elaboración del salitre. De la extracción se ocupan los barreteros, que abren las calicheras con dinamita, con los riesgos que implican los explosivos; los particulares, quienes extraen y dividen los trozos del caliche también con dinamita; y los carreteros que, expuestos a accidentes frecuentes de volcaduras a causa de los malos caminos, transportan el caliche en carretas hasta el lugar de la preparación del salitre. En la elaboración trabajan los acendradotes, que trituran el caliche, con el polvo que impide respirar y hasta ver; los llaveros, quienes disuelven el salitre por medio del agua y del calor, con temperaturas que superan los 50º; los desripiadores, que extraen el ripio y el barro del caliche; los canaleros, que conducen el caldo con salitre a las bateas de enfriamientos; y los cargadores, quienes cosen los sacos del salitre y lo transportan en su espalda hasta el ferrocarril, también inglés, Nitrate Railways. La higiene y la seguridad no llegan desde Europa en los barcos que anclan en el puerto de Iquique para llevarse el “Oro Blanco”.
Tampoco lo traen los cada vez más numerosos trabajadores que llegan desde otras latitudes del país y del continente para trabajar en las oficinas, que cada vez son más en la Pampa chilena. Humberstone y Santa Laura son orgullo para Chile. A 48 kilómetros al sur de Iquique, tienen más de 180 hectáreas de salitre y producen cada una cerca de 35.000 quintales métricos mensuales de salitre. Son dos de las oficinas más reconocidas de las 120 que producen salitre, y su nombre es el nombre de Chile en Europa.
Entendiendo a aquella realidad histórica como un buen ejemplo de la situación latinoamericana general, cualquier paso por el norte chileno debería atravesar la experiencia de conocer los pueblos y la historia que por allí fluyó. NOS viajó hasta Iquique, una ciudad rodeada por una duna de mucho mayor tamaño que cualquiera que alguna vez hubiésemos imaginado recorrer. El plan era sencillo: conocer los pueblos salitreros abandonados devenidos en museos a cielo abierto. Hasta Humberstone llegamos. El sol del desierto penetra rápido, hace olvidar que el mar sigue estando a menos de 40 Km.  Humberstone, al igual que Santa Laura, el 25 de julio de 2005 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Ya no se trata de un calvario para los trabajadores, ni la salvación para los que buscaban el progreso a principios del siglo pasado. Son la foto de que alguna vez Chile vivió para el salitre. De entre el óxido perforante de las chapas de las casas obreras, en fiel contraste con las construcciones macizas de los edificios de habitantes acomodados, nace y renace la historia de rebelión que cumple más de cien años ya.
Más cerca aún de Iquique, está la oficina San Lorenzo. Allí los obreros no están dispuestos a cobrar en fichas para seguir fomentando el progreso chileno. Y un 10 de diciembre de 1907 se declaran en huelga. Piden que sus salarios sean pagados a un tipo de cambio fijo de 18 peniques -moneda británica, por supuesto- para evitar la fuerte devaluación del peso, cuyo cambio bajó hasta los 7 peniques. Exigen, además, que las fichas fuesen cambiadas por su valor nominal en dinero, sin hacer descuentos; que en las pulperías haya control de pesos y medidas; y que se prohíba arrojar el caliche de baja ley a la rampa para después elaborarlo sin pago a los trabajadores. La huelga se empieza a extender hacia las otras oficinas, y cinco días después una columna de dos mil obreros costea a pie las vías del ferrocarril británico Nitrate Railways y llega hasta Iquique tras una larga caminata. Las adhesiones crecen y los huelguistas ya pasan los veinte mil. La actividad pampina está paralizada por completo: sin producción ni puertos.
El Estado chileno, conducido por Pedro Montt, sabe el significado del salitre para Chile. Y su rentabilidad, que con la huelga está parada. Depende de la explotación obrera, calculan sin ningún disimulo desde Santiago. Todo sea por el progreso. El 21, contra amenaza de aplicar la fuerza, llega la orden de desalojar la ciudad. En el puerto ya hay tres buques de guerra a la expectativa. Los huelguistas se niegan a desalojar Iquique sin ninguna concesión de sus demandas por las condiciones paupérrimas de trabajo. Siguen atrincherados en la Escuela Santa María.
Al General Roberto Silva Renard le llega la orden y, gustoso, resuelve abrir fuego sobre la multitud obrera. Una de las matanzas más grandes de la historia latinoamericana se acaba de perpetuar. Es 21 de diciembre de 1907, y más de dos mil obreros –aun un siglo después sigue siendo incierta la cantidad de caídos- son asesinados sin piedad. Sí, dos mil personas masacradas yacen en la plaza Montt por pedir que su sueldo no se pague con fichas. Dos veces mil, una cifra escalofriante. El resto de los huelguistas es enviado nuevamente a las oficinas salitreras, a seguir llorando por el polvo del caliche y por sus compañeros y familiares asesinados. La huelga y la matanza no logran cambiar las condiciones laborales. Chile sigue siendo por y para el salitre, y sigue su camino desesperado hacia el progreso. El dinero y el “Oro Blanco” siguen corriendo en la Pampa. Los arquitectos, los artistas y los barcos en busca de salitre siguen llegando desde Europa. Los domingos son casi una fiesta nacional para los que no trabajan en las oficinas.
Pero un buen día, los años felices acaban. El progreso no juega en contra sólo de los obreros, también para Chile: en algún lugar de Europa algún científico loco y sin corazón se le da por inventar el amoníaco sintético durante la Primera Guerra Mundial. Los fertilizantes naturales, con el salitre a la cabeza, quedan completamente desplazados. Las oficinas salitreras cierran, el trabajo escasea, los barcos ya no llegan al puerto de Iquique en busca de “Oro Blanco”.  La crisis del salitre es la crisis de Chile, y de la Pampa. El desierto blanco, antes rodeado de las grandes joyas arquitectónicas, ahora sí parece desierto. Surgen un nuevo oficio en la región pampina: obreros especializados en desarmar pueblos, la única fuente de trabajo posible entre tanto abandono.
Fuentes:
Las Venas Abiertas de América Latina, Eduardo Galeano.
http://tejiendoelmundo.wordpress.com/2009/01/05/humberstone/
www.obrerossalitreros.blogspot.com
www.archivochile.com
Fotos actuales originales de Humberstone febrero 2010

El pasado mete la cola

Por Facundo Fernández Barrio
No es del todo cierto que Latinoamérica asista a un proceso radicalmente renovador y transformador, que vaya a cambiar su matriz histórica. Los mandatarios del continente, de Morales a Piñera y de Chávez a Uribe, son puestos a prueba por los mismos dilemas históricos no resueltos que sus antecesores. Y, en muchos casos, por sus propias historias personales.
Como los italianos a Silvio Berlusconi, los porteños a Mauricio Macri y los californianos a Meg Whitman, los chilenos encumbraron en el Palacio de la Moneda a un magnate empresario. Terminado el verano de la Concertación, el capital vuelve a gobernar Chile como en la época de Pinochet. Un patrón se sienta en el sillón que alguna vez fue de Salvador Allende. Aunque lo votó la mayoría –con destacado aporte de los sectores medios–, Sebastián Piñera no se parece a la mayoría de los chilenos.
En Uruguay es diferente. José Mujica recuerda haber sido mucho más parecido a Allende que a Berlusconi. Tal vez al ex tupamaro no le moleste tener que afeitarse la barba o ponerse un traje para ser presidente, pero de seguro necesita tragar saliva y respirar hondo antes de decir a los gerentes “¡Jugala acá que no te la van a expropiar!”. Y de seguro le pesa saber que los cañeros del Bebe Sendic, inspiradores de MLN Tupamaros, se indignarían si escucharan su versión edulcorada de los años de guerrilla.
De guerrilla no quieren oír más en Bogotá. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia llevan 46 años en acción. La intransigencia de Álvaro Uribe –que oscila entre la “seguridad democrática” y los “falsos positivos”– es un espejismo que bendijo la candidatura del oficialista Santos, próximo presidente. Con su tercer aval a la doctrina uribista, los colombianos siguen negados a la realidad del histórico y estático “empate” entre las FARC y el Estado, que sólo admitirá una salida pacífica y negociada.
Al otro lado de la frontera, Hugo Chávez intenta mostrarse cada vez más castrista que castrense y pregona el socialismo “del siglo XXI”. Un rótulo ingenioso para una fórmula que, matices aparte, no es en verdad una novedad para Latinoamérica ni para el mundo: dirigismo estatal sostenido en altos ingresos por materias primas. Ni socialista ni de este siglo, pero sí más conveniente que otras alternativas en bandeja para la mayoría asalariada de Venezuela. No es poca cosa.
Brasil aparenta ser el triunfo de la nación popular. Un obrero que perdió un dedo usando el torno se convierte en dirigente sindical, salta al mundo de la política grande y una vez en la presidencia, que alcanza como candidato del Partido de los Trabajadores, posiciona a su país como potencia mundial y molestia para Estados Unidos. Pero otra vez el pasado mete la cola: Lula da Silva pudo todo, menos revertir el legado de uno de los patrones de distribución de la riqueza más regresivos del planeta.
Quizás Evo Morales sea el presidente latinoamericano más parecido a su pueblo en la historia. A eso se debe su respeto por la “justicia comunitaria” de las comunidades originarias, que incluyó en la nueva Constitución. Bolivia está conmocionada porque los miembros de un ayllu lincharon hasta la muerte a cuatro policías, bajo los preceptos de aquella ley ancestral. Guste o no, Morales puso a discutir desencarnadamente una tradición centenaria: colocó al pasado en el tope de la agenda política.
La Patria Grande que imaginó Bolívar tendrá que esperar. Por ahora cada cual está preocupado en dar una vuelta de tuerca a su historia particular. Como si la Historia del continente no fuera una sola, y qué grande y cuánto pesa.
Colaboración de Facundo Fernández Barrio. Periodista que escribe libremente en la influyente www.PoliticArgentina.com.ar, además de ser estudiante de Historia de la UBA.

arte colum

Ese festival bajo consignas claras sin fines de lucro, esa voz del artista para resaltar, esa banda que recorre el circuito under abriéndose camino, esa obra de teatro sin los aplausos que merece, esa película sin la posibilidad de circulación dentro de las reglas del mercado, esa pintura revolucionaria que todavía no llegamos a ver…

Esa es la motivación para impulsar y divulgar esas manifestaciones que tienen sus propios lineamientos y gran coherencia, bajo una única consigna… el arte, con la amplitud que eso implica.

En este número que inaugura el nuevo diseño de Nos:

El histórico director de cine argentino, Hector Olivera, con veinticuatro películas en su haber, La Patagonia Rebelde entre sus más conocidas, habla del cine argentino en la actualidad, su carrera y su última película, El mural.

Frente al festival del gobierno de la ciudad con priorización de compañías de circo internacionales, contaremos como fue el poco mediático festival de circo alternativo.

Contamos la seguidilla de acciones, irregularidades y reclamos ocurridos en el cierre del Espacio Cultural Bonpland.

Como es y será costumbre en Nos, se podrá encontrar la sección de bandas. Inmaduros es la banda que nos acompaña en este número.